acaboclado.gif (28857 bytes)  Todo lo que precisa saber sobre carácter, temperamento y sistema nervioso
por el Dr. Paulo Santos Cruz

Nuestros lectores indagan sobre el carácter, temperamento y sistema nervioso del Fila Brasileiro. Otros preguntan las razones por las cuales sus perros son criticados, acusados de tener nervios o temperamento flojos, a pesar de haber atacado 'enérgicamente' durante una prueba.

El tema es apasionante y, para nosotros, absolutamente prioritario. Incluido entre las razas de "Guarda y Utilidad", el Fila debe "guardar" y ser "útil". Sin esos predicados, vale tanto como una nevera que no enfríe o una radio que no se escuche. O sea, es apenas una carga onerosa, como todo aquello que es inútil.

Definiciones

Es difícil, aunque lo intentaremos, definir el término "carácter". Es un complejo de cualidades, de modos de ser, inherentes a la raza; entre los cuales identificamos: índole, capacidad afectiva, estabilidad, firmeza, moralidad, psiquismo, etc.

"Temperamento" puede ser definido como el modo en el que el individuo reacciona ante un estímulo externo. Es otro conjunto compuesto por coraje, intrepidez, y hasta temeridad: agresividad, instinto de defensa, de protección. Aunque accionado por estímulos externos, su manifestación es orientada también por la afección, por la amistad, como causas determinantes del deber, de la dedicación, del sacrificio.

"Sistema nervioso" es algo físico, independiente de la voluntad; determina y regula la emotividad.

Repito: estoy apenas intentando definir algo subjetivo, ideal. Como todo en ese terreno, es difícil, complejo, sofisticado.

Tal vez algunos ejemplos lo aclaren más: un Chihuahua ataca a un Fila, que se aparta dignamente sin siquiera gruñir. Tiene buen carácter, no hace uso de su fuerza; muestra buena índole. Un jaguar devora los cachorros de una hembra de Fila. La hembra le persigue, durante docenas de kilómetros, sin alimento, sin descanso, exhibiendo firmeza, tenacidad, determinación. Este es su carácter. Si fuese una floja se quedaría gimiendo.

El perro adora al dueño, luego lo defiende. Simulando una agresión al dueño, utilizan- do un palo o simplemente gestos, reacciona defendiendo a aquel a quien ama. Cuanta mayor sea su estima, más enérgicamente lo defiende. Esto es su temperamento. Llevado a un lugar extraño -el recinto de una exposición- amenazado por otros perros, gente que corre, gente que grita, etc... todo ello lo emociona, se siente en peligro y ve a su dueño querido también amenaza- do, principalmente si éste también está nervioso, transmitiéndole ese estado. En ese momento un estampido causa el efecto de la última gota que colma el vaso. Es el test de su sistema nervioso.

No hay fronteras nítidas entre los tres conceptos: cada uno de ellos influye en el otro. Un buen carácter determina mayor capacidad de afección, temperamento más fuerte, réplica más violenta, etc. Un sistema nervioso hipersensible impide manifestaciones de un temperamento razonable, conduciendo hasta incluso a la cobardía.

Las señales indicadoras

En una exposición, el breve espacio de tiempo en el que se examina a los perros no permite la percepción completa de su mente y de su psiquismo. Por ello la observación comienza desde la entrada al ring. Los de buen sistema nervioso muestran seguridad, autoconfianza. Su mirada revela determinación, valentía, control, serenidad. La cola confirma ese estado. Ante el avance de un expositor o de un perro que se acerque de más, demuestran buen temperamento. Ya está defendiendo a su dueño y a sí mismo.

Una mirada aprensiva, orejas hacia atrás, cola de porte bajo o incluso entre las piernas, evitando volver la grupa hacia el perro que viene detrás, denuncian miedo, sistema nervioso flaco.

La relación con su presentador aporta indicaciones muy valiosas. El perro de buenos nervios y temperamento va delante del presentador, el cual se esfuerza en contenerlo. El miedoso sigue al presentador, va tirando, precisa ser animado, estimulado para que le siga.

Una vez están todos en el ring, el buen perro desprecia al resto... siempre que se mantengan a distancia. Intenta agredir a las personas que se aproximen de más.

El juez sagaz se coloca en el centro del ring y en voz alta y con gestos ostensibles, pide a los expositores que hagan un círculo. Objetivo: llamar la atención de los perros y, también, comenzar a examinarlos.

Los de buen temperamento ya no desviarán sus ojos del juez. Su mirada es firme, serena, altiva, denuncia su voluntad de ir a medir sus fuerzas con ese individuo que, para él, ya se destacó de todos los demás, en ese recinto donde él desconfía de todos. Es lo que haría si estuviera suelto.

Los que engañan

Algunos engañan. Gruñen, ladran, pero siempre... contra otros perros. Temiéndoles, procuran amedrentarles amenazándoles. Con ese procedimiento desean evitar que se aproximen y le agredan. Son, aunque sea una mala comparación, como aquellos bravucones que, una vez separados en una pelea, amenazan vociferando las clásicas expresiones: "suéltame, déjame, lo mato, etc."

En las peleas de perros Tosa, en Japón, aquel que gruña antes de empezar la pelea pierde puntos, pues demostró temer al adversario y por eso procuró amedrentarlo para impedir su aproximación.

Ese procedimiento es más común en las hembras.

Si el juez demorara demasiado sus juicios, los buenos se sientan, tranquilamente, y hasta dormitan, tal es su autoconfianza. Su actitud significa: "déjame descansar un poco. Si viene alguien... ya le atacaré".

El umbral liminal

El sistema nervioso es evaluado con un barullo súbito e inusitado. Generalmente se utiliza una pistola de fogueo. Mediante una observación inicial el juez ya sabe, más o menos, cuales sentirán una emoción tan grande que los sitúe al borde del descontrol.

Para facilitar la comprensión, imagine que el sistema nervioso es algo vertical, como un bastón. Imaginen que la emoción hace vibrar a ese bastón, desde abajo hacia arriba. Imagine que la vibración no puede sobrepasar un determinado punto, so pena de pánico o descontrol total. A ese punto se le denomina en medicina "umbral liminal".

Aquellos perros que se descontrolen y sien- tan pánico por un simple estallido de una pistola de fogueo, tiene su umbral bajo. Evidentemente son ejemplares inútiles tanto como perros de guarda como de utilidad. Algunos llegan a orinarse.

Siendo el umbral algo físico, se trata evidentemente de una deficiencia ciertamente transmisible. Por tanto no se deben usar en la reproducción perros de umbral bajo, salvo casos muy excepcionales en los que se desee obtener alguna característica por él poseída, difícil de encontrar en otros. Aun- que, incluso así, se debe actuar con orientación técnica y gran cautela.

El temperamento es evaluado mediante el ataque con vara o cualquier otro objeto. El objetivo es hacer creer al perro que deseamos agredir a su dueño y a él mismo.

Un perro de buen temperamento reacciona inmediatamente. En definitiva la defensa de su dueño es su deber.

Los de buen temperamento avanzan hasta donde la correa les permite, saltando en diagonal para alcanzar al "agresor". Llegan a quedarse sobre las patas traseras, virtual- mente de pie.

Los menos buenos avanzan, manteniendo sin embargo las cuatro patas en el suelo. No saltan en diagonal. Morderían al "agresor" de las rodillas para abajo si llegaran a alcanzarlo. Pero expondrían el cráneo, nuca y columna ante el supuesto agresor.

Los inferiores permanecen al lado del dueño, pateando y ladrando... pero no avanzan.

La reacción de los adiestrados

Finalmente tenemos a los adiestrados. El propio dueño les denuncia dándole las órdenes, mandándoles atacar e incentivándoles. Algunos dueños llegan a fingir correr en dirección al "agresor", para ver si el perro, animado por el ejemplo, finalmente arre- mete.

Los perros también denuncian su adiestra- miento: avanzan hasta el final de la correa, ladrando, y después vuelven hacia el dueño, moviendo la cola felices, en busca del premio acostumbrado. En ese momento el dueño les da nuevamente la orden y ellos corren otra vez hasta el final de la correa, para volver buscando el nuevo premio.

Algunos llegan a dar la espalda al "agresor" pidiendo su premio al dueño. Imagínense si la agresión fuera verdadera!

Cuando un Fila tiene buen temperamento, su dueño no precisa adiestrarlo. El primero a ser mordido sería el adiestrador. El dueño solo asume la iniciativa de darle algunas clases después de notar que tiene un temperamento flojo. Entonces paga a alguien para que enseñe a su perro a mostrarse bravo fingidamente. Realmente l perro aprende a fingir, pero jamás será verdaderamente valiente, él jamás será, pues no está en su índole, en su temperamento, un perro que reaccione con violencia.

El perro adiestrado procura morder el palo y no al "agresor". Test definitivo: Entregarle el palo; lo morderá o procurará romperlo. Algunos llegan a llevárselo al dueño, felices, realizados... Todos olvidan al "agresor".

Los de buen temperamento ni siquiera miran la vara aunque se la tiraran a los pies, prosiguen en su tentativa de alcanzar al "agresor". E incluso después de los juicios, ya fuera del ring, amarrado a un árbol a la espera del final de la exposición, el buen perro todavía sigue mirando al juez, o sea al "agresor", con la esperanza de tener la más mínima oportunidad de probar sus carnes.

El problema genético

Como todo factor adquirido, el adiestramiento no es transmisible. El perro es adiestrado pero sus genes, sus células germinativas, sus ovarios, esos jamás serán adiestrados. El perro finge ser bravo, pero sus hijos nacerán con los nervios tan flacos como los de su padre o madre.

Unica solución: corregir esa falta en la generación siguiente, mediante cruces planeados, siempre que aquel ejemplar sea portador de otras muchas cualidades, de manera que convenga hacerlo reproducir. Sin embargo, i lo que él debiera aportar puede ser obtenido de otra fuente, lo mejor es dejarlo vivir feliz hasta sus últimos días. Un ejemplo: suponga una hembra de excelente estructura, óptimo carácter, magnífico temperamento, pero de nervios flacos. Cruzándola con un macho de nervios irreprochables, con la intención de obtener la estructura materna y los nervios paternos, el hecho es perfectamente justificable.

Puse como ejemplo a una hembra pues es más común que se dé el umbral bajo en ese sexo. Sin embargo, si desciende de perros de buenos nervios, casi con seguridad no perjudicará la participación de un cónyuge de buenos nervios, al contrario, sus genes colaborarán con los del macho. Su caso puede ser apenas hormonal. Un macho con nervios flacos presentará un defecto muy grave, pues no podrá suavizarlo tras una sensibilidad femenina.

El test del ojo

Al evaluar el temperamento, debe procurarse una posición tal que permita al sol incidir sobre los ojos del perro. Los de temperamento fuerte están de tal modo enrabietados contra quien osó amenazar a su dueño que su sistema nervioso vago- simpático deja de enviar órdenes que provocan acciones involuntarias. Una de ellas es el diafragma de la pupila, que debe abrirlo o cerrarlo conforme a la cantidad de luz. Incidiendo el sol sobre los ojos del perro, sus pupilas deberían cerrarse, sin embargo el sistema vago-simpático no las cierra, se olvida de ellas, dejándolas abrirse en su totalidad. Puede observarse entonces la pupila intensamente dilatada, permitiendo la entrada del sol hasta el fondo del ojo, donde la pigmentación se realiza por el gen cromático, utilizando elementos proporcionados principalmente por la médula espinal (nervio troncal). Si el nervio troncal falló, no proporcionando elementos pigmentado- res, entonces todo el sistema nervioso, o sea, los nervios secundarios, también serán perjudicados.

Cuando la pigmentación es buena se puede concluir que la médula funcionó bien; luego todos los ramales nerviosos también funcionan bien. Pigmentado, el fondo del ojo refleja la luz solar en reflejos azules o verdes. El juez puede constatar fácilmente esa coloración de los reflejos provenientes del fondo del ojo. Si es una persona cabal, el juez no se aproximará más al perro, puesto que si lo alcanza le morderá de veras.

Sin embargo, si la pupila se cierra, significa que el perro no siente nada cuando es atacado su dueño o por lo menos amenaza- do. Tiene por tanto un carácter y temperamento pésimos.

En algunos casos la pupila se dilata, o sea, el nervio vago-simpático se descontrola, aunque más por pánico. No habiendo pigmentación en el fondo del ojo, los reflejos provocados por la luz solar serán anaranjados o amarillos, al verse influenciados por el color de las venas capilares del fondo del ojo, o sea de la sangre que por ellas circula. No hay pigmentación, el nervio troncal no funcionó, todos los ramales nerviosos son perjudicados. De esta manera el juez puede estar seguro que el perro tiene miedo, lo que será confirmado por su comportamiento. Si el juez avanza, reculará hasta esconderse detrás del dueño.

Como puede constatar el lector, muchas veces justamente el ataque de un perro es el que denuncia su flaqueza de temperamento. Por eso, aunque atacando, lo hace de tal manera que el juez acaba calificándole como de temperamento flaco.

Repito, haciendo un llamamiento a los criadores: no usen machos de nervios flojos. Es un defecto transmisible. Usen sólo las hembras, en casos muy especiales, y siempre asistidos por un experto. No aumenten el número de miedosos.

No lleven a adiestrar sus perros en ataque. Si no heredaron un temperamento corajoso, destemido, de guarda, no se engañen a sí mismos, enseñándoles a ellos a engañar. Frente a una necesidad real, su perro adiestrado, en vez de defenderlo, puede que se esconda detrás suya, pidiendo su protección, o huir al fondo de la parcela, dejándole a usted sólo frente al malhechor. Críen verdaderos amigos y guardas, y ayúdennos a realzar al Fila Brasileiro.