El I Congreso de Los Verdes se inicia el 23
de Febrero de 1985 en Cardedeu (Barcelona), con la presencia de
283 delegados: 136 catalanes, 53 madrileños y 92 procedentes
de Andalucía, Castilla-León, Canarias, Cantabria,
Aragón, Galicia, Murcia y la Comunidad Valenciana. También
acude una nutrida representación de los partidos verdes
de Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Suecia,
Italia y Holanda.
Antes de la sesión de apertura, el servicio de orden impidió
el acceso al recinto, con ayuda de la policía municipal,
a Manuel Valero y otros treinta madrileños de Los Verdes
Alternativos, grupo escindido de la federación madrileña
que se oponía a la fundación de Los Verdes como
organización política y a la participación
electoral.
Mientras se producen estos incidentes en la puerta de acceso,
en el interior tiene lugar un acalorado debate para decidir si
se admite o no a este grupo, que no había sido previamente
acreditado. Los Verdes andaluces (1) también se muestran
contrarios a la participación electoral "hasta que
la organización se encuentre organizativamente capacitada",
y piden que se autorice la entrada de los excluidos. Al no conseguirlo
se desmarcan de los trabajos del Congreso en señal de protesta.
Aunque se debatieron y aprobaron diversas ponencias relativas
al aprovechamiento integral de las fuentes de energía,
a la OTAN, al Mercado Común, al paro, a los derechos sociales,
a la sanidad, al funcionamiento de la judicatura, etc, la denominada
"¿Por qué es preciso ir a las elecciones?"
concentró el mayor interés de los congresistas.
El debate se alargó y ante la imposibilidad de alcanzar
el consenso, se optó por lo menos comprometido: dar plena
libertad a cada Federación para concurrir o no a las generales
de 1986.
Pero, sin duda, el punto del orden del día que suscitó
mayor controversia fue el relativo a la ratificación de
los estatutos que habian sido legalizados ante el Ministerio del
Interior. Para los catalanes estos Estatutos eran "inaceptables,
porque configuran un modelo organizativo centralista y estatalista".
Alternativa Verda propugna una "confederación"
de partidos soberanos de ámbito eco-regional (concepto
un tanto gaseoso, no necesariamente coincidente con la Comunidad
autonómica). Se llegó a una solución de compromiso,
postergando su aprobación a un encuentro posterior, por
lo que no fueron inicialmente aprobados los Estatutos oficiales.
Tras la clausura, y a pesar de la aprobación de un "programa
común" que teóricamente debería servir
para aglutinar en torno a Los Verdes al conjunto de los nuevos
movimientos sociales, los delegados regresaron a sus lugares de
origen con una cierta sensación de frustración y
fracaso. Los Verdes habían nacido en un clima de crispación
interna que perjudicaría seriamente su proyección
pública. Toda la prensa se hizo eco de las divergencias,
con titulares como "El Congreso verde se inicia con escisiones"
(El Periódico), "Disensiones en el Congreso de Los
Verdes" (El Correo Catalán), "División
de Los Verdes sobre su participación electoral" (El
País), o"Tenso Congreso verde" (Liberación).
El diario El País puso el broche de oro dedicando a Los
Verdes un jugoso editorial en el que se ponía en duda la
viabilidad del proyecto y su representatividad: "El tiempo
-concluía el artículo- dirá si el nuevo partido
es un simple reflejo mimético de las experiencias alemanas
o el germen de un auténtico movimiento verde con capacidad
de futuro".
Era una obviedad decir que la experiencia de Die Grünen no
podía ser mecánicamente emulada en España,
porque las condiciones eran radicalmente distintas. En Alemania,
donde perduraba la prohibición del Partido Comunista, no
existía ningún partido significativo a la izquierda
del SPD socialdemócrata. Sí existía en cambio
una gran tradición alternativa, mientras que en España
los esfuerzos por liquidar el viejo régimen franquista
capitalizaban la atención de la sociedad, y el movimiento
ecologista tenía serias deficiencias organizativas (2).
Por otra parte, en la República Federal Alemana los problemas
relativos a la configuración del Estado estaban plenamente
resueltos, mientras que en España, y particularmente en
Cataluña y Euskadi, la reivindicación nacionalista
seguía poniendo en cuestión el marco autonómico
diseñado en la Constitución de 1978.
El radicalismo nacionalista había impregnado a los verdes
catalanes, para quienes el Estado resultaba ser una institución
artificial, militarista, centralista y autoritaria, y el movimiento
político verde no debía estructurarse tomando como
referencia el marco estatal sino el bio-regional. No podian admitir
su adscripción a una estructura verde estatal y poco después
del Congreso de Cardedeu, el 18 de mayo de 1985, Alternativa Verda
(Moviment Ecologista de Catalunya) escinde de Los Verdes e inicia
una larga relación con los también escindidos "Verdes
Alternativos" de Madrid.
Operativamente, el I Congreso resultó ser un verdadero
despropósito. La incipiente estructura organizativa se
resquebrajó, la imagen pública del nuevo partido
quedó por los suelos... (3).
Pese a todo, las actividades de los verdes continuaban. Se denunció
ante los tribunales a FECSA, propietaria de la Central Térmica
de Cercs, en la comarca catalana del Berguedá, por presunto
delito ecológico. Sería esta la primera vez que
se instruía en España un sumario por delito ecológico,
ocasionado por la lluvia ácida. También se llevó
a cabo una intensa campaña de objección fiscal,
en colaboración con el Movimiento de Objetores de Conciencia
(MOC).
Coincidiendo con el aniversario de la Constitución, el
6 de diciembre tuvo lugar un Acto Público en Madrid "por
la paz y la neutralidad", organizado conjuntamente por Los
Verdes y la Federación Progresista. Intervinieron Santos
Ruesga y Ramón Tamames por la Federación Progresista,
Francisco García y Edgardo Vallejo por Los Verdes y como
invitado de honor el diputado verde aleman Uli Fischer. La fugaz
-pero sonora- aparición de la Federación Progresista
en la escena política, partido que se autodefinía
como "una alternativa verde de izquierdas" y que estuvo
a punto de unificarse con Los Verdes, bién merece ser rememorada
en el capítulo siguiente.