Llegamos aquí al capítulo que
más me hubiera gustado no tener que escribir, tal vez
el más escabroso de este libro.
En 1988, cuatro años después de su fundación,
Los Verdes se creen preparados para ocupar, por derecho propio,
un espacio en el mapa político. Su consagración
como partido parlamentario -piensan ellos- es inminente, porque
su consolidación es una necesidad histórica.
Con lo único que no podían contar los grupos verdes
es con que surgiera un imprevisto de última hora que descabalase
sus planes. Y esto estaba a punto de ocurrir, de manera irremediable,
por el intrusismo y la competencia desleal de "La Comunidad
de Silo", una secta camaleónica internacional que
se inscribió como partido político con la denominación
"Los Verdes Ecologistas" y el símbolo del girasol,
patrimonio de los verdes europeos.
La fundó un siquiatra argentino llamado Mario Rodriguez
Cobo, iniciado en la escuela esotérica "Tathaga"
de Nápoles. A su regreso a Mendoza (Argentina) en 1962,
creó el grupo "Kronos" con sus doce apóstoles,
todos los cuales fueron detenidos y encarcelados por sus actividades
ilícitas. En 1969 Mario Rodriguez, que se hacía
llamar "Silo, el mesías de los Andes", reune
a medio millar de seguidores en Punta de Vaca, junto al Aconcagua
y megáfono en mano vocifera un discurso sobre "la
curación del sufrimiento" y exhorta a sus discípulos
a crear una organización que utilizaría técnicas
de control mental y practicaría la meditación trascendental.
"La Comunidad" (actualmente "El Movimiento")
se constituyó formalmente en 1975, pero su presentación
oficial en España no se produjo hasta el 27 de septiembre
de 1981, fecha en la que Silo se dirige a sus adeptos congregados
en el Pabellón deportivo del Real Madrid y les invita
a iniciar "la predicación y el proselitismo".
"Nuestra táctica -proclama Silo- consiste en tener
acceso al poder, montando un organismo paralelo para vaciarlo.
Cuando todo sea caótico, la gente nos elegirá".
A través de La Comunidad y de los partidos humanistas
y verdes ligados a ella, Silo extiende sus tentáculos
a lo largo de 44 países de todo el mundo. En Chile incluso
llegaron a colocar un diputado en el Parlamento Nacional.
En 1986, el entonces embajador de Silo en España Rafael
de la Rubia (actualmente reside en Moscú), participó
en la fundación de la coalición Izquierda Unida
con su "Partido Humanista". Poco después este
partido fue acusado de ser la tapadera de una secta presuntamente
financiada y manipulada por la CIA. Se les conminó a abandonar
la coalición. Entonces se produce la "metamorfosis
política" de la secta que reaparece como Futuro Verde.
En las elecciones europeas presentaron su candidatura como "Plataforma
humanista - Futuro Verde", con un resultado penoso: 22.333
votos. El 6 de noviembre de 1987 Futuro Verde cambia su denominación
ante el registro oficial de partidos políticos por la
más vendible de "Los Verdes Ecologistas", con
el logotipo del girasol.
Se ha dicho en alguna ocasión que fueron los propios funcionarios
de ese Registro, adscrito al Ministerio del Interior, quienes
sugirieron a Futuro Verde que adoptara la denominación
"Los Verdes Ecologistas", extraordinariamente semejante
a la de "Los Verdes". Una hipótesis que no resulta
descabellada, ya que existen pruebas documentales de que el PSOE
se planteó internamente la conveniencia de anular a los
verdes, ahogarles en su estado embrionario antes de que pudieran
llegar a convertirse en un rival electoral difícil de
batir, como le ocurrió a la socialdemocracia alemana.
Formaba parte de esta estrategia el favorecer sólo a las
opciones conservacionistas moderadas (2).
El Ministerio del Interior era un departamento tremendamente
corrompido en aquellas fechas, según luego ha quedado
patente con el procesamiento y encarcelamiento de algunos de
sus responsables. Cabe la posibilidad de que esos "responsables",
que se permitían presumiblemente el antidemocrático
lujo de financiar con dinero de los fondos reservados las actividades
terroristas de los GAL y que gastaban el dinero de esos mismos
oscuros fondos en la vileza de espiar a un inofensivo grupo ecologista,
pacifista y democrático como eran Los Verdes, llegaran
a mantener cotas de complicidad con los seguidores de Silo, que
en última instancia lo que pretendían era suplantar
la personalidad política de Los Verdes en las elecciones,
con lo que de seguro estos últimos resultarían
seriamente perjudicados.
El hecho cierto es que el Ministerio del Interior toleró
esa inscripción, y como Los Verdes no tenían aún
líderes reconocidos, resultaba técnicamente muy
fácil competir con ellos con la mera argucia de suplantar
su personalidad ante el electorado ostentando idénticas
siglas y símbolos.
Y lo consiguieron, consiguieron confundir al electorado, dividir
el voto verde, hacer creer a la sociedad que los verdes estaban
más desunidos de lo que realmente estaban, impedir su
consolidación y evitar que lograran representación
parlamentaria en las elecciones europeas de 1989.
Tal vez nunca sepamos si estuvieron manipulados por algún
servicio secreto pero el hecho cierto es que le hicieron un gran
servicio a alguien interesado en dinamitar el proyecto de Los
Verdes antes de que cuajara. Veamos los hechos. De nada sirvió
que una Comisión Parlamentaria constituida el 25 de mayo
de 1988 para investigar las actividades de las sectas en España,
catalogara a La Comunidad y Los Verdes Ecologistas como "secta
peligrosa y destructiva"; sus adeptos continuaron trabajando
con absoluta impunidad.
Ya en 1988 Los Verdes Ecologistas se presentan a las elecciones
autonómicas catalanas compitiendo con las candidaturas
de Alternativa Verde y de Els Verds. El 8 de julio de 1989 La
Comunidad funda en Brasil una fantasmagórica "Internacional
Verde" para suplir la carencia absoluta de reconocimiento
por parte de los partidos integrados en la Alianza Verde Europea,
lo que contribuye a aumentar la confusión.
En las europeas de 1989, la candidatura de Los Verdes Ecologistas
con identidad de denominación respecto a Los Verdes, además
de proyectar una falsa imagen de división que hizo retraerse
a muchos potenciales votantes, impidió matemáticamente
la obtención de uno o dos escaños para Los Verdes.
Luego veremos que la suma de los votos de ambas candidaturas
hubiera permitido al movimiento verde salir de la insignificancia,
convertirse en una opción parlamentaria y gozar de los
beneficios económicos y políticos que las leyes
reservan a los partidos con representación.
Algo semejante ocurrió en posteriores comicios. Los Verdes,
a través del abogado Juan Carlos Rois, interpusieron un
recurso contencioso administrativo contra Los Verdes Ecologistas
en junio de 1988, a los que se acusaba de suplantación
de personalidad. Tras las europeas del 89, Los Verdes consiguieron
una sentencia firme de los tribunales ordinarios que reconocía
su derecho preferente a la utilización de la denominación
"Los Verdes" y obligaba a Los Verdes Ecologistas a
variar su denominación (3).
Para ello diseñaron una estrategia consistente en poner
en entredicho al Ministerio del Interior y señalar sus
contradicciones. A iniciativa de Los Verdes, tres personas (4)
intentaron legalizar un partido con la denominación "Partido
Socialista Obrero Español Ecologista " (PSOEE) y
el logotipo de la rosa y el puño, aunque en este caso
se trataba de un girasol en lugar de una rosa. El Ministerio
del Interior rechazó inmediatamente tal inscripción,
lo que permitió a Los Verdes demostrar que se estaba produciendo
un agravio comparativo. ¿Por qué PSOE Ecologista
no y LV Ecologistas sí?. ¿Con qué baremo
funciona el Registro de partidos políticos del Ministerio
del Interior?.
Obligados a cambiar su denominación, los seguidores de
Silo no se dieron por vencidos y adoptaron el nombre de "Los
Ecologistas". Con esta denominación volvieron a concurrir
reiteradamente a los comicios, provocando la consabida confusión
del electorado hasta que, en 1994, decidieron"tirar la toalla".
De Los Verdes Ecologistas y de Los Ecologistas nunca más
se supo, pese a que mantienen su actividad como Partido Humanista.
Sobre estos y otros detalles abundaremos más adelante,
cuando lleguemos a su momento cronológico.
Los siloístas, no solo suplantaron a Los Verdes, sino
que en algunos casos llegaron a infiltrarse en sus filas. En
el 86 la Mesa Confederal de Los Verdes otorgó, por error,
la representación electoral en Galicia a un grupo de miembros
de la secta. En 1992 un miembro de la secta, José Alvarez,
se infiltró en la Federación de Madrid y llegó
a ser (con ayuda de Domingo Calero, Javier Saenz y Annie Normand)
su Secretario de Organización durante algunos meses, hasta
que fue descubierto.
La obra de Silo (Humanizar la Tierra, Experiencias guiadas, Cartas
a mis amigos), contiene pasajes afortunados y reflexiones inte-resantes
(otras no tanto), pero eso no mitiga el daño que, consciente
o inconscientemente, sus seguidores han causado al movimiento
verde.