EN
EL CENTENARIO DE GARCIA MORATO
"Suerte,
vista y al toro"
Tres
días después de haber terminado la guerra civil, el 4 de abril de 1939, moría
en accidente de aviación, durante una arriesga exhibición aérea en el aeródromo
de Griñón (Madrid) Joaquín García Morato Castaño, famoso por sus proezas en
el aire y considerado como el primer piloto en el bando nacional. Contaba con
2.871 horas de vuelo y había participado en 511 misiones bélicas, de las
cuales 144 combates aéreos y 122 ametrallamientos. Había derribado cuarenta
aviones enemigos. Ascendido a comandante por méritos de guerra, fue condecorado
con dos Cruces Laureadas de San Fernando, una individual y otra colectiva.
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García Morato, apoyado en la cola de su avión. Su
gesto es optimista, como el lema de su escuadrilla: "Vista, suerte y al
toro" |
Datos
biográficos
Joaquín
García Morato vio la primera luz en Melilla el 4 de mayo de 1904, por
lo que este año de 2004 se cumple el primer centenario de su nacimiento. Ingresó
en la Academia de Infantería de Toledo en 1920 y seis años más tarde obtuvo
el título de piloto. Desde 1927 tomó parte en la campaña de África, donde
fue herido y derribado dos veces. Además de piloto excepcional, dedicó toda su
vida a la aviación, procurando acumular todos los conocimientos posibles sobre
la misma. Consiguió los títulos de observador, piloto de hidroaviones, de
caza, de polimotor, radiotelegrafista de 1ª clase, profesor de vuelo sin
visibilidad, de vuelos nocturnos y de combate. Escribió varios libros técnicos,
entre ellos un “Prontuario de aviación acrobática”.
Al estallar la guerra civil, era profesor de la Escuela
de Vuelo de Alcalá de Henares. El 18 de julio le sorprendió de permiso
en Gran Bretaña, de donde regresó inmediatamente, llegando a Córdoba en un
avión alquilado, incorporándose al Ejército de Franco. Sobre este episodio,
García Morato escribió: “Estando en Inglaterra con permiso particular,
estalló el glorioso Movimiento Nacional, al que me incorporé‚ sin dudarlo, y
desde el primer día presté‚ mis servicios como “cazador”, que era lo que
por mi carácter y facultades cuadraba más en mí. Estoy regido por un vicio y
por un ideal: el vicio de las emociones y el ideal de la Patria dentro de
nuestra Religión”.
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García Morato posa junto a su Fiat con los pilotos de su escuadrilla, un día cualquiera de la guerra. |
El 3 de agosto de 1936 presta su primer servicio
pilotando un caza “Nieuport”, saliendo de Sevilla para reconocer el
frente de Córdoba, bombardeando en picado una concentración de tropas rojas en
El Carpio. Inicialmente voló en Nieuport,
luego en los Heinkel 51, pasando después a los Fiat, que ya no
dejó. Su escuadrilla, que llegó a ser célebre, se llamó primero Escuadrilla
Azul y Patrulla Azul, y al aumentar el número de sus componentes,
Grupo Azul. Su emblema estaba formado por un círculo con tres aves: un halcón,
una avutarda y un mirlo, pintados en azul sobre fondo blanco. Su lema rezaba:
“Vista, suerte y al toro”.
La
Laureada
Entre
sus múltiples acciones en distintos frentes destaca la decisiva actuación en
los combates aéreos del frente de Madrid. El 18 de febrero de 1937, que
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Con el general Kindelán, tras recibir la cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración española al valor |
A mediados de 1938 ingresó, junto con otro laureado, el general José Moscardó Ituarte, en el Consejo Nacional de FET y de las JONS.
Accidente y muerte
El día 4 de abril de 1939 se produce la tragedia. El comandante García Morato había ido a Griñón a tomar unas vistas para una película de guerra. Con uno de los «Ratas» cogidos al enemigo, un «Fiat» y un «Messerschmitt» y desde otro aparato, se trataba de fotografiar a estos últimos atacando al primero. García Morato despegó con su «Fiat 3-51», el compañero inseparable de gran parte de la guerra, con el que tantas victorias había logrado, sin que jamás sufriese más desperfectos que los pequeños producidos por algún proyectivo del enemigo.
El día era triste y gris, con nubes muy bajas y una lluvia fina y pertinaz que dificultaba la visibilidad. Se tomaron las vistas y cuando todo estaba terminado, el «Messerschmitt» y el aparato desde el que se tomaron las fotografías ya habían aterrizado, quedando en el aire el «Rata» y el «Fiat» de García Morato, y cuando se entretenía en un simulacro de combate, se produjo lo inevitable. Al intentar tomar tierra el aparato se estrelló de panza unos metros antes de llegar al campo de aterrizaje. Así moría el laureado comandante Joaquín García Morato, heroico y verdadero Caballero del Aire, el «as de ases» de la gloriosa Aviación de España, cuando le faltaba un mes para cumplir los treinta y cinco años de edad.
El cadáver fue expuesto en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de Málaga, por el que desfiló todo el pueblo malacitano. En 1950, el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, le hizo merced del título de conde del Jarama.
El prólogo de Franco a las memorias de García Morato
En 1940, con un prólogo del general Franco, aparecieron sus memorias bajo el título «Guerra en el aire», publicadas por Editora Nacional, Madrid MXMXL. Transcribimos a continuación el prólogo que escribió Francisco Franco Bahamonde:
«La historia de una nación es la vida y los hechos de sus héroes; de aquí la atracción que sus páginas inspiran y las emociones íntimas que nos ofrece. ¡Cuántas enseñanzas! ¡Qué grandes modelos de virtudes! ¡Motivos para la meditación y el análisis!
La invasión filosófica del siglo XVII con su racionalismo enciclopédico, había echado sobre nuestra Historia el veneno de la duda, y así vivimos su crisis más grave, con nuestros héroes legendarios difamados, nuestros santos y nuestros mártires escarnecidos y nuestra Patria ignominiosamente calumniada. Con los argumentos de la decadencia española nos negaron las virtudes de la raza, mientras con los despojos de nuestras empresas se levantaban otros Imperios...
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Posando en actitud relajada y feliz, justo el día antes de su muerte |
Y
aunque en toda coyuntura brillaron las virtudes raciales de nuestro
pueblo, sus destellos no llegaban a romper las densas nieblas sobre nuestra nación
acumuladas. Fue necesaria la conmoción que sufrió España en este Movimiento,
para que, liberados de torpes doctrinas, tuvieran su fiel expresión las
manifestaciones de vigor de nuestro pueblo, que con sus sacrificios y sus
virtudes afirmaban la fidelidad de una historia superada por los hechos heroicos
de nuestra Cruzada.
Mas
cuán distante es la vida de los héroes de lo que la fantasía popular y
novelesca ha forjado alrededor de las figuras guerreras.
Los
jóvenes que atraídos por la ilusión de conocer su vida os adentráis en su
lectura, encontraréis algo de la vida de todos; evocación de travesuras
infantiles, sueños románticos de estudiantes y cadetes, afición a la vida
peligrosa y de emociones, rebeldía natural hacia lo blanducho y cansino,
ambiente general de las juventudes de nuestra clase media de que es expresión
la figura de nuestro alférez provisional, tan española y natural como
desorbitada por los timoratos.
Una
literatura decadente había acumulado sobre la figura guerrera un artificioso
cúmulo de cualidades extraídas de la picaresca de nuestros aventureros
profesionales, en que todo vicio encontraba un torpe asiento, alternando la
fanfarronería y la pendencia con el juego, el vino y las mujeres. Como si el
heroísmo, que es sublime encarnación de las virtudes, pudiera tener escenario
favorable en los campos del vicio. Por ello no encontraréis en este libro ni
rastro de la crápula dorada, falso concepto que, creando un espíritu de
tolerancia ante los excesos y licencias, y ha sido causa de que muchos
aprendices de héroe se malograran arrastrados por ese ambiente de hipocresía
del mal, que, considerando de buen tono la práctica de los vicios, llevó a
muchos por un
La
vía de Dios es el camino de los héroes. Así lo reconoce nuestro heroico
aviador cuando dice: "Que con los ideales de Dios y Patria firmemente
arraigados, todos pueden alcanzar sus éxitos". Para enfrentarse con la muerte,
para elevarse sobre ella, para alcanzar la Gloria y el laurel y dar la vida
consciente por la Patria, hay que creer en Dios. Este es el gran secreto de
nuestra historia y el alma de nuestra Cruzada.
El
sentimiento de la Patria y el Deber es cierto, da hombres valerosos; pero los
héroes verdaderos, los conscientes y voluntarios para el sacrificio, surgen en
el campo de los creyentes.
Recorriendo
las páginas de este diario encontraréis los que habéis combatido, algo de
vuestras emociones pasadas, ese optimismo después de la batalla, que es
alegría de vivir; atracción de la vida ante la muerte que acecha. Ese dolor
por la del compañero caído, más que un amigo, un hermano -hermandad nacida
de los peligros vividos en común-; dolor que ocultamos en nuestro corazón y que
inútilmente intentamos disimular con fingidos optimismos.
Recuerdo
el anhelo con que un día me visitó nuestro héroe, durante la batalla del
Ebro, cuando fue derribado en campo enemigo su gran amigo, otro as del aire, el
capitán Salvador; su intensa emoción al conocer que ya trabajábamos hacía
horas por su rescate hizo que las l grimas escapasen de sus ojos, que,
inocentemente, justificaba con la frase: "Mi general, es que es mejor que yo"
En
el libro de García Morato encontraréis la historia íntima de
Un momento sobre todos fue durante la campaña decisivo para nuestro porvenir aéreo, lo acusa García Morato en las
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El héroe, en uniforme de gala |
páginas de su relato cuando en los cielos de Madrid y en lucha desigual combate dos morales; allí se consagra el héroe, se lanza por la victoria y la victoria es suya, nadie podrá en el porvenir arrebatársela. En los cielos de España nace una doctrina de que García Morato es paladín.
La
guerra en el aire evoca la lucha de los viejos tiempos, el guerrero que busca al
guerrero, la vista y el brazo dispuestos a la estocada, la espalda débil, el
socorro al compañero comprometido, uno contra varios, serias acometidas,
retrocesos para atacar; guerreros caídos, alas rotas, gestos caballerosos en
que el caballero derribado recibe en su descenso el saludo del vencedor; que
lo respeta...
¡Hermosa lucha del aire que resucita el espíritu de los tiempos heroicos, que renueva la poesía épica de los viejos capitanes!
Esta es la vida de García Morato.
Murió como los héroes legendarios en plena juventud, feliz y victorioso; sus
alas poderosas se quebraron un día ante el azar, mas quedó su espíritu
flotando en las que en una mañana han de nublar el sol.
Este libro os señala la ruta de los luceros.»
Eduardo
PALOMAR BARO