Primer viaje a Ibiza, verano de 1993

Este viaje constituye uno de los mayores compendios de errores que pueden cometerse en navegación. Por suerte ninguno tuvo efectos desastrosos por lo que hay que agradecer las enseñanzas adquiridas.

El plan de viaje era navegar desde Valencia a Denia y de allí a Ibiza. Disponíamos de toda las información necesaria (cartas náuticas, libro de fondeos en las Baleares, etc...). Además un amigo me había dejado un GPS portátil (en aquella época los GPS no eran tan habituales como ahora). El problema es que el GPS gastaba las pilas en un momento, y además necesitaba muchísimo rato para inicializarse, por lo que su uso fue muy esporádico –aunque determinante al final de la odisea-.

Valencia-Denia

Solo navegábamos una pareja y un niño de 3 años. El viaje a Denia fue bastante bueno hasta una 10 millas antes de llegar, momento en que hubo que arrancar el motor por falta de viento. Primera incidencia: no queda batería. Se me había ocurrido comprar una nevera portátil barata y la llevaba conectada todo el tiempo. Resultado: no quedaba nada de carga en la batería. Moraleja: cuidado con los consumos y conviene llevar siempre dos baterías, y una de ellas utilizarla solo para el motor. Si no llevamos repartidor de carga, habrá que asegurarse de que la batería del motor esté siempre cargada. No llevéis neveras de las que se enchufan al mechero y son baratas: están siempre en marcha, consumiendo unos 5 amperios, y encima apenas enfrían. Solo pueden tener alguna utilidad mientras el motor esté en marcha.

Bueno, sin motor ni casi viento las 10 millas que quedaban podían ser duras de pelar. Y lo fueron. De entrada ya era de noche y no reconocimos Denia hasta que, de repente, vimos una escollera justo delante de la proa y estuvimos a punto de tragárnosla. Tras varios bordos conseguimos entrar por el canal de entrada al puerto. Parecía que el día aún reservaba sorpresas, así que justo cuando entraba y llamando al Club Náutico de Denia explicando que no llevaba motor y necesitaba remolque, empezaron los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo. Debían ser bonitos pero la verdad es que me preocupaban otras cosas, y no los disfruté mucho. El caso es que, imagino que por los fuegos, no aparecía ningún remolque, por lo que empecé a dar vueltas a la entrada del Club. Intenté fondear pero el ancla garreaba (o eso me parecía a mí, tampoco es que tuviese mucha experiencia en la maniobra). A cada vuelta estaba más cerca de tierra y de unos pilones de cemento que salían de la superficie del agua a unos tres metros de la orilla. Empezaba a preocuparme seriamente, e incluso pensé en ponernos los chalecos salvavidas ya que por la deriva del barco no pensé que pudiese dar más de un bordo más sin chocar. El cuadro era un tanto esperpéntico: mar el calma completa, algo de viento de levante (es decir, soplando directamente hacia tierra) y en peligro de naufragio. Por suerte apareció en ese momento la barca del Club que nos llevó a amarrar abarloados a otro barco. Después de los años de experiencia que he podido adquirir, no se me ocurriría ahora ponerme a dar vueltas de esta forma. Es mucho más sencillo entrar en el Club a vela y buscar un buen sitio donde ir a parar, aunque sea a costa de un pequeño golpe si uno no es capaz de frenar el barco o encontrar un lugar contra el viento. Ante la perspectiva de estrellarse contra las rocas, cualquier alternativa es válida.

Denia-Ibiza

Bueno, tras el susto de la llegada, pasamos tres días en Denia antes de cruzar el “charquito”. El viaje fue una maravilla aunque con poco viento, por lo que el motor estuvo todo el tiempo en marcha. No apunté el tiempo de trayecto pero debieron ser unas 11 o 12 horas para recorrer 53 millas, lo cual no está mal para un velero de 24 pies. Elegimos Cala Vadella para fondear porque nos venia más cerca y allí no quedamos unos días.

Fondeo en Cala Vadella (año 2002)

Fondeo en Cala Vadella

Los primeros días fueron maravillosos pero después se montó una buena tormenta con vientos de poniente fuertes. No podíamos salir de la cala y el mar se movía tanto que tuve que buscar un lugar en tierra para alojarnos. Lo pasé realmente mal con miedo a que el muerto al que estaba amarrado cediera y mi “precioso” barco acabase en la playa.

Por fin un día el viento cedió un poco y decidimos seguir viaje hacia Formentera. La verdad es que el estado de nuestros nervios no era el mejor pero había que hacer algo. Al arrancar el motor noté que el humo del escape era muy blanco, pero no le día demasiada importancia. Al ir a salir y dar gas, una vez sueltos del muerto, empezó a pitar la alarma de temperatura. Me apresuré a parar el motor y sacar el Génova. Y, como las desgracias nunca vienen solas, el enrollador se atascó. Empecé a tirar del cabo para desenredarlo y de repente se rompió el estay de proa. Seguramente debido al mal funcionamiento del enrollador el cable había sufrido mucho y terminó por romperse. Así que ahí estaba yo, sin motor y con el estay roto. No recuerdo como conseguí volver a amarrarme al muerto.

Las cosas iban poniéndose de mal en peor. No podía pensar en una reparación en la cala (aunque lo intenté) por lo que no quedaba más remedio que conseguir un remolque hasta San Antonio. Al final la barca que pasea turistas nos remolcó hasta San Antonio por un precio más o menos razonable.

Estuvimos varios días en San Antonio reparando. Mientras cambiaban el estay, un mecánico me dijo que el motor estaba gripado. El anterior propietario había anulado la alarma de presión de aceite y probablemente me había quedado sin aceite durante el tramo Denia-Ibiza. Podía dejarlo al ralentí sin casi carga pero en el momento en que le exigías un poco se recalentaba.

Así que la perspectiva era poco halagüeña: tenía que volver sin motor (no podía ni plantearme arreglarlo o cambiarlo ya que, además del tiempo que hubiese supuesto, no podía ni pensar en el coste). Decidí enviar a mi tripulación en Ferry a Valencia y hacer la travesía San Antonio-Valencia directa (desde entonces todos los viajes que hice entre el año 1999 y el  2002 los hice en solitario y directamente desde Valencia hasta Ibiza sin pasar por Denia).

Me quedé varios días en San Antonio comprobando la meteorología. Hacía un tiempo excelente y las previsiones eran optimitas. Así que un día decidí partir. Salí a vela desde San Antonio y pasé la primera parte del día muy plácida, demasiado lento (sobre los 3,5 nudos) pero con una navegación realmente agradable. Sobre las siete de la tarde empecé a ver delante un panorama literalmente negro: se veían nubes y relámpagos muy lejos justo en la dirección a la que me dirigía. Debía estar entonces sobre la mitad del camino (no había encendido el GPS para conservar las pilas hasta ver tierra y orientarme).  Decidí llamar a mi casa. Al igual que los GPS, los teléfonos móviles tampoco eran tan comunes como ahora en el año 93, así que llamé por el canal 16 del VHF y desde ahí me conectaron a un teléfono fijo, gracias a un sistema que entonces tenía Telefónica. Me dijeron que estaba pasando encima de Valencia una tormenta de viento, lluvia, truenos y rayos impresionante. Bueno, mi única esperanza es que se desviase de su curso actual, que era pasarme justo por encima.

De repente me di cuenta de que el tensor del estay, que me acababan de cambiar, estaba a punto de soltarse. Corrí a proa y. mientras intentaba asegurarlo, empezó a soplar un fuerte viento que me obligó a correr a popa y soltar la escota de la mayor. Mientras hacía esto, se soltó el estay. Me empecé a preguntar si había un complot contra mí, porque la verdad es que mi situación era poco dada a alegrías: sin motor y sin génova, sin jarcia que soporte el mástil en proa, en un barco de 24 pies y con una tormenta llegando.

El paso de la tormenta fue bastante desagradable. No tuve en ningún momento sensación de peligro, pero los bandazos eran de más de 30º de un lado a otro. Al no tener ninguna propulsión, tampoco tenía gobierno y era como un corcho entre las olas. No sé como serán las tormentas en el Atlántico, imagino que mucho más fuertes tanto en la fuerza del viento como en la altura de las olas, pero en el Mediterráneo se forma un caos de olas que llegan por todas partes. Incluso a veces da la sensación de que las olas se crean de la nada en un punto determinado. Esto hace muy difícil intentar poner un rumbo más propicio contra ellas.

El caso es que, como siempre, la tormenta pasó. Durante ese tiempo, contacté con Castellón Radio (que era la emisora VHF correspondiente a la zona) para que me confirmasen el parte meteorológico. Después de años navegando, ahora no lo haría, porque ya me he acostumbrado a la cantinela “variable 2-3 con brisas, marejadilla” aún cuando se vuelan hasta las hamacas de la playa. No tengo ni idea de donde estará la emisora pero el caso es que allí no sabían nada de ninguna tormenta. Si no llega a ser por mi conversación telefónica anterior, hubiera pensado que nadie me creería al llegar.

Tomé varias medidas del GPS y tengo enmarcada en mi casa la carta náutica donde están anotadas las situaciones durante la tormenta. A unas cinco millas de Valencia no quedaba nada de viento y el mar estaba en perfecta calma. Tuve que llegar con el motor al ralentí, y mi aspecto y el del barco debían de ser lamentables. Las cuatro últimas horas (hasta las 9 de la mañana, hora en que amarré) las hice a 1 nudo.

No hay moraleja en este cúmulo de desgracias que fue este viaje, más que la tan manida frase de que “todo el material debe estar en buen estado”. Claro que sí, pero el problema es saber cuando algo está en buen estado o no. El estay que se soltó acababa de ser montado, lo que demuestra que es muy difícil saber quien te puede realizar una reparación con garantía.

Tras ese verano el barco tardó tiempo en volver a navegar, pero lo primero que hice fue cambiar toda la jarcia fija. Nunca quiero volver a sentir el miedo de que el mástil se me caiga encima.

En las fotos las olas siempre parecen mucho más pequeñas....

Vuelta a la página principal

Segundo viaje a Ibiza año 1999

Valencia-Ibiza

Resumen del viaje

Salida :             7/7/99     a las 19h20m

Distancia :         87,4’

Vel.Media :        3,6 nudos

Duración :         24h00m

Descripción del trayecto

En este primer trayecto directo desde Valencia pude comprobar que el mar como el viento son (como no) generalmente opuestos al rumbo.

Salgo con fuerza 4-5 y viento SE. Dado que solo a motor es imposible remontar la mar tengo que hacer bordos. La idea es hacer un bordo mar adentro y otro de vuelta hasta cruzar la línea ideal de trayecto, con todas las velas fuera y apoyo del motor..

Durante toda la noche las olas son muy grandes (al menos para un barco de 24’) por lo que hasta el amanecer el trayecto es duro.

Tras la salida del sol puedo ir adaptando el rumbo al correcto. A las 11h se enciende la alarma de temperatura del motor. Compruebo que el rotor de la bomba del agua está roto y lo cambio (siempre hay que llevar uno de repuesto). A las 14h el motor funciona de nuevo sin problemas.

A las 15h45m aparece un grupo de unos 20 delfines. Juegan un rato alrededor del barco y una pareja me sigue un buen rato.

El último tramo se hace duro porque hay que hacer bordos y no reconozco la entrada de Cala Vadella (aún no la tengo marcada en el GPS). Por fin a las 19h20m me amarro a un muerto en la cala.

Anécdotas

Por el mal estado del mar al principio, o los nervios, o lo que sea, me cojo un buen mareo las primeras tres horas. No soy muy propenso a marearme pero sé que siempre puede ocurrir, aunque navegues muchos días al año.

Costa de Ibiza a la llegada

Ibiza-Valencia

Resumen del viaje

Salida :     16/7/99 a las 10h30m

Distancia : 79,4’

Vel.Media: 4,8 nudos

Duración : 16h25m

Descripción del trayecto

¡Qué diferencia tener el mar y el viento a favor! Además de la distancia menor de recorrido, la media es sensiblemente superior.

Salgo a las 10h30m con un tiempo excelente. A mediodía, se levanta un fuerte viento de popa con olas altas que me acompañarán hasta 3 horas antes de llegar.

A media tarde me adelanta el Ferry de Transmediterranea con mi familia. Me dicen que se me ve muy pequeño en medio del mar.

El viaje es magnífico sobre todo por la velocidad, pero dado que tengo el mar de popa el piloto automático no es capaz de controlar el rumbo y me veo forzado a llevar la caña todo el viaje, sin poder entrar en la cabina a prepararme algo de comer (por suerte siempre preveo esta posibilidad y llevo bocadillos como para llegar a Africa).

Al final pongo el motor las últimas 3 horas solamente porque no hay viento.

Anécdotas

Al atardecer pesco un atún de unos 3 kilos (siempre llevo la caña al curricán en estos trayectos, si no hace demasiado mal tiempo).

Salida de Cala Vadella

Vuelta a la página principal

Tercer viaje a Ibiza año 2000

Valencia-Ibiza

Resumen del viaje

Salida :     12/8/00 a las 17h45m

Distancia : 82,1’

Vel.Media : 4,2 nudos

Duración : 19h37m

Descripción del trayecto

Durante las primeras horas es una fotocopia del viaje el año anterior. A las 19h estoy haciendo bordos con buena velocidad (4,5-4,9 nudos) pero con una VMG de apenas 3 nudos. Sin embargo durante la noche el mar queda en calma y el trayecto es muy agradable. El único punto negativo es el ruido del motor ya que solo a vela apenas avanzo. A las 13h25m llego a Cala Vadella sin más novedad.

Anécdotas

Durante la noche, no anoté a qué hora, me ocurrió algo muy curioso. Estaba dormitando en la bañera cuando de repente oigo un ruido. Me incorporo y veo a mi lado una zodiac bastante grande con dos enormes motores y ningún tipo de iluminación. Me alumbran y se van a gran velocidad. En el momento pensé que era la patrulla de la Guardia Civil, que acostumbra a acercarse por la noche con unos focos muy molestos y grandes olas, pero no lo tengo muy claro, ¿serían traficantes?

Fondeo en Cala Conta (Ibiza)

(Nota: el mío es el de detrás)

 

Ibiza-Valencia

Resumen del viaje

Salida :     26/8/00 a las 15h15m

Distancia : 80,1’

Vel.Media : 4,4 nudos

Duración : 18h2m

Descripción del trayecto

El día anterior viene un amigo a hacer el trayecto. Normalmente no acepto acompañantes pero él tiene un barco un poco más grande que el mío, y le aviso de lo que le puede esperar.

El día anterior hace mucho calor y hay unas nubes extrañas encima de la isla. El 26 amanece un día extraño y el viento es bastante fuerte.

Decidimos salir y si la cosa se pone mal, ir hacia San Antonio. Salimos bastante tarde porque tengo que cargar el barco con todos los trastos de la familia, que han quedado en el apartamento. Todavía no tengo el anexo por lo que lo hago con una piragua de playa. El espectáculo no tiene desperdicio: verme con la piragua llena de trastos y maletas y otra barca hinchable detrás a remolque igualmente llena hacia el barco constituye una de las mayores atracciones en la playa para los turistas.

Desde la salida tenemos un fuerte viento SSO. Pronto tomamos un rizo y poco después el segundo (y no quedan más). Tenemos el génova con varias vueltas y pese a ello tenemos puntas de 7 nudos (que para 24’ de eslora es una alta velocidad).

Durante todo el trayecto el parte anuncia viento de norte fuerza 5 y marejada. Nos tiene mosqueados el que el viento sea todo el tiempo del sur.

De repente, a las 0h50m para el viento por completo. Ponemos un rato el motor y de repente entra un viento fuerte justamente del norte.

Todo el trayecto tenemos el viento de través, muy fuerte (fuerza 5 y rachas de 6). Resulta un trayecto muy deportivo y divertido, pero por el movimiento y la escora no podemos entrar en la cabina ni usar el piloto, por lo que nos turnamos para llevar la caña todo el tiempo.

A las 8h15m, con aspecto de haber atravesado el atlántico, llegamos a pocas millas de Valencia con el mar en calma. Ponemos el motor y se enciende la alarma de presión de aceite (increíble, otra vez el motor). Parece una avería grave porque la sentina está perdida de aceite. Luego descubriré que se ha perforado la membrana de la bomba de gas-oil, que funciona por depresión, y se está metiendo el gas-oil en el cárter. No hubo más que cambiar la membrana.

Anécdotas

La noche del viaje no había luna. Esto hizo que tuviésemos uno de los paisajes de estrellas más increíbles que pueda imaginar. Además al ver la costa, pudimos ver varios castillos de fuegos artificiales ya que muchos pueblos estaban en fiestas.

Otra anécdota menos divertida fue la aparición de bastante agua en el barco. Además esto ocurrió ya alejados de la costa, por lo que, sin querer aparentarlo, me preocupé mucho. El caso es que saqué un montón de cubos de agua de la cabina (la bomba está en la sentina y además con la escora no era efectiva). Teniendo en cuenta la escora, el movimiento, y que el agua tenía restos de gas-oil y aceite, podéis imaginaros que la tarea no era precisamente agradable. Tras agotar el repertorio de palabras malsonantes y algún moratón, intenté localizar la entrada de agua.

Por fin la localice. Dada la escora y la velocidad, que hace que la ola de popa sea bastante alta, entraba agua por los imbornales. Si sumamos que la bañera tiene una especie de trampilla hecha genialmente por el anterior propietario para acceder mejor al motor, y que dicha trampilla siempre me ha causado problemas de estanqueidad, el origen del agua estaba claro. Bastó con tapar el imbornal del lado adecuado y no entró ni una gota más, pero el susto no me lo quitó nadie.

Otra anécdota divertida fue que al llegar a Valencia, encontré a una persona consultando el parte en el canal de Ibiza. Le pregunté si pensaba salir hacia allí y me dijo que no, que tenía unos amigos que iban a regresar el día anterior pero se volvieron atrás al ver el estado del mar. Lo curioso es que iban en un velero de 42 pies. No quiero ni imaginar como hubiésemos hecho la travesía en un barco de ese tamaño.

Fondeo en Cala Vadella

Vuelta a la página principal

Cuarto viaje a Ibiza año 2001

Valencia-Ibiza

Resumen del viaje

Salida :     8/7/2001 a las 11h25m

Distancia : 84,2’

Vel.Media : 3,7 nudos

Duración : 22h32m

Descripción del trayecto

De nuevo salida con fuerte viento y mar en contra. Además cuando salgo me encuentro en medio de la Regata de SM La Reina. No me gustan este tipo de regatas y consigo escapar del lío por los pelos (no hay nada peor que verse en medio de un montón de veleros enloquecidos).

Desde las 16h hasta las 00h el oleaje y el viento son tremendos (por lo menos así lo tengo anotado en el diario de a bordo, quizá para un barco mayor no sería para tanto). Tras las 00h voy con todo el trapo y ciñendo a rabiar, con ayuda del motor, a unos 4,5 nudos. Anteriormente no podía sacar un VMG de más de 2 nudos porque iba dirección a Mallorca.

Al atardecer veo delfines pero esta vez apenas me acompañan un momento.

Me paso todo el día mareado porque el movimiento es muy fuerte. Por fin a las 10h llego a la cala.

Anécdotas

Este viaje fue demasiado duro para tener anécdotas. En realidad no pasó nada extraordinario pero las condiciones de navegación fueron agotadoras.

Delfines (fotos del año 99)

Ibiza-Valencia

Resumen del viaje

Salida :     21/7/2001 a las 11h45m

Distancia : 79,2’

Vel.Media : 4,0 nudos

Duración : 19h47m

Descripción del trayecto

Este fue el único trayecto Valencia-Ibiza o vuelta en el que el mar era exactamente un lago. No había ni siquiera ola pequeñas, por lo que hice todo el trayecto a motor.

Anécdotas

Este viaje tampoco tiene anécdotas pero justo por lo contrario que el anterior.

Vuelta a la página principal

Quinto viaje a Ibiza año 2002

Valencia-Ibiza

Resumen del viaje

Salida :     3/7/2002 a las 21h35m

Distancia : 79,4’

Vel.Media : 3,7’

Duración : 21h37m

Descripción del trayecto

El diario de este trayecto ocupa unas diez hojas así que voy a resumirlo.

Por primera vez decido salir de noche por ver si evito el mar en contra como en los trayectos anteriores. Al salir hay viento de NE moderado, pero el parte anuncia marejada en alta mar.

Al salir se enreda la guía en la hélice, porque estoy en un amarre que no es el mío y no lo tengo muy controlado. Me toca sumergirme y desenredarlo.

Tengo un buen viento y navego bastante escorado, pero la sensación es muy agradable. Solo se oye el mar contra el casco y el leve ronroneo del piloto automático de vez en cuando. Detrás se ven las luces de la costa, excesivas. Delante solo oscuridad.

A las 00h25m ya hace un rato que he puesto el motor, porque el viento flojea.

A la 1h50m tengo un buen viento, me muevo a 4 nudos, y tengo el motor apagado. Apenas tengo movimiento y estoy en el paraíso. Me permito escribir y hasta hacerme fotos con un mini-trípode.

El tiempo es tan bueno que hasta me permito hacerme una foto con el trípode

A las 3h50m he tenido que parar el motor, ya que lo había puesto un rato antes y se ha encendido el piloto de la temperatura. Cuando sea de día revisaré los circuitos aunque el caudal de agua parece bueno. El mar sigue en calma y el trayecto es muy agradable.

Ya no quedan anotaciones hasta las realizadas una vez llegado a destino. El caso es que sobre las 4h el viento empieza a arreciar. Me veo obligado a tomar un rizo y poco después el segundo, y varias vueltas de Génova. El barco va amurado a babor y con una fuerte escora, ya que es la única forma de mantener una cierta velocidad.

Según avanzo se va levantando más mar. Las olas entran por la aleta de babor y alguna rompe, empapándome. El cansancio empieza a hacer mella y solo pienso en llegar. Esta es una situación que hay que evitar ya que te hace abandonarte. No llevaba ni siquiera arnés de seguridad como suelo hacer. El piloto controla bien el barco pero a veces se atraviesa tumbándose bastante, por lo que tengo que coger la caña de vez en cuando.

El viento sopla fuerte silbando en la jarcia. Mido fuerza 6 con el anemómetro manual.

Durante las rachas se oye un zumbido que interpreto como la vibración de la bandera pirata que llevo izada. Sin embargo más tarde sabré (demasiado tarde) que lo que vibra es la baluma del  génova . Mi intención es llegar a Cala Vadella a vela y poner el motor en el último momento, para poder repararlo tranquilamente en la cala.

A las 8h quedan aún 35 millas y veo dos delfines a proa, al que se acercará un tercero. Intento fotografiarlos pero son muy rápidos y aparecen por cualquier sitio inesperadamente.

De repente el génova  se rasga por completo. Era de esperar con los años de las velas. El puño de escota está casi suelto y enrollo lo que queda de la vela. Llevo un foque guardado pero no me animo a cambiarlo con el baile que tenemos (aunque la verdad es que al cambiarlo en la cala me di cuenta de que podía haberlo hecho sin problema).

Bueno, la situación es que solo con la mayor (que además no es muy grande) no me queda más remedio que reparar el motor. Desmonto el termostato y el rotor, que está en perfecto estado. Es de suponer que meter la cabeza por el hueco de acceso al motor con este movimiento es realmente desagradable.

Al final puedo utilizar el motor aunque a bajo régimen. Me movería a una buena velocidad si no fuera por las olas. Son totalmente caóticas. Se diría que aparecen de repente en cualquier sitio, sin moverse como se supone deben hacerlo: en una dirección, progresivamente.

A 15 millas se divisa Ibiza. Me muevo a 3 nudos, lo que me parece penoso. Más tarde será un milagro mantener los 2 nudos.

Veo un magnífico barco antiguo delante. Creo que es el Americo Vespuccio, buque escuela de la armada italiana. No parece afectarle el oleaje, mientras que yo no paro de saltar. Después me sobrevuela una avioneta a baja altura, no sé si por curiosidad o por ver si tengo problemas (esto último no me lo creo ni yo).

En estas condiciones, me cuesta mantener la moral. Así que hago una fiesta cada vez que el GPS baja 10 millas en la distancia: primero 30, después 20 e increíblemente 10.

Antes de la rotura del génova la hora prevista de llegada eran las 16h. Resulta desesperante que más tarde el GPS indicase las 21h e incluso a veces las 0h.

La últimas millas tengo que hacer bordos constantes ya que si me enfrento de cara al mar prácticamente no avanzo.

A 6 millas de Ibiza se tranquiliza el mar porque estamos a sotavento de la isla, y consigo llegar a la cala a las 21h35m.

Anécdotas

Con tantas visicitudes no tengo ocasión de señalar muchas anécdotas. Sin embargo me ocurre algo curioso. Cuando estoy a unas 15 millas de Ibiza, en medio del movimiento, veo un velero por la popa. Imagino que pronto me adelantará, puesto que voy a muy baja velocidad. Sin embargo, cuando vuelvo a mirar, no lo veo más, ¿habrá vuelto atrás?

Génova hecha un trapo

Ibiza-Valencia

Resumen del viaje

Salida :     3/8/2003 a las 13h15m

Distancia : 79,5’

Vel.Media : 4,4’

Duración : 18h06m

Descripción del trayecto

Salida a motor con el viento en contra. Voy a 4,4 nudos pero posteriormente pasaré a 3,6 al bajar el régimen del motor, ya que hace mucho calor y tengo miedo de que se caliente.

A las 15h50m navego a motor y vela, a unos 4 nudos. El mar está tranquilo y el viaje está siendo agradable.

A las 22h10m estoy a mitad de camino y voy a 5,6 nudos. El barco se mueve un poco pero navego muy bien.

Por fin a las 07:20 amarro en Valencia.

Anécdotas

Después de todo lo ocurrido durante la ida parece increíble que la vuelta fuese tan sencilla.

Islote de Es Vedranell (Ibiza)

Vuelta a la página principal

Conclusiones de los viajes a Ibiza

La principales conclusiones de estos viajes, sencillos para un barco más grande, podrían ser las siguientes :

La contaminación luminosa en la costa es tan grande que es casi imposible distinguir las luces de entrada de los puertos. Es necesario contar con un buen mapa de la entrada y bien definidos los waypoint en el GPS, o bien un plotter.

Vuelta a la página principal

OTROS VIAJES

Después del viaje a Ibiza del año 2002 no tengo aventuras de especial interés náutico. En el año 2003 cambié las velas (mano de santo) como comento en la sección de Equipamiento y Bricolaje. Por diversos motivos ese año apenas navegué.

Una anécdota importante que me ocurrió al final del año 2002, por si os es de interés :

Al sacar el barco del agua, en Noviembre, para carenar, apareció a nivel de la unión de la quilla con el caso una grieta horrible. Se había levantado una capa de hierro de unos 3 mm. Mi primera impresión es que los días de mi barco habían llegado a su fin.

Por suerte un marinero me dijo que no me preocupara, que la placa metálica era muy gruesa y no pasaba nada. En efecto, tras sanear la zona me enfibraron la quilla y quedó perfecto.

Quilla tras enfibrarla y pintarla

Si tenéis un barco con bastante edad, os aconsejo enfibrar la quilla. No es que gane en seguridad, ya que aunque las marcas de óxido son muy escandalosas no representan en general ningún riesgo (salvo en los pernos), pero agradeceréis no ver esos molestos abombamientos ocasionados por el óxido.

En el año 2004 el barco navegó muchísimo, pero ninguna travesía notable.

Solo citar que en verano hicimos una preciosa excursión desde Valencia hasta el delta del Ebro parando en varios clubes. Si bien no hay nada que señalar en cuanto a la navegación, quiero citar que una pareja y un niño estuvimos perfectamente cómodos en un barco tan pequeño.

Al final de este viaje un elemento del barco volvió a dar la lata...... ¿Adivináis cual? En efecto, el motor. Decidí sacarlo y pegarle un buen repaso pero cuando lo vi tan oxidado y soltando aceite por todas partes, tomé una decisión muy dolorosa económicamente pero que me ha traído grandes satisfacciones: cambiar el motor.

En el año 2005 no tenía mucho tiempo para navegar así que solo hice una singladura hasta Burriana. Tal y como está el barco a estas alturas, no tuve ningún (!!!!) problema con nada. Me temo que de seguir esto así tendré que finalizar los relatos aquí, ya que no se si habrá nuevas anécdotas divertidas.

Desde entonces y por diversas razones el barco sale mucho pero para paseos por el golfo de Valencia.

Resulta paradójico que ahora que el barco está en su mejor estado desde que lo tengo, no puedo ir a Ibiza debido a la división por zonas (bueno, tendría que pasarlo a zona 3 y no 4 como está). Independientemente de mi opinión sobre hasta qué punto el Estado tiene que preocuparse por mi seguridad, me parece que habría que encontrar soluciones: alquiler de equipos, por ejemplo. Comprar una balsa y pagar el carísimo mantenimiento anuel para usarla 15 días al año me parece excesivo.

Vuelta a la página principal

Mi amigo Champ

Conocí a Champ en el año 1992. Entonces Internet no estaba difundido y usábamos un sistema llamado Compuserve para comunicarnos. Durante años solo nos comunicamos por el ordenador. El vivía en Los Angeles y desde hacía años tenía un barco en el Mediterráneo, de forma que venía dos veces al año unos 15 días cada vez. Había recorrido parte del Mar del Norte y todo el Mediterráneo, y se lo conocía perfectamente.

Por fin tras unos años recaló en Barcelona. Me dijo que quería dejar el barco en Valencia y si le podía acompañar. Así que no me lo pensé y con dos amigos nos fuimos a Barcelona para hacer el traslado. Llegamos la noche antes del día de la Mercé, debía ser el año 1998. Yo no había visto nunca a Champ, así que solo sabíamos dónde estaba el barco. El encuentro fue muy emocionante: me encontré delante de mí un hombre altísimo y delgado, y muy mayor. Tras la emoción del encuentro me contó su historia. Tenía 82 años !! y desde los 65 tenía este barco (un precioso Hans Christian 39´). Antes había tenido un barco en el Caribe. Era médico y su trabajo le permitía tanto por tiempo como económicamente este "hobby". Me pareció increíble que un hombre de su edad siguiese navegando de esa forma.

Salimos hacia Valencia al día siguiente. Como era el día de la Mercé, no llevábamos comida (él, norteamericano, no podía imaginar que todos los comercios pudieran estar cerrados y no había previsto hacer la compra el día anterior) y además nos avisaron de que tendríamos que salir deprisa porque el puerto iba a ser cerrado para las exhibiciones aéreas. Al salir del puerto olímpico, el motor se calentó y empezó a salir humo blanco (en realidad era vapor del intercambiador) de la cabina. Tuvimos que parar el motor y plantearnos la travesía de otra forma: intentaríamos llegar hasta Sitges a vela y una vez allí arrancaríamos el motor a mínimo régimen. Siempre me acordaré de que cuando empezó a salir el humo había un barco de salvamento de la Cruz Roja muy cerca.... que ni siquiera hizo un amago de acercarse a socorrernos. Desde entonces no puedo ni ver a la Cruz Roja (lo siento, cada uno es fruto de sus vivencias). Conseguimos llegar a Sitges y tuvimos que dejar allí a Champ, porque nosotros teníamos que volver a trabajar. Posteriormente trajo el barco a Valencia con un tripulante. Lo tuvo allí más de un año en seco. El barco iba necesitando ciertos trabajos y la verdad es que él ya no estaba como para abordar grandes esfuerzos (y, todo hay que decirlo, le dolía muchísimo el bolsillo a la hora de contratar estos servicios con terceros). Terminó llevando el barco a Ibiza. Estando el barco allí, un día me llamó su mujer desde EEUU para decirme que Champ había muerto. Sentí pena pero al mismo tiempo una gran admiración hacia una persona que había llevado la vida que quería hasta el final. El barco quedó en Ibiza y perdí su pista. Imagino que lo disfrutará algún alemán por las islas.

Puede que este relato no sea exactamente un relato náutico pero no podía dejar de hablar de mi amigo Champ en una página náutica.

Con Champ hacia Sitges

Champ y Pascual en Sitges, ya amarrados

De vez en cuando sopló con ganas. El barco, una maravilla.

Vuelta a la página principal

REFLEXIONES

La enorme cantidad de mails que he recibido, así como las visitas a la página me han animado a continuar escribiendo. No quiero olvidar qué me llevó a explicar todas mis experiencias.

En el año 1992 me decidí a poner en práctica una inquietud que me acompañaba desde siempre: el mar. Como todos, me decidí a sacarme el PER para ver de qué iba. No había navegado nunca en barcos de crucero. Como la mayoría, empecé a vislumbrar la idea de tener mi propio barco.

Y surgió la pregunta que me empujó a hacer esta página: qué tamaño tiene que tener un barco para poder viajar con él. Las respuestas fueron de todo tipo, y lo único que conseguí fue terminar con la errónea idea de que hasta que no tuviese una importante suma de dinero ahorrada me podía olvidar de cumplir mi sueño. Por suerte un amigo, navegante, pero que curiosamente lleva toda la vida sin barco porque "el que a él le gustaría es demasiado caro", me aconsejó comprar un barco pequeño y usarlo hasta poder cambiarlo por uno mayor.... bueno, esto fué en el año 92 y sigo con el mismo.

Con este barco descubrí que muchos de los sueños náuticos que podemos tener se pueden cumplir con un barco de bajo presupuesto. A lo largo de este tiempo he tenido oportunidad de llevar barcos más grandes (alquilados o de amigos) por lo que he podido sacar algunas conclusiones respecto a la diferencia entre unos y otros:

Como veis, soy realista, porque tampoco hay que hacerse unas expectativas erróneas con un barquito. Evidentemente un barco pequeño tiene a su favor que los costes se dividen exponencialmente, y que es más fácil (aunque no necesariamente) utilizarlo en solitario, o al menos no depender de algún tripulante experto para ayudarnos.

El objetivo de estos relatos (que como puede apreciarse son sobre todo humorísticos) es animar a partir de mi experiencia a los que se plantean si con barcos de pequeña eslora se pueden hacer travesías. Si yo, con casi nula experiencia, los pude hacer, cualquiera puede (y no es que mi angel de la guardia sea más competente que los otros...). No defiendo a ultranza las pequeñas esloras. Solo pienso que son una buena opción. De todas formas la mentalidad al respecto ha cambiado mucho: en el catálogo original del Vivacity 24 se hablaba de un "crucero familiar", es decir, estaba considerado como una eslora típica para una familia! Probablemente desde entonces nos hemos vuelto más comodones, y buscamos en el barco una prolongación de nuestra casa.

Vuelta a la página principal

OTROS RELATOS

 

Vuelta al mundo en familia en un velero de 6,5 metros

Este relato apareció en la revista Voiles et Voiliers num.410 de abril del 2005. Se trata de una pareja alemana: Hans Habeck y Carola (40 y 34 años) con su hijo Andreas de tres años en el momento de salir, que se deciden a dar la vuelta al mundo con un velero que personalmente me encanta, el Etap 21i (www.etapyachting.com) durante los años 2000, 2001 y 2002. La verdad es que hay que echarle valor, no solamente porque pueda parecer más o menos peligroso, sino también por la falta de comodidad que implica un barco tan pequeño.

La ruta elegida es la más lógica: de Holanda a las Antillas, paso del canal de Panamá, Galapagos, Islas Marquesas, Samoa, Australia, Maldivas, Canal de Suez hasta Francia, paso al Atlántico por el Canal del Midi y llegada a Alemania...... en total 30.000 millas en tres años.

El coste total de la aventura es acorde al tamaño del barco:

* Compra del barco y equipamiento necesario : 30.000   

* Coste total durante los tres años : 30.000    de los cuales 1.300   por la compra de un motor nuevo en Arabia Saudita, 950    por el paso del canal de Panamá, 550    por los visados en Australia para permanecer varios meses, y 700   por "estacionar" el barco en tierra durante dos meses en Maldivas.

La lectura de este periplo despierta muchas reflexiones sobre qué se necesita para navegar. El equipamiento del barco se reduce a: un motor de 3,5 CV (que luego cambiarán por un 15 CV) que sirve también para el anexo, una sonda, dos radiobalizas, tres GPS, un piloto de viento, un panel solar de 18 W, un VHF portátil, un receptor de onda corta, y un sextante (que no salió de su caja). Disponían de una única batería de 31 amperios y una cocina de un fuego de alcohol.

Es evidente que hay que tener cierta disciplina física para conseguir vivir tres años en estas condiciones, pero resulta ilustrativo que en ningún momento se enfrentasen a un riesgo real de naufragio, ni ningún tipo de "accidente náutico". Habrá quien diga que son unos locos, pero leyendo su relato se aprecia una sensatez y prudencia mucho mayor que las de otros navegantes con barcos mucho mayores.

Es gracioso que al llegar y pasar su hijo un examen psicofísico para entrar en el colegio, le preguntan al padre : "¿Pero que es lo que le impulsa en realidad a hacer algo así?" a lo que responde: "el viento.".

Quebec-La Rochelle (Francia) en un barco de 7,70 metros

Este relato, aparecido en Voiles et Voiliers num. 265 de marzo de 1993 es más atrevido que el anterior, pese a utilizar un barco más grande.

Christian Bouly, su mujer y uno de sus cinco hijos recorren el Atlántico en un Fantasia de 7,7 metros ... Hasta aquí nada especialmente extraño, a no ser el reducido tamaño del barco. Lo curioso es que el autor de la travesía, nunca se había interesado por la náutica. Hasta que durante una vacaciones le engancha en gusanillo de la navegación, y decide cambiar completamente de vida. Vende su casa, decidido a volver a su país (Francia) con barco incluido. No tiene ninguna experiencia por lo que se estudia el Curso de Glenans de arriba a abajo y sus únicas experiencias son en el lago Champlain, en Canadá.

En verano de 1990 se decide a llevar el barco hasta el mar vías el río Hudson (aparece en Nueva York), y sube hasta Salem para la gran salida. En este primer trayecto ya pasa innumerables peripecias fruto de su inexperiencia. Se da cuenta de que tiene que tomar una decisión: o la casa o el barco. Lo ve todo negro: dejar el trabajo, sin dinero, con un barco demasiado pequeño..... Amplia sus conocimientos náuticos (navegación astronómica, etc...) y se decide: vende todo y se lanza a la aventura.

Cuenta que antes de salir no tiene más que pesadillas. El día de la partida, tiene un miedo terrible y desea echarse atrás, pero no lo hace. Hace viento y mala mar, se estropea el piloto de viento, se marean. Al final el viaje se desarrolla sin problemas, y eso que elije una ruta directa más bien difícil. Tras el viaje, el mayor deseo de su mujer es un barco más grande y con ducha y WC, el de Christian, una cabina para ellos solos, que se pueda cerrar, y con una buena cama.

El texto obtuvo el premio "Pavois de la Croisiere 1992" al mejor relato de un marino aficionado. Constituye una prueba más de que los viajes no están limitados por el tamaño del barco.

Vuelta a la página principal