INTERIOR

En cuanto entremos en el interior, mientras nuestros ojos se adaptan de la luz exterior a la oscuridad interior, respiraremos la enorme espiritualidad, recogimiento y ambiente sacral del templo. El efecto es subyugador, a pesar de la sencillez interior.


NAVE:

El interior presenta muros de sillar, siendo posible diferenciar dos niveles decrecientes en altura. En cada ángulo del octógono se elevan una combinación de columnas que se superponen. La del nivel inferior, de mayor longitud, termina con un capitel a la altura de una imposta corrida y biselada. A partir de ese nivel, se inicia la columna superior que, aunque muy corta, consta también de basa, capitel y cimacio. Este se prolonga, a modo de imposta corrida, hasta las ventanas, y coincide con la imposta que hemos observado en el exterior. Los capiteles de ambas columnas están decorados con motivos vegetales. Es en este nivel cuando nacen ya los nervios de la cúpula, que inmediatamente comienzan a arquearse. Sin embargo, los muros suben aún rectos hasta la imposta biselada que hace de base de la cúpula y que dibuja todo el ochavo. En los muros de cada lado, se alternan ventanas abiertas y ciegas, cuya construcción es idéntica a las del exterior.
A pesar de la aparente sobriedad, la iglesia cuenta con bastante decoración, pudiéndose contar hasta 26 capiteles, sin incluir los del ábside. En su mayoría, están decorados con temas vegetales: los más altos con motivos muy simples y esquemáticos, mientras que en los inferiores predominan acantos y helechos muy calados y adornados con frutos. El más cercano al ábside, por el lado del evangelio, incorpora unas figuras humanas tratadas con gran ingenuidad y esquematismo; componen una escena en la que se representa una bailarina en posición de danza, con los brazos apoyados en la cintura, ejecutando un moderado baile sin apenas movimiento; se acompaña de dos músicos que tañen el rabel, dispuestos en los ángulos del capitel, dirigiendo su mirada hacia el espectador en lugar de hacia la bailarina. La disposición estática y de serenidad que adopta, bastante repetida en Navarra, la diferencia de las bailarinas del románico aragonés, en donde estas  ejecutan un baile desenfrenado próximo a la acrobacia. En líneas generales este tipo de representaciones -músicos, danzarinas y acróbatas, todos ellos englobados bajo la categoría genérica de juglares- mantienen una simbología de carácter negativo, ya que eran considerados incitadores del pecado y representantes del mismo diablo. Es por esto por lo que su ubicación en el interior de la iglesia resulta, cuando menos, extraña ya que generalmente se relegaban a lugares marginales de las iglesias, como metopas o canecillos. También hay que indicar que la, en principio, extraña posición en la que los músicos tañen el rabel, como si de un violín de tratara, se repite también en canecillos de las iglesias de San Martín de Unx y de Artaiz.  Al otro lado del ábside, el primer capitel presenta las figuras enfrentadas de dos cuadrúpedos con cabezas de pájaros, entre los cuales se levanta un árbol de la vida. Más a la derecha, en un capitel del primer nivel, figuran dos ángeles con alas, uno de los cuales toca una trompeta.
En resumen, las representaciones esculpidas que encontramos en los capiteles interiores son tan variadas que resulta imposible encontrar una conexión entre ellas.


ÁBSIDE:

De gran riqueza arquitectónica, en él se encuentran los elementos esculturales mas antiguos con los que se decora la iglesia. Lo que primero nos va a llamar la atención es su forma interior; ya no es poligonal como en el exterior sino de forma semicircular. Las paredes se estructuran en dos pisos. El inferior presenta una sencilla arquería ciega con cinco arcos apuntados en arista que se apoyan en pequeños pilares con sus correspondientes basa, capitel y ábaco o cimacio. Sobre esta primera arquería, que actúa a modo de podium corrido, arrancan unos pilares cuyos capiteles soportan las nervaduras de la bóveda. Adosados a estos, y con menor altura, se disponen las columnas que sostienen los arcos en los que se inscriben las ventanas que hemos visto en el exterior. Salvo uno, los arcos son de medio punto y fuerte baquetón. El ábside se cubre con una bóveda de cuarto de esfera apuntada o bóveda de horno, soportada por gruesas nervaduras de sección cuadrangular, que se unen en la clave del arco triunfal de acceso. En total son también 26 los capiteles que completan el ornato, incluidos los que sostienen el arco de triunfo y el de la boca del ábside. Los motivos que predominan son de temática vegetal, volviendo a verse acantos y helechos muy trabajados y adornados. También, y en menor número, se repiten los capiteles con mascarones en sus ángulos de cuyas bocas salen tallos que se entrelazan a lo largo de él. Los de la arquería inferior están muy gastados, aunque se adivinan mascarones y aves.


CUBIERTA:

La cúpula es también octogonal. Comienza en una imposta biselada, que dibuja el octógono base y es soportada por fuertes nervaduras apuntadas de sección cuadrada que componen un diseño de claro sabor musulmán. Los lucernarios con los que se ilumina fueron en su día cerrados pero volvieron a abrirse a raíz de las obras de consolidación realizadas en la década de 1940. Es en la cúpula donde mejor se aprecian las irregularidades de la planta. Si nos fijamos en su centro, observaremos con claridad que los ángulos inscritos entre los nervios son todos diferentes; en consecuencia, todos los lados del octógono son distintos.

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