Pese a su íntima relación,
no existe simetría semántica entre los términos
"ecologista" y "verde". Con arreglo a su
trayectoria histórica, podríamos decir que el ecologista
es un estudioso de la naturaleza (naturalista), que se ha dado
cuenta de la necesidad de protegerla (conservacionista) y de
que la manera más eficaz de protegerla es yendo a la raíz
de los problemas, lo que le conduce a cuestionar el modelo de
desarrollo y a ofrecer alternativas globales (ecologista). Verde
es aquel que, desde convicciones no solamente ecologistas sino
también pacifistas, feministas y de equidad social planetaria,
se implica políticamente y participa en las instituciones
para modificar las leyes y poner en práctica programas
concretos orientados a introducir cambios estructurales que permitan
solucionar los problemas ecológicos y sociales.
En algunos países, el nacimiento de Los Verdes como organización
política se produjo de forma compulsiva, en un escenario
de vibrante y entusiasta confluencia entre activistas provenientes
de los nuevos movimientos sociales, ecologistas, antimilitaristas,
antinucleares, feministas, antipatriarcales, naturistas, homosexuales,
antropósofos, ocupas, esperantistas, protectores de los
animales, asociaciones de defensa de los derechos civiles, de
solidaridad con el tercer mundo, radios libres, cristianos de
base, grupos libertarios, militantes de extrema izquierda, etc.
Una vez fijadas las reglas del juego internas, experimentaron
un súbito crecimiento. Por ejemplo, los 2.800 afiliados
a Die Grünen en junio de 1979, en la primavera de 1980 se
habían convertido en 10.000. Tres años más
tarde se llegaría a los 40.000.
En España, el intento de vertebrar el movimiento alternativo
en torno a una opción política verde tropezó
con grandes dificultades desde el principio. La Comisión
Gestora autonombrada en Tenerife debía convencer al heterogéneo
y difuso movimiento alternativo para que legitimara la fundación
de Los Verdes y enrolar la tripulación necesaria para
el embarque de la nave, pero nunca llegó a ganarse enteramente
su confianza.
La mayoría de los ecologistas históricos no se
sumaron al proyecto y negaron que hubiera llegado el momento
de crear un instrumento de intervención política
de corte ecopacifista, lo que situó a Los Verdes en un
cierto estado de orfandad, al no haber conseguido el necesario
ensamblamiento con el movimiento social del que pretendía
ser su expresión política. En palabras de Fernando
Parra, "la promoción desde dentro de los ecologistas
de un partido verde resulta extremadamente difícil. Tanto
por la hostilidad que despierta la sola mención de partido
a los ecologistas anarquizantes como por el poco predicamento
de sus promotores locales" (2).
Los sectores más libertarios, vinculados a la Coordinadora
Asamblearia del Movimiento Ecologista (3) mostraron su habitual
alergia a la participación electoral e institucional y,
por otro lado, recelaron del proyecto por el temor a que fuera
instrumentalizado por algún "tiburón"
de la política. Concretamente se sospechaba del catedrático
de estructura económica Ramón Tamames, del que
se decía que estaba preparando una operación política
consistente en el lanzamiento de una opción verde coincidiendo
con las elecciones generales del 86, y que la presentación
de su libro "Utopía y contrautopía, diez claves
para 1984" (4), en el que disertaba, entre otras cosas,
sobre la necesidad de "una nueva ética ecológica",
no era más que el primer paso. Ya entonces el prestigioso
economista sorprendía a propios y extraños con
afirmaciones tan avanzadas para la época como esta de
la obra citada: "la economía debe situarse dentro
de la ecología, hay una superioridad de rango de la ecología
respecto de la economía". Más tarde veremos
como, efectivamente, Tamames no tardó mucho en anunciar
la creación de un partido verde, la Federación
Progresista, con el que concurriría a las elecciones legislativas
del 86 en coalición con Izquierda Unida y lograría
un escaño en las Cortes.
Otros grupos ubicados ideológicamente en la órbita
de influencia de la extrema izquierda extraparlamentaria, expresaron
su desaprobación ante la aparición de un partido
verde que no se ajustaba a su patrón cultural de partido
de clase en el contexto de la lucha de clases.
En sectores ideológicamente más templados, tampoco
faltaron las voces discordantes de algunos conservacionistas
históricos que habían ayudado al PSOE a ganar las
elecciones del 82 y veían en el nacimiento de los verdes
una seria amenaza para el recién expandido aparato socialista,
del que ya habían empezado a recibir un trato de favor
(5). Por otra parte, aquel mismo año el Gobierno socialista
aprobaría la moratoria nuclear, lo que contribuiría
a reforzar la posición de aquellos que argumentaban que
no era el momento de hacer oposición frente a un partido,
el PSOE, que daba muestras de sensibilidad hacia las reivindicaciones
del movimiento ecologista.
Así pues, que Los Verdes nacieran sin el suficiente consenso
del movimiento alternativo iba a ser determinante a lo largo
de su historia, pero aquel fracaso no debe atribuirse a la Comisión
Gestora, quien desplegó un esfuerzo impresionante que
culminó, un año más tarde, con la convocatoria
de la I Conferencia de Los Verdes.
El 25 de septiembre del 83, se volvió a reunir la Comisión
Gestora, esta vez en los locales de la Federación de Amigos
de la Tierra (FAT) en Madrid (6), iniciandose un tormentoso proceso
que se prolongaría durante todo un año.
Se organizó una I Asamblea-Encuentro de Los Verdes, que
tuvo lugar el 8 de diciembre del 83 en Sevilla (7). Un portavoz
de los congregados explicó así el motivo del Encuentro:
"lo que hace esencialmente necesaria la celebración
de una Conferencia de los verdes en el Estado español,
es la puesta en común de ideas e iniciativas encaminadas
hacia una confluencia real del movimiento alternativo que nos
dote a todos de mayor capacidad de contestación y que
genere una alternativa social globalizadora" (8).
El Encuentro de Sevilla fue un primer paso
hacia la construcción de un marco organizativo común
y hacia la articulación de un programa político
que justificara el nacimiento de Los Verdes. Se aprobaron resoluciones
contra el Proyecto de Ley de Objección de Conciencia que
preparaba el gobierno, a favor de la despenalización del
aborto y en solidaridad con la lucha de los jornaleros andaluces.
Alternativa Verda (Moviment Ecologista de Catalunya) propuso
la asunción de cinco objetivos básicos:
1.- Reivindicar una economía de la
naturaleza que respete los equilibrios ecológicos y los
recursos naturales.
2.- Establecer un marco convivencial no estatalista.
3.- Promover una metodología de análisis científico
para planificar y organizar el territorio (a fin de conseguir
la autosuficiencia energética y alimenticia) y potenciar
el desarrollo de aquellas tecnologías que, interfiriendo
mínimamente en el ecosistema, se basan en la utilización
de los recursos renovables.
4.- Dar al trabajo y a los objetos el significado que tienen
en función de las necesidades reales y objetivas de la
población, evitando la explotación y la alienación
de las personas.
5.- Construir una forma de interpretar las relaciones humanas
basada en la solidaridad.
La candidez que caracterizaba al incipiente
movimiento político verde, le llevaba a expresar sus propuestas
de actuación política en términos casi poéticos,
un tanto reñidos con la exigible precisión en las
formulaciones programáticas. Así pues, de propuestas
tan amplias como "establecer un marco convivencial no estatalista",
se derivaban ineludiblemente múltiples interpretaciones.
Tan sólo un mes más tarde, en enero de 1984, tuvo
lugar la II Asamblea-Encuentro, esta vez en Barcelona. Había
sido organizada por Alternativa Verde (colectivo liderado por
el ex-director del "Diari de Barcelona" Santiago Vilanova)
que unilateralmente había decidido ya, un mes antes, pasar
por el Ministerio del Interior para inscribirse como partido
político, convirtiéndose así en la organización
pionera del movimiento verde, excepción hecha, claro está,
del fantasmagórico Partido Ecológico Español,
de Enebral Casares, que se presentó a las elecciones generales
de 1978 para, a continuación, integrarse en Alianza Popular,
y del no menos extraño Partido V.E.R.D.E (Vértice
Español para la Reivindicación del Desarrollo Ecológico),
inscrito en 1982 por Jose Luis Barceló Fernandez de la
Mora, que contribuyó a crear una gran confusión
en el electorado hasta su desaparición en 1991 como consecuencia
del fallecimiento de su fundador y presidente. En realidad, estos
partidos no existieron nunca como tales sino que fueron meras
siglas que aparecieron en un momento determinado de los procesos
electorales en forma de candidaturas.
La reunión de Barcelona transcurrió dentro de lo
previsto, contando con la asistencia de representantes de 40
grupos, en su mayoría provenientes de Cataluña,
Baleares y la Comunidad Valenciana.
El abogado ambientalista Marc Viader, portavoz del Encuentro,
resumió así la situación que se vivía
en medio de aquel proceso constituyente; "en los grupos
alternativos coexisten dos grandes tendencias de opinión.
Una de ellas es partidaria de intervenir en la vida pública
a través también de los canales convencionales
de participación, singularmente por medio de su concurrencia
a las elecciones" (9).
Cuando, en marzo de 1984, se celebra en León la III Asamblea-Encuentro
de Los Verdes, la incipiente organización cuenta ya con
"Comisiones Gestoras" en Madrid, Málaga, Tenerife,
Sevilla y Barcelona. En esta ocasión asisten grupos de
Galicia, Asturias, Euskadi y Castilla-León.
Tras esta cadena de Encuentros organizados estratégicamente
en Sevilla, Barcelona y León para facilitar la asistencia
y participación de los grupos locales, todo está
a punto para la celebración de la I Conferencia de Los
Verdes en la que se tomaría la trascendental decisión
de legalizar el partido. Pero antes, iban a tener lugar dos episodios
que terminarían de calentar el ambiente.
El primero consiste en la llegada a Madrid de Petra Kelly, en
compañía del ex-general Gert Bastian, convertidos
ya en personajes legendarios de la historia moderna. Habían
sido invitados por el semanario Tiempo para asistir al estreno
del largometraje "El día después", en
el que se muestra en toda su crudeza las posibles consecuencias
de un ataque nuclear.
Después de acudir a los actos oficiales que les habian
programado sus anfitriones y participar en el programa radiofónico
de Jesús Quintero, más conocido como el loco de
la colina, corrieron a entrevistarse con los verdes de la Comisión
Gestora.
Kelly era una mujer escuálida, nerviosa y muy sagaz, vívamente
interesada (e involucrada) en el proceso de edificación
de Los Verdes en España; obtenía información
de primera mano a través de un emisario que le transmitía
noticias confusas. Así que no se anduvo con rodeos y,
mirando a sus contertulios por el rabillo del ojo, les espetó:
"nuestro compañero Julius Krizsan, que ha estado
varias veces en España durante el último año,
nos ha transmitido la idea de que aquí hay verdes de derechas
y de izquierdas, y que los socialistas también se preocupan
por los postulados verdes. ¿Es así?" (10).
En representación de la Comisión Gestora, Edgardo
Vallejo ofrecía todo tipo de explicaciones en perfecto
alemán acerca de la complejidad del proceso iniciado.
Entre tanto, Gert Bastian permanecía callado, en actitud
extraña, rumiando un monumental cabreo con sus correligionarios
de Die Grünen, a quienes acusaba de falta de arrojo a la
hora de abordar los temas relacionados con la OTAN y los euromisiles,
su auténtica obsesión, lo que le había llevado
incluso a dimitir como parlamentario. De hecho, en Alemania ya
se daba por seguro que estaba a punto de abandonar la organización.
Pero el acontecimiento que sirvió como colofón
al proceso fundacional de Los Verdes consistió en la realización
de un "Festival por la Paz" en el Palacio de los Deportes
de Madrid, el 28 de abril de 1984. "Más que un festival,
se trata de una especie de fiesta de la solidaridad de todos
aquellos que estan a favor de una acción política
y social verde en este país", manifestó Luis
Hidalgo, en nombre de los organizadores, al diario El País
(11).
El Festival, organizado por la actriz Paca Gabaldón, el
filósofoCarlos París y el escritor Joaquin Antuña,
presidente de la ONG "Paz y Cooperación", contó
con el apoyo técnico del Ministerio de Cultura, la Comunidad
de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Congregó a 3.000
personas y en él participaron, de forma desinteresada,
prestigiosos músicos de la movida madrileña, tales
como Moncho Alpuente y Carlos Tena, que oficiaron de presentadores,Teddy
Bautista, Caco Senante, Chicho Sánchez Ferlosio, Pablo
Guerrero, Grupo Alarma, Alberto Gambino y la catalana Marina
Rosell (12).
Por primera vez, Los Verdes se habían hecho presentes
en la vida de la ciudad, la "capital del contento de Europa"
como le gustaba definirla a su regidor Enrique Tierno Galván,
y el hecho no pasó desapercibido para algunos intelectuales
como Aranguren, Manuel Vicent, Rosa Montero, Máximo, Genovés
o Carmen Sarmiento, que se prestaron a colaborar con los organizadores.
El 24 de junio de 1984 se inaugura en Málaga, la tan esperada
Primera Conferencia de Los Verdes. Ciento setenta delegados de
once comunidades autónomas diferentes (13) proclaman que
ha llegado la hora de inscribir a Los Verdes en el Registro de
Partidos Políticos del Ministerio del Interior.
Para subrrayar la importancia del evento, la Comisión
Gestora, que concluía así sus trabajos, hizo venir
representaciones de los partidos verdes de Alemania, Bélgica
y Gran Bretaña (unos días antes se habían
celebrado elecciones al Parlamento Europeo en 8 países
y los partidos verdes cosecharon 9 escaños y 3.382.800
votos, el 3´1% del total de sufragios).
El acto había suscitado tanta expectación que,
al día siguiente, Diario 16 despachó la información
con un titular a cuatro columnas tan estridente como el que sigue:
"Seiscientas organizaciones han fundado el Partido Verde
Español". La realidad era bastante más modesta.
Durante la Conferencia salieron a relucir, en medio de agrios
debates, actitudes personalistas y contradicciones ideológicas,
por lo que nadie dió por cerrado el proceso. Simplemente
se decidió legalizar el partido y esperar hasta febrero
del año siguiente, fecha en la que tendría lugar
el verdadero Congreso Constituyente.
Los Verdes quedaron formalmente inscritos como partido político
ante el Ministerio del Interior el 26 de noviembre de 1984.