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VIH y SIDA |
| . | Los besos profundos | Última revisión, julio 1.997 |
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Los datos En febrero de 1996 el CDC fue informado de la transmisión del VIH desde un hombre previamente infectado a la mujer seronegativa que era su compañera sexual. Ambos participaban desde 1992 en un estudio de parejas en las que solo uno de sus miembros era seropositivo. El hombre sabía que era seropositivo desde 1988 como resultado del uso inyectable de drogas. En una analítica realizada en junio de 1994 la mujer era VIH negativo por EIA y PCR. Sin embargo un año después, julio de 1995, fue VIH+ por EIA confirmado por IFI (repetido en septiembre del mismo año). Durante el periodo comprendido en este año, la mujer negó otras exposiciones de riesgo diferentes a su compañero: otros compañeros sexuales, inyección intravenosa de drogas, enfermedades de transmisión sexual, transfusiones de sangre, exposiciones accidentales, inseminación artificial, acupuntura, tatuajes, inyecciones percutáneas, etc. Los miembros de la pareja fueron entrevistados por encuestadores diferentes. En sus relaciones sexuales aseguraron que el hombre utilizaba siempre preservativos de látex que nunca se rompieron ni desprendieron en las penetraciones vaginales, no practicaron sexo anal, nunca mantenían relaciones durante la menstruación y las ocasionales veces que practicaron sexo oral no hubo intercambio de semen o sangre. La pareja intercambiaba besos profundos durante sus relaciones sexuales; el hombre relató sangrado de sus encías al cepillarse los dientes, algunas veces antes de un contacto sexual; la mujer relato el uso una sola vez del cepillo de dientes de su compañero y otra vez de una navaja de afeitar, aunque ninguno de los utensilios tenían sangre visible (no sabía precisar tampoco si lo hizo en el periodo de su seroconversión). Durante septiembre de 1994 el hombre estuvo atendido en una clínica por tos, cansancio y pérdida de peso, y en su orofarínge presentaba pequeñas vesículas; en mayo de 1995 presentaba gingivitis y leucoplaquia oral vellosa, aunque era la primera vez que acudía al dentista desde 1988. No recibía tratamiento antirretroviral ni pautas profilácticas. En agosto de 1994 la mujer acudió a un dentista por problemas de sensibilidad dental aumentada al frío y calor; se constató un mal estado de sus encías (periodontitis) de la que fue tratada sin problemas de sangrado especiales (el dentista era VIH negativo en mayo de 1996). A finales de agosto de 1994 presentó un cuadro de fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y adenopatías que duró sobre 10 días y que fue diagnosticado como un proceso vírico. En muestras obtenidas en abril de 1996 de ambos miembros de la pareja se comprobó la homología de las cepas VIH que los infectaban y se apoyó la conclusión, por diferentes estudios de genes por PCR, que el VIH se transmitió de uno al otro. |
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| . | La interpretación La ruta exacta de la transmisión no puede determinarse. Es posible que la mujer se infectó a través de la exposición de la mucosa de su boca a la saliva del hombre que a su vez se contaminó, posiblemente, por sangre de sus encías o exudado de sus lesiones bucales. Tal exposición pudo haber ocurrido durante el intercambio de besos profundos, y el mal estado de las encías de la mujer pudo haber sido un factor contribuyente. La exposición a saliva no contaminada con sangre se considera un modo raro de transmisión del VIH:
Existen casos de transmisión de VIH
relacionados con mordeduras por exposición a saliva contaminada con sangre. Comentarios Lo fundamental es tener presente que la exposición, a sangre, de la piel o mucosas que tienen rotas su solución de continuidad es una posible vía de transmisión del VIH; aseveración, por otro lado, que se conocía desde hace mucho tiempo. El artículo original lo puede encontrar en MORBIDITY AND
MORTALITY WEEKLY REPORT |
© VIH y SIDA, 1.998