MAREA ROJA EN EL CONGRESO
por RAFAEL LUNA GIJÓN
Incluso se buscó la
coincidencia de la fecha (la del 20 de Noviembre) para zaherir aun mas:
en tal día, en el pleno de la Comisión Constitucional de la Cámara Baja, en vez
de — por ejemplo — analizar, rechazar y condenar el texto anticonstitucional
del proyecto de Ibarreche sobre «Estado Libre y Asociado» para Euskadi o de
hacer lo mismo con las propuestas de Artur Mas de parecidísima intencionalidad anticonstitucional, en lugar
de dedicar ésa y precedentes sesiones para tan constitucional y patriótica
tarea de la, precisamente, Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, en lugar de ello, repito, la
Comisión dedicó su esfuerzos en aprobar
«una resolución de condena del franquismo y de reconocimiento moral de sus
victimas» («Estrella Digital» del 21-11-2002). Bien es verdad que, a diferencia
del celo de D. Alfonso Guerra — patrocinador de la campaña iniciada con lo del
exilio y rematada con esto del antifranquismo — nadie propuso nada sobre lo de
Ibarreche y lo de Artur Mas, nadie incluyendo tu tan total omisión a los
bravos diputados del PP; y es cosa obvia que si nadie lo proponía la Comisión
no tenía por qué preocuparse de tan «intranscendentes», aunque
anticonstitucionales cuestiones vasca y catalana.
Despojándolas de las hojarascas retóricas y formalistas del texto de
resolución aprobado («espíritu de concordia y reconciliación que supuso la Constitución
de 1978»...«no reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la
confrontación civil»... «nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el
pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus
convicciones»..., etc.), pura hipocresía por parte de los proponentes
socialistas, comunistas y separatistas (a los que habría que adjudicar en casi
total exclusividad esas normas), tales notas podrían ser estas dos que siguen:
• Exhumación de cadáveres no identificados de la guerra civil: se
podría empezar, propongo, por los aún no identificados en Paracuellos, pues de los 9000, 10.000 u 11.000 allí sacrificados sólo se ha
podido identificar hasta hoy unos 2700, según el ilustre historiador y general
Rafael Casas de la Vega.
• Reconocimiento moral «de todos... cuantos padecieron... la
represión franquista»: Utilizado el ineludible dato de lo cronológico, se
podría empezar en ese reconocimiento moral por los que padecieron, durante tres
trágicos y lúgubres años, la dominación de aquellos Gobiernos compuestos por
los antepasados políticos de Guerra, Zapatero, Llamazares, Pujol y Arzallus;
luego se podría seguir con cuantos sufrieron la «represión franquista»,
cuantificando por supuesto uno y otro colectivo aunque, también, deslindando
lo que fue represión incontrolada
—siempre odiosa y condenable— de lo que fueron actos de justicia ante delitos
precedentes. (Cosa, esta última, que no se dio de forma alguna en la zona «republicana»).
El levantamiento del 18 de julio de 1936 fue, en su motivación
e inicio, el trágico acto quirúrgico ineludible pata evitar la muerte de la
Nación y del Estado españoles, pues a tal punto los habían llevado los partidos
marxistas y sus compañeros de viaje —con la eficaz colaboración del separatismo
catalán y vasco— al menos desde octubre de 1934, prostituyendo la gran ocasión
histórica que representó el advenimiento de la II República; todo lo cual lo
han reconocido explícitamente los más serios, objetivos y competentes
historiadores españoles y extranjeros así como infinidad de políticos
honestos de la mas variada procedencia ideológica, salvo los de procedencia marxista
dogmática y rencorosa. (Y salvo, también, los
tontos de capirote de la otra banda —militantes ahora de UCD o del PP—
que ese y otros días votan resoluciones como la aquí comentada).
• Ese Régimen «represor» condenado, trajo entre otras muchas cosas
todo esto: pasó de tener España una sociedad cuasi tercermundista a basarse en
una clase media extensísima y pujante que permitió —que por su sólida
estructura pudo soportar— el «experimento» del cambio político de los años
1976, 1977 y 1978; se pasó de una economía raquítica, y además destrozada, a
ser la novena o décima potencia industrial del mundo; se erradicó casi totalmente
el analfabetismo; se multiplicó por un muy alto multiplicador el número de
bachilleres y universitarios; se instituyó una Seguridad Social por entonces
modélica; evitó que España se viese arrastrada. catastróficamente, a la II
Guerra Mundial; etc.
• Quienes trajeron la democracia fueron las Instituciones y los
hombres de aquel Régimen, no la
oposición «intra o extra-muros» de él que, objetivamente, no tenían fuerza para
imponerla. (Otra cosa es que el modelo democrático impuesto después lo fuese
mediante una alevosa «ruptura pactada», producto del acomplejamiento de
aquella UCD de triste memoria en tantas de sus actuaciones). Ciertamente vino
tras un prolongado Régimen autoritario si bien no dictatorial en el concepto
peyorativo del término pues —como
patentó el eminente profesor Rodrigo Fernández Carvajal— aquella fue «una
dictadura constituyente»; lo que justamente fue, pues desde ella y no desde
los hombres ni desde los partidos exiliados se derivó sin solución de
continuidad institucional la democracia.
• La campaña que ha culminado con la resolución votada en el
Congreso de los Diputados ha sido —y seguiré siendo— una ola, una «marea roja»,
que viene de lejos en el tiempo y en la intencionalidad. Ciñéndonos, no
obstante, a lo más próximo de ella, cabe señalar que se abrió oficialmente con
la «Exposición sobre el exilio»,
organizada por la «Fundación Pablo Iglesias» que preside y dirige Alfonso
Guerra, exposición que sorprendentemente fue inaugurada por el Rey, a quien Guerra,
con un cinismo casi insuperable, calificó allí como también antiguo exiliado —a
lo cual SM. no contestó, aun más
sorprendentemente— por haber
nacido fuera de España durante la guerra civil. (Se olvidó casualmente,
que desde ese tan peculiar «exilio» el augusto padre del Rey intentó, por tres
veces, alistarse en unidades combatientes franquistas).
Siguió a esta inauguración una extensísima exhibición de sus
patrocinadores y de sus contenidos en prensa, radio y televisión (también en
los medios estatales) con incluso una entrevista de más de una hora a Santiago
Carrillo en la COPE (de los «exiliados sin retorno» de Paracuellos no quiso
hablar); luego aparecieron, también casualmente, los cadáveres de unos pocos
asesinados cerca de un pueblo leonés (obviamente fusilados por falangistas,
faltaría menos), a los que se les dio un entierro publicitario; días después,
en casi simultaneidad con lo del Congreso, se ha presentado un libro exaltando
y «haciendo justicia» a los «héroes» del «maquis»!, etc. Esto hasta hoy pero
que, como en las novelas por entregas, seguirá.
¿Qué pretende con todo ello el
PSOE o al menos el sector «largocaballerista» del partido,
manipulado por Guerra? Ni más ni menos que una
«segunda» y definitiva transición. En la primera, si bien los del PSOE
actuaron como auténticos bocazas, como insuperables demagogos, en cuanto a
hechos —salvo la catarata de huelgas dirigidas por el hoy moderadísimo Nicolás
Redondo padre— se comportaron con suma cautela pues tenían auténtico miedo, no terminaban
de creerse y verse libres, y legalizados por los hombres procedentes del
franquismo. Hoy, sin embargo, ya han perdido aquel y otros miedos —entre estos
últimos los causados por los “dossieres” en poder de un PP ya en el Gobierno,
los cuales temían se aireasen para hundir definitivamente al partido— ya no
temen al Ejército, seguros ya de su inmunidad y contemplando los errores de
gestión y la obsesión del PP por el consenso, se prestan a plantear esa
«segunda transición» en la que desde el poder (pues están seguros de
alcanzarlo en 2004) configurarán el Régimen vigente de acuerdo con las características
a las que no han renunciado. Pues para eh PSOE no hay más democracia que la de
izquierdas y el turno de partidos en el Gobierno (a diferencia de lo que sueña
el PP), debe cesar cuando la izquierda llegue al poder. El «largocaballero-Guerra»
así lo ha programado, como también está programado que si el PSOE lo necesitase
para formar Gobierno, lo haría con los nacionalistas.
Rafael LUNA GIJÓN
artículo publicado en «Cuadernos
de Encuentro»
BOLETÍN INFORMATIVO Nº 93 DE LA FUNDACION NACIONAL FRANCISCO
FRANCO
© FUNDACIÓN
NACIONAL FRANCISCO FRANCO 2003