“NO FUE POSIBLE LA PAZ”

 

 

La Historia ha sido gravemente agredida por el acuerdo de la comisión constitucional del Parlamento que establece -contra buena parte de la sociedad - de sus sacrificios y sus esfuerzos, implícitamente la condena del Régimen de Franco. Comunistas y socialistas – de complicidades hablaremos – con esas extensas redes de la información que dominan se han aprovechado de ese acuerdo para montar con gran aparato la pretensión de la demolición de buena parte de la historia española contemporánea y arrojar a las tinieblas exteriores los casi 40 años del Régimen. Tratan con ello de exaltar, en un acto de sectarismo político, de hipocresía y de irracionalidad los años del 31 al 36, los de la República, que presentan como un modelo de paz, progreso y pacífica convivencia democrática, agredida por el Alzamiento cívico militar del 18 de julio. Y es en esta falsa acusación, donde reside nuestro rechazo porque la verdad es que España  no se resignaba a morir y no era posible la paz.

 

El año 2002 nos ha traído esa explosión de manipulación y mentira alimentada por el rencor que se expresa en lo que llaman “recuperación de la memoria histórica”. Pero también en ello se presenta, aunque enmascarado, el objetivo de lograr ahora lo que no lograron en la transición de los años 70: la ruptura. Entonces, la sociedad española que venía del tiempo de Franco en paz y concordia, que había sido la gran protagonista de la reconciliación efectiva y que con su esfuerzo había hecho crecer a España, no lo hubiera tolerado.

 

Ahora los irreconciliables levantan la bandera de la vuelta atrás cuando se aprovechan del desarme moral, la permisividad que ha sustituido a la verdadera libertad, cuando se han arrumbado muchos  valores sobre los que descansa el entramado de la sociedad; cuando la quiebra de una conciencia nacional perdida en esa madeja disgregadora en que se han convertido las Autonomías, y que han dejado a la sociedad española, inerme y vulnerable.

 

Ellos comienzan olvidando que aquél tiempo tuvo desafueros gravísimos que ahora quieren enterrar en el silencio –1931-1936- y fueron de  violencia extrema que cayeron sobre España como un vendaval imparable. Entierran también que socialistas y comunistas se alzaron contra la República en 1934, en una Revolución que en Asturias tuvo tintes trágicos, que causó cientos de víctimas y destrucciones sin límite, y que fue un ensayo general y antecedente de la Guerra Civil. Sobran los testimonios, pero recogemos dos por la categoría de sus autores. El primero de D. Salvador de Madariaga, en su libro “españoles de mi tiempo”. Se refiere a Largo Caballero, líder entonces del PSOE, que en un mitin el 5 de mayo de 1936 en la Plaza de Toros de Madrid dijo: “la clase obrera marcha a la dictadura del proletariado a paso de gigante (...) Si para ello es necesario saltar por encima de conveniencias y de circunstancias especiales, saltará; porque no ha habido ningún régimen sin que haya habido derramamiento de sangre y violencia.”. Este desafío se producía a poco más de dos meses del 18 de julio. No era posible la paz, afirma contundente el líder demócrata cristiano Gil Robles. Porque cualquiera que se acerque a la historia española de aquellos años conocerá el horror de unas jornadas en las que se comenzó quemando iglesias y conventos, ya en abril con la República recién proclamada, y más tarde convertía la calle de ciudades y pueblos en escenario de luchas violentas con víctimas mortales, y se llegaba al crimen de Estado con el asesinato del líder monárquico Calvo Sotelo, en un coche policial. Julián Marías reprocha a Ortega (los Domingos de ABC 12-1-2003) que “no previó lo que iba a pasar (La República) y habría debido de hacerlo. Habría que haber sido consciente de en qué manos se ponía el pandero. ... De la República –afirma tajante- salió el desastre de la Guerra Civil”.

 

A la gran catástrofe de la guerra se acercan ahora los manipuladores y entierran en el silencio la persecución de la Iglesia española, la más grave de la historia, el horror de las checas y sus víctimas, la hipoteca de la soberanía española en manos de los soviéticos, como ahora se descubre cuando se abren los archivos de Moscú, y se ha denunciado en un libro con el título bien esclarecedor “La España Traicionada”. Julián Marías en esas declaraciones a “Los Domingos de ABC” lo dice tajante: “En la guerra, la República quedó en manos de la Unión Soviética”.

 

Dicen que van a recuperar la memoria histórica y comienzan mintiendo con esa exposición sobre el exilio en la que están falsificadas las cifras que se exhiben, mientras callan que dos tercios de aquellas gentes a las que los horrores de la guerra forzaron a la huída,  regresaron a España al poco tiempo. No nos valen esos intentos de simulación dramática con “los niños de la guerra” a los que se puso a cubierto en países de Europa y regresaron pronto, y  los que sufrieron su evacuación a Rusia, a los que la resolución de condena de las Cortes califica de víctimas del franquismo. Y sin embargo, se prueba que frente a la preocupación esforzada del gobierno de Franco por recuperarlos, hubo la sistemática negativa soviética. “Posiblemente uno de los aspectos más escalofriantes de esta historia ha sido la colaboración y el silencio del PCE en su abandono primero y en su exterminio después” (César Vidal: “Enigmas históricos descubiertos”). Otro tema  hipócritamente manipulado. Hay un dato más, definitivo. En su libro testimonio “El País de la Gran Mentira”, Jesús Hernández que fuera ministro por el Partido Comunista en uno de los gobiernos republicanos de la guerra no vacila en atribuir la responsabilidad última de la decisión de la URSS de no devolver a los muchachos  a La Pasionaria, en cuya boca pone estas terribles palabras pronunciadas ante el Comité Central del Partido: “no podemos permitir que salgan de aquí como furibundos antisoviéticos”.

 

Después, la exhumación de cadáveres “republicanos” en Piedrafita de Babia (León) con el estruendo de los medios informativos y olvidan a tantos y tantos que del otro lado fueron asesinados y que en larguísima relación tuvo conmovedores episodios. No pretendemos comparaciones de cifras ahora; renunciamos por el respeto infinito que nos merecen todos a lo que pudiera aparecer como un triste enfrentamiento de muertos.

 

Esos desentierros no se hacen sobre gestos de reconciliación, sino sin rebozo alguno, como reivindicación del pasado y por eso se atreven a llamar a la situación política española una democracia incompleta. En El País (8-1-03) se recogía un significativo trabajo con alarde de presentación del profesor Vicens Navarro. Dice en él: “Si España hubiera tenido otro tipo de transición resultado de la derrota del franquismo o su colapso (...) en este caso es probable que hoy tendríamos una República en vez de una Monarquía”. Un texto que no oculta esa intención, pero que significa también y esto es positivo para nosotros el reconocimiento de la salud política española en 1975, producto de los años de crecimiento del Franquismo, y de una sociedad reconciliada decididamente por la paz.

 

Alarma tras estos testimonios reivindicativos del “otro tiempo” que se han manifestado como una explosión tras la aprobación de la injusta condena y las reivindicaciones en ella contenida porque la transición ahora contestada, se hizo con la bandera roja y amarilla,  la Monarquía, y naturalmente el propósito no rupturista de dejar para la historia los años pasados.

 

El Partido Popular, que ha suscitado graves reproches, al unir su voto al de socialistas y comunistas en esa ofensa a la Historia de aquella generación de españoles, que hicieron de España un lugar habitado por la convivencia, el trabajo y la ilusión. Se escudan torpemente en que con esa complicidad lograban su intención de que aquel tiempo fuera ya solo un territorio histórico para los investigadores, y ajeno al enfrentamiento político. Pero su propósito, y de ahí la gravedad de su responsabilidad, ha sido contestado inmediatamente por Izquierda Unida: “nosotros vamos a seguir”, y los socialistas también, y la ofensiva no se ha hecho esperar. Caen los recuerdos que recogían el nombre de los Caídos, se borran nombres históricos de las calles, se deshacen los acuerdos en que se mostraba la gratitud tan merecida a Franco, las televisiones, los libros y el cine están en enterrar, con intención de escarnio, 40 años de historia española y reivindican sin mácula los años terribles en que la izquierda fue protagonista. A los Populares les ha perdido otra vez, el complejo -que tanto explota la izquierda en su provecho-, sobre sus calidades democráticas. No queremos amargarlos con la afirmación cierta de que van a ser castigados en las urnas y sí por la irresponsabilidad de su voto pueda llegar. Pero el acuerdo del grupo de los parlamentarios socialistas y comunistas, con la compañía acomplejada de los populares, no va a impedir que el nombre de Franco y su obra llene las páginas de la Historia grande y que permanezca en el corazón de muchísimos españoles. Que estén seguros aquellos, que su injusto gesto sólo tendrá el alcance de lo transitorio.

 

 

BOLETÍN INFORMATIVO  Nº 92 DE LA FUNDACION NACIONAL FRANCISCO FRANCO

Octubre-Noviembre-Diciembre 2002

 


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