OTROS POEMAS



 Reflexiones... ,sensaciones..., imagenes.... a través del tamiz del sentimiento.


 

 

(1).Otros poemas

I

 

EXISTE EN MI OTRO YO QUE ES MI CONTRARIO.
Otro yo al que, por ser extrovertido,
transgresor, libertario y atrevido
juzgue, darle la muerte, necesario.
Por miedo a ser como él, soy comedido,
bien mandado, pacifico, prudente
y rígido censor del inconsciente
por si de aquel quedara algún latido.

De niño no fue así. Éramos uno.
Compartimos las hieles y las rosas,
el candor, la malicia y tantas cosas
soñadas y vividas de consuno.
Mas, la vida siguió y, en su decurso,
se hizo tal comunión incompatible;
optar entre los dos, fue imprescindible
y aquella impuso el lógico discurso.

No pude pues, ser, de mayor, payaso
para apurar la vida hasta el descuadre.
Me hice abogado, como fue mi padre,
y rehuí el placer venido al paso.
No me sentí capaz, como soñaba,
de nacer y morir con cada día.
Solo estaba seguro, si sabía
adonde cada tranco me llevaba.

No dilapidé esfuerzos en baldío,
ni nunca supe dar algo por nada.
No aparté de mi rumbo la mirada
ni, en otra piel, sentí el dolor o el frío.
Cada cosa en su sitio y su momento,
monótono y tranquilo fue mi tajo;
la familia, los hijos, el trabajo
y un solo amor - mi gozo y mi tormento -.

Un paso mas del tiempo, todavía;
un golpe de dolor en mis cimientos,
y percibo el error. Los sentimientos,
me acusan de egoísmo y cobardía.
Y al ver la soledad de mi destino
el yo que escogí ser, por necesario,
descubre en quien mató como contrario,
la luz que ahora le falta en el camino.


II.

NUBE...
cúmulo, cirro, nimbo...,poco importa;
mutante, caprichosa,
impredecible nube,
nube, mujer, como mujer la rosa.

Nube...
Esperanza, unas veces,
de vida, derramada en lluvia mansa
sobre la ardiente tierra.
Otras, rugiente fiera,
al roce de la chispa en tus entrañas.

Nube...,
bálsamo, con tu sombra,
del aguijón del sol en las espaldas.
Sugerente de formas;
de perfiles amados y perdidos;
sostén de la mirada
frente al cruel infinito
de vaciedad que a la locura aboca.

Nube...,
corona evanescente que acaricias
las cimas mas fragosas.
Tálamo de mil sueños.
Milagro inaprensible....
Esta noche te pido
que, cuando como el mio, en ti, se mire
un corazón, cansado del camino,
de manos de la brisa,
acojas su latido,
pues su vida..., mi vida..., nuestra vida,
no sería, sin ti, nube, posible.


III.

OTOÑO....
Dicen que aire es denso y sopla frío;
que arremolina el polvo
en las lindes inciertas del camino
y que ciega los ojos...
Que da en el mar con todos los recuerdos...
Que el diente busca al diente
y araña en la tiniebla su amor fuerte.
Que la lluvia deshace los perfiles
dibujados con sol, en el estío...
Que, el hombre - marioneta sin hilos -
va, en otoño, sin tiempo, por la vida.

Pero todo es incierto.
Las hojas no se mueren. Se adormecen
y cambian de vestido;
es mas grande la luna en los tejados;
el hombre no va ciego,
ni puede ser que vuelva
al agua,
el agua que siempre esta naciendo.

Otoño...enamorado,
es primavera para el sentimiento.


IV.

ACABADO EL INVIERNO,
se han fundido las lágrimas heladas
y vienen hojas nuevas. Hojas blancas
para escribir en ellas mas tristeza.
Es el mismo camino, sin perfiles
- promesa de imposibles -
que acaba en la barranca
donde ruge, aguardando, el agua eterna.

Los pájaros, se van cuando yo llego.
Llevo muerte en los ojos
y, trashumante en envolturas grises,
no la veo.
Solo alcanzo la lluvia que me empapa
y el sol atardecido, sin tibieza,
y el viento,
empujándome a andar donde no quiero.


Así va un alma, como van mil almas
que no quieren mirarse, por vergüenza,
en el mismo vagón,
hacia el final sin fin que les aguarda.
A veces, una mano, de naufrago sin tabla,
se encrespa sobre el caos
queriendo asirse al tiempo
por si es el tiempo, aun, de la esperanza.
Y roza el aire puro y vuelve a hundirse
como un yunque en el agua.
No hay niños en mi mundo;
ni barcos de papel.
Se ve latir la sangre en las gargantas
con presuroso pálpito de vida;
como si el cuerpo se incendiase todo
y diese vueltas, loca, por salvarse.
No hay palomas blancas,
ni siento las agujas divinas del rocío,
penetrándome al alba.
Hay, un continuo anochecer sin luna,
como una losa grande, en cada espalda.
Camino sin cunetas,
de incomprendidas flores
que se dejan morir, abandonadas,
con una sola huella, la de todos los hombres,
en su tierra mojada.
No se si lo comienzo o, me ha ganado,
para su caravana de hojas tristes.
No se si ya, mi sangre, no es ceniza,
ni si mis dedos tienen,
aun, afán de caricias...
Pero hendiré la entraña del silencio
hasta hallar la otra vida; la del tren
a lo lejos; la del grillo
que lima las estrellas...
Y buscaré en los árboles desnudos
un pájaro dormido
que, al no verme, no huyera
y moriré despacio, hasta que entienda.


V.

HERMANO DE LA BARCA, TENGO ENVIDIA
de la luna que duerme en tus espaldas;
de las estrellas que, a racimos, llegan
a colgarse en tus ojos;
del mar, que te bautiza con su espuma
te da la vida y, luego, te la quita...,
de los suspiros blancos
que, por ti, alguien derrama.
Tu, quizá me comprendas,
porque no te enseñaron, como a mi, a no ver nada;
porque tu canción muda,
vale todo el saber que no hace falta.
Al verte, pulso firme,
la quilla en derechura a la esperanza,
siento el atormentado mar de tierra adentro
mas rebelde que nunca. Mas queriendo
romper de un golpe todas las amarras.
Y todo lo que puedo, hermano mío,
es, encender mis versos,
para que tu los cantes, sin saberlos,
cuando se duerma el sol en tus espaldas.


VI.

 

AMA  SIN PREGUNTAR

y, si alguien te pregunta,

sonríele también...

Igual que el sol, que alumbra para todos

y el arbol, que da sombra

y la tierra que, al fin, nos hace hermanos,

nace y vive el amor: para los otros.

Es, como el agua limpia,

que se alegra con barca del niño

y el reflejo del junco ribereño,

pero acaba enturbiándose, muriendo,

si cegamos el pozo por que no nos la roben

los hombres del camino.

Por eso, si alguien llega

y en sus ojos hay sed,

dale tu amor sin preguntarle nada.

Y si alguien te pregunta,

Sonríele también.

 

  

VII.

 

POR LA ARBOLEDA QUIETA,

al recóndito arrullo de agua errante,

caminan en silencio,

-         dos sombras, casi, de la misma tarde-.

Son un mismo latido.

Son una misma sangre.

Se miran a los ojos con tal fuerza

que, temeroso, se detiene el aire.

 

.- ¿ Que piensas...?

Pero ninguno piensa...

Sienten las hojas del amor, que nacen

y, en el rio de paz,

dejan ir juntas sus pequeñas naves.

 

Por la arboleda quieta,

caminan, lentamente, los amantes.

Arriba, Dios,

a su alrededor, nadie...

 

 

 

VIII.

 

DERRAMO SUS AZABACHES

sobre una almohada de luna. 

Bebió el cáliz sin fondo de sus labios,

-cascabel, al oido, la voz trémula-.

Rompió el cerco de la carne

contra su carne azorada.

Cayeron los castillos de la infancia.

 

No vio estrellas esa noche.

Solo vio aquel cuerpo blanco

rebosando el firmamento de sus ansias.

No hubo reloj que dijera

como pasaban las horas,

tan cortas,

tan apretadas,

tan vacías,

tan intensas... 

Hubo, luego, madrugada

 y un sol nublado, de lluvia,

trepando por la ventana. No hubo mas.

Los espejos le mostraron,

naufrago de noche blanca.

 

 

 

IX.

 

SI HE DE SEGUIR MARCHANDO,

me da miedo

que la noche me alcance por el monte

y me acose en sus sombras

con cuchillos de cielo.

Mis manos, por muy libres, nada pueden,

Contra el turbio esperpento de la luna.

 

Si he de seguir cavando,

en el erial de un mar sin horizonte,

en mis labios, al menos, haya un nombre.

 

Si he de seguir llorando,

dame Señor, para los ojos, lágrimas.

Si he de seguir viviendo en este engaño,

manda tu ángel,

 será dulce su espada.

 

 

 

X.

 

EL ALMA SE ME VA EN GRITOS

que tu ni escuchas ni entiendes,

porque son piedras al agua

de un amor muy diferente.

Por no conocer mas llanto

que el que a la cara se vierte,

no aciertas a ver el mio,

que lleva mucha mas muerte.

 

Te vas, a pesar de todo;

te vas y nada te tiene.

Te vas, como un junco suelto

que se lleva la corriente.

Me dejas, en la hora triste;

cuando el cielo se estremece,

salpicando angustia roja

sobre la tierra caliente.

 

Entre mis dedos, al aire,

los tuyos se desvanecen.

Te vas, amor. Se han helado

los claros de luna verde.

 

 

 

XI.

 

¿ ES LIBRE EL SOL AL ACUDIR - DECIDME -

a su cita diaria con la aurora ?

Y la luna, llegado el plenilunio,

¿ de no mostrarse, es libre, ?

¿ Tiene poder el mar, sobre sus olas ?

El río, cuando nace,

¿ puede elegir el cauce

que habrá de conducirle a su destino ?

El árbol, frente al fuego;

la semilla, respecto de la lluvia;

la nube ante el designio de los vientos,

¿ diríais que son libres ?

 

Y el hombre, por el hecho

de tener albedrío, ¿ es diferente ?...

La respuesta, de una obviedad suprema,

parece afirmativa. Ciertamente,

cuando una encrucijada se presenta

puede elegir camino,

como puede, igualmente,

decidir las pequeñas,

opciones cotidianas de su vida.

Pero decidme, ¿acaso,

podrá, cuando le nazcan, escoger

el país, religión, raza o cultura?...

y, cuando crezca y tenga ya sentido,

su sino y su fortuna

¿ serán los que él decida?

¿ Tendrá poder sobre el amor incierto

que ilumine su vida?

Y en medio de la guerra fratricida,

¿ podrá elegir siquiera

el bando en que su sangre derramada,

impregnara la tierra ?.

 

Lejos del fatalismo, sin embargo,

que las respuestas, sugerir, pudieran,

la libertad existe, no es un mito,

y aunque no es fácil verla sin trabajo,

el hombre la consigue, cuando aprende

a asumir como suyas, dignamente,

- como la luna asume su periplo -,

las cosas que le duelen y no entiende.

 

 

XII

 

NO ME QUITES, SEÑOR, ESTA TRISTEZA

que me hace sentir cerca de lo eterno.

Este amargor espeso

hecho canción con notas de silencio,

que en las lagrimas leves de la lluvia,

en el árbol caido

o en la fuente sin voz, encuentra un eco.

Ella me llevo al alma

cuando el dolor me arrebato la risa,

cuando perdido en medio de la noche

tuve miedo.

Con ella vi que, igual que el río nace

donde funde la nieve,

el alma empieza donde acaba el cuerpo.

En ella descubrí

la belleza tranquila de los árboles viejos;

de cada nuevo sol;

de cada gota nueva

sobre el turbio cristal del pensamiento.

 

No me quites, Señor, esta tristeza,

que vio nacer al hombre

en el recinto estrecho de mi cuerpo.

 

 

 

(2) Ultimos poemas.

COMO UN BOTÓN DE ALMENDRO EN PRIMAVERA;

como el rubor en que se anuncia el día;

como una imperceptible melodía;

como el roce en la piel de una quimera;

como la lluvia, que en la sementera

nutre la entraña de la tierra fría;

como un rumor de mar en lejanía....,

así rompe el amor, su eterna espera.

Así, la vida se redimensiona,

la luz vuelve a ser luz y el cielo herido

vanguardia de una estrella en lontananza.

Así, la soledad, se desmorona,

como prisión del alma, sin sentido,

rotas su rejas, ya, por la esperanza.

 

 

 II

Amaneció lloviendo.

El mar estaba gris, igual que el lecho

- aun tu perfume en mi -

que, insomne, te extrañó toda la noche.

Pero yo lo sabía.

Desde que el astrolabio

señalo tan distantes nuestros rumbos;

desde que me di cuenta de que la piel, despierta,

no es fácil y que tiene

cien millones de poros...

 

Y en tu lugar, la ausencia, vieja amiga,

llegó y le sonreí.

 

 

III

Silenciaré la voz. El sedimento

en que incuban mis versos su latido,

está, de hurgar en él, tan removido,

que ya no se si digo lo que siento;

si vivo lo que digo; si me invento;

si mi llanto es auténtico o fingido,

ni, si el amor que doy como perdido

existió mas allá del pensamiento.

Cada vez más, escribidor de oficio;

cada vez menos, corazón abierto;

cada vez más, prolífico artesano;

cada vez menos yo y mas artificio,

me duele, uno tras otro, parir muerto

todo verso alumbrado por mi mano.

 

 

IV

Hoy como Benedetti

voy a escribir sin puntos y sin comas

sin acentos ni rimas

y voy a decir cosas

como las dice él cuando habla de los curas

que nunca se enamoran de modelos

sino de parroquianas o de monjas

con las que rezan su pasión a dúo

o de boludos que se pavonean

de ser amantes fieles de mujeres

de sus grandes amigos

y la verdad es que me sale fácil

aunque se que me falta valentía

para llamar la vida por su nombre puta

como quien nada dice

para después subirme al carro alado

de una filosofía de garito

y prolongar los versos uno a uno

hasta que se me acabe la cuartilla

hablando del latido del feto no nacido

que ignora la miseria que le espera a la puerta

y de la gran ventura que supone el olvido

de las cosas que importan

recordando tan solo las tontunas

que no nos atormentan

y nos hacen creer que somos alguien

dejándonos dormir como esta noche

después de vomitar

dormiré yo tranquilo.

 

 

V

No dejarás de ser nunca tu misma.

Cambia el nombre, el vestido o la apariencia;

ocluye el tragaluz de la conciencia

y oculta las verdades en el cisma

de tu contradicción. Mas, tu carisma,

candor/malicia, timidez/candencia,

sensualidad, en suma, se evidencia

en cada cara de tu extraño prisma.

Es esa la emoción que te domina;

un juego de bolillos y alfileres

al filo entre el deseo y lo imposible

cuyo bordado alumbra tu rutina.

Por eso, siempre, yo, sabré quien eres,

ya herido de tu voz, dulce/terrible.

 

 

VI

Otra vez esta aquí.

Siete cabezas.

Siete lenguas de fuego que me incendian el alma.

La inquietud del camino que me es desconocido,

que quiero recorrer y que no quiero

que altere el curso lento de mis venas.

El afán de ser parte de la espuma

proyectada

desde la entraña de un mar embravecido

en el que se confunden sin remedio

pensamiento y sentido,

y al mismo tiempo, el inconsciente ruego

de que el sol no deshaga

las sombras protectoras de su abismo.

La ilusión de mañana y el deseo

de esconderme en el tronco vacío de mi hoy inhabitable.

Contradicción.

Cansancio anticipado.

Mordaza de mi pulso.

Cobardía.

Miedo a vivir.

Sencillamente...

MIEDO

 

 

VII

Sobre un mar encalmado, sin ribera

ni velas a lo lejos, floto ausente.

A veces, aun me llega, recurrente,

desde el abismo azul de la quimera,

la luz de una perdida primavera

que ilumina mis ojos y en mi frente

nos dibuja abrazados, diente a diente,

como lenguas de fuego de una hoguera.

Pero es solo un instante. Luego, el cielo

se hace otra vez mortaja. La deriva

marca al albur mi rumbo y adivino

que, como un pez trabado en el anzuelo

de un hermoso espejismo, mientras viva,

su dolor será el norte en mi camino.

 

VIII

Cuando al llegar a casa, me quito los zapatos,

me enjabono las manos limpiando sus ausencias

y cuelgo en el perchero la sonrisa de hielo

que me hace aproximable y me guarda las distancias;

cuando ya estoy seguro de que nadie me observa

ni me escucha, ni espera, ni me busca o controla

el gesto de mis manos o el rictus de mi boca.

Cuando frente al espejo puedo ser yo,

cansado -cada vez mas- del día vivido en el desierto

y descubro, empolvados, cenicientos, los ojos,

estuchados en cuencos de falso terciopelo

e inánime me dejo llevar por la salmodia

que imperturbable mana desde el reloj de péndulo...

Entonces, solo entonces, acierto a darme cuenta

de la farsa que vivo. De lo solo que muero....

 

IX

Te miré. Me miraste. Nos supimos

el punto tangencial de líneas solas

en busca de un destino; caracolas

rumoreando el sueño que perdimos.

Sonreí. Sonreíste. Nos sentimos

mecidos en un canto de violas

que arribaba la sangre, como en olas,

anunciando el amor que presentimos.

Te bese. Me besaste. Nos quisimos

como quien va a morir por la mañana

y no quiere dejar, tras de si, nada.

Te olvide. Me olvidaste. Comprendimos

que un reflejo de sol en la ventana,

no disipa la niebla desolada.

 

X

Las veo descender. Lentas. Sin alma.

Sangradas ya sus venas.

Inútiles.

Traspasadas de vientos inclementes y de húmedas escarchas.

De una en una

desde las ramas que vistieron, verdes,

de efímera mentira,

de la que - ya es noviembre - se desnuda.

Y queda el árbol ( quedo ),

como un grito a la nube suplicándole el rayo;

como un crucificado que no sabe el porqué.

Desnudo.

Lamentando

no haber sido capaz, al fin de tiempo,

de impregnar en amor,

al menos una sola de sus hojas

que hoy - noviembre -

no se volviera ceniciento barro

y volara, como una mariposa, convencida del alba.

 


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