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BERENGUELA
REINA DE INGLATERRA. INFANTA DE NAVARRA



© Luis del Campo, 1992
Edita: Luis del Campo
Depósito legal: NA-1547/1992

Prestigioso médico forense de profesión, Luis del Campo publicó varios trabajos de investigación historica, su afición favorita. Su edición, en la mayoría de los casos, corrió a cargo de su propio bolsillo.

La llamada Dinastía Pirenaica, la Casa Real privativa de Navarra, acusa un atractivo especial para el investigador y, al decir de los historiadores, sus monarcas se sucedieron de varón a varón sin mezcla de bastardía durante un período de quinientos años. Cronológicamente el ciclo vital de sus últimos representantes se enmarca a comienzos del tercer tercio del siglo XII. Fueron Sancho VII el Fuerte, Berenguela y Blanca, dejando de momento innominados a quienes por morir en edad temprana no dejaron huella histórica... En cuanto a Berenguela contrajo matrimonio con el rey de Inglaterra Ricardo Plantagenet, más conocido como Ricardo Corazón de León. Héroe de la Tercera Cruzada, caudillo militar sin par, de fama legendaria y universal, fue uno de los soberanos más poderosos de su tiempo. A su lado paso semidesapercibida su esposa Berenguela, pero no por falta de cualidades sobresalientes e intrínsecas a su personalidad, sino por mantener enhiesto y sin reivindicaciones su talento de mujer, sin doblegarse ante imposiciones y por saber arrostrar con enterezas los avatares de su existencia.  Uno de sus biógrafos la titula: "Berengaria, enigmatic queen of England", designación que incentiva descubrir los enigmas que la rodearon, para recuperar su figura y contribuir a la exaltación de la Historia de Navarra.
Hace décadas publiqué retazos sobre facetas de la vida de
Berenguela. Percibí nuevas vivencias con motivo de homenaje organizado a su memoria por la Académie de Maine (Francia), bajo el patrocinio del Conseil Général de la Sarthe, el 2 de diciembre de 1990. Quisiera aportar personales puntos de vista respecto a su trayectoria vital. (tomado de su prólogo)


.Índice

Prólogo
Capítulo 1: Introducción:
                         El hilo de la Historia
                         El matrimonio de Sancho el Sabio
Capítulo 2: Berenguela, Infanta de Navarra
                         Nacimiento
                         Infanta de Navarra
                         Figura corporal
                         Iniciación histórica

Capítulo 3:
Matrimonio
                        
Los Plantagenet
                         La Segunda Cruzada
                         Proyectos matrimoniales

                        
Boda de Berenguela
                        
La Cruzada
Capítulo 4: La Historia
                         El Regreso
                         Liberación de Ricardo Corazón de León
                         La reconciliación
                         Convivencia
                         Óbito del rey de Inglaterra
                         Fallecimiento de Juana Plantagenet
Capítulo 5: La viudedad
                         Derecho hereditario
                         Circunstancias conflictivas
                         Los derechos de Berenguela
Capítulo 6: Etapa final
                         Recapitulación
                         La vejez
                         La Abadía de l'Epau
                         Post Mortem


BODA DE BERENGUELA.

Acordados los correspondientes pactos por las cancillerías inglesa y navarra, la infanta Berenguela, quedó bajo la protección y convivencia de su futura madre política, Leonor de Aquitania.

Los datos conservados abonan la idea de que, sin pérdida de tiempo, regia comitiva debidamente acompañada y protegida, entre la que algunos autores señalan al heredero del trono de Navarra Sancho el Fuerte, emprendió larga ruta terrestre para reunirse con Ricardo Corazón de León. Se menospreció distancias y estación invernal para dirigirse a Italia. Atravesaron los Alpes, por el desfiladero de Montgenévre, pasaron por Lombardía e intentaron embarcarse rumbo a Sicilia desde los puertos de Pisa o Nápoles, para terminar encontrando navío adecuado en Brindisí. Algunos tratadistas afinan mucho más, tales como Rigord, Guillermo el Bretón, Vinisauf, Brompton y otros; señalan que Ricardo, el 30 de marzo de 1191, salió a su encuentro tomando la dirección de Reggio, e hizo pasar a su madre y a su prometida a su nave trasladándolas a Mesina, donde llegaron al día siguiente.

Leonor de Aquitania se consideraría triunfante y cumplida su misión, tras las penalidades de largo viaje. Se complacería al constatar las generales expresiones de sus acompañantes y de sus propias observaciones, ensalzando a Berenguela, por su modo de ser y extraordinaria belleza natural, corroboradas por cuantos se encontraban en Sicilia cuyos testimonios escritos se conservan. Interpretaría que tales prendas serían capaces de hacer cambiar las tendencias de su hijo y conseguiría la ansiada sucesión en el trono  inglés. También disfrutaría en el encontrarse con su hija Juana, a quien no veía desde hacía más de diez años y, según afirman los cronistas, era su vivo retrato, en gracia a los rasgos físicos y hermosura.

Se especulaba con que la boda de Ricardo y Berenguela se celebrara inmediatamente, mas se alegaba que no era factible por encontrarse prohibidos los desposorios por razones de época de Cuaresma. No obstante el rey de Inglaterra hizo manifestaciones públicas y prometió su indiscutible enlace matrimonial, anunciándolo para cuando llegaran a San Juan de Acre. Leonor limita su estancia en Mesina a cuatro días urgiéndole regresar a Inglaterra, dejando a Berenguela bajo la protección y cuidados de su hija Juana.

La historia muestra a estas dos egregias jóvenes Juana y Berenguela, de 25 y 20 años de edad respectivamente, congeniando plenamente mientras permanecieron juntas y aguantaron las vicisitudes de su penosa y adversa trayectoria vital. Circunstancias que se repetirán años después, lo cual demuestra tuvieron muchos rasgos anímicos en común y sus recíprocos afectos se establecieron motivados por su  personalidad afín, sin valorar su parentesco. Se iban a convertir en cuñadas, pero en cierto modo eran familiares por su progenie común castellana y el ser Berenguela prima carnal del esposo ya fallecido de Juana.

El 10 de abril de 1191 parte la flota inglesa de Mesina, rumbo a San Juan de Acre. Ordena Ricardo Corazón de León se embarquen en naos distintas él y su hermana con su prometida; el soberano de Inglaterra utiliza la galera real, mientras facilita el pasaje a Juana y Berenguela en un dromón, barco velero de transporte, capitaneado por Roberto de Theranhan, quizás por sus características de mayor seguridad aunque menos veloz. Dispone Ricardo acompañen a Juana y Berenguela escogido séquito de caballeros, junto con numerosos sirvientes.

Triste sino el de Berenguela, la desarraigan de su cómoda vida en tierras de Navarra y, nada se opone a que acepte sumisamente, bajo el mandato paterno y con hipoteca de sus sentimientos, las presiones de compromiso político. Después de las penalidades de largo viaje terrestre y días de navegación, se dan largas a sus desposorios y se publica su aplazamiento, táctica aplicada reiteradamente por su prometido con princesa anterior francesa. Sin apenas descansar, ha de emprender ruta marítima por aguas procelosas, por motivos bélicos, con tiempo desapacible y empleando medio de transporte náutico posiblemente desconocido para ella. Con probabilidad constatará cierta frialdad en su futuro cónyuge, quien lejos de desear sin  dilación la consumación matrimonial, que nada lo hubiera impedido si los encantos y atractivos de Berenguela poseyeran la fuerza suficiente para saltar cuantas barreras se opusieran para satisfacer sus deseos de hombre, dada la vehemencia impulsiva de Ricardo Corazón de León.

Esta actitud del soberano inglés predispone a recordar su bisexualidad, donde la subversión de los sentidos resulta apta para comprender, mediante el metatropismo, las preferencias hacia mujeres masculinoides con aptitud pasiva del varón. La práctica suele demostrar el desarrollo del papel poco activo, frente a personas de cualidades franca o predominantemente femeninas, que se muestran delicadas y armoniosas. Tal como es de suponer serían, sin duda, las características de mujer en Berenguela.

La travesía marítima desde Mesina en dirección a San Juan de Acre resultó borrascosa y una violenta tempestad, dispersó las naves haciéndolas perder el rumbo. Tres de los barcos fueron arrojados contra las costas de Chipre, donde quedaron a merced de los naturales enemigos de los cristianos. El dromón donde navegaban Juana y Berenguela   quedó varado en la rada de] puerto de Limeltzun o de Limassol. Solicitaron el desembarcar, pero en un primer momento se les denegó el permiso, sin embargo, el titulado emperador de Chipre, Isaac Comnene, aliado de Saladino, pronto les ofreció víveres, vino y ricos presentes, invitando a las damas a acudir a su Palacio. En realidad se trataba de una celada con la finalidad primordial de apoderarse de Juana y Berenguela, con el propósito de retenerlas como cautivas y comerciar su rescate. Ante las respuestas negativas de los navegantes del dromón atacaron la nave, mas la llegada del grueso de la flota inglesa desbarató sus planes. Al comprobar su actitud Ricardo Corazón de León, atacó seguidamente la ciudad, derrotó a las huestes de Isaac Comnene y ofreció su triunfo a Berenguela y quiso redondear la victoria realizando inmediatos preparativos para su boda.

La ceremonia de la celebración nupcial no se desarrolló como absurdamente la representó Cecil B. de Mille en su film cinematográfico “Las Cruzadas”, casi de improviso y sin la presencia física del rey de Inglaterra reemplazado por su espada. Por el contrario Rogerio de Hoveden relata con minucia detalles de los prelados oficiantes y del ropaje que había mandado confeccionar para la boda de su hijo Leonor de Aquitania, con la finalidad de que el acto revistiera el máximo esplendor: "Una túnica de brocado de seda   rosa, bordada de medias lunas de plata, sombrero escarlata con plumas de aves sujetas por broches de oro, tahalí de seda del que pendía vaina de oro y plata de su espada, con collares de deslumbrantes joyas". Recuerdan el ropaje y la majestuosidad de la coronación como rey de Ricardo y personalmente me hacen rememorar, anécdota de reina de España referida a determinado embajador: en su noche de bodas quedó sorprendida por la ropa interior que portaba su esposo, con más puntillas y encajes que las suyas, detalles coincidentes con el "se dice" de la subversión del instinto sexual de su regio cónyuge.

Sin embargo, apenas se describen las vestimentas de Berenguela exhibidas durante su boda, siempre escogidas por toda mujer con mimo y con la mayor ilusión. Solo refieren se limitaba a portar sencillo traje blanco y se tocaba con aderezo de diminutas perlas. En cambio particularizan los historiadores respecto al oficiante mayor de los esponsales con pormenores de la consagración, con presencia y ayuda de los obispos de Evreux, de Bayona y del arzobispo de Auch. Después de la bendición nupcial el prelado de York, colocó sobre los rubios cabellos de la cabeza de Berenguela la corona real de Inglaterra. Quedaba convertida en Reina, conjuntamente con los títulos de  Duquesa de Normandía, Condesa de Anjou y Condesa del  Maine, al tiempo que propalaba el poeta Bertrán de Born, refiriéndose a Berenguela "cuya belleza de alma igualaba a la del rostro".

Este matrimonio de Ricardo-Berenguela se celebró  en Limelzuno o Limassol, el domingo i2 de mayo de 1191, festividad de los santos Nereo y Aquileo. El rey de Inglaterra había cabalgado sobre brioso corcel español, revestido con el ropaje indicado, llevaba en su mano diestra bastón representativo de jefe supremo de su ejército y, según los cronistas, causaba admiración a cuantos lo contemplaban, a sus propios guerreros y a los innumerables personajes que acudieron desde la zona de Tierra Santa a la ceremonia nupcial.

Resulta problemático, aceptar se produjese la consumación matrimonial, silenciada totalmente por los historiadores. No obstante unánimemente relatan la inmediata actuación de Ricardo Corazón de León en intento de comenzar la conquista de Chipre.

Triste luna de miel la de Berenguela. Si su marido obrase en virtud del libre albedrío y bajo el imperio de los sentimientos amorosos, no hubiera elegido circunstancias tan absurdas para el tálamo, que normalmente se rodea de tranquilidad y placer, como hallarse en plena guerra camino de otra como Santa, sin cuartel. Ni Berenguela, ni Ricardo, serían felices, pues el hombre ansioso de saciar su amor suele olvidarse de belicismos y de trabajos. Cuando   el enamorado logra su objetivo se convierte en persona  completamente dichosa, aspira a metas de expansión vital y perfila proyectos grandiosos para el futuro, con arreglo a su potencial y capacidad creadora.   Acostumbra a pasar por situaciones anímicas de euforia y su afectividad se desborda en forma positiva, que le impele a esparcir su entusiasmo con cuantos elementos contacta en su medio ambiente. En apoyo de tal tesis pueden aportarse ejemplos históricos de caudillos bélicos de diferentes épocas, donde un amor pasional ligó al héroe, mientras el tirano, aunque   transitoriamente, se convirtió en otorgador de dádivas. Por el contrario, la conducta del personaje resentido o insatisfecho anímicamente por fracaso amoroso, por celos o por cualquier otra circunstancia negativa, especialmente si origina ira, resultó siempre temible por sus reacciones de agresividad y hasta por ser capaz de convertirse en verdugo.

Es posible, incluso hipotéticamente, que el rey de Inglaterra fuera presa de un estado pasional similar e iniciara la conquista de Chipre. Refieren los historiadores que cuando se dirigía a atacar la importante ciudad de Nicosia y comenzaba a cercar la fortaleza de Cherín, una hija de Isaac Comnene mandó abrir las puertas del castillo y levantar el puente levadizo, para arrojarse a los pies de Ricardo Corazón de León e implorar su clemencia. El rey de Inglaterra la levantó, la trató con dulzura y, seducido por su espléndida hermosura, la tomó como rehén y la colocó bajo custodia de Berenguela.

Se ha referido que Ricardo gozó con su compañía y la retuvo mientras duró la Cruzada y que Berenguela acogería a quien se convirtió en rival peligrosa, arrebatándole el afecto de su voluble esposo.

LA CRUZADA.

Terminada la campaña de Chipre, levantó anclas la   flota inglesa y las proas de sus navíos surcaron el mar en dirección a San Juan de Acre. Las fuerzas de los cruzados sitiaban esta Ciudad, considerada cual etapa previa para la conquista de los Santos Lugares.

Arribaron el 8 de junio de 1191, siendo celebrada su llegada con vivas muestras de entusiasmo. Son merecedoras de citarse las salutaciones del rey de Francia, Felipe-Augusto, quien según referencias de los cronistas se esforzó en demostrar habían sido borrados antiguos rencores. Se mostró especialmente cortés con Berenguela, quizás soslayando actitudes de encono por haber reemplazado en el tálamo del rey inglés a su hermana. Testigos presenciales refieren dio la mano a la esposa de Ricardo Corazón de León, demostrando aceptaba su alcurnia y ayudándola a  desembarcar, pues al parecer tuvo dificultades al enredársele con las jarcias del navío, por dos o tres veces, el velo que cubría su rostro, al tiempo que perdía parte del calzado, pequeña bota que cubría el pie y llegaba hasta el tobillo.

Es de sobra conocido el desarrollo de la Cruzada para ahora repetirlo, donde Ricardo Corazón de León se cubría de gloria imperecedera, por sus repetidas proezas, sus alardes de valor y fuerza, que corrían de boca en boca. De todas formas considero que pudieran empañarse por otras acciones bárbaras y crueles, que revelan al hombre insatisfecho de la vida, quizás también acordes con su forma de ser y temibles hasta la exageración.

Destacó en las acciones bélicas sobre San Juan de  Acre, particularmente cuando los cruzados batían sus murallas, mientras Berenguela, Juana y la chipriota cautiva, se alojaban en cercano palacio adornado con ricos tapices. Es posible que la reina de Inglaterra se mostrara satisfecha por los reiterados triunfos de su marido, a quien se dice amaba, y orgullosa de su categoría al ser reverenciada como dama de la más alta alcurnia asociada al héroe, pero no se conservan, ni tan siquiera indicios, de que fuera objeto de los afectos, atenciones y sensibilidad amorosa de Ricardo Corazón de León.

Dura y costosa resultó la toma de San Juan de Acre, pero fue seguida de masacre ordenado por Ricardo, donde se cifran en dos mil seiscientas personas entre hombres, mujeres y niños, los ejecutados. Su pérdida para los musulmanes debió determinar serias reflexiones para Saladino, con tanteos de paz honrosa. Se achaca al rey de Inglaterra   ser portavoz de las negociaciones y proponer, cual garantía de pactos a cumplir, la boda de su hermana Juana con el hermano de Saladino, Malik al Adil, mas al enterarse la bella y joven viuda montó en cólera, por establecer compromiso a sus espaldas, sin consultarla previamente, por lo que juró que jamás se casaría con musulmán, so pena de que se convirtiera al cristianismo con antelación.

Continuaron las acciones bélicas conquistando los   cruzados castillos y puntos estratégicos en las costas, desplazando a las fuerzas del Islam, acercándose a Tierra Santa. Se tomó la importante ciudad de Jaffa y las fuerzas inglesas decidieron descansar un par de meses en sus cercanías.

Señalan los cronistas lo placentero de aquella etapa, donde convivieron Ricardo Corazón de León, su esposa, su hermana y la bella cautiva chipriota. Citan sus entretenimientos, preferentemente las cacerías al estilo medieval con halcones y lebreles, las canciones y estrofas de los trovadores... donde el rey de Inglaterra parece olvidarse de la conquista de Jerusalén.

Se ha propalado fueron los Obispos quienes llamaron la atención a Ricardo Corazón de León. Le recordaron sus deberes de cruzado y le reconvinieron las demasiadas horas que pasaba en compañía de su rehén chipriota, conducta en desacuerdo con las promesas señaladas en los preceptos matrimoniales ordenados y bendecidos por la Iglesia.

Los supuestos nuevos amores de Ricardo Corazón de   León, serían del dominio general, toda vez que jamás fue su fuerte ocultar sus acciones y sí imponer sin discreción su voluntad. Sin duda, desgarrarían los sentimientos de Berenguela, mas parece evidente que de ser ciertos lo sufriría en silencio, nadie ha hecho la menor mención a que dejara traslucir públicamente su conducta de esposa ofendida. Conservó su dignidad y entereza, sin manifestaciones histéricas, sin reacciones depresivas. Tampoco señalaron los   cronistas oficiales cual fuera el intercambio de palabras en privado de Ricardo y Berenguela, ni la cinemática de sus entrevistas, que, sin embargo, dieron pie a escritores para explayar narraciones dando rienda suelta a la inventiva, saboteando con harta frecuencia la realidad histórica.

Resulta evidente que los relatos aceptados plenamente como veraces, silencian anécdotas y pormenores de la vida de Berenguela, durante el transcurrir de la dilatada Cruzada. Posiblemente, ante el vacío documental y el mutismo que rodea a sus actividades, se considera ligada la falta de datos a su escaso relieve político y social, careciendo de  eco histórico sus acciones. También la consideran incapaz de influenciar las decisiones de su esposo e incluso no faltan historiadores solventes que afirman, o más exactamente suponen, seguía permaneciendo virgen.

Las guerras tuvieron siempre un final y aquella Santa, con la finalidad de rescatar los Santos Lugares entró en una nueva fase. Conversaciones con predominio de la transigencia, entre los máximos capitostes responsables de las acciones bélicas, terminaron por encontrar fórmulas que en parte satisficieron a cristianos y mahometanos. En virtud de tales compromisos, Saladino seguiría ejerciendo el control y dominio de Tierra Santa, mientras se reconocía el derecho universal de poder visitar libremente la Ciudad de Jerusalén, sin tener en cuenta el credo de las ideas, sin cortapisas religiosas.

Refieren los historiadores que Ricardo Corazón de  León se limitó a contemplar la Ciudad Santa desde la  lejanía, quizás por orgullo al rehuir salvoconducto especial ofrecido por Saladino, o quizá su actitud fue debida a despecho personal por no cumplir su palabra dada de reconquistar los Santos Lugares. Por el contrario, con verosimilitud, Berenguela visitaría Jerusalén y oraría fervorosa ante el Santo Sepulcro.


Notas

Dudo mucho que en la actualidad sea posible encontrar en las librerías algún ejemplar de esta obra. Además, al no estar registrado con un códico ISBN, es posible que sea incluso difícil localizarlo en bibliotecas ajenas a Navarra.