BODA DE BERENGUELA.
Acordados los
correspondientes pactos por las cancillerías inglesa y navarra, la infanta Berenguela,
quedó bajo la protección y convivencia de su futura madre política, Leonor de
Aquitania.
Los datos conservados
abonan la idea de que, sin pérdida de tiempo, regia comitiva debidamente acompañada y
protegida, entre la que algunos autores señalan al heredero del trono de Navarra Sancho el Fuerte, emprendió larga ruta terrestre para
reunirse con Ricardo Corazón de León. Se
menospreció distancias y estación invernal para dirigirse a Italia. Atravesaron los
Alpes, por el desfiladero de Montgenévre, pasaron por Lombardía e intentaron embarcarse
rumbo a Sicilia desde los puertos de Pisa o Nápoles, para terminar encontrando navío
adecuado en Brindisí. Algunos tratadistas afinan mucho más, tales como Rigord, Guillermo
el Bretón, Vinisauf, Brompton y otros; señalan que Ricardo, el 30 de marzo de 1191,
salió a su encuentro tomando la dirección de Reggio, e hizo pasar a su madre y a su
prometida a su nave trasladándolas a Mesina, donde llegaron al día siguiente.
Leonor de Aquitania se
consideraría triunfante y cumplida su misión, tras las penalidades de largo viaje. Se
complacería al constatar las generales expresiones de sus acompañantes y de sus propias
observaciones, ensalzando a Berenguela, por su modo de ser y extraordinaria belleza
natural, corroboradas por cuantos se encontraban en Sicilia cuyos testimonios escritos se
conservan. Interpretaría que tales prendas serían capaces de hacer cambiar las
tendencias de su hijo y conseguiría la ansiada sucesión en el trono inglés.
También disfrutaría en el encontrarse con su hija Juana, a quien no veía desde hacía
más de diez años y, según afirman los cronistas, era su vivo retrato, en gracia a los
rasgos físicos y hermosura.
Se especulaba con que la
boda de Ricardo y Berenguela se celebrara inmediatamente, mas se alegaba que no era
factible por encontrarse prohibidos los desposorios por razones de época de Cuaresma. No
obstante el rey de Inglaterra hizo manifestaciones públicas y prometió su indiscutible
enlace matrimonial, anunciándolo para cuando llegaran a San Juan de Acre. Leonor limita
su estancia en Mesina a cuatro días urgiéndole regresar a Inglaterra, dejando a
Berenguela bajo la protección y cuidados de su hija Juana.
La historia muestra a
estas dos egregias jóvenes Juana y Berenguela, de 25 y 20 años de edad respectivamente,
congeniando plenamente mientras permanecieron juntas y aguantaron las vicisitudes de su
penosa y adversa trayectoria vital. Circunstancias que se repetirán años después, lo
cual demuestra tuvieron muchos rasgos anímicos en común y sus recíprocos afectos se
establecieron motivados por su personalidad afín, sin valorar su parentesco. Se
iban a convertir en cuñadas, pero en cierto modo eran familiares por su progenie común
castellana y el ser Berenguela prima carnal del esposo ya fallecido de Juana.
El 10 de abril de 1191
parte la flota inglesa de Mesina, rumbo a San Juan de Acre. Ordena Ricardo Corazón de León se embarquen en naos distintas
él y su hermana con su prometida; el soberano de Inglaterra utiliza la galera real,
mientras facilita el pasaje a Juana y Berenguela en un dromón, barco velero de
transporte, capitaneado por Roberto de Theranhan, quizás por sus características de
mayor seguridad aunque menos veloz. Dispone Ricardo acompañen a Juana y Berenguela
escogido séquito de caballeros, junto con numerosos sirvientes.
Triste sino el de
Berenguela, la desarraigan de su cómoda vida en tierras de Navarra y, nada se opone a que
acepte sumisamente, bajo el mandato paterno y con hipoteca de sus sentimientos, las
presiones de compromiso político. Después de las penalidades de largo viaje terrestre y
días de navegación, se dan largas a sus desposorios y se publica su aplazamiento,
táctica aplicada reiteradamente por su prometido con princesa anterior francesa. Sin
apenas descansar, ha de emprender ruta marítima por aguas procelosas, por motivos
bélicos, con tiempo desapacible y empleando medio de transporte náutico posiblemente
desconocido para ella. Con probabilidad constatará cierta frialdad en su futuro cónyuge,
quien lejos de desear sin dilación la consumación matrimonial, que nada lo hubiera
impedido si los encantos y atractivos de Berenguela poseyeran la fuerza suficiente para
saltar cuantas barreras se opusieran para satisfacer sus deseos de hombre, dada la
vehemencia impulsiva de Ricardo Corazón de León.
Esta actitud del
soberano inglés predispone a recordar su bisexualidad, donde la subversión de los
sentidos resulta apta para comprender, mediante el metatropismo, las preferencias hacia
mujeres masculinoides con aptitud pasiva del varón. La práctica suele demostrar el
desarrollo del papel poco activo, frente a personas de cualidades franca o
predominantemente femeninas, que se muestran delicadas y armoniosas. Tal como es de
suponer serían, sin duda, las características de mujer en Berenguela.
La travesía marítima
desde Mesina en dirección a San Juan de Acre resultó borrascosa y una violenta
tempestad, dispersó las naves haciéndolas perder el rumbo. Tres de los barcos fueron
arrojados contra las costas de Chipre, donde quedaron a merced de los naturales enemigos
de los cristianos. El dromón donde navegaban Juana y Berenguela quedó varado en
la rada de] puerto de Limeltzun o de Limassol. Solicitaron el desembarcar, pero en un
primer momento se les denegó el permiso, sin embargo, el titulado emperador de Chipre,
Isaac Comnene, aliado de Saladino, pronto les ofreció víveres, vino y ricos presentes,
invitando a las damas a acudir a su Palacio. En realidad se trataba de una celada con la
finalidad primordial de apoderarse de Juana y Berenguela, con el propósito de retenerlas
como cautivas y comerciar su rescate. Ante las respuestas negativas de los navegantes del
dromón atacaron la nave, mas la llegada del grueso de la flota inglesa desbarató sus
planes. Al comprobar su actitud Ricardo Corazón de
León, atacó seguidamente la ciudad, derrotó a las huestes de Isaac Comnene y
ofreció su triunfo a Berenguela y quiso redondear la victoria realizando inmediatos
preparativos para su boda.
La ceremonia de la
celebración nupcial no se desarrolló como absurdamente la representó Cecil B. de Mille
en su film cinematográfico Las Cruzadas, casi de improviso y sin la presencia
física del rey de Inglaterra reemplazado por su espada. Por el contrario Rogerio de
Hoveden relata con minucia detalles de los prelados oficiantes y del ropaje que había
mandado confeccionar para la boda de su hijo Leonor de Aquitania, con la finalidad de que
el acto revistiera el máximo esplendor: "Una túnica de brocado de seda
rosa, bordada de medias lunas de plata, sombrero escarlata con plumas de aves sujetas por
broches de oro, tahalí de seda del que pendía vaina de oro y plata de su espada, con
collares de deslumbrantes joyas". Recuerdan el ropaje y la majestuosidad de la
coronación como rey de Ricardo y personalmente me hacen rememorar, anécdota de reina de
España referida a determinado embajador: en su noche de bodas quedó sorprendida por la
ropa interior que portaba su esposo, con más puntillas y encajes que las suyas, detalles
coincidentes con el "se dice" de la subversión del instinto sexual de su regio
cónyuge.
Sin embargo, apenas se
describen las vestimentas de Berenguela exhibidas durante su boda, siempre escogidas por
toda mujer con mimo y con la mayor ilusión. Solo refieren se limitaba a portar sencillo
traje blanco y se tocaba con aderezo de diminutas perlas. En cambio particularizan los
historiadores respecto al oficiante mayor de los esponsales con pormenores de la
consagración, con presencia y ayuda de los obispos de Evreux, de Bayona y del arzobispo
de Auch. Después de la bendición nupcial el prelado de York, colocó sobre los rubios
cabellos de la cabeza de Berenguela la corona real de Inglaterra. Quedaba convertida en
Reina, conjuntamente con los títulos de Duquesa de Normandía, Condesa de Anjou y
Condesa del Maine, al tiempo que propalaba el poeta Bertrán de Born, refiriéndose
a Berenguela "cuya belleza de alma igualaba a la del rostro".
Este matrimonio de
Ricardo-Berenguela se celebró en Limelzuno o Limassol, el domingo i2 de mayo de
1191, festividad de los santos Nereo y Aquileo. El rey de Inglaterra había cabalgado
sobre brioso corcel español, revestido con el ropaje indicado, llevaba en su mano diestra
bastón representativo de jefe supremo de su ejército y, según los cronistas, causaba
admiración a cuantos lo contemplaban, a sus propios guerreros y a los innumerables
personajes que acudieron desde la zona de Tierra Santa a la ceremonia nupcial.
Resulta problemático,
aceptar se produjese la consumación matrimonial, silenciada totalmente por los
historiadores. No obstante unánimemente relatan la inmediata actuación de Ricardo Corazón de León en intento de comenzar la
conquista de Chipre.
Triste luna de miel la
de Berenguela. Si su marido obrase en virtud del libre albedrío y bajo el imperio de los
sentimientos amorosos, no hubiera elegido circunstancias tan absurdas para el tálamo, que
normalmente se rodea de tranquilidad y placer, como hallarse en plena guerra camino de
otra como Santa, sin cuartel. Ni Berenguela, ni Ricardo, serían felices, pues el hombre
ansioso de saciar su amor suele olvidarse de belicismos y de trabajos. Cuando
el enamorado logra su objetivo se convierte en persona completamente dichosa, aspira
a metas de expansión vital y perfila proyectos grandiosos para el futuro, con arreglo a
su potencial y capacidad creadora. Acostumbra a pasar por situaciones anímicas de
euforia y su afectividad se desborda en forma positiva, que le impele a esparcir su
entusiasmo con cuantos elementos contacta en su medio ambiente. En apoyo de tal tesis
pueden aportarse ejemplos históricos de caudillos bélicos de diferentes épocas, donde
un amor pasional ligó al héroe, mientras el tirano, aunque transitoriamente,
se convirtió en otorgador de dádivas. Por el contrario, la conducta del personaje
resentido o insatisfecho anímicamente por fracaso amoroso, por celos o por cualquier otra
circunstancia negativa, especialmente si origina ira, resultó siempre temible por sus
reacciones de agresividad y hasta por ser capaz de convertirse en verdugo.
Es posible, incluso
hipotéticamente, que el rey de Inglaterra fuera presa de un estado pasional similar e
iniciara la conquista de Chipre. Refieren los historiadores que cuando se dirigía a
atacar la importante ciudad de Nicosia y comenzaba a cercar la fortaleza de Cherín, una
hija de Isaac Comnene mandó abrir las puertas del castillo y levantar el puente levadizo,
para arrojarse a los pies de Ricardo Corazón de
León e implorar su clemencia. El rey de Inglaterra la levantó, la trató con dulzura
y, seducido por su espléndida hermosura, la tomó como rehén y la colocó bajo custodia
de Berenguela.
Se ha referido que
Ricardo gozó con su compañía y la retuvo mientras duró la Cruzada y que Berenguela
acogería a quien se convirtió en rival peligrosa, arrebatándole el afecto de su voluble
esposo. |
|
LA CRUZADA.
Terminada la campaña de
Chipre, levantó anclas la flota inglesa y las proas de sus navíos surcaron
el mar en dirección a San Juan de Acre. Las fuerzas de los cruzados sitiaban esta Ciudad,
considerada cual etapa previa para la conquista de los Santos Lugares.
Arribaron el 8 de junio
de 1191, siendo celebrada su llegada con vivas muestras de entusiasmo. Son merecedoras de
citarse las salutaciones del rey de Francia, Felipe-Augusto, quien según referencias de
los cronistas se esforzó en demostrar habían sido borrados antiguos rencores. Se mostró
especialmente cortés con Berenguela, quizás soslayando actitudes de encono por haber
reemplazado en el tálamo del rey inglés a su hermana. Testigos presenciales refieren dio
la mano a la esposa de Ricardo Corazón de León,
demostrando aceptaba su alcurnia y ayudándola a desembarcar, pues al parecer tuvo
dificultades al enredársele con las jarcias del navío, por dos o tres veces, el velo que
cubría su rostro, al tiempo que perdía parte del calzado, pequeña bota que cubría el
pie y llegaba hasta el tobillo.
Es de sobra conocido el
desarrollo de la Cruzada para ahora repetirlo, donde Ricardo Corazón de León se cubría de gloria
imperecedera, por sus repetidas proezas, sus alardes de valor y fuerza, que corrían de
boca en boca. De todas formas considero que pudieran empañarse por otras acciones
bárbaras y crueles, que revelan al hombre insatisfecho de la vida, quizás también
acordes con su forma de ser y temibles hasta la exageración.
Destacó en las acciones
bélicas sobre San Juan de Acre, particularmente cuando los cruzados batían sus
murallas, mientras Berenguela, Juana y la chipriota cautiva, se alojaban en cercano
palacio adornado con ricos tapices. Es posible que la reina de Inglaterra se mostrara
satisfecha por los reiterados triunfos de su marido, a quien se dice amaba, y orgullosa de
su categoría al ser reverenciada como dama de la más alta alcurnia asociada al héroe,
pero no se conservan, ni tan siquiera indicios, de que fuera objeto de los afectos,
atenciones y sensibilidad amorosa de Ricardo Corazón
de León.
Dura y costosa resultó
la toma de San Juan de Acre, pero fue seguida de masacre ordenado por Ricardo, donde se
cifran en dos mil seiscientas personas entre hombres, mujeres y niños, los ejecutados. Su
pérdida para los musulmanes debió determinar serias reflexiones para Saladino, con
tanteos de paz honrosa. Se achaca al rey de Inglaterra ser portavoz de las
negociaciones y proponer, cual garantía de pactos a cumplir, la boda de su hermana Juana
con el hermano de Saladino, Malik al Adil, mas al enterarse la bella y joven viuda montó
en cólera, por establecer compromiso a sus espaldas, sin consultarla previamente, por lo
que juró que jamás se casaría con musulmán, so pena de que se convirtiera al
cristianismo con antelación.
Continuaron las acciones
bélicas conquistando los cruzados castillos y puntos estratégicos en las
costas, desplazando a las fuerzas del Islam, acercándose a Tierra Santa. Se tomó la
importante ciudad de Jaffa y las fuerzas inglesas decidieron descansar un par de meses en
sus cercanías.
Señalan los cronistas
lo placentero de aquella etapa, donde convivieron Ricardo Corazón de León, su esposa, su hermana y la bella
cautiva chipriota. Citan sus entretenimientos, preferentemente las cacerías al estilo
medieval con halcones y lebreles, las canciones y estrofas de los trovadores... donde el
rey de Inglaterra parece olvidarse de la conquista de Jerusalén.
Se ha propalado fueron
los Obispos quienes llamaron la atención a Ricardo Corazón
de León. Le recordaron sus deberes de cruzado y le reconvinieron las demasiadas horas
que pasaba en compañía de su rehén chipriota, conducta en desacuerdo con las promesas
señaladas en los preceptos matrimoniales ordenados y bendecidos por la Iglesia.
Los supuestos nuevos
amores de Ricardo Corazón de León, serían del dominio general, toda vez que
jamás fue su fuerte ocultar sus acciones y sí imponer sin discreción su voluntad. Sin
duda, desgarrarían los sentimientos de Berenguela, mas parece evidente que de ser ciertos
lo sufriría en silencio, nadie ha hecho la menor mención a que dejara traslucir
públicamente su conducta de esposa ofendida. Conservó su dignidad y entereza, sin
manifestaciones histéricas, sin reacciones depresivas. Tampoco señalaron los
cronistas oficiales cual fuera el intercambio de palabras en privado de Ricardo y
Berenguela, ni la cinemática de sus entrevistas, que, sin embargo, dieron pie a
escritores para explayar narraciones dando rienda suelta a la inventiva, saboteando con
harta frecuencia la realidad histórica.
Resulta evidente que los
relatos aceptados plenamente como veraces, silencian anécdotas y pormenores de la vida de
Berenguela, durante el transcurrir de la dilatada Cruzada. Posiblemente, ante el vacío
documental y el mutismo que rodea a sus actividades, se considera ligada la falta de datos
a su escaso relieve político y social, careciendo de eco histórico sus acciones.
También la consideran incapaz de influenciar las decisiones de su esposo e incluso no
faltan historiadores solventes que afirman, o más exactamente suponen, seguía
permaneciendo virgen.
Las guerras tuvieron
siempre un final y aquella Santa, con la finalidad de rescatar los Santos Lugares entró
en una nueva fase. Conversaciones con predominio de la transigencia, entre los máximos
capitostes responsables de las acciones bélicas, terminaron por encontrar fórmulas que
en parte satisficieron a cristianos y mahometanos. En virtud de tales compromisos,
Saladino seguiría ejerciendo el control y dominio de Tierra Santa, mientras se reconocía
el derecho universal de poder visitar libremente la Ciudad de Jerusalén, sin tener en
cuenta el credo de las ideas, sin cortapisas religiosas.
Refieren los
historiadores que Ricardo Corazón de León
se limitó a contemplar la Ciudad Santa desde la lejanía, quizás por orgullo al
rehuir salvoconducto especial ofrecido por Saladino, o quizá su actitud fue debida a
despecho personal por no cumplir su palabra dada de reconquistar los Santos Lugares. Por
el contrario, con verosimilitud, Berenguela visitaría Jerusalén y oraría fervorosa ante
el Santo Sepulcro. |