PROLOGO

La conciencia ciudadana sobre la gravedad de los problemas ambientales y su efecto en la biosfera ha aumentado en los últimos años, pero aún queda un largo camino por recorrer. El libro que tengo la satisfacción de prologar, aporta datos e información suficiente para aclarar en gran medida la trayectoria de un proyecto en el que muchas personas depositaron su ilusión y al que dedicaron enormes esfuerzos desde hace más de una década.

En 1983, la agenda política estaba ocupada principalmente en las tareas históricas de modernización de la sociedad y el aparato productivo, de construcción de un mínimo sistema de bienestar, de descentralización del poder político y de incorporación al proyecto europeo.

Estas prioridades y la urgencia en sus plazos de cumplimiento, ha hecho que el PSOE y los sucesivos gobiernos de González prestaran una atención secundaria a los problemas ambientales. Durante algún tiempo, su mera enunciación situaba al mentor en el campo de los adversarios del PSOE; y su consideración por las instancias político-administrativas incorporaba restricciones que podían amenazar el proceso de modernización y desarrollo económico implantado por el gobierno.

Era pues necesario un agente político que asumiera la responsabilidad de elaborar y difundir el nuevo paradigma que la Ecología Política representaba, incorporando así a la sociedad española la problemática que se abría paso, cada vez con más fuerza, en las sociedades de nuestro entorno.

Lejos de representar un obstáculo para la modernización, la Ecología Política representaba la posibilidad de enlazar con una dinámica social y cultural de vanguardia que, en el transcurso de muy pocos años, sería proclamada como la única modalidad posible de desarrollo: el desarrollo sostenible.

Así pues, la incorporación de la temática ecológica a la agenda política en nuestro país, planteaba la necesidad histórica de un nuevo agente situado inequívocamente en el campo de la izquierda, y cuyas relaciones con la socialdemocracia -relaciones de competencia democrática pero también de cooperación, como luego se ha dado en algunos países europeos- permitieran desempeñar tres funciones: En primer lugar, una dialéctica entre desarrollo y conservación que hubiera definido con precisión las condiciones históricas de equilibrio entre ambos objetivos para nuestro país en la década de los 80. En segundo lugar, una cierta división del trabajo no exento de conflictos, mediante el cual la agenda política hubiera concedido la atención merecida a los problemas ecológicos. Y por último, la definición de un proyecto histórico de construcción de un bloque social de progreso, renovado por los valores y los objetivos de la Ecología Política.

En última instancia, el nacimiento de Los Verdes en 1983 corresponde a la constatación de las deficiencias de la izquierda existente para hacer frente a las nuevas necesidades planteadas, que se manifiestan en términos económicos, políticos, sociales y ambientales.

Al igual que en el resto de los países europeos, los intentos de levantar un partido con base en la Ecología Política han sido realizados por gente procedente de tradiciones de izquierda. La paradoja (¿o no?) es que los partidos de izquierda, el PSOE especialmente, ayudados por algunos ecologistas "históricos", hicieron todo lo posible por arruinar el intento, denunciándolo como una oscura operación dirigida desde la derecha.

A las críticas de primera hora contra Los Verdes, se fueron sumando las de quienes, cómodamente instalados en la seguridad de las prebendas y los contratos amigablemente repartidos en las administraciones socialistas, negaban legitimidad para construir Los Verdes a aquellos que sólo disponían de su voluntad y su capacidad de sacrificio para afrontar tan difícil tarea.

Desde que fundamos Los Verdes en el 83, nos reclamamos herederos de todas las tradiciones emancipatorias de la izquierda. Ello no respondía a un espíritu ecléctico, ni a una intención oportunista que pretendiera reunir bajo el manto de un nuevo producto político los residuos de la evolución de los partidos convencionales. Respondía a una profunda convicción, la de la fertilidad de una síntesis de todas las culturas de izquierda y la de la necesidad de superación de todas ellas. Síntesis y superación -o superación con síntesis- para alumbrar una izquierda capaz de afrontar los grandes problemas sociales en las postrimerías de siglo. Y entre estos problemas sociales situábamos, en primer lugar, el que se derivaba de los límites de la biosfera para soportar las agresiones de que es objeto por los procesos de producción, distribución y consumo característicos del capitalismo tardío.

La consecuencia que de tal hecho extraíamos y que me sigue pareciendo válida, es que era en torno al ecologismo sobre lo que debería articularse la recomposición de la cultura política de izquierda para hacer frente a lo que ya se percibía como una clara ofensiva del capital y la derecha política e ideológica, para redefinir el pacto social sobre bases más favorables a la acumulación y a la obtención de excedentes. Pensábamos y sigo pensando que en torno al ecologismo y a su crítica radical de la "civilización capitalista" podía articularse un nuevo bloque histórico que contestara la hegemonía del liberal-productivismo.

El proceso de constitución de Los Verdes estuvo jalonado por el efecto de los retrasos y las contradicciones consustanciales a la cultura de izquierdas en España. En su origen, un debate teóricamente correcto pero políticamente fuera de la realidad consumió un caudal precioso de tiempo y energía y -lo que es peor- consolidó un conflicto de personalidades cuya perpetuación se convirtió en el eje de la historia posterior de Los Verdes, condicionándolo muy negativamente.

Desgarrados e inutilizados por sus conflictos internos y su incapacidad de generar un discurso coherente y un proyecto político articulado, Los Verdes no han sabido aprovechar las crecientes simpatías que despiertan en la sociedad española, cosechando resultados electorales mediocres incluso cuando las condiciones les eran más favorables, la temática ambiental estaba más presente en el debate electoral y sus candidaturas contaban con el indisimulado apoyo de los medios de comunicación. Los conflictos internos de Los Verdes y su incapacidad para trascenderlos ha dificultado siempre la existencia de una lista única que sirviera de referente al potencial electorado verde.

En el ciclo político de Los Verdes, el referendum sobre la OTAN es el punto culminante, la ocasión histórica para que esa energía social reformadora cristalizase en un proyecto político que la institucionalizara (en el sentido histórico y no meramente parlamentario). Esa ocasión histórica desgraciadamente no pudo ser aprovechada. La conversión de aquella amplia base social en un factor activo de transformación de la escena política, precisaba de una función de dirección política para la que los llamados nuevos movimientos sociales no estaban preparados y para la que la cultura política del PCE resultaba claramente desfasada.

El pseudoradicalismo de la época en Los Verdes y el sectarismo de algunos dirigentes del PCE sepultó esta oportunidad histórica. El ulterior desarrollo de los acontecimientos, ha venido a confirmar algunas hipótesis y la justeza de la propuesta política de vigorizar la vieja izquierda con las aportaciones del ecologismo.

Han pasado más de doce años, tres elecciones generales, varias regionales, tres municipales y tres al parlamento europeo sin que nuestra influencia en la sociedad española haya crecido en forma significativa, tanto si lo medimos en términos electorales como en el crecimiento de la organización partidaria y sus recursos.

Los Verdes en España, según todos los indicios, han resultado ser un fenómeno histórico de carácter transitorio, relacionado con la necesidad de dar una forma de expresión política al nuevo paradigma de los movimientos sociales, ante la incapacidad originaria de los partidos tradicionales de la izquierda.

En la inmadurez con que se planteó y se mal resolvió ese debate cabe una gran responsabilidad a los cuadros de la izquierda y la extrema izquierda (incluyendo a los del movimiento ecologista) que, prácticamente en su totalidad, contemplaron el nacimiento de Los Verdes con un espíritu sectario que les impidió considerar las virtualidades que la adaptación del fenómeno verde a las peculiaridades de la cultura política española, podía tener para su renovación profunda desde una perspectiva de izquierda.

Es cierto que , en lo que concierne al ecologismo, sus postulados son mucho más y mejor conocidos por la sociedad española, y la totalidad de partidos políticos organizaciones sindicales y patronales, culturales, ciudadanas y de toda índole van manifestando sus posiciones en relación con los problemas del medio ambiente.

Por decirlo de manera resumida, se ha extendido una forma difusa de ambientalismo que va paulatinamente impregnando las pautas sociales de conducta y, lo que es más importante, los propios códigos de valores en vigor.

Lo que afirmo es que el proyecto político verde en España carece de energía suficiente para afectar a las bases o fundamentos del sistema vigente de democracia competitiva. No se trata de arrumbar las ideas y el impulso ético que dió lugar a Los Verdes. Porque los alumbramos con nuestros errores y aciertos, debemos comprender la necesidad de dotar a nuestro proyecto de una maternidad social y organizativa que los grupos ecologistas por sí solos nunca le podrían aportar.

Es inútil seguir esperando que aquellos grupos y estratos sociales potencialmente votantes de una opción verde, integren sus filas para dinamizarla y multiplicar su influencia social. La extensión y socialización de los conceptos fundamentales de la Ecología Política precisa de un amplio colectivo humano dispuesto al esfuerzo y al sacrificio personal. Y ese perfil sociológico, que corresponde a algunos valores sustantivos y consustanciales de la Ecología Política, reside fundamentalmente en la izquierda política y social.

La izquierda se encuentra en todo el mundo en una situación de retroceso político y de colonización ideológica desde la que es difícil que pueda emprender esa tarea histórica de regeneración que se precisa. Y sin embargo, nunca como ahora ha sido tan necesaria la existencia de un sujeto político práctico, que sirva de referencia, de encuadramiento y de instancia directiva para las potencialidades de renovación que tienen las sociedades actuales. La recomposición de la izquierda, la creación de una nueva izquierda para el próximo siglo, es una demanda urgente para superar la civilización capitalista en nombre del género humano.

Las personas que hemos participado activamente en la vida de Los Verdes, deberíamos comprometernos con el proceso de construcción de la izquierda del siglo XXI, e incorporar como un elemento esencial de definición, los principios de cooperación, solidaridad y responsabilidad ecológica, que integran la Ecología Política. Es necesario inscribirse en ese proceso histórico de creación de una nueva fuerza, una fuerza para una nueva civilización, y hacerlo desde los postulados del ecologismo, entendiendo éste como la crítica de los sistemas teóricos y económicos que desprecian o no toman en consideración de forma suficiente la persistencia de los procesos ecológicos esenciales y de la biodiversidad como condiciones de cualquier civilización o cultura.

Pero esta participación, no debería ser en modo alguno en una coalición electoral cuyo horizonte teórico no parece sobrepasar los de la definición táctica de los Frentes Populares. Los Verdes deberían apartarse de cualquier proceso de refundación del comunismo. Intención legítima que no comparto y que me parece excluyente y/o contradictoria con la configuración del partido de izquierda democrática que necesita el país en los albores del siglo XXI.

La nueva izquierda -permanentemente barruntada y hasta ridiculizada pero nunca seriamente pensada- esa es la tarea que hoy, como en el 83, tenemos por delante. Una tarea histórica, con problemas muy diferentes en un contexto radicalmente distinto al de los años sesenta y aún de los ochenta.

Como ecologista me interesa destacar la importancia de los próximos años para la Unión Europea. Un simple repaso de los varios temas centrales resulta esclarecedor: la estabilización de las emisiones de CO2, las políticas en materia de transportes, el rumbo de la política agraria reformada y sus programas de acompañamiento (reforestación, medidas agroambientales, etc.), los fondos estructurales y de cohesión, la política de residuos, la de protección y conservación de la biodiversidad, etc. La práctica totalidad de estas políticas van a tener una influencia determinante en la conformación del modelo económico y territorial vigente en España en los próximos años.

En este contexto, el postulado democrático para la gestión de los recursos naturales representa la más consistente alternativa a la civilización industrialista, su negación en nombre del derecho que asiste a las generaciones presentes y venideras a disfrutar de forma equitativa de este patrimonio colectivo.

La Ecología Política representa, en lo teórico y en lo político, la construcción de un nuevo proyecto de contrato social que renueve el que ha fundamentado las sociedades contemporáneas democráticas, especialmente a partir de 1945. Un nuevo contrato social en el que los tradicionales términos de la contraprestación -capitalismo a cambio de democracia y bienestar- se amplian y modifican incorporando una dimensión global que potencie hasta el límite el interés general que le sirve de última justificación.

Así pues, la Ecología Política no es, no puede ser, el último banderin de enganche de cuantos voluntariamente desean situarse fuera o al margen del sistema democrático, en nombre de un pretendido estadio histórico superior (el "socialismo" la "sociedad sin clases", etc). En estas concepciones generalmente autodenominadas "rojiverdes" se refugian los últimos ensueños revolucionarios procedentes de la extrema izquierda tradicional y aún los proyectos de refundación del comunismo. La Ecología Política no puede servir de tonto útil o compañero de viaje a estos proyectos a todas luces caducos. Se trata más bien de dar un salto adelante, de trabajar por un "bloque histórico para el desarrollo sostenible" que pueda detener el rumbo de injusticias, miserias y degradación ecológica impuesto por el capitalismo tardío a la humanidad en este final de siglo.
Estoy convencido de que este bloque histórico puede construirse en torno al proyecto y al discurso de la Ecología Política definido por los valores de SOLIDARIDAD, AUTONOMIA, RESPONSABILIDAD ECOLOGICA Y DEMOCRACIA.

LUIS HIDALGO DE LALAMA
Madrid, febrero de 1996

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