"Mientras los dos discutían, el japonés se puso la mano detrás de la espalda al cinturón y sacó un cuchillo, y esgrimiéndolo en el aire se acercó. Cuando el japonés estaba lo suficiente cerca para clavar su arma, se echó sobre su oponente. En un instante el Coreano paró el ataque y con el brazo izquierdo lanzó un golpe de revés que se estrelló contra la cara. Hubo un ruido horroroso, como cuando se raja una sandía madura. El japonés estaba muerto antes de caerse al suelo, matado de un solo golpe. El Coreano tuvo suerte porque el japonés era un mafioso sospechoso de varios asesinatos: el tribunal le dejó en libertad con un severo aviso."

Ese incidente quizás fue el punto decisivo en la vida de Hyung Yee de 24 años, quien más tarde adoptó el nombre japonés de Masutatsu Oyama. Sus puños eran fuertes, demasiado poderosos para golpear la carne y huesos humanos. Oyama se dedicó a pelear contra bestias salvajes, con la única ayuda de su manos, a destrozar árboles y piedras, botellas y tejas, ladrillos y tablas. En 1960, el New York Times le llamó "el hombre más duro del mundo". Pero según Oyama, "El hombre más poderoso del Karate es también el más débil. El se da cuenta de que puede matar a un hombre con un solo golpe y entonces ha de aprender a controlarse. Empecé a tener pesadillas en las cuales la mujer de ese hombre japonés lloraba por la muerte de su marido", dijo Oyama. En ese momento decidí cambiar mi vida completamente. En vez de convertirme en un líder de una banda, elegí otro camino en la vida y me convertí en Instructor de Karate".

La vida del Maestro

Nació en 1923 en el sudoeste de Corea, unas 180 millas al sudoeste de Seúl. Era el cuarto hijo de Sun Hyung, en una familia de seis chicos y una chica. Oyama vivía en una finca bastante grande y su padre era terrateniente y alcalde del pueblo.
Oyama asistió al colegio primario Yongee donde jugaba fútbol y participaba en carreras de cross, pero muchas veces hacía novillos e iba a nadar, pescar, hacer montañismo con sus amigos. Su entusiasmo juvenil, sin embargo, lo reservo para el "Chabee", una combinación coreana de Jujitsu y Kempo. En el colegio daban clases de Chabee y el pequeño Oyama de 9 años nunca faltaba.

En esa época un jornalero de Corea del Norte fue a trabajar para el padre de Oyama. El nuevo trabajador era un experto en Artes Marciales. Después de días de persuasión, el niño consiguió que le enseñara Chabee y Boxeo Shaolin. Entre los 9 y 13 años, Oyama practicó todos los días con el experto coreano. Dejó las clases sólo cuando tuvo que irse a vivir con su tía en Seúl para asistir al colegio secundario. Como Oyama siempre andaba metido en peleas con los otros tipos duros en la calle, fue enviado a Japón a una academia militar en la prefectura de Yamanashi.

En 1937, Japón en guerra con China, estaba convirtiéndose en un campo armado. El joven coreano rápidamente aprendió japonés y cambio su nombre. Durante los dos años que estuvo en Yamanashi empezó sus estudios de Karate Shotokan. Pero Oya- ma no quedó satisfecho con su enseñanza y se fue a Tokio para seguir su aprendizaje. El joven, entusiasmado por el Karate, se matriculó en la Universidad de Taku- shoku, la cual por aquel entonces ofrecía pocas clases de Karate. Sin embargo, ya había sido aceptado para entrenar donde, Gichin Funakoshi, el padre del Karate, daba clases con su hijo. Durante dos años, dos horas al día, Oyama estudió Karate con Funakoshi, y poco a poco se convirtió en una máquina mortal de lucha. Cuando cum- plió 18 años, Japón estaba a punto de entrar en guerra con América e Inglaterra. Oyama fue recluta- do por el Ejercito Imperial. Estacionado en Tokio, no perdió tiempo en apuntarse al Kihokai, una sección del Butokukai especializado en la enseñanza de espionaje y tácticas de terrorismo guerrilla.

Sin saberlo Oyama, una banda de 15 estudiantes de Kihokai opuestos al presidente Hideki Tojo conspiraron para asesinarle. La conspiración fue descubierta y los líderes se hicieron Hara Kiri pero los otros miembros, incluyendo Oyama, fueron encarcelados. Dos semanas más tarde Oyama fue liberado, y quedó muy afectado por la traumática expe-riencia.
En esa época Oyama conoció al coreano Cho Hyung Ju, especialista en Goju Kai, y durante los siguientes dos años, Oyama estudió con él. Más tarde, durante los agitados días de la postguerra, Oyama se reencontró con Cho Hyung y una vez más se hizo su estudiante. Pero después de un año de entrenamiento intensivo, su Profesor le dijo, "Te he enseñado todo lo que se. Solo pelearás más y mataras más gente si sigues esta manera de vida. Te aconsejo que vayas a un Templo y medites el camino que tomara tu vida: desperdíciala o ponla al servicio de algo positivo".

Fue arreglado que Oyama trabajara en un Templo budista en Mt. Minobu y durante los siguientes tres meses se ocupó todos los días desde el amanecer a la medianoche cortando leña, transportando cubos de agua, y otras tareas domésticas. Pero la vida de monasterio no le iba al inquieto Oyama, quien se quejaba que no tenía tiempo para entrenar.
Poco después de su vuelta a la capital, Oyama fue presentado al Tenshichiro Ozawa, un político y hombre de estado. Ozawa convenció a Oyama que debería ir a las montañas otra vez y quedarse allí por lo menos un año, viviendo solo, persiguiendo una vida simple, practicando Karate y desarrollando su fuerza.

Mas Oyama viajó al Mt. Kiyosumi en la cercana prefectura Chiba. Allí vivía en una pequeña y rústica choza con vistas al océano Pacífico en el borde de la península Boso. Ozawa le envío 50 dólares cada mes para cubrir sus gastos.
Mes tras mes, Oyama practicó Karate siete horas diarias así como meditación. Paseaba por el bosque cortando ramas de los árboles y destrozando piedras. Pronto desarrolló callos tan gruesos y duros que los cantos de sus manos parecían machetes y sus puños unos martillos.

Después de 18 meses, dejaron de llegar los cheques de Ozawa y se rumoreaba que estaba involucrado en escándalos de corrupción y que había sído encarcelado. Entonces bajó Oyama de su refugio al pueblo de Tateyama, al lado de la playa. Los vaqueros japoneses debían asombrarse cuando un tipo delgado, salvaje, y con el pelo largo, iba a sus ranchos y pedía pelearse con uno de sus toros con sus manos desnudas. "Todos pensaban que estaba loco", recuerda Oyama, "pero seguía rogando una oportunidad". La reputación de Oyama creció debido a sus luchas contra toros. De cuarenta veces que lo intentó, en 36 ocasiones corto los cuernos de un golpe de "Shuto" y mató tres toros retorciéndoles el cuello.

Oyama en el Madison Square Garden

En el año 1960, Mas Oyama finalizó y publicó su libro "¿Qué es Karate?", viajando a Nueva York para promocionar su obra y extender el Arte del Karate.

Oyama causo sensación allá por donde fué y permaneció en la ciudad de los rascacielos por un periodo de cuatro meses en los que no paró de realizar exhibiciones y abrir delegaciones de su método. Aunque fue en el año 1961 cuando cambió el nombre de su estilo de Karate y lo bautizo como "Kyokushínkaí", no fue hasta el 1963 que Mas Oyama construyó el Cuartel General de cuatro plantas en lkebukuro, Tokio. El Dojo principal está en el segundo piso, pudiéndose acceder al entrenamiento en otros Dojos de dimensiones más reducidas en el sótano y primer piso. Más de 200 karatekas entrenan allí diariamente y Mas Oyama afirmaba que probablemente hubiese 20.000 practicantes de Kyokushinkai en Tokyo y unos 50.000 en todo Japón. Su sistema está en más de 45 países y no fue hasta el año 1969 que se celebró el primer "All Japan Karate Tournament" bajo su supervisión.

Antes de retirarse deseó hacer realidad un sueño. Crear un gigantesco centro de Karate que sirviese como Central para una Federación Internacional de Karate... "tardaré años en conseguirlo, pero una vez que esté hecho, me podré retirar tranquilo".

Finalmente, su sueño no pudo hacerse realidad. En Mayo de 1994 murio víctima de una enfermedad. A pesar de su controvertida personalidad, para unos orgullosa e insolente, a todos los practicantes que no pudimos conocerle, lo tendremos siempre en un rincón de nuestros pensamientos, como ejemplo de disciplina física y espiritual. Descanse en paz, Masutatsu Oyama...

OUS!


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