EVALUACIÓN
INICIAL Y REANIMACIÓN
(RCP BÁSICO)
La reanimación
La reanimación es el conjunto de maniobras que se realizan para asegurar el aporte de sangre oxigenada al cerebro cuando fallan los mecanismos naturales.
Estas maniobras se ejecutan según detectemos la ausencia de una constante vital (la respiración o el pulso) o ambas. Es fundamental que se realicen de una manera rápida, exacta y ordenada, pues la ejecución de maniobras de reanimación sobre una persona que respire o tenga pulso puede ser fatal, acarreando lesiones internas graves e incluso la muerte.
Se ha de recordar que según la legislación Española, sólo un médico puede certificar el fallecimiento por lo cual, una persona no profesional de la medicina, ante la ausencia de pulso en la víctima, siempre realizará la reanimación.
Con este proceso de exploración buscamos identificar perfectamente qué le ha ocurrido a una víctima de cualquier incidente. Siempre dividimos la evaluación en dos fases: valoración primaria y valoración secundaria. No obstante, también es muy importante la previa evaluación del entorno y el primer contacto con la víctima.
Evaluación del entorno
A la llegada al lugar del incidente, antes de acceder a las posibles víctimas, es conveniente emplear unos instantes en realizar una inspección visual del accidente y de los alrededores en busca de otros riesgos que puedan poner en peligro nuestra propia vida. Es fundamental establecer las medidas de autoprotección necesarias, incluido el uso de guantes para la prevención de posibles contagios. Sin entretenerse excesivamente preguntar a testigos, acompañantes, familiares y a la propia víctima sobre lo ocurrido.
Además de esto, al conocer el tipo de accidente sufrido, podremos saber con bastante aproximación el tipo de lesiones que se han podido producir en la víctima.
Si se trata de un accidente de tráfico, preguntaremos a las víctimas conscientes sobre el número de acompañantes y sus nombres para conocer el estado de orientación o conmoción en que se encuentran y, además, establecer una relación y, si procede, buscaremos otras posibles víctimas en el interior del maletero del vehículo o por los alrededores.
Observar si existe derrame de líquidos inflamables, materias tóxicas o corrosivas en las ropas de la víctima, objetos cortantes o punzantes que pueden herirnos. Todo ello servirá para dar una asistencia eficaz.
A menudo se comete un error al iniciar el contacto con la víctima y es que nos ponemos a evaluar y nos olvidamos de hablar a la víctima y preguntarla por sus lesiones. Si al acercarnos a ella nos presentamos como miembro de alguna Entidad y mantenemos un tono cordial y afable durante la evaluación, informándola de lo que vamos a ir haciendo, conseguiremos no sólo colaboración por su parte sino que la inspiraremos confianza al establecer una relación de trato profesional con ella.
No olvidar que existen personas que no pueden vernos, oirnos o hablarnos (ciegos, sordos, mudos, disminuídos, etc.) o, simplemente, que no entienden nuestro idioma. En estos casos tratar de expresar lo necesario mediante gestos con las manos.
Consiste en la exploración de las constantes vitales con el único fin de detectar su presencia, sin entretenernos en cuantificar. Se realizará siempre de manera rápida y sistemática, siguiendo estos pasos:
CONSCIENCIA: Para evaluar la consciencia se preguntará a la víctima si
nos escucha y cómo se encuentra, a la vez que la sacudimos ligeramente los hombros o se
la pellizca en la cara (A.V.D.N.). No sólo buscaremos que
el paciente nos dé una respuesta verbal sino que podemos esperar cualquier movimiento de
defensa del tipo de apertura o cierre de ojos, retirada de la cara o manos ante pellizcos,
etc...
RESPIRACIÓN: La evaluaremos
acercando un lateral de nuestra cara a la boca y nariz de la víctima mientras que miramos
su pecho y abdomen. Buscamos con esto oír y/o sentir en nuestra mejilla la
entrada y salida del aire de la víctima, a la vez que nos permite ver y observar
el movimiento respiratorio del tórax y abdomen.

BOCA A BOCA: Consiste en introducir en los pulmones de la víctima el aire contenido en nuestra boca, faringe, laringe, tráquea y bronquios antes de que quede viciado por nuestra propia respiración; es decir: el aire que aún no ha sufrido el total intercambio gaseoso en nuestros pulmones.
Para ello, manteniendo el cuello de la víctima en
extensión, pegaremos nuestros labios herméticamente alrededor de la boca de la víctima
mientras pinzamos su nariz con los dedos índice y pulgar de la mano que mantenemos en la
frente; le insuflaremos el aire con fuerza moderada durante no más de dos segundos a la
vez que miramos su tórax y abdomen y nos aseguramos de que lo que sube es el tórax. Esta
fuerza debe ser muy controlada en el caso de que el paciente sea un niño y más aún en el caso de lactantes.
PULSO: El pulso vamos a localizarle en cualquiera de las
arterias carótidas situadas en el cuello a ambos lados de la nuez. Para ello utilizaremos
2 ó 3 dedos (nunca el pulgar) de la mano que teníamos en la nuca, que la haremos
resbalar por cualquiera de los laterales de la tráquea (mejor por el lado opuesto a
nosotros) hasta la depresión existente entre ésta y los músculos
externo-cleido-mastoideos, presionando hacia la nuez. Si sentimos el pulso seguiremos
realizando el boca a boca a ritmo de 1 insuflación cada 5 segundos; si, por el contrario,
la víctima carece de pulso NO golpearemos el tórax con el puño y
comenzaremos el masaje cardíaco externo.MASAJE CARDIACO EXTERNO: Consiste en
comprimir el corazón entre el esternón y la columna vertebral cargando nuestro peso
sobre el tercio inferior del esternón de la víctima. Para localizar este punto con
exactitud seguiremos con los dedos de una de nuestras manos el borde inferior de las
costillas en dirección al esternón, y en la zona central del pecho chocaremos con la
punta cartilaginosa del esternón (apófisis xifoides); en este punto pondremos 2 o
3 dedos de la otra mano en dirección a la cabeza y en este nuevo punto colocaremos el
talón de la primera mano. Esta es la zona donde realizaremos las compresiones, quedando
completamente desnuda y especialmente si existen sujetadores con aros metálicos; ello
implica actuar con respeto a la intimidad del sujeto
.

(1) ATENCION: No todas las personas tienen la misma consistencia en sus costillas por lo cual se recomienda hacer rápidamente una o dos presiones de tanteo para precisar la "dureza" del recorrido muerto y saber exactamente dónde comienza la verdadera presión sobre el músculo cardíaco.

Daremos por finalizada la resucitación...
- ... cuando otra persona nos sustituya (otro socorrista, personal de ambulancia asistencial, médico, etc.)
- ... cuando un médico certifique el fallecimiento de la víctima
- ... cuando recupere las constantes vitales o
- ... cuando estemos agotados y no podamos continuar con la reanimación.
Valoración secundaria
Consiste en determinar el estado de la víctima mediante la localización de todas sus lesiones. Para ello reevaluaremos y cuantificaremos su consciencia, respiración y pulso y realizaremos una exploración rápida pero ordenada y concienzuda de todo su cuerpo en busca de sangre, deformidades (bultos o huecos), secreciones (sudor, heces, orina o vómitos), anormalidades en el color, temperatura y aspectos de la piel, etc., etc. A ser posible siempre utilizaremos guantes para tocar a una víctima para evitar contagios de nosotros hacia ella o a la inversa, aunque su aspecto parezca saludable.
Si la víctima puede colaborar, la preguntaremos por sus molestias, dolores, etc., detectando cualquier problema de orientación o memoria antes de la exploración y mantendremos una ligera conversación informativa de las maniobras que vamos a hacer. No es conveniente informar de las lesiones sufridas para evitar choques emocionales. En esta entrevista tendremos en cuentan las características particulares de cada colectivo (niños, ancianos, discapacitados, sordos, mudos, extranjeros, etc.).
Para la exploración utilizaremos nuestras dos manos y a la vez observaremos visualmente la zona explorada. Las manos se moverán simultáneamente, a ambos lados del cuerpo aprovechando la simetría de este.
Comenzaremos nuestra exploración en la cabeza, (en el cráneo y en el macizo facial, incluido el interior de la boca), bajaremos al cuello y hombros. Continuaremos por el tórax explorando el esternón y la parrilla costal; observaremos el abdomen prestando atención a su consistencia (un abdomen rígido puede indicar una lesión interna).
Bajaremos al vientre observando la presencia de heces u orina, a continuación exploramos las piernas comenzando por las caderas, siguiendo por el muslo, rodilla, pierna, tobillo y pies (incluidos dedos). Por último no nos olvidemos de las extremidades superiores, empezando por el brazo, codo y antebrazo, pasando luego a las muñecas y manos (incluidos dedos) .
En la exploración nos detendremos en las partes más complejas y, ante una duda de lesión en alguna de las extremidades, podremos utilizar como modelo la otra, pues ambas son simétricas.
Si ha habido relajación de esfínteres, sospecharemos lesión en la columna y valoraremos la movilidad (diciendole que mueva los dedos) y la sensibilidad (mediante pellizcos o pinchazos) de las extremidades .
Posteriormente valoraremos de nuevo la respiración y el pulso con el fin de conocer su frecuencia y su fuerza.
Prestaremos también atención al color de la piel, al sudor y a la temperatura.
Dificultades durante la evaluación y la reanimación
HEMORRAGIA AGUDA: Si previamente al masaje cardiaco observamos que ha existido una hemorragia aguda, procederemos al taponamiento de la herida para evitar que con el bombeo artificial siga perdiendo más sangre por esa herida. Esta maniobra debemos realizarla en el menor tiempo posible y, si fuese necesario, aplicaremos inmediatamente un taponamiento o un torniquete para poder dedicarnos enteramente a la reanimación.
IMPOSIBILIDAD DE TOMA DE PULSO EN EL CUELLO: Si existen problemas para la toma de pulso en la carótida, lo tomaremos en la otra arteria central: la femoral. Nunca utilizaremos los pulsos periféricos debido a su lejanía del corazón.
NO HAY ENTRADA DE AIRE EN LAS INSUFLACIONES: En cada insuflación el tórax tiene que subir, si no subiera o lo que subiera fuese el estómago, revisaríamos la hiperextensión del cuello y volveríamos a intentarlo. Si, aún así, siguiera sin subir, pensaríamos en una obstrucción de las vías respiratorias por lo que realizaríamos las maniobras de desobstrucción.
MANIOBRA
DE DESOBSTRUCCIÓN: Estas maniobras consisten en presionar la zona inferior del tórax
para comprimir los pulmones y que estos expulsen fuertemente el aire contenido con el fin
de empujar hacia el exterior el objeto que obstruye.
Si la víctima está tumbada, nos sentaremos en sus muslos
mirando hacia su cabeza, que la colocaremos ladeada. Situaremos nuestro puño en la boca
del estomago (inmediatamente debajo de las costillas) y presionaremos oblicuamente hacia
abajo y hacia la cabeza.
Si la víctima está de pie o sentada la pasaremos los brazos por
debajo de sus axilas y presionaremos, con el puño cerrado ayudado por la otra mano, en el
mismo punto, oblicuamente hacia nosotros y hacia arriba. Las presiones han de ser secas y
profundas. Continuaremos intercalando 2 insuflaciones cada 4 compresiones abdominales.
Estas maniobras no se pueden hacer en víctimas con obstrucción
parcial (tosen, se quejan, pueden hablar) que sólo las invitaremos a toser. Nunca dar
golpes en la espalda a los adultos.
Tampoco las usaremos en embarazadas o en niños de corta edad. A estos últimos los colocaremos cabeza abajo e intentaremos desalojar el obstáculo mediante golpes fuertes entre los omoplatos.
RCP básica en
lactantes y niños
Consideraciones sobre la RCP en lactantes (0 a 12 meses):
- Apertura de la vía aérea: hiperextensión moderada del cuello.
- Ventilación artificial: técnica boca a boca-nariz (la boca del reanimador cubre la boca y nariz de lactante). Frecuencia: 20-25 insuflaciones por minuto.
- Comprobación del pulso humeral.
- Masaje cardíaco externo: Localización del punto de compresión un dedo por debajo de la línea intermamilar (entre las tetillas).
- Efectuar compresiones torácicas con 2 dedos (2cm.). Frecuencia 100-120 comp./min.
- Alternancia compresiones-ventilaciones: 5/1, con uno o dos reanimadores.
- Obstrucción de la vía aérea: golpes interescapulares.
Consideraciones sobre la RCP en niños (1 a 8
años): 
- Ventilación artificial: acomodar boca a boca o boca-nariz según edad. Frecuencia 15/20 insuflaciones por minuto.
- Compresiones torácicas: utilizar el talón de la palma de una mano sobre la mitad inferior del esternón (3cm.). Frecuencia: 80-100 comp./min.
- Alternancia compresiones-ventilaciones: 5/1 con uno o dos reanimadores.