| VIH y SIDA |
| . | Las quimioquinas y sus receptores | Última revisión, junio 1.998 |
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Se ha comprobado que algunos ENI poseían linfocitos que in vitro eran muy resistentes a la infección por el virus y que dicha resistencia podría estar asociada a la presencia de algunas mutaciones en las glucoproteínas de su membrana que podrían actuar como unos factores que serían los que facilitarían la entrada del virus en la célula; estas proteínas se han denominado, con respecto al VIH, correceptores. De otro lado se tenía el conocimiento que ciertas sustancias de naturaleza proteica soluble eran capaces de mediar e interactuar entre diferentes células. El concepto primario de mediación en los procesos inflamatorios se ha correspondido históricamente con diferentes nombres de estas sustancias; dado que el primer conocimiento que de ellas se obtuvo obedecía fundamentalmente a la realización de ensayos funcionales, las primeras denominaciones que se les dio hacían referencia a las células que las producían; de este modo se hablaba, entre otras, de linfocinas, monocinas o interleucinas según fuesen producidas por los linfocitos, los monocitos-macrófagos o los leucocitos polimorfonucleares. Sin embargo el conocimiento posterior permitió saber que las sustancias eran producidas por muy diferentes tipos celulares y se le aplicó el nombre más amplio de citoquinas para designar unos mediadores proteicos producidos por células que regulan la actividad de ellas mismas y de otras células. La aplicación de la genética molecular mediante la tecnología de ADN recombinante ha permitido aislar diferentes genes y obtener el producto que codifican de forma pura. Para algunos autores las citoquinas serían una especie de hormonas celulares. Durante la activación celular que sigue como respuesta a un estímulo se producen y se unen de forma transitoria a receptores específicos de membrana. Funcionalmente presentan retrorregulaciones positivas y negativas entre sí y por lo general no actúan solas sino con otras producidas por la misma célula pudiendo inducir, potenciar o inhibir la producción de otras citoquinas y/o modular negativa o positivamente los efectos de dichas citoquinas. Por otro lado al actuar sobre diferentes tipos celulares ejercen múltiples efectos (pleiotrópicas) e igualmente comparten muchos de ellos (redundantes). Dadas todas estas características se debe tener presente que algunos de los efectos que se atribuyen a ciertas citoquinas en realidad se podrían deber a otras con las que interactúan y éstas incluso ser desconocidas. Las citoquinas juegan un papel importante en la respuesta inmunitaria e inflamatoria en las que se las puede consideran como un mensajero que rellena el vacío comunicativo entre los linfocitos y otras células del sistema inmunológico. El término de quimioquina que hace referencia a un tipo de citoquinas de bajo peso molecular (811 kD) con función quimiotáctica (de ahí su nombre) y que tienen un papel crítico como iniciadoras y promotoras de las reacciones inflamatorias. Son producidas por una gran variedad de células en respuesta a estímulos exógenos o endógenos, y se caracterizan por tener un efecto quimiotáctico sobre distintos leucocitos u otras células en las que determinan un incremento de su adhesión a las células endoteliales y/o su activación. En el ciclo vital del VIH se sabe que necesita penetrar en la célula que infecta para poder replicarse en su interior y producir nuevos viriones. Se conoce que el VIH puede penetrar en las células a través del acoplamiento de los componentes de las membranas de célula y virus. Para ello es necesario la presencia en la célula de receptores de alta afinidad, como la molécula CD4 con la que se produce la fijación de la proteína gp120 de la envoltura del VIH. También se ha comprobado 'in vitro' que diferentes tipos celulares pueden ser infectados por el VIH y no todos ellos poseen la molécula CD4 (CD4-) y que el VIH no infecta a células de otros animales que si expresan la molécula CD4 (no podían infectarse con el VIH células de ratón que también expresan CD4). Estos hechos han conducido en la última década a una intensa investigación para encontrar correceptores del VIH; fruto de dicha investigación ha sido la identificación de que al menos son necesarios 2 receptores de transporte localizados en la superficie celular de las células inmunológicas que comúnmente ataca el VIH. Los monocitos y macrofágos manifiestan un receptor diferente al de los linfocitos CD4+. Identificar ambos receptores, y varias de las quimioquinas que los estimulan, ha permitido establecer un campo de investigación clínica sobre las quimioquinas. Desde hace más de 10 años se ha hipotetizado sobre la presencia de un
factor celular antiviral (Levy) que inhibiría la replicación del VIH dentro
de las células infectadas y que sería producido por los linfocitos CD8 y que podría
explicar la evolución lenta, o la falta de progresión, que algunos sujetos infectados
presentan. Si bien dicho factor no se ha aislado de momento, ha sido probablemente la base
teórica de las investigaciones que han conducido a la caracterización a finales de 1.995
de diferentes quimioquinas (RANTES, MIP-I alfa -MIP-1a- y MIP-I beta -MIP-1b-) que
producidas por los linfocitos CD8 son capaces de inhibir la replicación in vitro de
algunas cepas del VIH-1. En este estado de conocimientos se sabe que los receptores de las
quimioquinas, que son proteínas de la superficie de la célula que ligan las
quimioquinas, pueden desempeñar un papel importante en la susceptibilidad al VIH y en la
progresión de la enfermedad. En el papel que en la infección VIH desempeñan las quimioquinas y sus
receptores es importante recordar los conceptos del tropismo o selección de células que
tiene el VIH. En este sentido el VIH que muestra preferencia por infectar las células del
sistema monocito-macrófago se dice que es macrófagotrópico o VIH M-trópico. Por el
contrario el VIH que tiene preferencia por los linfocitos T CD4 se dice que linfotrópico
o VIH T-trópico. El virus M-trópico se reproduce dentro de las células mononucleares de
sangre periférica (linfocitos sanguíneos), pero no induce la formación de sincitios
(agrupación de células cuyas membranas se han unido). Se considera que las cepas del VIH
que no induce la formación de sincitios (NIS) son menos virulentas que las que si son
capaces de inducir la formación de sincitio (IS). La cepas del VIH IS se han asociado con
la progresión rápida de la enfermedad y un pronóstico desfavorable. Las cepas
T-trópicas son capaces de inducir la formación de sincitios. Las cepas del VIH M y
T-trópicas coexisten dentro del organismo. No se conoce que exista un periodo de la
enfermedad durante el cual todo el virus en una persona es completamente M-trópico o
T-trópico aunque se piensa que la infección inicial por el virus se establece por la
cepa M-trópica, y el cambio a T-trópico ocurre después; se cree que la cepa M-trópica
está adaptada para infectar las membranas mucosas, lo que explicaría por qué algunas
personas que carecen de receptores para los virus M-trópicos no resultan infectadas a
pesar de haber sido expuestas repetidamente al virus. Además, es posible que la falta de
estos receptores también proteja a las personas de la infección transmitida por
jeringuillas infectadas o productos sanguíneos contaminados. En resumen, el tropismo de las cepas del VIH parece que esta determinado en parte por el uso de los receptores de las quimioquinas. En sangre periférica, aunque las células T y los monocitos expresan CXCR4 y CCR5, las cepas del VIH que utilizan CXCR4 tienden a infectar predominantemente a los linfocitos T, mientras que las cepas que utilizan CCR5 infectan a linfocitos T y monocitos-macrófafos. Este tropismo se correlaciona con la habilidad del virus para inducir sincitios en líneas de células T. Los virus IS (a menudos presente en el curso tardío de la infección) tienden a ser CXCR4 trópicos, mientras que los virus NIS (que parecen ser los virus que se transmiten in vivo) tienden al tropismo CCR5. Sin embargo algunos virus IS primarios pueden usar CXCR4 o CCR5 y algunos pueden usar ambos correceptores, así como CCR2b o CCR3. El mecanismo exacto con el que el VIH interactúa con CXCR4 o CCR5 y el por qué esta interrelación, junto con la unión CD4, permite al virus entrar en la célula no se conoce de un modo claro. Parece involucrar interacciones entre el asa V3 y otras partes de la proteína de envoltura gp120 con dominios extracelulares del CCR5 o CCR2b y puede implicar interacciones en múltiples pasos con la molécula CD4, el receptor de la quimioquina y otros componentes de la superficie de la célula. Las quimioquinas pueden inhibir la entrada del VIH por competición con el receptor, insensibilización, secuestro o internalización; a través de la alteración de la afinidad del receptor o inhibiendo pasos postunión, como la fosforilización o a través de mecanismos de acoplamiento Siendo CCR5 y CCR3 cofactores para la entrada de los virus M-trópicos
y no inductores de sincitio, que serían los que preponderantemente infectarían in vivo,
se explica parcialmente por qué la ausencia de CCR5 confiere protección frente a la
infección por el VIH-1; esta ausencia se encuentra en aproximadamente el 1% de la
población caucasiana de descendencia europea, debido a una deleción de 32 pares de
bases. Un 15 o 20% de esta misma población sería heterozigótica, lo que podría
conferir una protección parcial o una progresión más lenta hacia la enfermedad, siendo
susceptibles a la infección pero menos que la población general. Estos conocimientos dejan posiblemente abiertas las puertas para poder diseñar y ensayar fármacos que ataquen los procesos específicos de acoplamiento viral. Se piensa que el conocimiento más profundo de proceso permitiría poder alterar la estructura del CCR5 para bloquear la penetración del VIH y que la célula pueda seguir reaccionando a las quimioquinas que lo utilicen y podría resultar posible diseñar un compuesto que bloquee el correceptor del VIH sin ocasionar una señal biológica no deseada, como puede ocurrir con una quimioquina natural. La estrategia podría consistir en bloquear todos los correceptores potenciales del VIH con lo que el virus no infectaría nuevas células y dejar que el sistema inmunológico elimine la población celular previamente infectada. En los sujetos con enfermedad avanzada se podría seguir un proceso en tres fases: reducción de la replicación viral a niveles indetectables mediante el tratamiento antirretroviral de combinación, empleo de quimioquinas para bloquear los receptores del VIH y potenciar el sistema inmunológico y finalmente el empleo de vacunas terapéuticas que permitiesen una respuesta orgánica amplia que eliminase los virus restantes. Sin embargo no se debe perder de vista que la función primaria de las quimioquinas es la atracción de monocitos hacia el lugar de la infección, por lo que podrían estimular la infección de otras células. Los datos actuales sugieren que la activación linfocitaria es a la vez un mecanismo facilitador de la infección y de la replicación del VIH y un mecanismo de protección mediante la inducción de la síntesis de factores protectores. |
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