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ECOLOGIA PROFUNDA La especie humana ha sabido siempre adaptarse a los problemas de supervivencia a los que se ha enfrentado desde que habita la Tierra. De nuevo hoy, la actitud de la cultura occidental amenaza la evolución natural del Planeta y la continuación de muchas especies. Aunque culturalmente hemos perdido el estado de gracia, como humanos podemos reintegrarlo; ahí empieza la ecología.
Vivir integrados en la creación La cultura occidental piensa en términos de recursos naturales cuando considera las riquezas naturales del Planeta. El agua y el aire, elementos que se pensaban bienes imperecederos , empiezan a ser recursos frágiles cuya carestía es bien difícil de remediar. Por eso, cuando se analizan profundamente las consecuencias de la explotación planetaria nos embarga la tristeza... es como un duelo hacia la vida y hacia nosotros y los seres queridos. La sensación de impotencia puede ser paralizante... ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo ser de nuevo parte íntegra de la vida planetaria? ¿Cómo extraernos de una economía inmoral y parásita? ¿Cómo impedir este genocidio planetario, este suicidio colectivo? ¿Qué pasa hoy en el mundo civilizado y sus colonias económicas? Una economía basada en el crecimiento continuo no puede mantenerse indefinidamente, no es durable. Pero admitir esto es tener que admitir que nuestro sistema es falso... y, claro, antes acabar con minorías, empezar guerras, reprimir, suprimir pueblos enteros... que admitir nuestro error. Mientras tanto la espiral de causa-efecto sigue su movimiento inexorable y las consecuencias de este error fundamental siguen produciendo catástrofes; Doñana hoy, Chernobyl ayer... estamos en la hora de la suma. Permacultura, pensamiento global La originalidad de la Permacultura es que al mismo tiempo que realiza un diseño práctico en la materia, aprendemos a pensar globalmente, a ver conexiones. Y cuando atravesamos el vértigo inicial de usar nuestra mente en múltiples y simultáneas direcciones sentimos una paz profunda, permitiendo al cerebro funcionar con sus hemisferios complementarios, en armonía creativa, manifestándose aquí y ahora, sin parasitismo... Para sentirnos bien con nosotros mismos tenemos que sentir que también el planeta se siente bien, todo está en todo y nosotros no somos excepción; aunque culturalmente hemos perdido el estado de gracia, como humanos lo podemos reintegrar y ahí empieza la ecología. Remediar la sobreexplotación Personalmente considero que tener que desestructurar el suelo y mantenerlo fértil artificialmente cebándolo con abonos, compost, etc. es un error que se lleva practicando desde los inicios de la agricultura y ya es hora de remediar este fallo responsable de tantísima erosión del planeta. La Agricultura Sinérgica que yo practico se ha desarrollado a partir del trabajo de Fukuoka -agricultor japonés precursor de la Permacultura- y se trata de una agricultura que permite al suelo mantenerse salvaje a pesar de estar cultivado, pero con ciertas adaptaciones como puede ser el uso de máquinas. Esta agricultura tiene su técnica y no se la puede definir como del No Hacer, ya que mantiene una dinámica salvaje en un suelo cultivado fértil y sano, lo que requiere mucho cálculo y organización en el trabajo. La Reforma Agronómica que supone el trabajo de Fukuoka permitirá alimentar a la población humana en expansión cuando el transporte, el petróleo y tantos elementos necesarios en las agriculturas convencionales falten. Esta agricultura auto-fértil tardará en ser adoptada, pero ahí está para acudir en ayuda de la gente y del planeta. Emilia Hazelip, agricultora sinérgica |
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¿Qué es la Agricultura Sinérgica? |
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Trabajando sobre bancales, de 120 cm de ancho y 50 cm de altura, el suelo se cubre con acolchado, capa de restos orgánicos que actúa como un filtro protector entre la superficie de la tierra y los gases atmosféricos, la fuerza desecante del sol y la compactante y erosiva de la lluvia y el viento. Cobertura que también actúa como abono de superficie que va alimentando a la tierra de arriba a abajo. Así se establece en el suelo un equilibrio perdurable entre sus habitantes, sean lombrices labradoras de las profundidades, lombrices rojas del mantillo o los billones de toda clase de seres microscópicos vegetales o animales que viven y mueren en su seno. En ningún momento se les traumatiza con cambios en su hábitat. Imitar lo que hace la naturaleza implica dejar la tierra siempre cubierta con un acolchado, sólo abierto en los espacios o líneas de siembra. El acolchado se va transformando en mantillo, en humus. Para que la tierra disponga de materia orgánica dentro de sí, sin que haya necesidad de enterrarla, siempre se dejan descomponer dentro las raíces, excepto las que se cosechan. Estos restos participan en la flora intestinal de la tierra, y esta a su vez permite la nutrición de las plantas. Cuando la fertilidad de la tierra no se pierde a causa de la erosión, no hacen falta compensaciones constantes en forma de cualquier clase de abono, como el estiércol, y la fertilidad se mantiene por sí sola. Incumbe a las personas de espíritu pionero empezar a practicar y ayudar a otros a realizar esta agricultura del próximo milenio, utilizada ya en países con densidad de población elevada y escasez de medios. E.H |
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