Cuestión de estilo.


Ser cutre es un estilo de vida alternativo. Pero no es fácil ser cutre. Hay que estar en el filo de la cuchilla de afeitar entre lo demasiado y lo demasiado poco: Saber ser cutre sin exagerar se consigue gracias al comedimiento, a una cierta autodisciplina y al equilibrio mental. Ante cada gasto hay que tener una actitud crítica aunque abierta. Rechazarlo de plano conduce al exceso de cutrería (o cutrismo) y a ser marginado por la sociedad. El cutrismo es padecido en particular por ciertos estamentos sociales: Desde aquí espero poder ayudar al máximo número de personas a alcanzar el sano equilibrio entre cutrería y cutrismo.


La vela es un deporte de alta tecnología. Gran parte del placer de practicarla es oir el clik-clak seco de un mosquetón bien engrasado, el tang-tang de la driza inextensible nylon-titanio especial contra el vertiginoso y ultraligero mástil en aleación magnesio-aluminio-wolframio, el zip veloz al ajustar las cremalleras fosforescentes de los chalecos salvavidas modelo Transat-Challenger con forro interior de piel de hipopótamo del sudeste asiático con tratamiento hipoalergénico, el tic-tac exacto del cronómetro Lotus de 1 segundo de precisión al siglo, los gorros de lana con borla flotante, el teléfono móvil waterproof 500 mts con vibrador y conector a impresora para recibir faxes, el jersey con un ancla bordada en la tetilla derecha y un cocodrilo verde en el tetilla izquierda, la sudadera, el trapo con el código de banderas estampado estilo Oxford,...

Pero ¿qué pasa si quitas todo eso? Si pones cinta aislante en los extremos de los cabos, el achicador es media botella de plástico, la veleta es un hilo de lana, hay un remiendo rosa en medio de la vela, un corcho en el evacuador para que no entre agua y poder tomar el bocadillo con el culo seco, un clavo atravesado para que la deriva se tenga en su sitio, ... ¿Queda algo? Algo como el rumor del mar, las gaviotas, olvidarse de los problemas de tierra, el silencio cargado de sonidos, mugidos, silbidos y chirridos del barco que avanza a través de las olas gracias a un milagroso equilibrio aerodinámico.

Olvidemos los aparatitos caros, los accesorios brillantes, los artefactos de las olimpiadas, los artilugios nuevos, las invenciones, las aleaciones de la NASA, y pensemos sólo en lo esencial. Salir al mar. La mayoría de cositas caras se pueden reemplazar por accesorios de cocina o de jardín. El tangón puede ser ventajosamente sustituido por un palo de escoba, el mosquetón de escota de foque por un llavero, las tiras antideslizantes por pintura mezclada con arena, el anemómetro por un dedo mojado, el nombre del barco se puede dibujar con adesivo ... En resumidas cuentas; sí, se puede tener un barco y ser cutre, y disfrutar siéndolo.