EL GRUPO GALAICO DE ARTE RUPESTRE


Antonio de la Peña Santos.
(Museo de Pontevedra)


(Texto de la Ponencia presentada al Ir.Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals organizado por el Institut dEstudis Illerdencs (Lleida 1992)).


Resumen: Partiendo de la adecuada definición del Grupo Galaico de arte rupestre y su diferenciación respecto de otras manifestaciones semejantes, se hace una revisión historiográfica de la investigación precedente para pasar a describir los diferentes temas representados y la cronología particular y general, que se situa durante la transición entre el III y el II Milenios a.C., coincidente con la aparición de la primera Metalurgia. La dimensión espacial de los grabados y su análisis simbólico parecen indicar la existencia de dos lenguajes diferentes pero complementarios: uno de carácter restringido, con fuerte carga simbólica, que se situa sobre rocas muy poco visibles y lo integran los temas abstractos; el otro, más narrativo, plasmado sobre superficies muy destacadas, en el que predominan las armas y las escenas con figuras humanas. De lo anterior, y de los resultados de la investigación arqueológica sobre el período en que situamos nuestros grabados, se desprende la existencia de un proceso de intensificación agrícola y de un profundo cambio social. Este nuevo orden social sería potenciado por la posesión y exhibición de determinados elementos de prestigio y poder que indicarían el status de sus dueños, y legitimado por una manifestación de claro componente ideológico que subrayaría las diferencias de clase: el arte rupestre galaico.
 

1.- INTRODUCCIÓN:

Cuando en el año 1935 aparece publicado el "Corpus Petroglyphorum Gallaeciae" de Ramón Sobrino Buhigas, el colectivo científico internacional pudo comprobar la existencia de un foco de arte rupestre al aire libre del que hasta entonces, si bien no puede decirse que fuera totalmente desconocido, no se sospechaba ni su riqueza temática ni sus personalísimas características.

Desde entonces, los complejos de grabados rupestres al aire libre del Noroeste de la Península Ibérica han sido objeto de numerosos estudios y gozan de una amplísima bibliografía; no obstante, y por paradójico que pueda parecer, a causa de múltiples factores que sería excesivamente prolijo enumerar, esta amplia bibliografía no ha trascendido apenas fuera de los límites administrativos de Galicia, y el caso es que las grandes síntesis sobre el arte rupestre europeo post-paleolítico apenas recogen la existencia de este foco de arte rupestre.

Causa -acaso también efecto- de lo anterior ha sido el defectuoso enfoque metodológico que se puede percibir en los estudios tradicionales sobre nuestros grabados rupestres. Como suele acontecer con demasiada frecuencia cuando se analizan fenómenos de componente "artístico", se ha abusado hasta la saciedad del estudio de los grabados en sí mismos, sin tener presente que el paso previo imprescindible para llegar a comprender, siquiera mínimamente, el por qué de una manifestación "cultural" -tanto más cuando ésta presenta claros componentes ideológicos y simbólicos- es su adecuada contextualización(1) . De ésta manera, centraremos nuestra Ponencia en los intentos más recientes en tal sentido.
 

1.1.- Definición del "Grupo Galaico de Arte Rupestre":
 

Como punto de partida lógico, habremos de definir convenientemente el tema señalando qué es lo que queremos decir cuando hablamos del "Grupo Galaico de Arte Rupestre".

Es bien sabido que en el Noroeste de la Península Ibérica pueden distinguirse varios "grupos" de diseños grabados sobre rocas al aire libre. Naturalmente, no todas estas figuras coinciden ni en el aspecto temático ni en el técnico. Una buena parte de los autores que han tratado el tema de los grabados rupestres de esta zona obvió el detalle anterior, provocando con ello un enorme confusionismo y las justas críticas de algunos colegas portugueses(2).

El que hemos convenido denominar "Grupo Galaico"(3) presenta unas características propias tan acusadas que permiten su individualización sin excesivos problemas. Aunque más adelante tendremos ocasión de detenernos en su análisis, las adelantaremos de forma breve y sintética.

Los complejos rupestres galaicos se distribuyen geográficamente y se ubican sobre el paisaje siguiendo unos patrones muy peculiares; por otra parte, las rocas elegidas como soporte de los grabados ofrecen también aspectos muy significativos. En cuanto a la temática representada, podemos agruparla en dos grandes bloques íntimamente unidos: uno, de modalidad más o menos naturalista, y el otro, de carácter simbólico y abstracto.

La temática naturalista es la que caracteriza e individualiza el Grupo Galaico con respecto de otros focos rupestres europeos. Los diseños más numerosos son las figuras de cérvidos de variada gama, estilísticamente a caballo entre la estilización y el esquematismo; junto a ellos, algunos caballos de poblada cola, y seres humanos de gran simplicidad formal. Variadas figuras antropomorfas y representaciones aceptablemente fieles de "ídolos-cilindro" y armas de status -puñales, espadas cortas, alabardas y escudos- completan el repertorio figurativo naturalista.

La temática abstracta -tradicionalmente conocida como geométrica- es la más numerosa y la que mayor dispersión geográfica presenta; pero al tiempo es la que mayores puntos de contacto ofrece con otros focos rupestres europeos, como veremos más adelante. Integrada por una amplísima gama de combinaciones de círculos concéntricos, espirales, y, en menor proporción, diseños laberínticos, esvásticas, cuadrados, etc., representa un universo de fuerte carga simbólica que sin embargo no se puede disociar del repertorio naturalista.

En cuanto a la técnica de grabado, ya han desaparecido de la bibliografía especializada las controversias antiguas. Hoy parece perfectamente claro el uso de la percusión indirecta con instrumental presumiblemente lítico(4), y que el aspecto actual de los surcos, del que más adelante hablaremos, es producto directo de la acción de los agentes erosivos.

Junto a las características espaciales e iconográficas que acabamos de esbozar, existe otro factor a tener muy en cuenta a la hora de definir el Grupo Galaico de arte rupestre: el estado actual de los surcos de las figuras.

Recientes investigaciones sobre la incidencia de los agentes atmosféricos sobre los granitos de nuestra zona geográfica son concluyentes en el sentido de señalar que todo grabado expuesto a la intemperie sufre un desgaste tan fuerte que en pocos siglos puede llegar a desaparecer. Las paredes de los surcos se desgastan rapidamente, ocasionando la conocida "sección en U abierta" tan característica de nuestros grabados y que se convierte en el verdadero sello de antigüedad. Es el aspecto desgastado de los surcos lo que garantiza la antigüedad -y, de rechazo, la autenticidad- de toda figura grabada en granito y expuesta al aire libre, y lo que distingue con claridad los grabados del Grupo Galaico de otras figuras más modernas y de amplísima distribución a lo largo y ancho del Noroeste ibérico.

Concluyendo, cuatro son los soportes principales sobre los que se sustenta el Grupo Galaico de arte rupestre: distribución geográfica, emplazamiento, temática y grado de conservación.
 

2.- UNA REVISIÓN HISTORIOGRÁFICA:

2.1.- La etapa post-romántica (1865-1923):

Dejando aparte ciertas breves noticias poco o nada significativas, es bien sabido que las primeras referencias serias sobre nuestros grabados surgen de la mano del que ha sido definido como "padre" de la historiografía gallega: Manuel Murguía (1865-1866; 1908). Desde su posicionamiento ideológico marcadamente regionalista, según el cual la Historia tenía que estar al servicio del Galleguismo, identificará los grabados como los restos de una escritura céltica que le sirve no sólo para sustentar su celtismo militante sino para defender un origen celta común de Galicia, Irlanda y Escocia.

El altísimo prestigio de Murguía y el éxito posterior entre las corrientes nacionalistas del mito del celtismo gallego hicieron que las noticias y estudios sobre nuestros grabados iniciaran un claro despegue, aunque en estos inicios el confusionismo es casi total y los autores integrados en las corrientes celtista y anticeltista se mueven en un mar de dudas. Para el celtista Barros Sivelo (1875) los petroglifos serían signos astronómicos de rito druídico, en tanto que el helenista y anticeltista furibundo García de la Riega (1904 y 1908) cree que se trata de una escritura muy anterior a los Celtas, neolítica, producida por los kimros.

El primer autor que analiza los grabados galaicos con una óptica racional y ajena a los posicionamientos ideológicos es Federico de Maciñeira (1908), que los identifica con una suerte de escritura de tipo ideográfico y los data en la última fase del Neolítico.

A comienzos del siglo XX se va a producir un hecho de extraordinaria trascendencia: la Sociedad Arqueológica de Pontevedra va a respaldar y promover el inventario de los complejos rupestres pontevedreses, labor de la que se harán cargo Enrique Campo Sobrino como dibujante y, tras la temprana muerte de éste, Ramón Sobrino Buhigas como principal responsable. Los primeros frutos de la labor son presentados en la Exposición Regional de 1909 celebrada en Compostela, y el éxito es tan grande que al año siguiente son exhibidos en la Real Academia de la Historia. Es gracias a ello que los grabados galaicos son conocidos en los ambientes arqueológicos de la capital de España, y pronto serán descritos en la gran síntesis de Cabré sobre el arte rupestre ibérico (1915), donde son datados en el Neolítico. De igual forma y poco tiempo después, Ignacio Calvo (1920) estudia las representaciones rupestres del monte Santa Tegra, que considera funerario-simbólicas y las data en la Edad del Bronce con pervivencias hasta la Segunda Edad del Hierro.

A estas alturas, los grabados galaicos ya comenzaban a destacarse como un fenómeno artístico peculiar. Será Hugo Obermaier el primero en estudiarlos con un criterio moderno. Para él (OBERMAIER,1923) se trata de un lenguaje de profundo y misterioso significado plasmado en lugares sagrados. Diferencia los grabados prehistóricos, que situa en la Edad del Bronce, de los medievales y modernos, y es el primero en sistematizarlos en cuatro grandes grupos. La obra de Obermaier causó un gran impacto y tuvo una trascendencia extraordinaria sobre los autores gallegos posteriores, cerrando esta primera etapa y abriendo la segunda, que hemos denominado:

2.2 - El Nacionalismo dominante (1923-1936):

Coincidiendo con la publicación de la síntesis de Obermaier, en 1923 se funda en Compostela el "Seminario de Estudos Galegos" dentro del más estricto ideario galleguista, para "el estudio de todas las manifestaciones de la cultura gallega". Desde este momento la práctica totalidad de la investigación arqueológica gallega se va a canalizar a través del Instituto, con la inevitable impregnación ideológica nacionalista. De acuerdo con lo anterior, una parte sustancial del trabajo desarrollado por el Instituto estará enfocada hacia la legitimación de Galicia como nación, buscando todos los argumentos posibles para marcar sus contrastes con las culturas periféricas(5).

El paradigma es Florentino Cuevillas, sin duda el prehistoriador gallego más prestigioso de la época, no obstante lo cual, en las breves ocasiones en que toca el arte rupestre, sus apreciaciones distan mucho de reflejar una mínima familiaridad con el tema. Ya desde sus primeros trabajos, bien sólo (1928), bien con Bouza-Brey (1929), apenas aporta novedad alguna y se limita a seguir muy de cerca a Obermaier.

Pero la figura gigantesca de esta fase en la historiografía del arte rupestre galaico es Ramón Sobrino Buhigas. Los largos años de búsqueda y catalogación de complejos rupestres para la Sociedad Arqueológica de Pontevedra le habían otorgado un nivel de conocimientos "sobre el terreno" sin posibilidad de competencia. Todo este caudal de conocimientos lo vertió en su obra más famosa, sin duda la más conocida de las publicadas sobre los grabados galaicos: el Corpus Petroglyphorum Gallaeciae, en la que además de la ilustración de más de doscientos complejos, escribe una jugosísima introducción donde critica el cúmulo de teorías raras vigente hasta entonces y muestra su amplísimo conocimiento del tema. Aquí podemos encontrar una descripción magistral de la técnica de grabado, de la dispersión geográfica de los complejos, de su localización sobre el terreno, de las causas de la preferencia por los granitos de grano fino; por primera vez sistematiza con seriedad la temática de los grabados y matiza la periodización de Obermaier. Cronológicamente, sitúa los grabados en la Edad del Bronce y los tiene por un reflejo de posibles contactos con el mundo mediterráneo.

Sobrino escribe su Corpus en latín con la sana intención de favorecer la comprensión universal del tema. Sin embargo, una cosa son las intenciones y otra bien distinta los resultados, y el hecho incuestionable es que casi nadie se tomó la molestia de leer la magnífica Introducción, y si lo hizo, fue pasando por alto los atinados comentarios de Sobrino, de modo que su libro no pasó de ser una magnífica colección de fotos que muchos autores utilizaron con posterioridad para elaborar teorías de mayor o menor entidad despreciando voluntaria o involuntarianente, pero siempre de manera sistemática, las atinadas consideraciones del autor. Más adelante volveremos sobre el tema cuando nos toque analizar la obra de su hijo, Sobrino Lorenzo-Ruza.

La aparición del Corpus de Sobrino viene a coincidir en el tiempo con el estallido de la Guerra Civil. Como consecuencia, la línea de investigación abierta se pierde y concluye esta fase de claro despegue en los estudios del arte rupestre galaico.

2.3 - El Nacionalismo latente (1936-1968):

Como es fácil imaginar, los efectos de la guerra suponen un golpe brutal a la dinámica de la investigación. Muchos de los más destacados autores desaparecen por muerte o destierro, y el control ideológico inmediatamente posterior también se dejará sentir con fuerza sobre los escasos sobrevivientes a los que se permite seguir desarrollando su labor en el pais. En este orden de cosas, las consecuencias de la supresión del Seminario de Estudos Galegos fueron gravísimas, y no pudieron ser remediadas por la posterior creación, naturalmente dentro de la más estricta ortodoxia franquista, del Instituto de Estudios Gallegos "Padre Sarmiento".

De todas formas y salvando los primeros años de represión brutal, el control ideológico del franquismo tuvo bastante más de fachada que de realidad, y como es facilmente comprobable, las instituciones culturales gallegas siguieron mayoritariamente en manos nacionalistas -claramente de derechas, pero a fin de cuentas, galleguistas-.

Como no podía ser menos, los estudios sobre el arte rupestre puede decirse que en un primero momento desaparecen o son de una pobreza impropia de personalidades de la talla de Bouza-Brey, Cuevillas, Vázquez Seijas, Lorenzo Fernández, Taboada Chivite, etc. Pero de este erial va a surgir con fuerza la figura más brillante en la historia de la investigación de los grabados rupestres galaicos: Ramón Sobrino Lorenzo-Ruza. A lo largo de un número relativamente importante de publicaciones (SOBRINO LORENZO-RUZA,1946,a; 1946,b; 1951,a; 1951,b; 1952; 1953; 1955,a; 1955,b; 1956; etc.), desarrolla las hipótesis formuladas en su día por su padre, Sobrino Buhigas, alcanzando el nivel más alto en la investigación de nuestros grabados. Su amplio dominio bibliográfico, su profundo conocimiento del terreno en el que se movía -no en vano había tocado con sus propias manos la práctica totalidad de los complejos rupestres conocidos entonces-, y su total alejamiento de todo condicionamiento ideológico dan a su obra una extraordinaria coherencia. Sobrino define el "grupo gallego-atlántico", que coloca a lo largo de las Edades del Cobre y del Bronce, incide en los aspectos técnicos del mismo, postula su origen en tierras galaicas, desde donde se difundirían a Gran Bretaña via Irlanda, y de ahí a Escandinavia, etc., etc..

Muere Sobrino Lorenzo-Ruza en 1959, cuando apenas había cumplido los cuarenta años; es decir, en la plenitud de su capacidad intelectual. Dejaba una obra extraordinaria que, por paradójico que pueda parecer, apenas iba a ser tenida en cuenta por sus contemporáneos y por los investigadores inmediatamente posteriores. Qué clase de "maldición" era la que provocaba que la obra de las dos mentes más preclaras de todas las que habían tratado de desentrañar los misterios del arte rupestre galaico: Sobrino Buhigas y Sobrino Lorenzo-Ruza -que para colmo eran padre e hijo- tuviese tan poco éxito entre sus colegas?. Sólo se nos ocurre una explicación(6):

La peculiar personalidad de los Sobrino les hacía poco proclives a participar en los "corrillos intelectuales". De carácter reservado, alejados de las frecuentes veleidades protagonistas, no mostraban interés alguno por "vender el producto", limitándose a una labor tenaz y callada al margen de un ambiente general en el que primaba -y en gran medida prima todavía- el "tanto aparentas: tanto vales". No cabe duda que tales antecedentes fueron los causantes directos de una parte sustancial de la escasa incidencia de la obra de los Sobrino entre sus contemporáneos. La otra parte hay que achacarla a otro tipo de causas no por diferentes menos entroncadas con lo anterior: nos referimos al alejamiento de nuestros dos autores de las corrientes nacionalistas de carácter galleguista.

Es una realidad contrastada que en su práctica totalidad, la política cultural desarrollada en Galicia a lo largo de la presente centuria ha sido controlada y dirigida de forma más o menos abierta, más o menos visible, y no sólo ideológicamente, primero por el Regionalismo y luego por el Nacionalismo galleguista. El poder ejercido por los grupos nacionalistas puede explicar la escasa incidencia de la obra de los Sobrino en los medios intelectuales gallegos y que la parte más interesante de la producción de Sobrino Lorenzo-Ruza esté publicada fuera de Galicia. Pero de lo que no existe la menor duda, al menos desde la perspectiva que dan los años transcurridos, es que la imagen que tenemos en la actualidad de los grabados rupestres galaicos no sería la misma sin mediar la enorme obra de Sobrino Buhigas y de Sobrino Lorenzo-Ruza.

2.4 - La recuperación (1968-1980):

Tras la muerte de Sobrino Lorenzo-Ruza en 1959 la investigación vuelve a caer en la mayor de las atonías hasta que llega el año 1968, en el que siguiendo una tradición firmemente arraigada en Galicia, tiene que venir un estudioso extranjero a decirnos la importancia de lo que tenemos y a abrir una línea de investigación de metodología actual. En este caso se trataba de una de las máximas figuras en el estudio del arte rupestre mundial: Emmanuel Anati, cuya obra sobre los grabados galaicos, ampliamente difundida (ANATI, 1966-1967:51-122; 1968,a:195-254; 1968,b) iba a causar una verdadera conmoción y a encauzar la labor posterior de todos los autores gallegos.

Anati basa su hipótesis sobre los grabados galaicos en los resultados de sus trabajos en la zona alpina de Valcamónica y en los del prof.Ripoll Perelló sobre el arte levantino. Extrapolando linealmente a todo el área galaica los datos más que discutibles de su análisis de los grabados de la Pedra das Ferraduras (ANATI,1964), establece cinco fases que data entre el Epipaleolítico y los finales de la Edad del Hierro en un larguísimo ciclo de seis milenios de duración y lleno de una suerte de "compartimentos-estancos". Tan artificiosa clasificación no podía resistir el menor análisis, no obstante lo cual, y como ya hemos comentado, tuvo una clara e intensa influencia sobre un buen número de los investigadores gallegos. Pero lo que más hemos de agradecer a Anati es que gracias a su prestigio profesional y a la difusión internacional de sus estudios, el arte rupestre galaico perdió definitivamente su localismo y comenzó a ser tenido en cuenta -no con el grado que merecería- en las grandes síntesis sobre la Prehistoria europea.

La obra de Anati era el revulsivo que se necesitaba. A partir de ahora van a multiplicarse las publicaciones, unas meramente descriptivas, otras intentando aportar una nueva perspectiva del tema. Otro italiano, C.G.Borgna (1973:90-102), estableciendo un principio muy simple de estratigrafía horizontal, deduce que las zonas más aptas dentro de los paneles grabados se encuentran ocupadas por las combinaciones circulares, mientras que las restantes diseños -sobre todo los cérvidos- se emplazan en los márgenes, de lo que podría desprenderse una mayor antigüedad de los círculos frente a los zoomorfos; justo lo contrario de lo defendido por Anati y prueba evidente de la inconsistencia de los postulados de éste último.

1975 es un año clave. M.C.García Martínez (1975:477-500) comienza a incidir en el importante tema de las asociaciones entre figuras tenidas hasta entonces como diacrónicas; sin romper frontalmente con Anati, sienta las bases de una metodología que será aplicada ese mismo año por nosotros mismos (PEÑA SANTOS,1975:91-108) en el estudio del complejo de Pinal do Rei, donde afirmamos ya que, al menos en este caso, tanto las combinaciones circulares como los cérvidos son sincrónicos. Vázquez Varela (1975,a:77-87) estudia en profundidad las representaciones de cérvidos incidiendo en el tema de las asociaciones, superposiciones y composiciones, apuntando por primera vez una cronología coincidente con la Edad del Bronce. El mismo autor, en otro artículo (VAZQUEZ VARELA,1975,b:263-266) analiza las escenas de equitación conocidas hasta entonces, asignándoles una cronología de finales de la Edad del Bronce.

En 1976, la línea investigadora iniciada el año anterior cristalizará en dos artículos en los que se trata de demostrar, por diferentes caminos, la sincronía de la temática más representativa de nuestro arte rupestre. Cabaleiro Manzanedo y otros (1976:117-124), a través de un estudio matemático, y nosotros mismos (PEÑA SANTOS,1976,a:99-116), por métodos más tradicionales, llegamos a la misma conclusión. Otra publicación del mismo año (PEÑA SANTOS,1976,b:141-175) presenta un intento de análisis socioeconómico a través del estudio de la figura humana.

Los años siguientes son de pausa. Llegamos así a otra fecha clave: 1979. Tras un intento de clasificación tipológica (PEÑA SANTOS,1979,a:451-466), la aparición de la síntesis elaborada por J.M.Vázquez Varela y nosotros mismos (PEÑA SANTOS y VAZQUEZ VARELA,1979) servirá para ordenar en un único volumen los datos dispersos producidos por la investigación precedente. En este libro se revisa de forma global el foco galaico de arte rupestre analizando con profundidad la temática y formulando al final, entre otras cosas, una hipótesis de trabajo en la que se le desliga del mundo megalítico y se le conceptualiza como un fenómeno característico de la Edad del Bronce. Resúmenes posteriores de lo expuesto en este volumen, con la inclusión de nuevos datos o precisiones puntuales, son publicados ese mismo año (PEÑA SANTOS,1979,b:39-50; 1979,c:193-211), que se cierra con otros dos artículos. En el primero (PEÑA SANTOS,1979,d:407-428) se procede a un análisis estadístico de la frecuencia con que aparecen representados sobre cada roca los diseños más característicos de este grupo rupestre, de lo que se deduce la existencia de una gama de figuras características -cazoletas, círculos, espirales..., zoomorfos, armas- y una temática intrusiva de probable origen exterior -laberintos, esvásticas, paletas...-. En el segundo artículo (PEÑA SANTOS,1979,e:69-100) se revisa el conocido complejo de Castriño de Conxo, con una completísima panoplia de armas propias de momentos muy tempranos de la Edad del Bronce entre las que destacan varias espadas que muestran la presencia en nuestra zona de elementos de la "Cultura" de Wessex poco o nada documentados en el registro arqueológico.

A lo largo de 1980 proseguirá la fructífera tónica del año anterior. Destacan un minucioso análisis cronológico del repertorio figurativo del que se deduce su relación con la Edad del Bronce (PEÑA SANTOS,1980,a:133-154), una nueva síntesis actualizada (PEÑA SANTOS,1980,b:527-549) y una revisión de las figuras de alabardas (PEÑA SANTOS,1980,c:115-129; 1980,d:49-69), elementos preciosos para una correcta datación. Por su parte, C.G.Borgna (1980), en una ilustrativa síntesis del arte rupestre postpaleolítico de la Europa Occidental, revisa y completa sus criterios con el apoyo de nuevos e interesantes datos. Se cierra el año y esta etapa en la historiografía con la aparición del catálogo de los complejos rupestres de la provincia de Pontevedra (GARCIA ALEN y PEÑA SANTOS,1980), en el que se describen y analizan conjuntamente más de quinientas estaciones rupestres, fruto de una paciente labor de campo y de gabinete.

2.5 - El estancamiento (1981-1990):

La década de los ochenta apenas ofrece datos de interés (CARBALLO y FUENTE,  1982:221-240; GARCIA MARTIN,1983:13 -45 CARBALLO ARCEO, 1984-1985:215-226). Parecía que el tema estaba agotado en sí mismo, y lo único verdaderamente importante es el magnífico trabajo de prospección y catalogación que desarrollan varios grupos de investigadores vinculados a los Museos de Pontevedra y Vigo, fruto del cual es el descubrimiento de gran número de nuevos complejos rupestres y la experimentación de diferentes sistemas de reproducción (ALVAREZ NUÑEZ,1982; 1985-1986:97-125; PATIÑO, 1982:199-218; COSTAS GOBERNA y otros,1985; 1987:61-89; COSTAS GOBERNA y FERNANDEZ PINTOS, 1985-1986:127-144; COSTAS GOBERNA, 1988:39-55; APARICIO CASADO,1989).

Algunos estudios temáticos sobre los controvertidos diseños laberínticos (PEÑA SANTOS,1981,a:65-74; 1982,a:39-51; 1982,b:142-143) y sobre la figura humana (PEÑA SANTOS,1982,c: 6-13), amén de varias pequeñas síntesis (VAZQUEZ VARELA,1983: 43-51; 1987:106-113; PEÑA SANTOS,1983-1984:83-88; 1984:227-230; 1988:136-138) y un estudio estadístico (CANCELA, CAROLLO y VAZQUEZ,1984-1985:23-30), apenas aportan novedades algo significativas.

En varios de los trabajos publicados en la fase que nos ocupa se hace especial hincapié en la necesidad de abordar el estudio de los grabados rupestres galaicos desde otra perspectiva, buscando su debida contextualización. Pero se chocaba con el impedimento del escaso nivel de la investigación arqueológica gallega. Conscientes de ello, algunos arqueólogos dedicamos parte de nuestros esfuerzos a la búsqueda y estudio de los asentamientos relacionables en mayor o menor medida con los complejos rupestres. Los resultados obtenidos permiten, como se verá, que en la actualidad la imagen del arte rupestre galaico haya variado de forma considerable.

2.6 - La actualidad:

La década de los noventa puede ser clave en el análisis de nuestros grabados. La posibilidad de contextualizar un fenómeno que hasta ahora había sido analizado sin salir de sí mismo, con criterios más propios de la Historia del Arte que de la Arqueología, abre unas perspectivas que permiten mirar el futuro con esperanza. La aparición de recientes estudios de planteamiento novedoso (VAZQUEZ VARELA,1990; 1991:15-22; PEÑA SANTOS y REY GARCIA, 1991) y la apertura de diferentes líneas de investigación muestran un panorama muy favorable cuyo único peligro radica en el garvísimo deterioro y riesgo cierto de desaparición que pesan sobre la mayor parte de nuestros complejos rupestres si no se arbitran de inmediato medidas correctoras.
 

3.- LA TEMÁTICA PRINCIPAL:

Más arriba hemos tenido la oportunidad de describir a vuelapluma los rasgos más característicos del que hemos dado en denominar Grupo Galaico de arte rupestre, mencionando la temática que le es propia. Observábamos la existencia de dos grandes bloques temáticos íntimamente relacionados entre sí: el "naturalista" y el "abstracto".

Los temas más o menos naturalistas son los que dotan de marcada personalidad al Grupo Galaico de arte rupestre con relación a otras manifestaciones semejantes de la órbita europea. En el aspecto estilístico, nos encontramos ante diseños a media distancia entre la estilización más o menos definida y el puro esquematismo. Los temas más frecuentemente representados son los zoomorfos -cérvidos y équidos en su mayor parte- los antropomorfos y las figuras de objetos muy concretos como ciertos modelos de armas e ídolos-cilindro.

Los cérvidos son las figuras zoomorfas de aparición más frecuente. Con una dispersión geográfica muy definida que apenas sobrepasa los actuales límites de la provincia de Pontevedra, en ocasiones aparecen aislados, aunque lo más normal es que compartan la roca con los diseños del bloque geométrico o abstracto. En el plano estilístico pueden distinguirse dos grandes grupos. Uno de caráter estático, en el que la figura está dibujada con dos líneas básicas: la inferior contornea el interior de las patas y el vientre; la superior dibuja el exterior de las patas, cuello, cabeza y lomo. El otro grupo es de estilo dinámico; en él los animales se representan claramente al galope; los cuartos traseros muestran un plano elevado en relación con los delanteros y la parte inferior de cada par de patas se encuentra unido por la misma línea y apunta al espacio situado bajo el animal. Casi todos los ciervos muestran pequeñas colas; algunos presentan poblada cornamenta, y en bastantes ocasiones se destacan con claridad los genitales. Menos veces se han dibujado los ojos o la boca del animal.

Junto a los dos estilos básicos que acabamos de describir, podemos encontrar variantes locales que, sin apartarse de los parámetros generales, muestran diversas peculiaridades que nos ponen en presencia de corrientes estilísticas -casi podríamos decir maestros- locales. Una de estas variantes ha sido detectada recientemente en la zona de Tourón (PEÑA SANTOS,1987:7-30).

Un análisis detallado de los paneles con figuras de cérvidos ofrece detalles dignos de consideración. En numerosas ocasiones, el artista ha pretendido plasmar la realidad natural con mayor o menor fortuna. Ciertos atisbos de perspectiva pueden rastrearse en los diferentes tamaños de algunos animales y en su disposición sobre la superficie grabada. Manadas de ejemplares de diferente sexo y edad, representadas en actitud tranquila o en plena estampida, muestran una aguda y precisa observación de la realidad. No faltan las escenas del ciclo reproductivo de los ciervos: grandes machos en celo bramando, cópulas, etc.. Finalmente, escenas explícitas de caza- que veremos al hablar de la figura humana- o animales claramente heridos por armas arrojadizas o con trazos sobre su vientre y cuello que podrían interpretarse como heridas. En resumidas cuentas, todo un universo simbólico en el que el ciervo ocupa un lugar destacadísimo.

Dentro del apartado de figuras zoomorfas, en ocasiones surgen determinadas representaciones que aunque mantienen las mismas características estilísticas que los cérvidos, carecen por completo de rasgos distintivos. Lo más probable es que se trate de ciervos jóvenes o hembras, pero cabe la posibilidad de que los autores intentasen plasmar otra especie de cuadrúpedo. De igual forma, siempre se han querido incluir dentro de la temática zoomorfa del grupo galaico ciertas supuestas figuras de serpientes. En realidad, sólo conocemos una imagen que se pueda relacionar claramente con este animal: la grabada en el gran complejo de A Beillosa (GARCIA ALEN y PEÑA SANTOS,1980:22-23); las restantes, o bien son meras líneas ondulantes, o bien no tienen relación alguna con el grupo galaico. Por último, es obligado hacer referencia a ciertas curiosas representaciones de huellas de pezuñas que alcanzan un realismo fuera de lo común en el panel horizontal de la Pedra das Ferraduras (GARCIA ALEN y PEÑA SANTOS,1980:55- 57).

No muy numerosas, pero sí enormemente sugerentes por su carácter narrativo, son las figuras humanas y los diseños antropomorfos. Aquéllas se caracterizan por un diseño muy simple, casi esquemático, y un escaso tamaño; éstas, por el contrario, presentan una gran variabilidad formal y mayores dimensiones.

Las representaciones humanas conocidas aparecen en dos actitudes diferentes: cazando pie a tierra o cabalgando(7). Cuando van a pie, estilísticamente se reducen a un diseño en el que un punto señala la cabeza; bajo ella, una sencilla cruz dibuja el torso y los brazos, completándose la figura con la adición de dos trazos en ángulo a modo de piernas. Muy ocasionalmente, con una sencilla línea se plasman los genitales masculinos, y en la mayoría de los casos enarbolan en cada brazo un arma arrojadiza con la que acosan a los ciervos. El ejemplo más explícito de escena de caza es el plasmado sobre el panel frontal de la Pedra das Ferraduras (BORGNA,1981:89-108; PEÑA SANTOS,1981,b:109-116), donde se puede observar una magnífica escena de caza de ciervos por acoso dirigida por una pequeña figura humana que enarbola un escudo circular y una enorme espada.

En las escenas de equitación, las figuras humanas muestran un estilo diferente. Como era de esperar, casi nunca se representan las piernas, y si se hace, es colocándolas paralelas en el plano frontal; ahora, una línea ininterrumpida contornea el torso y la cabeza, con lo que la figura gana el volúmen del que carecían las anteriores. Con uno de los brazos exhiben un arma arrojadiza, mientras que con el restante sujetan unas bridas o agarran directamente la cabeza del animal.

Los animales cabalgados son en su mayor parte caballos al galope, de estilo idéntico al de los cérvidos pero de los que difieren con claridad por su larga y espesa cola. Dos o tres montas de ciervos han de interpretarse tal vez bajo la óptica simbólica y/o cinegética.

Los diseños que hemos denominado antropomorfos ofrecen una enorme variabilidad estilística. Generalmente de tamaño superior al normal, son figuras extrañas de acentuado antropomorfismo pero en las que más que características estrictamente humanas es posible que debamos ver alguna suerte de representación sacralizada relacionada con ciertas divinidades. El controvertido "guerrero" de Rio Loureiro, el "orante" de Siribela, las extrañas figuras de Rotea de Mendo(8), etc., etc., parecen más propias del mundo de lo religioso que de lo estrictamente secular (PEÑA SANTOS,1982,c:6-13).

Algo semejante sucede con otro tipo de figuras de aparición, por el momento, muy limitada: nos referimos a imágenes de un determinado tipo de objeto que la literatura arqueológica conoce con el nombre de "ídolo-cilindro" y que se cree relacionado directamente con alguna divinidad vinculada al mundo funerario por su reiterada aparición en las sepulturas megalíticas del Sur peninsular, aunque tampoco podemos dejar de considerar su posible condición emblemática. A su probable valor como exponente de la religiosidad del momento hemos de añadir el no menos despreciable de su bien precisada cronología, que coincide plenamente con la que se deduce de las figuras de armas que veremos a continuación.

Las cada vez más numerosas rocas con diseños de modelos muy concretos de armas abren enormes perspectivas en el estudio de los grabados galaicos por sus aportaciones cronológicas muy precisas y por la enorme carga simbólica que parecen esconder. La identificación tipológica de las armas no está en ocasiones libre de dificultades por la mayor o menor fidelidad de la representación con respecto a los modelos reales y por el estado de conservación de los grabados. No obstante lo anterior, se distinguen con claridad ciertos modelos de puñales y espadas cortas, alabardas y escudos.

Numéricamente, son los puñales y espadas cortas los temas más representados. Su análisis tipológico no deja lugar a dudas: en los casos debidamente contrastados se trata de imágenes de modelos de cobre más o menos evolucionados, con hoja triangular, con o sin cresta central, con o sin estrías paralelas al filo, pero siempre en relación directa con las producciones locales típicas de la transición III-II Milenios. Algunas espadas del famoso complejo de Conxo (PEÑA SANTOS,1979:69-100) parecen claramente emparentadas con modelos británicos del mundo de Wessex datables también en la transición III-II Milenios(9).

Mayores precisiones cronológicas ofrecen las alabardas, por cuanto independientemente del modelo copiado, su datación se situaría a inicios del II Milenio. Dibujadas con mayor o menor fortuna, en algunas la hoja muestra la característica cresta central y los orificios para los tres remaches de sujección al mango, por lo que su identificación con los modelos propios de la órbita atlántica no ofrece dudas, y dentro de ella, los paralelos más claros parece que hay que buscarlos en el tipo "Carrapatas" del Norte de Portugal (PEÑA SANTOS,1980,c:115-129; 1980,d:49-69).

Para finalizar el tema de las figuras de armas, mencionaremos ciertas representaciones más o menos claras de escudos. Parece fuera de toda duda que el diseño circular que exhibe en su brazo izquierdo la figura principal de la Pedra das Ferraduras es un escudo(10); mayores dificultades interpretativas ofrecen ciertos diseños de reiterada aparición en grandes rocas-panoplia como las de Castriño de Conxo, Auga da Laxe (HIDALGO y COSTAS,1984-1985:227-241) y Pedra Ancha (COSTAS, NOVOA y ALBO,1992). Su forma es aproximadamente la de un triángulo isósceles con su ángulo menor dirigido hacia abajo y sendas "asas" sobresaliendo de cada uno de sus lados mayores, lo que les confiere un aspecto vagamente facial que provocó que algunos autores las interpretasen como representaciones antropomorfas sacralizadas. Sin embargo, tanto por su forma como por su asociación a los otros dos tipos de armas creemos que hay que tomarlas como muestra de la existencia de un modelo de escudo que, sin duda por su entera confección con elementos perecederos, no ha sido documentado hasta ahora en el registro arqueológico. Lo mismo cabe decir de otra serie de figuras de parecida forma aunque mucho más sencillas, localizadas en varios petroglifos de Campolameiro (ALVAREZ NUÑEZ,1992).

Plasmadas con casi total ausencia de realismo, se distinguen en nuestros grabados diversos modelos de armas arrojadizas y muy probablemente arcos y flechas. Las lanzas que se ven clavadas sobre el lomo del gran ciervo de Os Carballos (PEÑA SANTOS,1984-1985:285-290) parecen disponer de hoja relativamente ancha aunque son muy dificilmente clasificables desde el punto de vista crono-tipológico. En cuanto a determinados complejos en los que se han querido ver figuras más o menos claras de hachas, la realidad es que uno de ellos, concretamente el de Coto dos Mouros (ANATI,1968,a: 222-224; 1968,b:57), parece ser una confusión del único autor que ha logrado verlo; y en el otro, el de Caneda (PEÑA SANTOS y VAZQUEZ VARELA,1979:92), las supuestas figuras de hachas fueron grabadas con posterioridad al zoomorfo, como se desprende de la observación del estado de los surcos. De lo anterior se deduce la inexistencia de representaciones claras de hachas en los grabados del grupo galaico, dato de gran interés que es preciso tener muy en cuenta

Por último, en el muy dudoso conjunto de Rio Loureiro (GARCIA ALEN y PEÑA SANTOS,1980:34), cuya pertenencia al Grupo Galaico habrá de ser analizada con sumo cuidado, destaca un diseño antropomorfo con ciertos rasgos, por desgracia poco claros, que han sido interpretados como espada, escudo y casco de cuernos. Insistimos en las dificultades que el estado actual de la roca presenta para la identificación de los temas representados, que de confirmarse supondrían la presencia única de un elemento nuevo en el armamento de alto status -el casco de cuernos- y de un tema iconográfico también novedoso (PEÑA SANTOS,1982,b:6-13).

El otro gran bloque temático del Grupo Galaico es el que hemos denominado "abstracto", integrado por una apreciable cantidad de figuras geométricas. Es sin lugar a dudas el repertorio más numeroso y el de mayor dispersión geográfica. Puntos o cazoletas, combinaciones de círculos concéntricos, espirales y diseños laberínticos forman la base iconográfica esencial de nuestro arte rupestre, bien de forma aislada, bien en conjunción directa con el repertorio naturalista.

No mentiremos al afirmar que los círculos, tanto los más simples como las más complejas combinaciones de formas concéntricas, suponen la temática básica de nuestros grabados(11). Rarísimo es el petroglifo en que las combinaciones circulares no ocupan la mayor parte del panel, y pueden contarse aquéllos en que están totalmente ausentes(12). Las variantes detectadas en las combinaciones circulares son tan numerosas que poco o nada puede aportar cualquier intento de clasificación tipológica. Desde las formas circulares más simples, apenas integradas por un punto central rodeado por un anillo de pequeño diámetro, hasta las gigantescas combinaciones de círculos concéntricos de los complejos de Tebra (GARCIA ALEN y PEÑA SANTOS,1980:113)(13), pasando por todo un enorme conjunto de variantes, las más de las veces formando abigarradas composiciones, los círculos nos ponen de lleno ante un universo de tipo simbólico dificilmente desentrañable, pese a los numerosos intentos en este sentido (ALONSO ROMERO, 1981:32-45; MONTEAGUDO,1981:46-100; EIROA y REY,1984; ZÜCHNER, 1989:55-75; etc.), de no contar con el adecuado "libro de claves". Es sin duda el exponente más claro de la existencia de un lenguaje místico muy complejo que pone a su vez de relieve el nivel alcanzado por el universo espiritual de la sociedad del momento.

Intimamente relacionadas con el punto anterior, hasta el extremo de compartir en todos los casos las rocas con las combinaciones circulares, están los diseños en espiral. Muy escasos numéricamente, la carga simbólica de estas figuras parece ser idéntica a la que se supone para los círculos.

Si puntos, combinaciones circulares y espirales forman en conjunto la temática más amplia y fuertemente simbólica de nuestros grabados, existe un tema que pese a su limitadísima presencia -no más de cinco ejemplares-, no por ello dejó de llamar poderosamente la atención de los investigadores desde inicios de este siglo: nos estamos refiriendo a las figuras de "laberintos"(14) del tipo Mogor.

Centrada su presencia hasta el momento en las proximidades de la ria de Pontevedra y relativamente próximas a la costa, las figuras de "laberintos" tipo Mogor son copias exactas de diseños de factura suficientemente complicada como para que sea razonable suponer que su realización implicaba necesariamente el previo aprendizaje, por lo que su presencia en tierras galaicas podría ser puesta en relación con determinados contactos con focos culturales más o menos cercanos.

La literatura vertida sobre estas figuras es abrumadora (15). Su amplia difusión en Europa y la existencia de figuras semejantes en América y Asia, así como su datación desde la Antigua Edad del Bronce en el área del Oriente Próximo hasta tiempos relativamente recientes en otras zonas, nos pone ante un símbolo universal de significado posiblemente diferente según el lugar y la época en que se inscribe. Sin duda es uno de los temas cuya inclusión en nuestro repertorio iconográfico, si se demuestra que su origen es foráneo, abre mayores posibilidades de cara al estudio de las relaciones mantenidas por el área galaica en los momentos de plenitud de los grabados rupestres.

La temática abstracta se completa con unas pocas figuras de cuadrados de esquinas redondeadas muy semejantes a las combinaciones circulares, y un par de esvásticas -una de brazos rectos y otra curvos- y un trisquel, todo ello tan escaso que apenas supone algo relevante en el conjunto del arte rupestre galaico.

Todo el universo temático característico del Grupo Galaico nos muestra un mundo simbólico muy estructurado y de enorme complejidad, producto sin duda de una sociedad a su vez muy desarrollada y compleja. Más adelante retomaremos esta cuestión esencial.
 

4.- LA DIMENSIÓN CRONOLÓGICA:

El paso previo para cualquier análisis en profundidad de nuetros grabados pasa por su adecuada situación temporal. Este es un tema que ha ocasionado las mayores controversias entre los diferentes autores, si bien en la actualidad parece haberse llegado a un consenso general, con la aceptación de su vinculación a la Edad del Bronce en líneas generales (GARCíA MARTíNEZ,1975:477-500; 1980:35-36; VAZQUEZ VARELA,1975, a:77-87; 1975,b:263-266; 1983:43-51; 1987:106-113; 1990; 1991:15-22; PEÑA SANTOS,1976,b:143-173; 1978; 1979,b:193-211; 1980,a:133-154; 1983-1984:83-88; 1984:227-230; 1988:136-138; PEÑA SANTOS y VAZQUEZ VARELA,1979:100-106; GARCíA ALEN y PEÑA SANTOS,1980: 139-142; MEIJIDE,1990:75-81. Sin embargo, recientes estudios precisan bastante mejor el tema (PEÑA SANTOS y REY GARCíA,1991).

Si hacemos caso de la visión tradicional, nuestros grabados serían la manifestación "artística" más destacada de un período arqueológico en apariencia muy concreto pero que en realidad abarcaría algo más de un milenio, amplitud cronológica demasiado destacada como para que no se hubiesen producido en su desarrollo mayores o menores alteraciones en los aspectos principales de los grabados a semejanza de lo que se observa en otros focos de arte rupestre al aire libre con ciclos de larga duración. Pero nada de esto se distingue con claridad en el Grupo Galaico, en el que además están practicamente ausentes las superposiciones de motivos y donde la sincronía entre las figuras de cada panel parece fuera de toda duda razonable en la práctica totalidad de los casos. Todo parece indicar que estamos ante un fenómeno de corta duración(16) pero de gran intensidad.

Cuando se aceptó la vinculación de nuestros grabados rupestres con la Edad del Bronce -segunda mitad de la década de los setenta- la hipótesis era perfectamente coherente. No en vano, la bibliografía arqueológica europea más y mejor documentada no dudaba en relacionar en líneas generales los focos de arte rupestre al aire libre de la Europa Occidental con las fases de plenitud de la Edad del Bronce, incluso incidiendo en los momentos más tardíos, ya inmediatos a la generalización del Hierro (ANATI,1964; KÜHN,1971; BRIARD,1976: 251-271; etc.), idea que se mantiene incluso en la actualidad (BORGNA,1980; MORRIS,1981; 1989:45-88; VARIOS,1988:126-143; etc.). Si así sucedía en Europa, en Galicia la situación era bastante peor.

Las posibilidades de contextualización de nuestros grabados eran en aquéllos momentos muy limitadas. El nivel alcanzado por la investigación arqueológica en general, y más particularmente sobre la Edad del Bronce, era más bien escaso. En relación con la Edad del Bronce, los autores gallegos -y no gallegos-, enormemente influenciados por las Escuelas francesa y germana, la habían encorsetado con eruditas disquisiciones fundamentadas en prolijas clasificaciones, exclusivamente taxonómicas, de útiles metálicos. Con argumentos de este tipo se había procedido a compartimentar, periodizar linealmente, dividir, subdividir y atiborrar de artificiosos "horizontes" todo el II Milenio y la mayor parte del I. En tal estado de cosas, se comprende perfectamente que una "manifestación artística" tan atractiva y sugerente como la definida por nuestros grabados fuese utilizada con fruición para dotar de un componente más o menos "cultural" una fase tan larga y vacía de contenido como parecía ser la Edad del Bronce. Cuando no era ignorado olímpicamente -cosa que solía acontecer con inusitada frecuencia-, el arte rupestre era utilizado como mero "relleno", tal y como se puede comprobar revisando todas y cada una de las publicaciones de la época (17), e incluso las posteriores(18).

Tal estado de cosas hace que sea relativamente facil comprender por qué apenas era posible abordar con mínimas garantías el estudio de los grabados desde la perspectiva iconológica. La carencia absoluta de información objetiva sobre aspectos tan básicos como las características esenciales de la sociedad galaica de la Edad del Bronce, impedía todo intento serio por abordar de forma coherente un tema no por espinoso menos imprescindible. Es en este estado de cosas como adquiere toda su cruda ironía aquél afortunado chascarrillo que corría por los mentideros arqueológicos gallegos de la década de los setenta y que sentenciaba que "... los megalíticos morían pero no vivían, los castreños vivían pero no morían, y los del Bronce..., ni vivían ni morían: se pasaban el tiempo fabricando hachas de metal y haciendo dibujos en las piedras".

Aunque de alcance muy limitado, la única aproximación al tema tomaba como punto de referencia la constatación de que la inmensa mayoría de los complejos rupestres se asentaban sobre las laderas de los conocidos "outeiros", tan peculiares y característicos del paisaje granítico galaico, y que desde ellos se contaba con una amplia perspectiva visual sobre terrenos muy aptos para sustentar pastos naturales. De ello se deducía con notables dotes de ingenuidad la existencia del pastoreo, su relación con los grabados y su incidencia en el régimen económico de las comunidades autoras de los petroglifos. Además de ello, la supuesta relación de los grabados con las fases de plenitud de la Edad del Bronce obligaba a suponerlos obra de una sociedad de cierta complejidad (PEÑA SANTOS,1982,c:6-13; 1983-1984:83-88; 1984:227-230). Como más adelante tendremos ocasión de comprobar, los claros avances de la investigación arqueológica producidos en Galicia y N. de Portugal a lo largo de la década de los ochenta, nos permiten en la actualidad ofrecer una panorámica bien diferente de la tradicional.

Como punto de partida necesario para la adecuada comprensión de nuestra hipótesis cronológica, revisaremos los argumentos más destacados manejados en su día para defender la vinculación del Grupo Galaico de arte rupestre con la Edad del Bronce, y señalaremos su mayor o menor adecuación a la realidad actual.

Un primer argumento servía para desvincular el mundo de los grabados rupestres con respecto al fenómeno megalítico galaico. Se basaba en consideraciones de índole tipológica, e incluso técnica, que diferenciaban los grabados al aire libre de los propios del arte parietal megalítico. La línea argumental hoy es insostenible. En cuanto a las supuestas diferencias técnicas, está demostrado que no son tales sino que el aspecto actual de los surcos de los grabados del Grupo Galaico se debe a los efectos de la erosión atmosférica, inexistente o muy atenuada en el interior de las cámaras megalíticas. Por lo que respecta a la temática, está claro que existen marcadas diferencias, pero no debemos pasar por alto la posibilidad -mejor, probabilidad- de que estemos ante diferentes mundos iconográficos que responden a realidades tan diferentes a su vez como son los grabados rupestres al aire libre, destinados a -o por lo menos con posibilidad de ser vistos por- los vivos, y los grabados megalíticos, de funcionalidad claramente funeraria y destinados a los muertos y/o a las divinidades del Más Allá. Si a ello sumamos las precisiones cronológicas actuales del fenómeno megalítico galaico, la aparición ocasional de rocas con fragmentos de grabados rupestres de nuestro grupo en la masa tumular de ciertas "mámoas", y la cada vez más numerosa presencia de cistas de inicios del II Milenio con grabados parietales de estilo geométrico (VAZQUEZ VARELA,1980,a:41-48; 1980,b:23-40; 1985-1986:91-95) muy semejantes a los de los megalitos pero radicalmente diferentes de los del Grupo Galaico por más que la contemporaneidad cistas-petroglifos sea clara, la desvinculación de los fenómenos megalítico y rupestre en el área galaica cada vez parece más dificil de mantener, y es nuestra impresión que una parte sustancial de los grabados rupestres galaicos son obra de la misma sociedad que utilizaba los megalitos, al menos en su fase final.

La aparición de fragmentos de rocas con grabados reaprovechadas en la construcción de estructuras arquitectónicas en determinados castros sirvió para demostrar que durante la Edad del Hierro los petroglifos habían perdido todo su valor, por lo que había que desvincularlos por completo del fenómeno castreño galaico. A ello había que añadir el caso más que conocido de las cabañas castreñas de Santa Tegra que fosilizan rocas con numerosos grabados. Añadido al argumento anterior, los límites superior -el megalitismo- e inferior -los castros- del ciclo rupestre quedaban encorsetados dentro de los límites de la Edad del Bronce. Pero hoy sabemos que los datos manejados procedían, en todos los casos, de poblados muy tardíos, ya de época romana, por lo que el argumento, al menos tal y como fue expuesto en su día, caia por su propio peso.No obstante lo anterior, en la actualidad contamos con otros datos debidamente contrastados(19) que muestran la ausencia de grabados rupestres en la fase transicional Bronce-Hierro en el área galaica. De todo ello se deduce que el argumento original no se aleja de la realidad pero precisa la debida matización.

Como era de prever, también fue utilizado el análisis temático a la hora de establecer la cronología de nuestros grabados rupestres. En este orden de cosas, era creencia generalizada que no podían existir representaciones de jinetes en la Península Ibérica con anterioridad a los momentos finales de la Edad del Bronce, de lo que se deducía que las escenas de este tipo plasmadas en nuestros grabados habían de ser necesariamente posteriores a la fase de apogeo de dicho período. Se relacionaba la utilización del caballo como montura con la aparición en el registro arqueológico de elementos de arnés, error metodológico sorprendente por cuanto ignoraba la posibilidad de montas "a pelo" y de la existencia de arneses de materiales perecederos. Además, y dado que en nuestro caso se trataba de un fenómeno "artístico", cabía la posibilidad de que los temas representados correspondiesen más a actividades extraordinarias que cotidianas. Hoy está bien demostrado el empleo del caballo como montura en Europa Occidental al menos desde las fases más tempranas de la Metalurgia, con lo que el argumento se difumina al ampliarse sus posibilidades cronológicas.

Peor es el caso de otras figuras del repertorio temático que, aunque muy escasas, no carecen de atractivo: Nos estamos refiriendo a los denominados "Laberintos" del tipo Mogor. Utilizando como punto referencial las dataciones parciales que determinados autores habían establecido para figuras de este tipo en diferentes y múltiples contextos europeos y siguiendo de cerca postulados de corte difusionista, se llegó a establecer -y así fue aceptado- que estos diseños eran de origen claramente exterior y que su asimilación por nuestro grupo de arte rupestre se habría producido a finales de la Edad del Bronce (PEÑA SANTOS, 1981:65-74; 1982,a: 39-51; 1982,b:142-143). Naturalmente, en la actualidad es del todo imposible seguir manteniendo tal teoría a la vista de lo poco fiables que resultan las dataciones parciales que servían de línea argumental y la falta de coherencia del método empleado, por lo que la cronología de los diseños laberínticos de nuestros grabados -al igual que otros temas todavía menos frecuentes como las esvásticas y las "paletas"- no puede ser precisada con objetividad.

Y de esta forma llegamos a los únicos temas que pueden ser utilizados con las mínimas garantías para fijar la cronología: se trata de las armas y los diseños de "ídolos-cilindro". Con respecto a las primeras, los estudios tradicionales de carácter general parecen pecar de ciertas alegrías, por cuanto lejos de precisar con la suficiente claridad los modelos representados y la cronología particular de cada uno de ellos, generalizan y los refieren a toda la Edad del Bronce, cosa que, como se verá, dista mucho de ser real.

Tanto los "ídolos-cilindro" como los puñales, espadas cortas y alabardas representadas en nuestros grabados, y que pueden ser identificadas con total seguridad con los modelos correspondientes procedentes del registro arqueológico por la habilidad y detallismo con que fueron plasmadas, nos remiten sin lugar a dudas a un espacio temporal muy preciso que podemos concretar durante el tercer tercio del III Milenio y el primer tercio del I Milenio; es decir, la fase más temprana de la implantación de la Metalurgia en el área galaica.

Tras todo lo dicho, la perspectiva cronológica actual se basa en los siguientes postulados:

En primer lugar, parece fuera de toda duda que nuestro grupo rupestre había dejado de existir en los conflictivos tiempos de la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, fenómeno que para el área galaica se puede establecer en torno a los siglos IX-VII a.C. (PEÑA SANTOS,1989; 1992).

En segundo lugar, se constata hasta la saciedad que en estos momentos el único argumento cronológico seguro que podemos utilizar es el que se desprende de las figuras de armas y de "ídolos-cilindro", y que indica que durante la transición III-II Milenios a.C. se grabaron, al menos, los petroglifos en que aparecen estas figuras concretas y los temas clásicos con ellas asociados.

De lo anterior se deduce que carecemos de cualquier posibilidad de separar nuestros grabados rupestres de la fase ya comentada de la transición III-II Milenios. Ahora bien, lo que ya es más dificil es definir adecuadamente si la fase en cuestión es el comienzo, el final, o la totalidad del ciclo.

Más arriba hemos comentado que es bastante probable que los grabados galaicos coincidan, al menos en parte, con los tiempos finales del fenómeno megalítico, precisamente aquéllos durante los que comienzan a producirse las transformaciones que darán paso a la realidad posterior. No parece que un modelo de sociedad como el que se supone para el pleno Megalitismo sea el reflejado en los petroglifos, como veremos más adelante. Del mismo modo, hay elementos de juicio más que suficientes para suponer que no sobrepasarían el primer tercio del II Milenio, habida cuenta que la tendencia más generalizada en la investigación actual apunta la existencia de una clara ruptura en el registro arqueológico a partir del segundo tercio del II Milenio, lo que parece dar a entender que en estas tierras se produjo una "crisis" de dimensiones hoy por hoy difíciles de evaluar pero que supuso la interrupción de un proceso de desarrollo que conllevaría inevitables cambios sociales. La dinámica de intensificación económica y de desarrollo social de la transición III-II Milenios -en la que se inscriben con claridad nuestros grabados-, se interrumpe, y no se va a recuperar hasta los siglos iniciales del I Milenio. Se pierden las tradicionales costumbres funerarias, perdemos de vista los asentamientos y, por lo mismo, la población, etc. Son casi mil años de "crisis" en la que es fácil pensar que junto con todo lo anterior desaparecería, al fallar la base social en que se sustentaba, el Grupo Galaico de arte rupestre.

En definitivas cuentas y como remate del apartado cronológico, concluiremos que el Grupo Galaico de arte rupestre es obra de alguna o algunas de las comunidades humanas asentadas en nuestro territorio durante la transición entre el III y el II Milenios a.C., período coincidente con el final del Megalitismo y con el desarrollo inicial de la Metalurgia (PEÑA SANTOS y REY GARCíA, 1991).
 

5 - LA DIMENSIÓN ESPACIAL:

Es bien conocido que hasta el momento no han podido ser localizados grabados del Grupo Galaico sobre un tipo de soporte diferente al definido por los granitos de la variedad de dos micas, de presencia marcadamente atlántica dentro del Macizo Galaico. Esta constatación abre no pocos interrogantes, el mayor de los cuales sería comprobar si en la elección del soporte hemos de ver una imposición de tipo cultural o son factores de otro tipo los que han operado para que en la actualidad no podamos disociar nuestros grabados de las rocas de dicha variedad.

La resistencia de los granitos de dos micas frente a los agentes atmosféricos está probada, y contrasta con la realidad observada en otros tipos de roca. Acaso esa sea la verdadera cuestión, de lo que podríamos deducir que es posible que hayan existido manifestaciones semejantes pero plasmadas sobre una mayor o menor variedad de soportes, y que sólo habrán podido sobrevivir las que utilizaron el granito. De ser así, poco o nada podríamos extraer del análisis de la distribución espacial global de los complejos rupestres, pues estaría reflejando una situación parcial y, por tanto, errónea.

No obstante lo anterior, que siempre hemos de tener muy presente, hay un aspecto que no deja lugar a dudas: el núcleo central del Grupo Galaico se localiza, no sólo desde una perspectiva cuantitativa sino cualitativamente, en el valle medio del rio Lérez, concretamente en los municipios pontevedreses de Campolameiro y Cotobade. A partir de aquí, los complejos rupestres se van haciendo progresivamente menos numerosos y de temática más pobre y repetitiva, descendiendo de forma harto elocuente la calidad general de los grabados. Este proceso es rápido hacia el interior y hacia el Norte, en tanto que se torna más lento en dirección Sur. Considerando que las manchas de granitos de dos micas sobrepasan apreciablemente los límites que acabamos de mencionar, parece sensato suponer que el fenómeno rupestre galaico es propio del área atlántica, preferentemente de la zona de las Rias Bajas, aunque presente ciertas filtraciones interiores y sin olvidar que, como ya hemos advertido líneas arriba, acaso los soportes utilizados originalmente -y tal vez también las técnicas- pudieron haber sido muy diversos.

Desde una perspectiva más próxima, la norma general es que nuestros complejos rupestres muestran una tendencia muy acusada a emplazarse a altitudes generales medias y bajas, sobre esos pequeños "outeiros" rocosos tan peculiares del paisaje granítico galaico. Se trata de elevaciones de pequeño porte, con numerosos afloramientos rocosos en su superficie e importante erosión, y que se alzan casi siempre sobre zonas de suelos pobres, hoy pobladas de matorral o destinadas a pastos, con puntos de agua en sus proximidades.

En un reciente estudio centrado en la Península de Morrazo (PEÑA SANTOS y REY GARCIA,1991) hemos analizado la relación entre los complejos de grabados rupestres y los asentamientos supuestamente coetáneos; es decir, los datados en la etapa transicional III-II Milenios. Los resultados apuntan a una ubicación de los "outeiros" con petroglifos en los límites de los teóricos "territorios de explotación preferente" de los asentamientos, sobre terrenos actualmente incultos destinados a monte bajo o a repoblación forestal y circundando las tierras de cultivo(20), definiendo con ello lo que hemos dado en llamas "espacio de la representación".

Ya dentro del "outeiro", podemos comprobar un detalle enormemente curioso y de extraordinario interés: casi nunca son las rocas más adecuadas -al menos desde la óptica actual- las que presentan grabados; de igual manera, en casi todos los casos conocidos las rocas elegidas son las de superficie plana emplazada a ras de suelo y por ello cubiertas en mayor o menor medida por aportes aluviales recientes. Si a todo lo anterior añadimos la propia situación de las rocas grabadas dentro del outeiro, parece desprenderse que la mayor parte de los petroglifos galaicos no fué concebida para ser vista a distancia, para destacar en el paisaje; por contra, desde ellos suele ejercerse un claro dominio visual sobre el entorno, sin que podamos saber si este último factor responde a una intencionalidad o a la mera casualidad. Sólo se apartan de la norma los grabados en los que han sido plasmadas tanto la figura humana como las armas o los "ídolos-cilindro". De todo lo dicho se pueden deducir interesantes consideraciones que analizaremos más adelante.

En cuanto a la disposición de las figuras sobre los paneles, no es mucho lo que se puede decir, salvo que existen argumentos razonables para pensar que en la inmensa mayoría de los casos todas las figuras son sincrónicas y forman composiciones intencionadas. Ciertos parámetros se repiten hasta la saciedad; de ellos, el más claro y frecuente es el definido por una agrupación de combinaciones circulares y/o espirales rodeada por varias figuras de cérvidos. De todas formas y pese a los muy meritorios intentos llevados a cabo hasta la fecha (CABALEIRO y otros,1976:117-124; PEÑA SANTOS,1979,d:407-428; CANCELA, CAROLLO Y VAZQUEZ,1984-1985: 23-30), los análisis de tipo estadístico son poco operativos; tengamos en cuenta al respecto que las muestras de arte rupestre que han podido sobrevivir hasta nuestros días deben de ser una ínfima parte del total original, que de ellas, se pueden contar con los dedos de una mano las que no han sido mutiladas por las canteras, y que no cabe duda que muchos grabados se habrán borrado por efecto de la erosión. Nuestra visión actual es, por más que nos pese, parcial.
 

6.- LA CONTEXTUALIZACIóN DEL GRUPO GALAICO DE ARTE RUPESTRE:
 

Los comentarios que acabamos de hacer sobre la dimensión espacial de los grabados del Grupo Galaico nos facilitan el paso siguiente; es decir, rastrear el universo simbólico que sin duda se esconde detrás del aparato temático más característico.

Parece claro que a la hora de de buscar en nuestros grabados un repertorio figurativo cargado de simbolismo, donde primero lo encontramos es en el conjunto que hemos denominado "abstracto"; es decir, en las combinaciones de círculos, espirales y otros temas geométricos. Este conjunto temático tan característico requeriría obligatoriamente, para su correcta interpretación, del conocimiento de las claves y, por consiguiente, de un proceso de aprendizaje. Más adelante insistiremos en este último aspecto y en las consecuencias que de él pueden derivarse; quedémonos ahora con la idea incuestionable de que tras la reiteración sobre los paneles de estos temas geométricos de carácter abstracto, subyace todo un complejo mundo de creencias, de símbolos, que pone de manifiesto un apreciable nivel de desarrollo intelectual y de evolución social.

Ciertas figuras muy concretas parecen estar dotadas de un simbolismo particular. Es, por ejemplo, el caso de los cérvidos, animales omnipresentes en el repertorio figurativo de nuestro grupo rupestre. La reiteración con que han sido representados, en contraste flagrante con la total ausencia de las restantes especies animales si exceptuamos varios caballos y una serpiente; la plasmación muy frecuente de escenas de comportamiento que revelan una aguda percepción de la realidad y no poca familiaridad con el tema por parte de los autores; los numerosos casos de ciervos que están siendo cazados, heridos o, incluso, "cabalgados"; la constatación de la existencia de una relación clara y directa entre las figuras de ciervos y la temática abstracta -ciervos arrastrando círculos, ciervos adosados a círculos y, sobre todo, ciervos rodeando agrupaciones de círculos concéntricos y/o espirales-; etc., parecen poner de manifiesto que para los autores de los grabados, el ciervo era un animal dotado de fuerte carga simbólica. Este es un detalle que puede rastrearse también en otros focos culturales europeos de los inicios de la Metalurgia, con lo que la vinculación del ciervo -y también ocasionalmente del caballo- con el universo de las creencias "religiosas" de la época parece que estaba muy generalizada, sin que por el momento podamos hacer mayores precisiones fuera del campo de la mera especulación.

El panorama se despeja en cierta medida cuando analizamos la figura humana y las escenas en que participa. Dejando aparte ciertos diseños más o menos "antropomorfos" que, como ya hemos mencionado, casi con total seguridad hemos de identificar con algun tipo de divinidad, cuando encontramos figuras humanas, éstas se han representado desempeñando unas actividades que, en buena lógica, hemos de catalogar como de prestigio social: caza y equitación. Nunca vemos seres humanos ejercitando acciones supuestamente corrientes como labores agrícolas, ganaderas, etc. Ello nos está poniendo de relieve que no se trata de personajes vulgares sino, bien al contrario, de individuos de alto prestigio social. No son jinetes corrientes ni cacerías normales sino actos fuera de lo común, mitificados y sacralizados, de lo que se puede colegir también la existencia de una clara diferenciación social.

La hipótesis anterior se refuerza al observar el tema de las armas grabadas en nuestros petroglifos. Los modelos son muy concretos: espadas o puñales, alabardas y escudos. Nótese la ausencia de otras armas que pudiesen cumplir también una función utilitaria, como las hachas. Son siempre armas de claras connotaciones sociales, elementos de prestigio indicadores del poder de quien las exibe. Es de sobra conocido el valor simbólico de la espada y de la función que en muchas culturas y épocas ha cumplido como referente del valor -en sentido amplio- de su dueño; algo muy semejante parece haber sucedido en el caso de las alabardas, aunque la corta duración temporal de este modelo de arma no ha facilitado su paso a la tradición oral; por último, no necesitamos incidir en la relación directísima que siempre ha existido entre el escudo y la simbología del poder. Resumiendo, en las figuras de armas parece que se concentra una buena parte del mundo ideológico de carácter secular propio de los primeros tiempos de la Metalurgia en nuestra zona. Volvemos a comprobar que nos hallamos ante una sociedad en plena evolución y con evidencias de clases bien diferenciadas.

Por si todo lo dicho no fuese suficiente, recordemos que al tratar de la dimensión espacial de los grabados del Grupo Galaico habíamos notado una cierta tendencia de la temática más claramente simbólica -el repertorio abstracto- por aparecer sobre superficies rocosas apenas destacadas del entorno inmediato; por contra, los temas más o menos narrativos solían estar plasmados sobre rocas bien visibles. Qué consideraciones podemos extraer del análsis de este fenómeno?.

Parece evidente que los dos grandes bloques temáticos en que hemos dividido el repertorio figurativo de los grabados del Grupo galaico responden, dentro de un universo simbólico de gran unidad, a dos formas de "lenguaje" diferentes pero que en buen número de casos se complementan y en las que subyace la impronta de una peculiar organización social.

Un lenguaje que podemos definir como "privado" o "cerrado" sería el derivado de la temática de corte abstracto grabada sobre paneles casi siempre horizontales y poco o nada destacados sobre el terreno, hasta el punto de estar muchas veces cubiertos por sedimentos recientes producidos por los agentes erosivos. Se trata de los diseños geométricos en general y buena parte de los zoomorfos más corrientes; es decir, el repertorio figurativo más corriente y abundante, el más característico de nuestro grupo rupestre. Este lenguaje podría ser el reflejo de un ritual simbólico-religioso también "restringido" dado que la temática, por su acentuado simbolismo, requeriría de un imprescindible aprendizaje previo para su correcta interpretación y para su transmisión, proceso en el que muy probablemente la mayor parte de la comunidad quedaría, si no totalmente al margen, sí ajena al mismo.

Frente a lo anterior, se distingue con absoluta claridad la presencia, no por minoritaria(21) menos elocuente, de un lenguaje radicalmente diferente, de una temática que podríamos denominar "abierta". Nos referimos a los grabados sobre planos inclinados de ciertas rocas facilmente visibles incluso desde distancias apreciables; es decir, concebidos para ser vistos. Junto a algunos exponentes de la temática clásica, aparece ahora un repertorio figurativo más inteligible o, al menos, identificable. La presencia de figuras humanas -"guerreros", cazadores, jinetes- formando verdaderas escenas de monta, de caza, de equitación, que tienen todo el aspecto de corresponderse con actividades no cotidianas sino de alto prestigio social, y, sobre todo, las figuras de determinados modelos de armas de metal de status, casi con toda seguridad están reflejando la existencia de determinadas élites que tal vez se servirían de estos grabados para manifestar y reafirmar su poder (VAZQUEZ VARELA,1990; 1991:15-22; PEÑA SANTOS y REY GARCIA,1991).

Todo lo dicho parece indicar que en el arte rupestre galaico subyace un fortísimo componente ideológico que es fiel reflejo de la existencia de un mundo espiritual relativamente complejo en el que necesariamente habrían de jugar un papel de relevancia ciertos individuos destacados que detentarían un mayor o menor grado de poder ideológico y, casi con total seguridad, material, al disponer del código de claves para interpretar el universo simbólico representado en los grabados, lo que les permitiría el contacto directo con la/las divinidad/es. Por otro lado, parece también evidente la existencia de otro tipo de élite, en este caso de naturaleza "política"(22), que reafirmaría su poder con la plasmación de ciertas actividades de considerable prestigio social como la caza o la equitación y con la exhibición de objetos de status como son ciertas armas de metal. Todo lo anterior puede ser considerado como una amplia serie de indicios racionales que nos permiten entrever, a través de un fenómeno complejo y de fuerte carga ideológica como parece ser el arte rupestre galaico, la existencia de una sociedad en pleno proceso de desarrollo que muestra una tendencia bastante clara hacia la estratificación social.

Tras lo dicho hasta ahora, se impone averiguar si el modelo propuesto coincide o no con el que parece desprenderse de los resultados de la más reciente investigación sobre la transición III-II Milenios a.C. en el área galaica, época en la que, como se recordará, hemos situado nuestro grupo de arte rupestre.

Durante la segunda mitad del III Milenio se va a ir produciendo la lenta gestación de un proceso de cambio en el modelo socioeconómico propio del mundo megalítico que durante más de mil años había imperado en el área galaica. Un cambio social que se detecta con bastante claridad pero cuyo nivel de incidencia territorial no podemos precisar, suponiendo que tanto la velocidad como el grado de adopción habrán dependido en buena manera de las características y naturaleza de cada territorio concreto.

El proceso, que va a desembocar en toda una serie de profundas transformaciones, parece afectar en mayor o menor medida a toda la Europa Occidental. Se trataría del paso de una sociedad más o menos igualitaria, con una economía básicamente agrícola asentada sobre un nivel tecnológico de tala y quema de la vegetación, con cierta movilidad y en la que las tensiones "bélicas" estarían poco marcadas, a una sociedad de clara tendencia hacia la individualización y hacia el poder individual, con una mayor jerarquización e incremento de la desigualdad y de las tensiones; una sociedad que seguirá siendo de economía básicamente agraria pero en la que se detectan con nitidez los efectos de un claro desarrollo tecnológico.

Hablando en términos generales, en el área galaica se deja ver la existencia de dos procesos paralelos de carácter general actuando a lo largo de la transición entre el III y el II Milenios a.C.: por un lado, la progresiva ocupación de las tierras bajas que hay que poner en relación directa con una intensificación agrícola, y por otro, el reforzamiento de la desigualdad social (BELLO, CRIADO y VAZQUEZ,1985:229-235; 1987:148-153; CRIADO, AIRA y DIAZ-FIERROS,1986; CRIADO,1988:151-160; CRIADO y FABREGAS,1989,a: 48-63; 1989,b:682-696; VAZQUEZ VARELA,1990:69; PEÑA SANTOS y REY GARCIA,1991).

La ocupación progresiva de las tierras bajas se comprueba al observar la preferencia mostrada por las comunidades megalíticas por ubicarse en los planaltos de tierras ligeras. Este tipo de tierras serían las únicas susceptibles de ser aprovechadas, pese a su escasa capacidad productiva, merced al empleo de una tecnología agrícola muy primitiva basada en la azada y el bastón cavador; tierras no aptas para una explotación prolongada y que requerirían su enriquecimiento por medio de la quema de matorral y el barbecho largo. Posteriormente, los asentamientos y hallazgos vinculables a la etapa transicional nos permiten observar que, de manera progresiva, se va a ir produciendo un desarrollo tecnológico -posiblemente la introducción de un arado de tipo sencillo y tracción animal junto con el abonado- que hará posible la puesta en explotación de las tierras bajas, potencialmente mucho más productivas pero al tiempo mucho más difíciles de trabajar por ser más profundas y pesadas. Aunque no nos cansaremos de insistir en que no podemos ni debemos pensar en un proceso lineal y uniforme, las evidencias son razonablemente coherentes y nos sitúan ante una serie de transformaciones que podrían ser un indicio de la presencia en esta zona de lo que se ha venido denominando "Revolución de los Productos Secundarios" (SHERRAT,1981; 1983; CHAPMAN,1982; SANTOS,1989: 34-47; PEÑA SANTOS y REY GARCIA,1981).

Junto a la intensificación económica, un segundo aspecto de la transición III-II Milenios en el área galaica es el reforzamiento de la desigualdad social. La tendencia hacia una concepción más individualizada en los rituales funerarios(23) y la presencia en los ajuares de elementos metálicos y orfebrería(24) -en lo que hemos de ver signos claros de status- apuntarían hacia la existencia de diferencias de clase. En este sentido, la progresiva implantación de la tecnología metalúrgica y, sobre todo, la aparición en el registro arqueológico de ciertos modelos de armas de claro componente simbólico como las espadas y las alabardas, a lo que hay que sumar la existencia de una orfebrería capaz de generar acumulaciones de riqueza tan extraordinarias como las de los tesoros de Caldas de Reis (RUIZ-GALVEZ,1978:173-192; HERNANDO GONZALO,1989:32-45), o, en menor grado, Agolada (HERNANDO GONZALO,1989:32-45), parecen sugerir la existencia de una sociedad de clase, en la que un sector de la misma ha logrado almacenar y hacer ostentación de la riqueza para legitimar su poder (PEÑA SANTOS y REY GARCIA,1991).

Vemos por tanto que a pesar de que el nivel de la investigación arqueológica en el área galaica dista bastante de ser el adecuado, el análisis de la dimensión social de nuestros grabados rupestres apunta con bastante claridad en una dirección concreta, como obra de una sociedad en marcado proceso de cambio, en la que el nuevo orden social sería potenciado por la posesión de determinados elementos de prestigio y de poder -ciertas armas de metal y piezas de orfebrería entre los identificables en el registro arqueológico- que indicarían el status de los individuos que los ostentaban, y legitimado a través de una manifestación de claro componente ideológico que subrayaría las diferencias de clase: el arte rupestre galaico.
 
 
 

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1. - Con respecto a lo que entendemos por "contextualización", pueden consultarse nuestras reflexiones en PEÑA SANTOS y REY GARCíA,1991).

2. - Las críticas más recientes se centran en la escasa consistencia actual del concepto de "Grupo Galaico-Portugués" (JORGE,V.O.,1983:54; 1986:37-48; BAPTISTA,A.M.,1983-1984:72; 1986:42), definido en su día por Sobrino Lorenzo-Ruza (1955: 223-260).

3. -Preferimos emplear el término galaico por reflejar implícitamente una realidad espacial, e incluso cultural, ajena a toda connotación administrativa.

4. - Es lógico pensar así. De todas formas, nunca se ha podido recuperar objeto alguno que pueda ser relacionado directamente con la realización de los grabados.

5. - En este sentido, la utilización "política" del más que problemático celtismo de Galicia tuvo funestas consecuencias en la investigación histórica posterior, hasta el punto de constituir un tema que todavía sigue provocando encendidas polémicas, con defensas numantinas a veces rayanas en lo ridículo.

6. - Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a Angel Nuñez Sobrino por sus informaciones sobre la vida de sus parientes Ramón Sobrino Buhigas y Ramón Sobrino Lorenzo-Ruza.

7. - Tal vez sendas escenas representadas en la Pedra da Beillosa y en el gran conjunto de As Sombriñas pudieran ser puestas en relación con actividades pastoriles, aunque no está nada claro. Del mismo modo, en el Outeiro do Pio el ser humano parece desarrollar una especie de danza ante el animal muerto. Son impresiones que el escaso realismo de las escenas impide confirmar con absoluta seguridad (PEÑA SANTOS,1982,c:6-13).

8. - Identificadas recientemente por Javier Costas Goberna, a quien agradecemos la información.

9. - Cada vez parecen estar más definidos los contactos entre el área galaica y el gran foco cultural Wessex/Túmulos Armoricanos (cf. RUIZ-GALVEZ,1987:251-264).

10. - Javier Costas Goberna ha descubierto recientemente que otro de los personajes grabados sobre esta roca porta también un escudo redondo. Agradecemos la información.

11. - No haremos especial hincapié en el tema más abundante: los puntos o cazoletas, por su simplicidad formal y por cuanto a pesar de ser poco menos que omnipresente, no es menos cierto que son muchas las ocasiones en que se pueden apreciar concentraciones de puntos grabados en tiempos recientes y que, por tanto, nada tienen que ver con nuestro grupo de arte rupestre.

12. - Se trata casi siempre de las que hemos denominado "rocas-panoplia", y que más adelante tendremos la oportunidad de comentar.

13. - Agradecemos a Javier Costas Goberna su información sobre el reciente descubrimiento de un nuevo complejo rupestre con combinaciones circulares de más de tres metros de diámetro en Tebra.

14. - Entrecomillamos la palabra "laberinto" pues está claro que las figuras a las que nos referimos no son estrictas representaciones de laberintos sino que responden a una denominación tradicional en la bibliografía arqueológica.

15. - Una aproximación al tema puede verse en KERN,1981. Para los ejemplares galaicos, PEÑA SANTOS,1981:65-74; 1982,a: 39-51; 1982,b:142-143.

16. - Si es que podemos adjetivar como "corto" un espacio temporal de más de medio milenio de duración, como veremos más adelante.

17. - Entre las que podemos destacar (HARBISON,1967:100-122; SAVORY,1968; HARRISON,1974:52-73; MALUQUER,1975:129-145; MONTEAGUDO,1977; SIERRA,1978:209-214; VARIOS,1979, etc.

18. - Como por ejemplo MONTEAGUDO,1983:365-394; COFFYN, 1985; MEIJIDE,1991:233-271; etc.

19. - Nos referimos a la aparición de varias rocas con restos de grabados, reaprovechadas en construcciones datables en el siglo VII a.C. en el Castro de Torroso (PEÑA SANTOS, 1992).

20. - El método de análisis propuesto es aplicable en la actualidad tan sólo a la Península de Morrazo, por ser la única comarca natural de Galicia en la que se conoce un número aceptable de asentamientos de la transición III-II Milenios. Sería sumamente interesante que en el futuro pudiese ser comprobado en otras zonas con arte rupestre, y a sobre ello hemos abierto una línea de investigación en fechas recientes que comienza a dar unos frutos muy positivos.

21. - Lo minoritario de las escenas que vamos a comentar es un hecho comprobado; ahora bien, si tenemos en cuenta que para su plasmación fueron elegidas las mejores rocas, precisamente aquéllas de buenas dimensiones y claramente destacadas sobre el entorno inmediato, no podemos dejar pasar por alto la posibilidad -mejor, seguridad- de que una parte significativa de las rocas con grabados de este tipo habrá desaparecido al haber sido utilizadas como cantera.

22. - La afirmación anterior ha de entenderse con toda su carga de provisionalidad. No resulta nada sencillo distinguir con seguridad lo secular y lo religioso en el universo ideológico de las sociedades primitivas.

23. - Nos estamos refiriendo a la adopción en estos momentos de la inhumación individual en cistas. No obstante, conviene advertir que es una apreciación problemática pues no está por el momento probado que todas las cámaras megalíticas correspondan a inhumaciones colectivas; bien al contrario, creemos que las pequeñas cámaras de planta poligonal cerrada no parecen las más adecuadas para cumplir tal función. De todas formas, el cambio que supone el paso de la arquitectura funeraria de tipo megalítico al mundo de las cistas es harto significativo.

24. - Hay que manejar con sumo ciudado conceptos tan relativos como son los de pobreza y riqueza cuando hablamos de ajuares procedentes de cámaras megalíticas y de cistas, respectivamente. No olvidemos que los megalitos, por su monumentalidad, sufrieron reitaradas violaciones, de manera que los ajuares que han llegado hasta nosotros pueden ser una mínima y apenas representativa parte del total. Por contra, las cistas han pasado desapercibidas y, por ello, sus ajuares no han sufrido otra merma que la producida por la acción del medio natural.