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jardines y
zoo 
Como ya os he comentado
antes, desgraciadamente no han llegado hasta nuestro días, elementos de los jardines
exteriores. Se sabe que en su lado norte, los campos que llegan hasta orillas del río
Cidacos eran jardines y huertos del Rey. Ya en el interior, existían una serie de
pequeños jardines, alguno de ellos colgantes, de cuyo cuidado a modo de entretenimiento,
se encargaban nuestros soberanos. El benigno clima de Olite permitía el cuidado de
plantas exóticas y diversidad de arboles frutales, mas típicos de climas mediterráneos.
De hecho, los jardines colgantes eran uno de los elementos mas admirados del palacio.El
jardín de mayor dimensión era el Jardín Viejo, enclavado en el Patio de Armas. Hoy en día
pavimentado con piedra, en tiempos de Carlos III fue un frondoso jardín
repleto de árboles y flores. A un lado, se situaba el Patio de la Morera o Patio de los Naranjos, en el que se plantaron
las especies de arboles que dan lugar a su doble nombre. La vieja morera que podemos ver
hoy en día, sobrevive desde entonces. Otro de los jardines interiores era el que existía
en el Patio
de la Pajarera, en el que se plantaron
pinos verdes. El resto de los jardines interiores, eran jardines colgantes: el Jardín del Cenador y el Jardín de la Reina. El primero de ellos
junto a la Torre
de los Cuatro Vientos y el segundo en el
interior de la Galería de la Reina.
Para el mantenimiento de todos estos jardines, y en especial para el cuidado de las
plantas más exóticas, en 1409 llegaba a la corte Juan de Ezperun, experto en canales y
tuberías. Primero él y luego, en 1414 Juan Nelbort de Bristol, diseñaron un complicado
sistema de riegos en los pensiles de las terrazas. Todo este sistema de riego, se
alimentaba con el agua que se almacenaba en el deposito de piedra habilitado en la Torre del Aljibe o Torre de la Fuent. Desde allí, por medio
de tuberías que se embutieron en hendiduras sobre los muros, el agua llegaba hasta los
jardines. Esta instalación, también fue utilizada para transportar el agua hasta las
dependencias del palacio.
Desde tiempos de los Teobaldos, incluía ya el palacio un jardín situado en lo que hoy es
la explanada de los Franciscanos, y dedicado, luego, sobre todo al cultivo de cereales
hasta que Carlos
III plantó
frutales en 1387. Más adelante, en las sucesivas ampliaciones del palacio se fueron
incorporando nuevos solares al espacio destinado a jardines y huertos y las parcelas
cultivadas fueron dotadas de un sistema de riego con canales y aljibes. En 1404 se
nombraron hortelanos para ocuparse de las plantas, los árboles frutales, las parras y los
riegos. Consta que en el palacio se recogían melones, pepinillos, calabazas, borrajas,
berenjenas, lechugas y otras hortalizas, así como hierbas aromáticas para la casa del
rey y manzanas «alzaderas» También había perales, avellanos, toronjales y olivos. Más
aun, en 1409 se hizo una importante compra de 55 toronjales y pomares grandes, 241
toronjales pequeños, 4 cipreses grandes y 6 pequeños, 4 rosales de Alejandría, 3
plantas de mirto, 3 palmas y 10 jazmines, cargamento que llegó desde Valencia por vía
marítima y luego fluvial. De uno de aquellos fértiles vergeles, quizá el del pequeño
patio junto a las cámaras de la reina, debieron de salir los cinco naranjos que la
soberana Catalina
de Foix
regaló en 1498 a Luis XII de Francia con motivo
de su boda con Ana de Bretaña. Parece que al menos uno de ellos había sido plantado por
la reina Leonor y puede que aún se
conserve en los jardines de Versalles.
Los soberanos siempre habían mostrado gran interés en disponer mucha variedad de
plantas, árboles frutales y hortalizas, pero también se preocuparon de contar, además,
con espacio suficiente para su pequeño parque zoológico. Reunir animales era costumbre
corriente en las cortes europeas de la época y no se trataba solo de criar los lebreles,
perros, azores y halcones necesarios para la caza, sino de albergar, también, toda
especie de ejemplares exóticos. Destacan singularmente los leones, un camello, un
avestruz, varios gamos, cisnes, ardillas y pájaros (aviso: las ardillas que se ven en la
vieja morera son "falsas"). En tiempos del Príncipe de Viana esta relación de
animales se incrementó con jabalíes, lobos, una jirafa, un papagayo y varios búfalos.
Es de suponer que tan variada fauna estaba dispersa entre los distintos jardines del
palacio. Por ejemplo, sabemos que la colección real de aves se guardaba en el Patio de la Pajarera, en uno de cuyos muros
todavía se conserva una especie de colmena de múltiples agujeros que hacían las veces
de nidos. También sabemos que para el cuidado de los leones se habilitó un foso a modo
de "leonera" y un guarda especial. Esta puede verse desde la Torre del Aljibe. |

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