La
Humanidad y la Vibración Índigo
Centro
de Investigación y Estudios en Ciencias Esotéricas –México-
M.
en C. Jorge Guerrero y Dra. Elvira
Salas
I . SUBLIMACIÓN
DE LO CREADO.
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"¿Es,
por tanto, posible vivir sin medir, sin comparar?
Esta
es una cuestión tremendamente complicada.
Por
que la palabra ´mejor´ significa
medida.
La
palabra ´más´ implica medida. Averigüen si es posible
vivir
sin medir, lo que equivale a vivir sin comparar...
¿Es
posible que en nuestra relación de unos con otros,
por
íntima que sea, no intervenga la medida?"
KRISHNAMURTI
La
Humanidad como un todo está evolucionando. Es más, está evolucionando con y
en un todo. Pero es imperante asumir desde una verdadera perspectiva la
interpretación de este fenómeno. No es relevante querer valorar este
acontecimiento desde una cosmovisión antropocentrísta, porque nos alejaríamos
de tal modo de la verdad. Estamos siendo partícipes de una transformación de
escala -por lo menos- a escala galáctica. Y esto es obvio al observar en el sol
su creciente emisión de neutrinos, así como el incremento de la intensidad del
viento solar, del número de hoyos en la coronosfera y el aumento de la
intensidad magnética de las manchas en la fotosfera solar. A niveles más
amplios, las energías residuales que los astrofísicos analizan en el medio
interestelar, arrojan resultados hacia la dirección de aceptar que sólo en los
últimos 20 años han aparecido más estrellas de tipo supernova que
en
los últimos 2000 años. Ahora, retornando a una proporción más terrestre,
encontramos que aquí, en nuestro planeta el aumento de actividad energética se
observa por doquier: incremento de los movimientos tectónicos en las diversas
fallas telúricas, disminución del grosor de la ozonósfera y por ende el
aumento del ingreso de radiación ultravioleta, el calentamiento global por el
efecto de invernadero, los fenómenos marítimos del “niño” y la “niña”,
el azote magnificado de los huracanes, el deshielo de las capas polares y la
desertización planetaria son evidencias de que estamos viviendo un proceso de
“elevación de la rata vibratoria”; pero ¿cómo conciliar con todo esto tal
término referido –el de incremento del nivel vibracional-, el cual
actualmente es indiscriminadamente utilizado por esoteristas y “evolucionólogos”
del hombre, si estos pregoneros de la expansión del espíritu sólo lo utilizan
a favor de fundamentar un desarrollo puramente centrado en la humanidad? ¡Cuándo
se olvidan plenamente que somos simplemente co-participantes de un hiper-sistema
Universal, con estructura holística e interconexiones fractales! Si observamos en nosotros una
evolución acelerada, en el sentido de que –por ejemplo- cada vez nacen más
niños con cualidades y aptitudes físicas, emocionales, mentales y espirituales
superiores, los así llamados niños índigo, es que nosotros estamos
evolucionando con ese ritmo más amplio de evolución, que ahora es
evidentemente acelerado, del Cosmos.
II. E=mc2
: EQUIVALENCIA
ENERGÍA-MATERIA.
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"Los símbolos,
el lenguaje, el pensamiento y
la
experiencia en sí dependen y están dados por
las
morfologías energéticas de campos en interacción”
JACOBO
GRINBERG-ZYLBERBAUM
E=mc2,
esta famosa formulación, producto del genio científico de A. Einstein,
describe claramente la íntima relación entre el mundo de la materia tangible y
las energías sutiles, ecuación a través de la cual nos percatamos de la
evidente condición de la realidad física para lograr expresarse plenamente
como Poder, como fuerza libre y ondulante, radiante y expansiva. Así, pues ¿por
qué creer que es qué la humanidad apenas comienza a presentar una mutación
profunda, la cual aparentemente es nueva y se manifiesta en el nacimiento de los
así llamados “niños índigo”? Más bien creemos que la traba impuesta
desde muy tempranas etapas de nuestro desarrollo como individuos, traba que
castraba literalmente nuestro potencial índigo, nuestro poder para sublimarnos,
es una traba que comienza ya por diversos medios y
razones a perder su intensidad opresora. Pero nos corresponde a nosotros,
como seres sensibles y autoconcientes, el participar voluntariamente para que
este ritmo de evolución, de expresión de nuestro potencial índigo, sea real,
extensivo hacia cada uno de todos los pobladores de este mundo.
Se
hizo el vaticinio a través tanto de profecías como de serias extrapolaciones
psico-sociológicas de que ingresaríamos ya a un periodo tanto como fascinante
cuan también revelador, de una nueva expresión de la conciencia humana a través
del nacimiento de personas cuyo
campo psicobioenergético u aura vibra dentro de lo que perceptiblemente (p
or
métodos psíquicos o kirlianografía) son los colores azul y añil. Es en estos
nuevos miembros de nuestra especie que logramos ver la oportunidad que se nos
ofrece para realizar esta tan desesperadamente buscada libertad, para vivenciar
nuestra íntimamente anhelada felicidad. En estos nuevos niños se observa fácilmente
una expansión de conciencia, en la cual se denota una alta evolución cuyas
mayores características son la sensibilidad expresada a través de un profundo
contacto con todas las facetas de este mundo, con una real compasión y respeto
hacia sí mismos, como hacia la vida en general En estos así llamados niños índigo,
existe una espiritualidad dada por medio de una apreciación de la unidad a través
de sus relaciones y vivencias con la cotidianidad.
Pero
más importante aún es el que ellos nos comparten, nos detallan el que
lograremos como género una expansión de nuestras conciencias hacia una
meta-conciencia tetradimensional. Será así como a través de la llegada de
ellos, recuperaremos el recuerdo de lo que verdaderamente somos: Esencias
divinas encarnados para obtener experiencias humanas.
Esta gente nueva logra trascender nuestras limitantes ya innatas: a
saber, nosotros, la gente común somos sólo conscientes de un ámbito
tridimensional en el que se expresa una evidente separación de la unidad y una
linealidad temporal en la causa-efecto, por que es innegable para cualquiera que
se aboque a observar razonablemente el universo, que de acuerdo al método
cartesiano con el que se nos educó a percibir y concebir el mundo, los
elementos de nuestro entorno están desasociados unos de los otros. Pero claro,
para poder ser concientes de esta ínter-vinculación sutil que se expresa entre
las cosas y los hechos aparentemente aislados de nuestro entorno, necesitamos
dejar de pensar de una manera lineal. Nuestros ancestros, los llamados Pueblos
de Tradición Mágica, consideraban como eje de su cosmovisión una percepción
holística, en la cual todas las cosas están conectadas por nexos sutiles pero
intrínsecos a la existencia misma de las cosas. Era lo que se llama en la
Tradición Chamánica americana, la Rueda de la Vida. La mitad actual de la
población mundial, aproximadamente, o sea casi todos los niños, son capaz de
ser conciente de esa relación sutil, misteriosa, verdaderamente mágica que
interconecta todo en un sistema viviente y conciente. Es muy posible que en
ellos, los niños, nuestros niños, existan densos flujos psicobioenergéticos
en los tres centros chákricos superiores, lo cual les permita esta psicoradiación
teñida de índigo. Quizá el campo morfogenético de la humanidad está por fin
expresando su verdadera faz.
III. HERRAMIENTAS PARA LA SINTONIZACIÓN.
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“Para
mí sólo recorrer los caminos que tienen
corazón,
cualquier camino que tenga corazón.
Por
ahí yo recorro, y la única prueba que
vale
es atravesar todo su largo. Y por ahí
yo
recorro mirando, mirando, sin aliento”
DON JUAN MATUS
En
el universo conocido por la física, imperan cuatro fuerzas básicas, a saber
son:
electromagnética,
nuclear “fuerte”,
nuclear “débil” y
gravitacional.
La
materia física de este universo está constituida por partículas, átomos y
moléculas, todos ellos coaligados en primera instancia por la fuerza
electromagnética, la cual integra y da forma primariamente a las cosas tal y
como las experimentamos. Entre más energía electromagnética posee un objeto
material, mayor será su estado cuántico, como a su vez mayores sus niveles de
agitación térmica y de energía potencial, es decir, entre más energía tiene
algo, mayor es el nivel de vibración de sus componentes, ya sean los
electrones, los átomos o las moléculas en sí. Esto queda claro al momento de
aplicarle calor al un bloque de hielo, ocurriendo que éste absorbe ese calor,
incrementando su temperatura interna, calentándose tanto hasta llegar cambiar
su estado físico de ser sólido a pasar a ser agua líquida, para luego pasar
al punto de ebullición, y si el proceso térmico continúa, transformarse
totalmente de líquido a vapor.
O
sea, que se logra así elevar la rata vibratoria del hielo, calentándolo para
transformarlo –“evolutivamente” digamos- en algo más sutil, siendo vapor
muy caliente. Pero este proceso termodinámico es feroz, enérgico, tanto que
podemos utilizar ese poder liberado del agua ahora gaseosa. No es un proceso de
transiciones delicadas y sutiles, sino al contrario, impetuosas, literalmente
efervescentes. Ahora, puede aquí preguntarse con plena justificación ¿qué es
lo que propicia el que vivamos una pugna encarnizada entre nuestro ego y nuestra
alma? Simplemente observemos nuestras vidas diarias, sumidas en la cotidianidad,
escindidos por rencores, temores, creencias obtusas, valores impuestos,
inseguridades materiales e insatisfacciones emocionales. Pues este proceso de
agitación interna que nos genera esta elevación de la energía de los cosmos
externo e interno, al llevarnos a una Sublimatio, a una efectiva
evaporación desde las densidades del ser, nos invita a considerar el que
disponemos de dos únicas posibilidades:
A.
deshacernos de nuestra parcial interpretación del estar en un universo
egocentrista, en el que estamos solamente motivados por el Miedo, la creencia de
una constante vulnerabilidad y la tendencia a avanzar por el camino más duro,
siempre considerando a los otros como presas que sirven para satisfacer nuestras necesidades físicas y
emocionales o,
B.
adquirir conscientemente la percepción del Respeto, desde el cual abocarnos a
un genuino escuchar nuestras verdaderas y profundas necesidades, ser capaces de
con respeto sincerarnos para percatarnos de cuales son nuestras rutas reales de
satisfacción, pues ¿qué buscamos los humanos? Simplemente bienestar, un
bienestar que implique la pura expresión de nuestras innatas potencialidades.
Más
para lograr llegar a ese segundo estado, o posibilidad “B”, tenemos que
comprometernos a habilitar nuestro sistema de percepción hasta alcanzar más
allá de nuestra realidad física. Nuestro antropocentrismo nos ha sido útil
hasta este punto del camino, pero ya comienza a ser obsoleto, pesado; debemos
encarar la verdad que se nos revela y grita desde el fondo del ser: “vives
en un sistema dinámico mucho más amplio del que forma parte hasta ahora tu
pequeño inventario de la realidad física”.
El
humano actual no dispone de verdaderos motivos individuales para justificar su
existencia. Es sólo un complejo y caprichoso amasijo de creencias y valores
impuestos desde fuentes externas a él. Se nos ha imbuido en el mar del temor.
Se nos ha permitido entender el mundo desde el falso concepto de que aquí sólo
venimos a sobrevivir físicamente. Se nos muestra que el dominio del plano físico
es el único camino de avance hacia el bienestar. Así, centramos nuestra atención
ante la errada idea de que temamos –como prerrogativa- al incremento de
nuestra vulnerabilidad.
No
percibimos de manera clara lo que realmente nos motiva. Nos fundamentamos únicamente
en la idea mecanicista, tridimensional de que “a toda acción existe una
reacción de igual magnitud”. Esto es simplemente relativo, pues el universo
esta constituido por infinidad de dimensiones. Nosotros disponemos de dos
cerebros para interpretar e interactuar en este universo. Uno de ellos es el
receptáculo de una de las dos manifestaciones de la mente, elemento uno de dos
el cual es capaz de sentir y además no tiene límites, mientras que el otro
cerebro es el deposito de otra expresión de la mente, con facultades
“visuales”, que delimita y mide. Ambas partes son recíprocamente necesarias
y se co-definen mutuamente. Las dos facetas de la mente se sintonizan para crear
la experiencia como a su vez crean el universo a experimentarse. Todo lo que se
“puede ver” se cree, lo cual es innegablemente necesario para nuestra
naturaleza humana, más se nos puede aunar ya una certeza de que lo inconcebible
se puede asumir como existente e incluso, ilimitado. Ante esto, nuestro actual
estado de conocimientos nos exige el ir desensamblando todo lo hasta ahora
concebido, para ir creando otras concepciones más amplias.
La
mecánica cuántica apunta hacia esa nueva dirección, en la que nuestra propia
mente debe de reconocer que modifica directamente a la realidad misma, así, por
el sólo hecho de existir, por el acto de pensar.
Nuestra
mente generalmente realiza sus procesos no por una actitud inteligente y
autoconscientemente dirigida, sino por esa tendencia inercial arriba mencionada.
En esa fuerza que nos guía, como ciegos confiados a su lazarillo, se encuentran
motivos, deseos y metas, totalmente ajenos todos ellos a nosotros.
¡Hasta
cuando vamos a mantener nuestros ojos ciegos, negando que somos simples objetos,
manipulados por el exterior! Aquí la pregunta: ¿por quién vives, luchas y
mueres? ¿Porqué temes a cada paso el encontrarte con el rechazo, el fracaso,
la burla, la agresión, la miseria, el abuso? Sí en cada paso que das en tus
relaciones con los demás y en tus acciones para estar bien, en vez de actuar de
acuerdo a realmente saber que lo que tu das es bueno, y te permitiría
naturalmente sentirte satisfecho de ello.
Y
entonces ¿porqué si lo que pides es simple, sencillo, justificado, temes a
cada momento no merecerlo? A cada paso de tu vida, en cada pensamiento y emoción
vas con este horrible miedo, hondo vacío, certeza del fracaso, asfixiante
sentimiento de soledad e inadecuación. ¿Porqué? ¡Porque no vives de acuerdo
a tu camino con corazón! No puedes encontrar el sendero que te lleve primero
hacia el encontrar tus verdaderos y vitales anhelos, mientras nuestra mente,
sencillamente crea tu mundo de acuerdo a tus certezas, aún cuando estas sean
certezas pútridas y malversas. Si encontramos nuestras certezas internas,
personales, encontraremos nuestro camino para modificar la realidad a nuestra
luminosa imagen y semejanza: “camino de bienestar” sería.
Pero,
¿qué nos lo impide?
Este
impedimento genérico de nuestra especie está siendo trascendido por los nuevos
niños, humanos dotados de la capacidad ingénita para sintonizarse con esta
frecuencia energética llamada “índigo”. Estos niños se confrontarán con
un
paradigma profundamente arraigado en
nosotros, se toparán con que TODOS en este mundo contemplamos hasta ahora al
Poder como si fuera un elemento externo a nosotros mismos, algo que radicase allá
afuera. Y nosotros, los afectados por esta situación, al querer emanciparnos,
al querer volvernos también humanos índigo, nos descubriremos encadenados a
una frenética búsqueda de la obtención de ese “poder” extrínseco.
Tendremos que ser conscientes de que hemos sido incapaces de dejar atrás
nuestra hambre de convertir a los demás en nuestras víctimas, y en
consecuencia a ese hallazgo interior, tener que actuar de acuerdo a ello. No
podremos elevar nuestra rata vibratoria individual y como especie planetaria,
sino hasta que nos comprometamos con el corazón y la mente ante el utilizar
firmemente los siguientes modelos, los cuales nos proveerán de la necesaria
recuperación de nuestras energías –antes por ahí relegadas- para lograr en
nosotros este salto cuántico. Y esto sólo ocurrirá sí no deseamos el ser
meramente espectadores mudos ante este grandioso fenómeno de evolución humana.
Así
a saber, los principios que podemos utilizar, que nos hacen llegar la humanidad
de aura índigo, en primera instancia son:
-Impecabilidad
en nuestra existencia, entendiendo esto en términos de ser voluntariamente
conscientes de hacer honestamente siempre lo mejor que podamos. El no engañarnos
a través de inventarnos pretextos o justificantes meramente evasivos para no
actuar de acuerdo a nuestra intima verdad. Es imperante es construir una eficaz
comunicación que seas fluida entre el alma, la personalidad y el cuerpo, y es
esto ya una posibilidad a través de las psico-técnicas, del “auto-acecho”,
la psicomagia, y del análisis
profundo y serio de uno mismo, sólo por mencionar algunos métodos eficientes
para tal objetivo. Más la intención es el lograr un estado de trascendencia en
el que logremos que el intelecto y los sentimientos se fundan, un estado en el
que los juicios y razonamientos construidos en la corteza cerebral hagan las
paces con el primitivo cerebro límbico. Sólo así obtendremos las profundas
cualidades de gozo, sencillez, plenitud y realización que manifiesta la gente
índigo. La honestidad emocional sería por lo tanto la más clara expresión de
la impecabilidad genuina y verdaderamente humana.
-Así,
ante lo que describimos, se derivaría naturalmente enfatizar que debemos
obtener una congruencia existencial, un hondo sentido de la responsabilidad, la
cual –la responsabilidad- es una cualidad actualmente confundida por las
manipulaciones culturales. El responsabilizarse conllevaría en realidad a
asumir una capacidad de responder, de reaccionar. Es básico que aprendamos de
estos nuevos niños algo que ellos sencillamente nos muestran: que una persona
responsable no es aquella que se coloca todo el peso del mundo sobre sus
hombros, sino que es la persona que sabe luchar contra los desafíos del momento
con seguridad y fe.
-Los niños de la luz saben que la energía de la Tierra
necesita ser renovada, y poseen para ello una profundísima confianza en las
bondades del Universo. Ellos saben que el Cosmos confabula a favor de ellos,
pues tienen esa indestructible fe de que la faceta intensa y poderosa de la vida
se les revela. Tomemos esta enseñanza como propia.
-No
tener miedo. La nueva generación posee una cualidad muy grande, la cual nos la
enseñan, y es simplemente no tener miedo, porque con miedo actuamos con
agresividad o sumisión. La gente índigo sabe que cuando está ante alguien que
quiere manejarse imponiendo el miedo, es que esa persona ante ellos es alguien
con inseguridades, con anhelos y necesidades frustradas. Alguien que usa al
miedo como herramienta de vida es alguien que en realidad está pidiendo a
gritos “¡Quítenme el freno!”. La humanidad índigo nos muestra la
posibilidad de volvernos como ellos por medio de reconocer en nosotros la
necesidad de ser libres, sin miedos.
-El
no juzgar, no criticar, siendo este un principio inherente a grandes filosofías
espirituales y religiosas, pero inhábilmente practicado. Los nuevos humanos nos
dice que comprendamos sin ambages necios que es imperante ya en este momento
para nosotros dejar esa nefasta costumbre humana de juzgar a todos cuantos
estamos en nuestra vida. Y se dice aquí “estamos”, pues es en nosotros
mismos en primera instancia donde comenzamos este denigrante proceso de
desvirtuamiento. Es juzgar implica forman una consideración lógica, basada en
nuestras propias y muchas veces erradas premisas. Desvalorizamos a los demás o
a nosotros mismos, propiciando la formulación de una soberbia separatista,
destructora de la consideración, el respeto y la compasión. Existe actualmente
una "programación mental" que somete a una muy importante parte de la
población mundial culturalmente activa, encolumnándola tras un paradigma donde
lo "correcto y aceptado" en términos intelectuales es, paradójicamente,
lo más alejado posible de una verdadera espiritualidad. Los nuevos niños, niños
de luz, nos enseñan con sus actos que nadie es tonto, que debemos dar lo mejor
de nosotros mismos. Al no juzgar, podremos ser capaces de mostrar a los demás
de cuánto sí son capaces. De estar abiertos para compartir, recibir, dar.
-Autovaloración.
La gente índigo nos indican por su modo de existir que nos liberemos del modelo
inadecuado que utilizamos al creer tales cosas como ”Gozar el fruto de lo qué
yo hago, me destierra del paraíso”. El único que nos destierra de nuestro
propio paraíso es uno mismo, ejerciendo esa ciega actitud de creernos en esto o
en aquello inmerecedores. Reconozcamos lo siguiente: estamos haciendo un planeta
de gente que hacen sin crear nada, y aún así creemos que lo que “hacemos”
es por un lado supremamente valioso, y por el otro lado, paradójicamente,
estamos firmemente convencidos de que para nada sirve.
-Estos nuevos niños nos traen un ejemplo a seguir, al
momento de recordarnos que nada está separado de lo demás. Es como si de
alguna manera los seres humanos índigo supieran íntimamente que formamos parte
de un Universo íntervinculado, en el cual cada parte se relaciona con y
representa al resto del Cosmos. Esta visión holística es necesaria ya en
nosotros para acceder a este crecimiento de nuestras conciencias.
-Saber
que el poder es interno, es una lección a aprender de ellos, pues estos niños
nos muestran claramente que la fuente de la sabiduría y la felicidad sí está
en nosotros, sólo basta tener una actitud receptiva ante lo que ellos nos enseñan.
Son abiertos, sencillos, y ellos nos mostrarán así además que todo es energía
evolucionando. Es esta la visión de nuestros niños, nuestros amigos y
maestros, que nos invitan amorosamente a tomar sus esquemas, maduros y
espirituales para lograr el necesario salto cuántico.
IV. CONCLUSIÓN.
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“Primero:
Dios es sacrificio. Sufre en esta vida, serás
feliz
en la próxima.
Segundo:
quien se divierte es infantil.
Vive
bajo tensión
Tercero:
los otros saben más lo que nos conviene,
porque
tienen más experiencia.
Cuarto:
nuestra obligación es satisfacer a los demás.
Es
preciso agradarles, aún cuando esto
signifique
hacer renuncias importantes.
Quinto:
es preciso no beber de la copa de la felicidad;
podría
gustarnos demasiado, y no
siempre
la tendremos a nuestro alcance
Sexto:
es preciso aceptar todos los castigos.
Somos
culpables.
Séptimo:
el miedo es una señal de alerta.
No
hemos de correr riesgos
Éstos
son los mandamientos que ningún guerrero de la luz puede obedecer”
PAULO COELHO
Existe
una fuerza incontenible que está actuando irremisiblemente sobre nosotros,
sobre todos nosotros. No importa en dónde tengamos centrada la atención, lo
que hagamos y creamos, esa fuerza está transformándonos por igual a la
humanidad por completo. Cambio que es mejor asumir como propio, pues si le
enfrentamos, oponiéndonos a él, sólo perderemos el tiempo.
El
incremento de la tecnología nos permite expandir nuestras percepciones hacia
aspectos de la realidad nunca imaginados: podemos indagar en lo más microscópico,
en espectros de radiación más allá de lo visible con el ojo desnudo, dentro
de los objetos sólidos y en espacios macroscópicos, siendo todo esto hasta
hace relativamente poco totalmente invisible, y por lo tanto, inexistente. Ahora
disponemos de manera accesible de métodos para analizar nuestro cuerpo y el de
la realidad física. De tal manera que el ámbito de experiencia de nuestra
conciencia actual es muchísimo más grande que jamás antes; ahora, fenómenos
de percepción y de actividad sólo vivenciados por místicos y chamanes pueden
ser experimentados por cualquiera de nosotros,
por ejemplo, el comunicarnos con una persona situada a una enorme
distancia, controlar procesos complejos con un simple acto de voluntad
transmitido por medios energéticos, obtener conocimiento directamente de
fuentes lejanas por medios de recepción de energías, observar acontecimientos
distantes, son hechos aceptados y racionalmente considerados como “verdad”.
De tal modo que la brujería y la superstición de antes son la ciencia de hoy.
Nos
comenzamos a percatar de que poseemos la capacidad de expandir nuestra comprensión
perceptual más allá de los habituales cinco sentidos. No son las células
especializadas del ojo o de la lengua las que nos vinculan con el mundo
exterior, con la llamada “realidad”, sino ese aspecto enigmático aún,
poderoso como lo más, eso a lo que llamamos mente. Esa mente siempre se ha
encarnado en este mundo a través de nosotros, la humanidad con un enorme e
inconmensurable poder. Pero la grandísima presión ejercida por un inconsciente
colectivo y por esa aplastante realidad consensualmente erigida, todo ello
embutido en nuestro ser desde el mismo periodo de nuestra gestación, cuando nuestro cerebro se desarrollaba a velocidad vertiginosa, ha
amputado casi toda nuestra libertad: desde el principio venimos, al ser apenas
embriones, con el potencial de todo un súper-ser, pero nacemos ya sufriendo la
terrible mutilación de una ciega y estupidizante mente común, moldeados por un
campo de energía psicogenética rendido al temor y la autonegación. Hemos creído
que el Poder es algo externo a nosotros. Pero como tramo ya recorrido en nuestro
camino evolutivo, dejamos atrás esa etapa. Ahora todo confabula a favor de
nosotros, trocándonos en seres capaces de percibir más facetas, más
dimensiones y más sentimientos de y en nuestra realidad.
l
SOBRE LOS AUTORES
M. en C. Jorge Guerrero:
Director del Centro de Investigación y
Estudios en Ciencias Esotéricas –México–
Físico-matemático, astrónomo y psicoastrólogo
Master en Parapsicología por la Open
University of Advanced Sciencies Ltd. –Florida, E.U.A.-
Master en Reiki de la Usui Shiki Ryoho
Miembro de The
Planetary Society, University of California at Berkeley
Miembro investigador de la Facultad Libre de
Altos Estudios Paracientíficos –Barcelona, España-
e-mail: ingguerrero@prodigy.net.mx
Dra. Elvira Salas:
Investigadora del Centro de Investigación y
Estudios en Ciencias Esotéricas
Psicoterapeuta, naturópata, bioenergeta,
especialista en mancias
Médico Cirujano, Univ. Juárez del Edo. de
Durango
Master en
Parapsicología, Open University of Advanced Sciencies Ltd. –Florida, E.U.A.-
Miembro investigador de la Facultad Libre de
Altos Estudios Paracientíficos
Master en Reiki por
la International Association of Reiki Professionals
e-mail: viajera11@hotmail.com