| VIH y SIDA |
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El VIH-1 Una característica importante del VIH es su extremada variabilidad genética por lo que el VIH-1 forma parte de una población viral heterogénea que dificulta la compresión de algunos de los mecanismos de interactuación entre el virus y su huésped.
El genoma del VIH-1 es un ARN de cadena única constituido por 2 hebras
idénticas de 9,8 kb y de polaridad positiva que posee diferentes genes encargados de
codificar distintas proteínas.
En la forma de provirus el genoma del VIH está flanqueado por las llamadas secuencias repetitivas largas (LTR) que le permiten la integración en el genoma de la célula huésped. Uno de los principales elementos que intervienen en la regulación de la inducción es el llamado factor nuclear kappa beta (NF-kB) que son una familia de proteínas que regulan la transcripción de varios genes celulares implicados en los procesos de activación y reconocimiento inmunes. Este factor no existe en forma activa en los linfocitos CD4 en reposo y es inducido sólo en los procesos de activación inmune. |
Ciclo vital del VIH-1 Por alguno de los mecanismos de transmisión conocidos el VIH-1 penetra en el organismo y llega a las células linfoides. Existen dos tipos de células humanas que son blanco principal de la infección VIH, los linfocitos T CD4 y los macrófagos de los tejidos. Como consecuencia de la llegada a las células diana se ponen en marcha un conjunto de procesos que tienen como finalidad ocasionar la entrada del virus en la célula y la utilización de los mecanismos bioquímicos de ella para poderse replicar y dar lugar a nuevos virus. El conjunto de los fenómenos que acontecen se conoce como ciclo biológico o vital del VIH y los mecanismos íntimos que lo componen presentan una enorme complejidad de interacciones entre el virus y su hospedador que no son totalmente conocidas en la actualidad y se presentan de un modo esquemático en el dibujo. Para que el VIH penetre en la célula se debe producir la fusión de las membranas viral y celular. La entrada del VIH-1 en la célula se produce por la interacción del virus con al menos dos tipos de receptores. El receptor específico y común a todos los VIH-1 es una proteína que se encuentra en la superficie de las células diana y que se denomina molécula CD4. Se cree que esta molécula CD4 (no confundir con el linfocito CD4) es específica y eficiente y que la afinidad de la gp120 viral por la CD4 es mayor que la afinidad de ésta por su ligando natural, una molécula del complejo mayor de histocompatibilidad clase II. Las principales células que poseen este receptor son los linfocitos y los monocitos/macrófagos (CD4+), aunque 'in vitro' otros tipos celulares pueden ser infectados por el VIH y no todos ellos poseen la molécula CD4 (CD4-). Los linfocitos CD8 no expresan en condiciones normales el receptor CD4 pero se sabe que tras la infección de determinados virus como el HHV-6 si pueden expresarlo.
Más recientemente se han caracterizado
otros correceptores del virus como son los receptores celulares del tipo CC o CXC de
ciertas quimioquinas.
El correceptor CCR5 es fundamentalmente utilizado por las cepas del VIH con tropismo por
los monocitos (monocitotrópicas) mientras que el CXCR4 lo es por las que presentan
linfocitotropismo; este receptor CXC también se denomina fusina y su ligando natural es
el SDF-1. Se cree que las cepas inductoras de sincitios pueden utilizar ambos
correceptores, aunque fundamentalmente utilicen los CXCR4. Otros receptores como el CCR3
podrían ser utilizados por las cepas en las personas que no expresan los anteriores
receptores. Se cree que existen algunas sustancias, que se han denominado intracinas, que
son capaces de bloquear la expresión de los correceptores a nivel intracelular. También
pueden actuar como receptores los fragmentos Fc de las inmunoglobulinas y receptores del
complemento utilizados por complejos antígeno-anticuerpo. La presencia en la superficie
viral de material celular como los antígenos HLA o la beta2-microglobulina permiten que
al ponerse en contacto virus y células la unión se realice a través de zonas de
adhesión que permiten la unión gp120-CD4 en los linfocitos o de la gp120-fusina en
células del epitelio rectal e incluso al receptor Gal-C de algunas células del sistema
nervioso, células que probablemente presenten más receptores. Una vez que tiene lugar la interacción entre la gp120 y los receptores
se produce la fusión entre las membranas de la célula y del virus que tiene como
responsable a la gp41 que se insertará en la membrana celular permitiendo la
internalización de la nucleocápside del virus y la desencapsidación de su genoma. Se piensa que la vida libre de los viriones es muy corta,
aproximadamente de 0,3-0.5 días (8-12 horas), y que en 2,6 días se realiza un ciclo
viral completo con salida desde la célula infectada, infección productiva, vida libre,
infección de otro linfocito, replicación intracelular y salida de nuevos viriones. De
este modo se producirían unos 140 ciclos de replicación al año y en situaciones de
equilibrio se estima que se producen y se destruyen del orden de 1012 viriones
renovándose cada día alrededor del 30% de las partículas circulantes. De mismo modo se
estima que del orden de 109 linfocitos CD4+ se producen y se destruyen
diariamente probablemente a partir de la estimulación y proliferación de clones
periféricos, lo que puede suponer un índice de recambio de 10 a 100 veces superior al
fisiológico; en estas condiciones de equilibrio se piensa que cada 15 días se renueva la
totalidad de los CD4+ circulantes siendo la vida media estimada de un linfocito infectado
por el VIH de 1,2 a 2,2 días. También se ha calculado que cada célula infectada produce
del orden de 104 a 105 partículas virales muchas de las cuales son
defectivas, estimándose que un 1% del total de los linfocitos del organismo se infectan
de novo cada día. Con esta dinámica poblacional y estimando la tasa de mutaciones del
orden de 10-4 a 10-5 sustituciones por nucleótido copiado, se
regeneran rápidamente distribuciones mutantes que podrían alcanzar los 1012
partículas virales circulantes en un individuo infectado. |
| Metáfora del
tren La variabilidad
en la rapidez de la progresión de la infección VIH se ha explicado aludiendo a la
metáfora de un tren (según Ho, citando al retrovirólogo Coffin). Se debe insistir en que a pesar de los actuales, y seguramente en poco tiempo mejorados, tratamientos con antirretrovirales o en las esperanzas puestas en futuras vacunas, en la actualidad la mejor forma de combatir el SIDA es no subirse al tren (prevención). |
Reservorios virales en pacientes en terapia antirretroviral máximamente supresiva La demostración de la existencia de estos reservorios (linfocitos,
macrófagos, ganglios linfáticos, células dendríticas), ha impedido validar la teoría
de la erradicación viral presentada por vez primera en la XI Conferencia de Vancouver:
dicha teoría se basaba en los resultados demostrados de la terapia antirretroviral en
algunos pacientes, que conseguía reducir la replicación viral y los niveles plasmáticos
de ARN viral, y utilizando modelos matemáticos basados en la cinética de dichas
reducciones sugería que la erradicación viral podría ser posible tras 2-4 años de
terapia antirretroviral máximamente supresiva. En la XII Conferencia Mundial del SIDA celebrada en Ginebra se han
presentado varios estudios que analizan la existencia de reservorios virales en pacientes
que siguen tratamiento antirretroviral incluyendo inhibidores de la proteasa. Referencias
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© VIH y SIDA, 1.996 - 2.000 -- REVISIÓN, Septiembre 1.998