A finales de 1986, el pantano de Riaño
se había convertido en el caballo de Troya del movimiento
ecologista. Y allí, in situ, en el precioso valle leones,
una acampada de Los Verdes preparaba la resistencia contra los
demoledores planes desarrollistas del Gobierno.
La Administración proyectaba construir una faraónica
presa que anegaría todo el valle, incluido el pueblo de
Riaño habitado por un millar de agricultores y ganaderos,
para convertir en regadío miles de hectáreas improductivas
de León, Valladolid y Zamora. El proyecto contemplaba también
el aprovechamiento hidroeléctrico de la presa.
Los ecologistas se preguntaban: ¿qué necesidad hay
de destruir un valle de los más hermosos que se pueden
encontrar y de provocar un drama de tamaña dimensión,
con cientos de familias condenadas a perder sus raíces
y alterar su modo de vida?. Y a continuación proponian
alternativas razonables: mejor aprovechamiento de las aguas del
embalse de Porma, utilización de aguas subterráneas,
mejora de los métodos de regadío basandose en el
de aspersión, y contrucción de cuatro pequeños
embalses superficiales (2).
Pero la Administración ni siquiera se digna a escuchar
las alternativas propuestas por los ecologistas. Las viviendas
de Riaño empiezan a ser demolidas para construir los pilares
sobre los que se asentará el viaducto que atravesará
el futuro embalse del río Esla.
Los Verdes toman la iniciativa y en enero de 1987 apelan a la
ONU para que paralice las obras del pantano.
Día tras día, afectados y ecologistas se enfrentan
contra un devastador modelo de desarrollo. La sociedad fue tomando
partido mayoritariamente a favor de los vecinos de Riaño
y los ecologistas. Una manifestación de 40.000 personas
recorrió las calles de León para pedir la paralización
de las obras. En Madrid, salieron a la calle 15.000 personas y
la lectura del comunicado final corrió a cargo de Ramiro
Pinto.
El protagonismo político alcanzado por la Asamblea Local
de Los Verdes de León influyó de manera determinante
para que el Congreso de Benicasim designara a Ramiro Pinto Cañón
como candidato numero uno al Parlamento Europeo.
El 2 de junio, en plena campaña electoral, los vecinos
de Riaño y Los Verdes llevan a cabo una numantina defensa
del pueblo, encaramados a los tejados de las casas para impedir
su demolición. Ramiro Pinto y dos vecinos son detenidos
cuando intentaban impedir el paso a la maquinaria y los trabajadores
del viaducto, encadenándose a la barandilla del puente
de acceso (3). La noticia recorre rápidamente las salas
de redacción de los periódicos.
A la mañana siguiente, el Diario de León dedica
su foto de portada al candidato de Los Verdes Ramiro Pinto, que
aparece como envuelto en un halo de leyenda, esposado, con los
brazos en alto y custodiado por un bigotudo guardia civil, fusil
en ristre. El País titulaba: "Detenido en Riaño
el candidato de Los Verdes al Parlamento Europeo.".
En aquella batalla, Los Verdes ganaron la gloria pero perdieron
la guerra. Riaño fue destruido en nombre del progreso y
las familias realojadas en otros municipios del contorno. Con
todo el dolor de su corazón Ramiro Pinto, parafraseando
a Nietsche, escribió en la prensa local: "Riaño
ha muerto y con él sus blasfemadores... es preciso que
el pueblo se señale a sí mismo una meta" (La
Crónica de León).
El candidato verde no alcanzó el escaño pero, eso
sí, cuando se abrieron las urnas se llevó una gran
satisfacción al comprobar que en el municipio de Riaño
su candidatura había logrado el 45% de los votos.