| VIH y SIDA |
| . | Sífilis e infección por el VIH | Última revisión, julio 1.998 |
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| Consideraciones generales | |||
La sífilis o lúes es una
infección sistémica de evolución crónica y distribución universal transmitida por
contacto sexual y ocasionada por una espiroqueta con forma típica de sacacorchos
denominada Treponema pallidum (TP). |
| Aproximación al diagnóstico
El
diagnóstico de sífilis puede ser más complicado en los pacientes VIH+ debido a las
falsas reacciones serológicas (falsos negativo y positivo) y las presentaciones clínicas
atípicas de la lúes en la presencia de infección por el VIH. Sin embargo, las pruebas
del serológicas de sífilis parecen ser fiables para el diagnóstico y la evaluación de
la respuesta al tratamiento en la mayoría de los pacientes infectados por el VIH aunque
en algunos se ha documentado la falta de respuesta específica normal frente a los
antígenos de TP.. La identificación de TP mediante el examen directo del exudado de la lesión mediante campo obscuro o fluorescencia directa (DFA-TP) es una prueba diagnóstica casi definitiva. Las ventajas de este tipo de métodos son su rapidez y bajo coste. Permite en algunas ocasiones un diagnóstico previo a la positivización de los test serológicos y probablemente es el de más rendimiento en la fase primaria, secundaria y recaídas cuando las lesiones son ricas en treponemas. Sin embargo un resultado negativo en el examen directo del producto de una lesión sospechosa no descarta la posibilidad de la enfermedad ya que pueden existir pocos treponemas en la misma, dependiendo de los días de evolución y de la administración de tratamientos previos. Su empleo no está indicado para el examen de lesiones sospechosas en la boca ya que las posibilidades de confundir los treponemas con otras espiroquetas saprofitas son muy altas. La sensibilidad de esta prueba es del 75-80%. En la mayoría de las ocasiones no es posible realizar el diagnóstico directo por lo que el diagnóstico indirecto -serológico- de la enfermedad se ha convertido en el procedimiento más frecuente. Los marcadores serológicos necesitan aproximadamente de unos 14 a 20 días para hacerse reactivos. Las pruebas serológicas de detección de la infección por TP se han agrupan en pruebas no treponémicas o reagínicas y pruebas treponémicas. Entre las primeras pruebas, o no treponémicas, se utilizan frecuentemente las siguientes: VDRL. (Venereal Research Disease Laboratory) que puede emplearse con suero o LCR y da una reacción de floculación con las muestras positivas; RPR (Rapid Plasma Reagin) que emplea un antígeno con partículas de carbón y que se puede realizar con suero o plasma; TRUST. (Toluidine Red Unheated Serum Test) que utiliza el mismo antígeno del VDRL con partículas coloreadas con rojo de toluidina. Existen también técnicas EIA que utilizan una fase sólida con antígenos VDRL. Entre las pruebas treponémicas las más utilizadas en la actualidad son FTA-ABS (Inmunofluorescencia indirecta con absorción del suero) que tiene como antígeno el Treponema de la cepa Nichols y como absorbente el de la cepa Reiter; FTA-ABS DS (Inmunofluorescencia indirecta con absorción y doble tinción); TPHA. (Microhemaglutinación) con eritrocitos sensibilizados con antígenos de Treponema cepa Nichols y absorbente de cepa Reiter; Captia sífilis M. (EIA de captura anti cadena pesada) cuya utilidad está demostrada para el diagnóstico de sífilis congénita y parece ser la prueba con mayor sensibilidad para la detección de inmunoglobulina M; EIA IgG. Las pruebas no treponémicas no miden anticuerpos específicos frente al TP sino frente a sustancias que son producidas en los tejidos dañados (por el TP u otros procesos), por lo que su positividad no asegura la enfermedad sifilítica y pueden ofrecer resultados falsos positivos en pacientes con alteraciones de sus inmunoglobulinas. Se basan en antígenos compuestos de soluciones alcohólicas con cantidades predeterminadas de cardiolipina, lecitinas y colesterol. Solo el VDRL está validado para estudiar anticuerpos no treponémicos en LCR y es el único útil para el diagnóstico de la neurosífilis. Pueden presentar fenómenos de prozona - falsos negativos - cuando las muestras son fuertemente reactivas por ello es conveniente titularlas siempre. También puede obtenerse un resultado negativo en las fases muy tempranas del período primario, incluso cuando la visualización de los treponemas es positiva. Los falsos positivos por lo general lo son a títulos bajos (1/1 a 1/8) y pueden ser transitorios o permanentes según persistan o no más de seis meses. Muestras hemolizadas o lipémicas pueden producir también este tipo de resultados. La prueba RPR produce títulos más elevados que VDRL. Si se emplean para estudio de poblaciones los sueros reactivos deben confirmarse con una prueba treponémica. La sensibilidad de estas pruebas es variable según el periodo evolutivo de la infección. Estas pruebas reagínicas son fundamentales en la evaluación de la eficacia de los tratamientos. Cuando este es correcto y eficaz los títulos disminuyen significativamente (hasta 8 veces) en los 6-12 meses que siguen al inicio del tratamiento aunque con frecuencia no se negativizan totalmente y quedan reactividades persistentes a títulos muy bajos o en suero puro. Cuando el tratamiento se inicia en estadíos latentes o tardíos solo se obtiene una disminución de los títulos, y de forma muy lenta, en un 25-40 % de los pacientes. Sin embargo la persistencia de la seropositividad no indica ni fallo del tratamiento ni reinfección. Las pruebas treponémicas son utilizadas para confirmar como verdaderos los resultados positivos obtenidos con las pruebas reagínicas ya que producen escasos falsos positivos (menos de un 1% FTA-ABS y menos TPHA). Todas ellas deben realizarse con una adsorción previa del suero para eliminar la reacción cruzada con otros treponemas. Sin embargo carecen de utilidad para monitorizar los tratamientos ya que suelen permanecer positivas en el 85 - 90% de los pacientes tratados y curados. La sensibilidad para suero de estas pruebas en los diferentes estadíos varía entre 75 y 80 % para el estadío primario, 100% para el secundario, 95-100% para el latente y 94-96% para la tardía. Las pruebas de EIA IgG pueden emplearse en sustitución de las treponémicas TPHA y FTA-ABS ya que diferentes estudios han demostrado buena sensibilidad y especificidad en la detección de este tipo de anticuerpos y tienen la ventaja de que permiten la automatización de grandes cantidades de muestras y lecturas objetivas; sin embargo son más caras. Uso clínico de las pruebas de sífilis En el estudio de muestras de pacientes se aconseja el empleo de ambos
tipos de pruebas aunque en el cribado de grandes grupos poblacionales con baja prevalencia
de infección se podría emplear solo una (en Europa fundamentalmente treponémicas y en
EE.UU reagínicas) pero se debe tener en cuenta que el empleo de solo una de ellas puede
conducir a la obtención de resultados falsos negativos ( las pruebas no treponémicas en
sífilis latentes tardías o en los períodos terciarios de la enfermedad y las pruebas
treponémicas en los estadios primarios de la infección); que ambas por separado pueden
producir falsos positivos por lo que el valor predictivo positivo individual (VPP) de cada
una de ellas se ve disminuido y que se tiene que tener presente que aunque las pruebas se
realicen conjuntamente la positividad en solitario de alguna de ellas puede tener
significado clínico. |
| Tratamiento
Por lo
general se considera que los pacientes VIH + tienen un mayor índice de fracasos del
tratamiento que los pacientes seronegativos; sin embargo no se ha demostrado
contundentemente que las pautas clásicas de tratamiento de la sífilis no sean efectivas
por lo que siempre que es posible el tratamiento de la lúes se debe realizar con
penicilina. En los pacientes alérgicos a la penicilina se recomienda la
desensibilización. En general se deben mantener en sangre niveles elevados y constantes de penicilina durante al menos 7 días para curar una sífilis precoz y más tiempo en los otros estadios, ya que las tasas de curación son menores a medida que evoluciona la enfermedad. En el tratamiento de la sífilis de menos de un año de evolución (sífilis primaria, sífilis secundaria latente precoz) sin evidencia de manifestaciones neurológicas se administra penicilina G benzatina, 2,4 millones de unidades, en dosis única por vía intramuscular (algunos autores recomiendan dosis múltiples de ña misma). En los pacientes alérgicos en los que no es posible su empleo y siempre que no sean mujeres embarazadas se recomienda la utilización de doxiciclina, 100 mg orales 2 veces al día durante 2 semanas; sin embargo no hay datos sobre la eficacia de las tetraciclinas en el tratamiento de la lúes en pacientes VIH+. En mujeres embarazadas alérgicas a la penicilina o en pacientes con alteraciones gastrointestinales o vértigos debido a las tetraciclinas se administra eritromicina (etilsuccinato), 500 mg 4 veces al día, durante 2 semanas por vía oral. Al ser las tasas de curación sólo del 90%, en las embarazadas se tratará siempre al recién nacido con penicilina y a la madre con la pauta de doxiciclina después del parto. En la sífilis latente tardía o en las sífilis de duración
desconocida siempre se aconseja la realización de una punción lumbar y análisis del
LCR; sino es posible se debe considerar el tratamiento como una neurosífilis. En ausencia
de alteraciones neurológicas se recomienda en la sífilis de más de 1 año de evolución
una pauta de penicilina G benzantina por vía intramuscular de 7,2 millones de unidades,
repartidas en 3 dosis de 2,4 millones de unidades por semana, durante 3 semanas sucesivas.
En pacientes alérgicos a la penicilina se administrará doxiciclina, 100 mg 2 veces al
día, durante 4 semanas por vía oral (no en embarazadas). La pauta recomendada por
algunos autores en mujeres embarazadas alérgicas a la penicilina o pacientes que no la
toleran es etilsuccinato de eritromicina, 500 mg, 4 veces al día, durante 30 días por
vía oral. Sin embargo, en la mujer embarazada alérgica a la penicilina es aconsejable
intentar desensibilizarla y emplear a continuación el tratamiento con penicilina. Las pautas recomendadas son eficaces en pacientes sin afección del SNC
y con LCR normal. Sin embargo, con ellas no se alcanzan niveles treponemicidas en el LCR,
por lo que en la neurosífilis, tanto latente como clínica, deben realizarse otros
tratamientos alternativos. Aunque se piensa que más del 80% de los pacientes VIH+ con sífilis responden adecuadamente al tratamiento con una respuesta serológica adecuada en los primeros 6 meses, es indispensable un control postratamiento estricto de todos los pacientes con evaluación clínica y serológica. En los pacientes tratados por un sífilis de menos de un año de evolución se recomiendan controles a las dos semanas de finalizar el tratamiento y en los meses 1, 3, 6 9 y 12 mientras que en los pacientes tratados con mayor tiempo de evolución los controles se extenderán en los meses 18 y 24. No existe un patrón universal de evolución tras el tratamiento. Se considera que existe fracaso del tratamiento cuando existe persistencia, repetición o desarrollo de signos clínicos o síntomas de sífilis; existe un aumento sostenido y significativo (cuádruple) de los títulos de las pruebas serológicas, o a los doce meses del tratamiento no se ha obtenido una disminución significativa (cuádruple) de los títulos de las pruebas serológicas si la sífilis era de menos de un años de evolución o a los 24 meses en caso contrario. Es importante identificar y tratar cualquier posible contacto sexual de los pacientes con sífilis. En pacientes con sífilis primaria, deben evaluarse clínica y serologicamente todos los contactos sexuales en los 3 meses anteriores a la aparición del chancro. En los pacientes con sífilis secundaria y sin historia de un chancro, deben evaluarse los contactos en los 6 previos a la aparición de la sífilis. En los pacientes con sífilis latente temprana y sin historia de síntomas de sífilis primaria o secundaria se deben evaluar los contactos de los 12 meses anteriores. |
Enfermedades de
transmisión sexual infección VIH: Una relación controvertida. Algunos estudios epidemiológicos sugieren que las personas que padecen
enfermedades de transmisión sexual (ETS) tienen un riesgo aumentado, frente a las que no
las padecen, de sufrir infección por el VIH. La presencia de las lesiones, especialmente
las ulceraciones, que acompañan a las ETS pueden ser cofactores que facilitarían la
adquisición del VIH al suponer una alteración de la solución de continuidad de la piel.
Se cree que las conductas sexuales que aumentan el riesgo de adquirir una ETS también
aumentan el riesgo de infectarse por el VIH lo que ha llevado a algunos autores a sugerir
que en presencia de una ETS el riesgo de infectarse por una exposición sexual al VIH
aumenta de tres a cinco veces.
A : Síntomas referidos en el tiempo entre visitas. B: Síntomas presentes en el momento de la visita En otra evaluación se presentaron los
datos de un total de 12.726 sujetos aleatorizados en dos grupos; el grupo de intervención
se trató masivamente con azitromicina, ciprofloxacina y el metronidazol mientras que el
grupo control solo recibió tratamiento antiparasitario y suplementos vitamínicos. En
ambos grupos se trató la lúes y recibieron las mismas recomendaciones. La prevalencia de
VIH inicial era del 16.1%. A los 20 meses programa se evaluaron los datos y a pesar de que
en el control de las ETS existían diferencias significativas entre los dos grupos, no
había efecto significativo en la incidencia del VIH. Los hallazgos de Rakai parecen indicar que los síntomas, o la presencia, de ETS se comportan de un modo peculiar ya que parecen indicar que la presencia de ETS contribuye poco a la transmisión del VIH en esta población (el RR y el %RAP para la incidencia de VIH en sujetos con síntomas de ETS es bastante menor que la prevalencia de infección VIH encontrada en la población). En otro estudio basado en investigación de comunidades, realizado en Tanzania (Mwanza), se pudo comprobar que el tratamiento de cualquier manifestación de ETS conllevaba, comparando el grupo control y el grupo bajo intervención, una reducción del 38% de la incidencia de infección por VIH en el último. La prevalencia de infección VIH en ambas zonas parece ser determinante para explicar las diferencias encontradas; mientras que en Tanzania era sólo del 4% en la zona de Uganda se estima que es ligeramente superior al 15%. Para diferentes investigadores estos resultados subrayan la importancia que tiene la investigación adicional en este campo, sobre todo en poblaciones en las que la epidemia VIH/SIDA está empezando, para poder determinar que papel puede jugar en la prevención de la transmisión del VIH el control de las ETS. Referencias
Entre las comunicaciones de la 12ª
Conferencia se analizan con amplitud diferentes aspectos relacionados con las ETS,
habiéndose presentado más de 800 comunicaciones que tienen como palabra clave asociada
ETS, lo que sin duda da una idea aproximada de la preocupación que despiertan éstas
entre los autores, especialmente en países en desarrollo.Entre otros aspectos de las ETS
se pueden destacar, de las aportaciones a la Conferencia de Ginebra, la llamada de
atención sobre la presencia cada vez mayor de cepas de gonococo resistente a diferentes
antimicrobianos. En un estudio de la Región del Pacífico Occidental de la OMS que
durante más de 6 años ha controlado más de 35.000 aislamientos de gonococo se enfatiza
en la presencia cada vez mayor de cepas resistentes a las quinolonas, sobre todo a partir
de 1.996, que en zonas como China, donde supone más del 70% de los ensayados, o en Corea,
con más del 40% de resistencias, están conduciendo a un encarecimiento del tratamiento
de la gonorrea y a dificultar su control. En la zona también existen porcentajes altos de
cepas productoras de penicilinasa y resistentes a las tetraciclinas, si bien la mayoría
de ellas permanecen sensibles a las cefalosporinas de tercera generación y a la
espectinomicina. Referencias
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© VIH y SIDA, 1.998