
En el inicio de este siglo XX, los cultos internos eran escasos, exceptuando las novenas del Gran Poder, Pasión y las Tres Caídas de San Isidoro, que siempre tuvieron gran fama. Los septenarios dolorosos más solemnes eran los de las cofradías del Valle y de la Esperanza de San Gil, sin olvidar el de la Amargura. Quinarios no todas las hermandades los hacían, siendo notables los de la O y de la Quinta Angustia. Había cofradías que no celebraban más cultos que una misa cantada en días anteriores a la Semana Santa, e incluso en el propio Domingo de Ramos, ante el paso ya preparado para la estación de penitencia. Había poca vida corporativa. Durante el año los altares en que se veneraban las imágenes titulares aparecían con frecuencia escasamente cuidados. La actividad se despertaba cuando llegaba la hora de la salida procesional. Otros poco cofrades, aún más esforzados, vivían pendientes de su hermandad durante todo el año, reuniéndose en tertulias, que eran como el sustitutivo de las actuales casa de hermandad. Gracias a ellos podía mantenerse la llama sin apagar desde una Semana Santa para otra. Existió un tertulia diaria en el desaparecido café de la Perla (luego Banco Bilbao Vizcaya) compuesta exclusivamente por cofrades de San Isidoro, Con el sacrificio de no usar en el café y de vender los terrones de azúcar, se hicieron algunas prendas para la procesión, entre ellas un juego de ciriales.
También resultaba corto el número de nazarenos. Salvo la del Gran Poder, ya era mucho llevar quince o vente parejas en el primer paso, y diez o doce en el segundo, más las insignias, muchas de las cuales quedaban sin figurar en las procesiones por falta de cofrades.
El número de hermandades que hacían estación era sensiblemente inferior al actual. El Domingo de Ramos comenzaba con la Hermandad de San Roque, hasta que se reorganizaron las cofradías de la Hiniesta (1.906) y de la Cena (1.912). De San Jacinto los hacía el Cristo de las Aguas y la Estrella. Hasta el año 1.923 no hubo cofradías el Lunes Santo, que salió la del Museo, aunque no pudo hacerlo por causa de la lluvia. El Martes Santo, solo lo hacía desde el año 1905, la cofradía de Santa Cruz. El Miércoles Santo salían las mismas que hemos conocido siempre. Casi todas la hermandades tenían un solo paso, figurando el Calvario, excepto el misterio del Prendimiento, y no había más palios que el Refugio y la Virgen de Regla. Desfilaban a primera hora de la tarde, pues la Lanzada tenía que estar fuera de la Catedral a las nueve en punto, y no era raro que se quedase sin entrar porque le cerrasen las puertas ante la mismísima Cruz de Guía. El Jueves Santo hacían su salida procesional la hermandad de Montesión, la de la Coronación que figuró muchos años sin el paso que le daba título, el cual habían desechado por antiestético, hasta que Joaquín Bilbao hizo el grupo actual en 1.922; la Quinta Angustia completó su fisonomía procesionista con el singular paso de 1.904, en madera y bronce para el misterio del Descendimiento. Las dos últimas cofradías, Valle y Pasión, se encontraban con el mismo problema horario que las del Miércoles. La Madrugada es la jornada que menos variaciones ha sufrido dentro del siglo, salvo como es lógico en el aumento de su riqueza ornamental. Cabría destacar la pobreza endémica que sufría la hermanad de los Gitano. Hasta 1.922 la cofradía del Museo desfiló en penúltimo lugar de la tarde del Viernes Santo. Marchaba casi tan poco asistida de público como la Soledad de San Lorenzo, pues la gente solo esperaba ver el paso de la Mortaja que le antecedía, y que entonces era una hermandad musical y bullanguera, apodada con el expresivo termino de "la Macarena chica".
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Monumento que se erigía en la Catedral |
El Jueves Santo en Sevilla alteraba por completo el régimen normal de vida de los sevillanos. Primero los Santos Oficios en la Catedral, casi repleta de fieles, hasta quedar el Santísimo depositado en el Monumento sobre las diez de la mañana. El Monumento que duró hasta el año 1.960, era tan hiperbólica como su Catedral misma, un edificio de madera dentro de otro de piedra. Con un Calvario rampante cuto INRI casi colgaba del techo, 760 luces lo hacían brillar extraordinariamente, sin contar los grandes cirios colocados en los pilares.
Desde esa hora temprana en que el Santo Sacramento quedaba expuesto dentro de la Custodia de Arfe, comenzaba la visita a los Sagrarios, siendo obligadas las de los templos donde había cofradías. Otras iglesias cofradieras que quedaban lejos del centro no eran visitadas por tan gran número de fieles, en virtud de la paralización total de la circulación rodada en todo el casco antiguo de la ciudad.
Un hito revolucionario en la historia del estilo cofradiero se produce en 1.902. Nace el paso de palio en su concepción actual. Desde fines del siglo anterior, tras el incendio de sus andas en plena vía pública, la hermandad de la Amargura venía destacando por sus inquietudes artísticas. En 1.902, Juan Manuel Rodríguez Ojeda proyecta y crea nuevo palio de terciopelo azul, estilo Renacimiento. con caídas curvilíneas terminadas en punta y escudo frontal cobijado bajo una corona real. Esta obra marca la definitiva consagración del bordado sevillano. En la actualidad está en Jerez de la Frontera, comprada en 1.926 por la Hermandad de Nuestra Señora del Desconsuelo.
Con el mismo criterio hay que elogiar la hermosa corona de oro de la Virgen de la Esperanza, primera que se labra en tan rico metal (año 1.913). Su dibujo también es de Rodríguez Ojeda, y la hechura de la Joyería Reyes. Las principales novedades que aporta son la silueta redondeada y el cerco de estrellas, que influirían decisivamente en diademas posteriores. Estos dos descubrimientos junto con los faroles del Gran Poder, estrenados en 1.908, han sido la estructura del llamado hoy en día "estilo cofradiero sevillano".
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Santísimo Cristo de la Clemencia |
La década de los años veinte se inicia con una magna procesión general del Santo Entierro, compuesta por numerosos pasos, la cual ha quedado entre las mayores y mejores que registran nuestros anales. La gran novedad de aquel Santo Entierro Grande fue la presencia del Santísimo Cristo de la Clemencia. En este año se ve el enriquecimiento del Martes Santo con la primera salida de la hermandad de Jesús ante Anás, y en el año siguiente con la reorganización de la antigua cofradía trianera de la Sangre, pero con un cambio total de perspectiva y barrio, por lo que se trata más bien de una hermandad nueva. Ahora se agrupa con el título de Presentación de Jesús al Pueblo, en torno a la bella efigie primitiva de Nuestra Señora de la Encarnación. La fiebre fundacional continua y en 1.923 irrumpe en el Martes Santo la cofradía de la Candelaria. En este año se crea también el Lunes Santo. Compone la primera nómina del Lunes dos cofradías: la del Museo y la de las Aguas. Al año siguiente, 1.924, hay otra procesión nueva en la calle, la de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de los Dolores y le son aprobadas las primeras reglas de la hermandad de los Estudiantes.
Haciendo balance, en 1.925 la nómina cofradiera era:
| Domingo de Ramos | Lunes Santo | Martes Santo | Miércoles Santo | Jueves Santo | Madrugada | Viernes Santo |
| Cena | Penas | Candelaria | San Bernardo | Trinidad | Silencio | Carretería |
| San Roque | Aguas | Bofetá (*) | Baratillo | Negritos | Gran Poder | San Buenaventura |
| Hiniesta | Museo | Santa Cruz | Buen Fin | Exaltación | Macarena | Cachorro |
| Estrella | - | - | Panaderos | Cigarreras | Calvario | O |
| Amargura | - | - | San Pedro | Monte-Sión | Esperanza de Triana | San Isidoro |
| Amor | - | - | Siete Palabras | Quinta Angustia | Gitanos | Montserrat |
| - | - | - | Lanzada | Valle | - | Sagrada Mortaja |
| - | - | - | - | Pasión | - | Soledad |
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Por tal orden figuraban en el libro "Sevilla y la Semana Santa editado por E. Gómez |
(*) En 1.925 era conocida por ese nombre, en la actualidad a cambiado a "Dulce Nombre" |
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A esta lista de hermandades aún habría de incorporarse otra nueva: la de San Esteban, que sale por primera vez en 1.929. De ahí hasta después de la guerra, ya no habría cambios demasiado notables en la composición de la Semana Santa.
Otro aspecto positivo, entre los muchos de la década de los veinte, fue que por fin empezó a ponerse un poco de orden en aquella algarabía de ciriazos, discusiones y encuentros que reportaba la Carrera Oficial. No había la rigurosa reglamentación de nuestros días para el tránsito de las cofradías, por lo que al llegar dos hermandades a un cruce disputaban acaloradamente por querer pasar la una primero que la otra, llegando en muchos la verbal disputa a convertirse en una batalla callejera a ciriazos. Basta recordar el lamentable incidente protagonizado en 1.902 por las cofradías del Gran Poder y la Macarena, con respecto a su antigüedad y orden en la Madrugada donde tuvo que mediar en el asunto el propio arzobispo Spinola estableciendo nueva concordia entre ambas hermandades, que aún perdura.
A diferencia de Spinola, el cardenal Almaraz no era ni siquiera andaluz. Por tanto, tenían que parecerle doblemente escandalosos aquellos escándalos e incompresibles aquellos desórdenes. Pero como reconocía que él no estaba preparado para afrontarlos, prefirió que la reforma viniera desde dentro. Buscó la persona más adecuada para hacerla, alguien que conociera bien el carácter nativo y estuviera curtido en cuestiones procesionales. Así es como Don José Sebastián y Bandarán entra en la escena. La labor de Bandarán fue ardua e ímproba. Atreverse a ordenar un solo día, en incluso una sola cofradía, ya era mucho; cuanto más, la Semana Santa entera.
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Juan Manuel Rodríguez Ojeda |
Nos vamos acercando a 1.929, año del magno certamen iberoamericano. Si en el plano económico e inversionista este certamen resultó un completo fracaso, en el plano artístico marca el cenit de Sevilla. Todo se mejoró, se cuidó y acicaló, con las miras puestas en el acontecimiento. Las cofradías no podían quedar al margen y a la larga lista de estrenos y mejoras durante los años anteriores, se acrecienta todavía más. Juan Manuel, en el ápice de su gloria creadora, tuvo la gran satisfacción de ver como la primera autoridad venía a su casa. Como si este acontecimiento hubiera espoleado su inspiración artística, de ahí hasta el año de su muerte (1.930), todavía pudo despachar los palios de las cofradías de San Pedro y de San Benito, los bordados para la Virgen del Refugio y el manto de tisú de la Virgen de San Gil.
Otro genio también ya había despuntado en el arte de la orfebrería. Cayetano González recibió una Semana Santa de lata y nos la devolvió de plata. En el 27 diseña los respiraderos de la Virgen del Valle, en el 28 labra el fastuoso palio del Silencio, en el 29 el varal de plata de la Amargura.
La Semana Santa de 1.930 fue la última que vivió Alfonso XIII antes de la inmediata hecatombe del gobierno monárquico. Ese año se produce involuntariamente por el cardenal Ilundain, un roce con las hermandades al publicar una pastoral donde se ponía límite a la permanencia en sus cargos a los hermanos mayores y demás cargos directivos de las cofradías. La cofradía de los Negritos, de la que, desde 150 años atrás, habían venido siendo hermanos mayores los arzobispos, destituye al propio Ilundain por llevar también en dicho cargo más años de los aceptados en el Decreto como tope máximo. En las demás hermandades se producen dimisiones y abandonos que paralizan las actividades de orfebrería, bordados y tallistas ante la desconfianza de los cofrades a emprender obras que luego habrían de ser terminadas por otros. Muchos cofrades no perdonaron a Ilundain esta intromisión en sus juntas, ni tampoco que quisiera poner ruedas a las procesiones.
Y se proclamó la Segunda República y los primeros asaltos a conventos e iglesias pusieron en guardia a los cofrades. Ya entonces fueron ocultadas diversas imágenes. En la madrugada del 8 de Abril de 1.932 la parroquia de San Julián se convertía en una inmensa hoguera. Fue imposible salvar a las imágenes de la cofradía de la Hiniesta. El día 10 de Septiembre de 1.933, en la parroquia de San Marcos, era bendecida la nueva Dolorosa.
En el año 1.932 y 1.933 no salieron las cofradías y no porque las autoridades se opusieran, como siempre se ha hecho creer. Las autoridades deseaban que salieran para evitar el trauma que su ausencia supondría a los sevillanos. También lo querían por motivos comerciales y turísticos. Como prueba de la buena voluntad del Ayuntamiento, el alcalde republicano anunció la firma del libramiento para hacer efectiva la subvención municipal a las cofradías correspondientes al año anterior y además reiteró su decisión de organizar la procesión del Santo Entierro siempre que otras 4 ó 5 cofradías estuvieran dispuestas a salir el Viernes Santo. Pero se quedó solo con su idea, porque en los sucesivos cabildos de las hermandades se iban pronunciando por la no salida.
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Nuestro Padre Jesús de
las Penas en su salida el año 1.932 |
La única excepción fue la cofradía de la Estrella. Su salida en solitario en 1.932 y los atentados que sufrió quedó en los tópicos cofradieros para designar a la hermandad con el sobrenombre de "la Valiente". El balance de aquella salida es bien conocida. Desde aplausos y vítores, hasta tiros y cascotes. La demás hermandades se limitaron al culto interno.
En 1.933 no salió ninguna cofradía a la calle, ni siquiera la Estrella. A todo esto, la hermandad de los Estudiantes no podía disponer de sus imágenes, porque el Cristo era propiedad del Estado. Para menguar un poco la nostalgia, algunas hermandades instalaron los pasos dentro de su sede.
Por fin en 1.934 volvió a celebrarse externamente la Semana Santa. Solo salieron a la calle 13 cofradías y es mucha casualidad, que todas estas cofradías eran de las llamadas "populares". Las "serias" preferían seguir guardando un discreto enclaustramiento.
En 1.935 ya salieron todas la cofradía, inclusive la de los Estudiantes. E igual ocurrió en 1.936. Pero la noche del 18 de Julio de 1.936 el cielo de Sevilla quedó iluminado por el resplandor que subían de tantas iglesias convertidas en hornos. San Gil, quedó destruida pero la Virgen de la Esperanza ya no estaba allí. La hermandad de la Hiniesta de nuevo perdió a sus imágenes en el incendio de Santa Marina. Ominoun Sanctorumm, la capilla de Monte-Sión, San Juan de la Palma fueron pasto de las llamas, pero los hermanos habían sido previsores y sus Titulares se salvaron. No tuvieron esa previsión en San Román, San Bernardo, San Roque donde se perdieron efigies cofradieras de gran devoción. En Triana las imágenes de la cofradía de la O, sufrieron profanaciones. El Cachorro fue salvado por la acción de Salvador Dorado Vázquez, "El Penitente" que consiguió disuadir a los que venían para invadir la capilla del Patrocinio.
Las destrucciones dejaron un triste balance, hubo algunas hermandades que se quedaron prácticamente sin nada. Otras lograron salvar parte de sus elementos, pero perdieron sus imágenes, y otras salvaron imágenes pero perdieron diversos elementos. Las perdidas más sensibles fueron dos íconos góticos de seculares tradiciones: el Cristo de San Agustín y la Virgen de la Hiniesta, también hay que lamentar que ardiera la Dolorosa de esta última hermandad. El singular Cristo de la Salud de San Bernardo, el misterio completo del Desprecio de Herodes, el imponente Nazareno de los Gitanos y su Virgen y, aunque ya no procesionaba, un antiguo Cristo Crucificado de la Hermandad de la Macarena desaparecieron para siempre pasto de las llamas.
Otra consecuencia de aquellos sucesos fueron las efigies que tuvieron que ser restauradas por exceso de celo conservador, ya que fueron ocultadas en lugares subterráneos. Sufrieron los efectos de la humedad de Sevilla las figuras de la Quinta Angustia que fueron guardadas en la cripta y la Virgen de Regla que lo fue en un enterramiento, de sus respectivas capillas.
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Una de las Marías y San Juan de la Hermandad de Sagrado Descendimiento, afectadas por la humedad de su escondite |
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Las dos ocultaciones más famosas, por la categoría de las imágenes, por el matiz novelesco y por el acierto previsor fueron la de la Amargura y la de la Macarena. Las dos imágenes fueron metidas en embalajes de madera y camufladas como mercancía comercial fueron llevadas a domicilios particulares. La Macarena era sacada de madrugada y metida en una camioneta, a la Amargura la sacaron en su caja a plena luz del día, para que el estrépito de la calle Feria, sede del "Jueves" diera mayor naturalidad y disimulo a la operación. Pasado el peligro, la dos bellísimas imágenes volvieron en perfectas condiciones.
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La Amargura en el cajón que la ocultó durante aquellos días de 1.936 |
La Macarena inmediatamente después de ser sacada de la caja. |
Acabada la guerra, 1.939, se funda una hermandad de excombatientes que desean rodear de espiritualidad los términos "victoria" y "paz". En mayo de ese año salió en procesión el Señor de Gran Poder, llevándole a la Catedral para dar gracias por la terminación del conflicto. Se cierra así en Sevilla unos de los episodios más triste de la historia.
Desde 1.937 se inicia el pontificado en la Silla Hispalense del cardenal Segura, que se caracterizó por su reglamentismo, por la abundancia de disposiciones y por decretos. Tan celosa actitud, rayana en el intervencionismo, originó un respeto hacia su persona, no exento de cierto cauteloso miedo.
En 1.940 permite que vayan las mujeres en las procesiones, pero luego lo deniega de forma determinante. Estuvo acertadísimo al dar los pasos necesarios para proclamar a la Virgen de los Reyes como Patrona de Sevilla y su Archidiócesis.
La autoridad eclesiástica no se andaba con chiquitas y prueba de ello la tenemos en el fulminante correctivo aplicado a la recién nacida cofradía de Jesús Despojado, que solo llegó a salir dos veces a la calle y que no volvería a ser autorizada para incorporarse a la Semana Santa hasta 1.975.
En la Semana Santa de 1.943 se registró un lamentable incidente. Cuando la Virgen de la O se hallaba en la calle San Jorge de regreso a su iglesia sobre la una de la madrugada, un tranvía arrolló el paso. Fue verdaderamente milagroso, casi inexplicable que no ocurrieran desgracias personales, porque aparte de que al paso lo rodeaba en aquel momento una buena cantidad de gente, tenía todos los costaleros debajo. Hasta las tres de la madrugada no se pudo separar la imagen de la Santísima Virgen que envuelta en un paño la llevaron a la iglesia entre cuatro hermanos. Ese momento fue de verdadera emoción, ya que en el pequeño trayecto se hizo entre un público que arrodillado rezaba y lloraba conmovido. Después se siguió trabajando para recuperar los demás objetos de las andas, terminándose los trabajos a las seis de la madrugada.
En acción de gracias por no haber tenido peores consecuencias este accidente, la Virgen de la O fue llevada el 29 de Mayo siguiente a Santa Ana, donde se hizo solemne función.
En 1.944, aún a pesar de estar lloviendo, salió por primera vez el Cristo de la Vera Cruz. Dos años después la cofradía de la Hiniesta ya estaba otra vez en su restaurada sede de San Julián. En ese mismo año, 1.946, la Virgen de Gracia y Esperanza salió sin corona por haberle sido robada.
Durante 1.948 se cumplía el centenario de la conquista de Sevilla. Para la Semana Santa se había preparado una procesión general del Santo Entierro, cuyo cortejo iba a ser el más completo e imponente de todos los siglos, de todos lo recuerdos, de toda la historia. Pocas veces se ha registrado una frustración mayor. Cuando ya estaba todo en marcha y apunto de salir de San Gregorio el cortejo alegórico, un furioso temporal desbarató tantos esplendores. Las cofradías que con regularidad matemática habían ido presentados sus diversos pasos en los puntos de enlace con la Plaza del Duque, tuvieron que refugiarse en la Catedral, el Salvador y templo de la Universidad.
Otro rasgo notable de este año 48 fue la primera salida de la nueva cofradía de San Gonzalo. Al año siguiente, el 18 de Marzo de 1.949, era bendecido el nuevo templo de la Macarena.
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