Por primera vez Los Verdes llegan a unas
elecciones convencidos de obtener resultados tangibles. Contribuyen
a su optimismo los últimos sondeos que se publican en
el mes de mayo: una estimación de voto de Metra Seis otorga
el 5% para Los Verdes de Alicante, el 4´9% para Los Verdes
de Palma de Mallorca, el 3´9% para los de Valencia, posibilidad
de conseguir diputados en Asturias, Madrid, Baleares, incluso
en Avila, donde el colectivo ecologista "Cantueso"
se había ocupado de confeccionar la candidatura.
Una vez más se pondría de manifiesto lo que ya
era una constante desde las europeas y las generales del 89:
las encuestas siempre se equivocan con Los Verdes, siempre les
otorgan muchos más votos (y más escaños)
de los que luego obtienen. Este curioso fenómeno de interés
sociológico parece ser que es debido a que muchos de los
encuestados luego se abstienen, es decir, los verdes tienen una
buena porción de su electorado potencial entre los abstencionistas
asíduos. Sobre todo, jóvenes que a la hora de la
verdad prefieren salir al campo a comerse una tortilla que guardar
la cola en el colegio electoral. Al menos esa es la interpretación
que ellos mismos se hacen.
En 1991, de las 13 comunidades autónomas donde se celebran
elecciones, Los Verdes se presentan en diez, Los Ecologistas
(a instancia de Los Verdes las Juntas Electorales no les permitieron
utilizar su antigua denominación, "Los Verdes Ecologistas")
en siete, Unión Verde en una y Arco Iris en otra. Veamos
los resultados de forma desglosada:
En Madrid se logra el mejor resultado porcentual de voto verde,
el 2´66%, pero el voto se dispersa en tres candidaturas
diferentes (2): Los Verdes consiguen 34.465 votos, Los Ecologistas
13.263 y Unión Verde 9.552, lo que suma un total de 57.280
votos.
En Baleares, donde Els Verds de les Illes se presentan en solitario,
se consigue el segundo mejor resultado, un 2´12% y 7.185
votos.
Los Verdes también presentan candidaturas en solitario
en Asturias y Extremadura, pero en ambos casos apenas se sobrepasa
el 1%.
En Canarias, Cantabria, Castilla - La Mancha, Castilla - León,
y la Comunidad Valenciana, Los Verdes compiten con la candidatura
de Los Ecologistas, y en todos los casos rozan el 1% de los votos
válidos.
En Murcia se presentan Los Verdes (5.717 votos), una candidatura
del grupo ecologista Arco Iris (2.940 votos) y la de Los Ecologistas
(1.783 votos). En conjunto superan el 2%. Pero lo más
llamativo de este resultado es que Los Verdes compiten con una
candidatura con arraigo en el movimiento ecologísta (Arco
Iris, asociación vinculada a sectores de extrema izquierda)
y la supera; a la vez ambas superan a la candidatura sectaria
de Los Ecologístas, que queda cada vez más relegada.
En Barcelona se alcanza el consenso entre Els Verds, Alternativa
Verda y Partido Ecologista de Cataluña-VERDE para presentar
una lista conjunta a las municipales con la denominación
"Barcelona Verda" (3). En Lleida, Alternativa Verde
formalizó una coalición electoral con Iniciativa
per Catalunya, AV-IC, preludio de lo que cuatro años después
sería la coalición Iniciativa-Els Verds en toda
Cataluña.
Los Verdes no solo no se estrenaron en los parlamentos autonómicos,
sino que habían descendido considerablemente respecto
a las europeas y las generales del 89. No obstante, lograron
consolidar una posición claramente hegemónica en
el "mercado" del voto verde, lo cual era ya todo un
avance. Y además demostraron que podían dar el
salto a las instituciones en cualquier momento.
De hecho lograron su primer concejal en la Comunidad de Madrid,
en Rivas Vaciamadrid, mantuvieron el de Villena (Alicante), y
lograron otro en La Granja de San Ildefonso (Segovia) y otro
más en L´Atmella de Mar (Tarragona) con una candidatura
integrada por miembros del Comité Antinuclear.
Pero estos cuatro concejales (Esteban Cabal (4), Javier Esquembre,
Javier Palacios y Eloy Molla respectivamente), no fueron los
únicos cargos electos verdes en el período que
se extendería hasta 1995. También resultaron elegidos
otros dos integrantes de Los Verdes, aunque éstos se presentaron
en listas de Izquierda Unida: Purificación González
en Cádiz y Jesús Espinosa en el municipio serrano
de Trévelez, en el corazón de la Alpujarra granadina.
Y aún cabría añadir otros que, sin ser de
Los Verdes, eran considerados ecologistas, como Jose Antonio
Izquierdo, que luego sería Alcalde independiente de Valdetorres
(Madrid), como Santiago Martín , Alcalde de Anchuras (Ciudad
Real), como Luis Perez Ramos que se presentó con la candidatura
de "Ciudadanos + Ecologistas" de Puerto Real (Cádiz),
y otros en pequeños municipios. Hasta hubo un intento
de fundar una Coordinadora de Alcaldes y Concejales Ecologistas.
Tras la decepción causada por los resultados, la actividad
de Los Verdes decae por completo. Se apodera de ellos la sensación
de comenzar una auténtica "travesía del desierto".
Fue entonces cuando un grupo de militantes quiso pescar en río
revuelto y, aprovechando la confusión, tomó las
riendas del aparato de Los Verdes una semana después de
las elecciones, dando lugar a una nueva etapa que concluiría,
dos años más tarde, con la disolución de
Los Verdes y el nacimiento de una efímera Confederación
de partidos verdes de ámbito autonómico.
La conspiración se fraguó en una sesión
de la Mesa Confederal celebrada en junio en Zaragoza, en la que
se le retiró la representación legal a Luis Hidalgo
(5). Se cesó a todo el equipo del Secretariado Estatal
y se autonombró un nuevo Secretariado controlado por quienes
habían urdido la trama: Bigas y Garrido principalmente
(6)."El golpe de Zaragoza - escribe Javier
Corbalán en un documento interno - es el reflejo de una
suma de intereses que convergen. Los de Bigas por ser eurodiputado
y los de Garrido por ser parlamentario, más los de un
grupo de otros miembros que dan apariencia de legitimidad a la
operación y que son hábilmente utilizados por los
anteriores".
Los acuerdos de aquella Mesa Confederal, adoptados a las cinco
de la madrugada y sin presencia de la mayoría de los delegados,
fueron impugnados por Els Verds de Cataluña. Para Luis
Hidalgo, la reunión de Zaragoza "significó
el secuestro de la voluntad de la mayoría de los militantes
expresada en el IV Congreso".
El asunto tuvo su reflejo en los medios de comunicación,
proyectando de nuevo una imagen nefasta con titulares como éste:
"Los resultados electorales desatan una disputa interna
por el control de Los Verdes" (El País, 15-6-91).
En palabras de Jesús Galán (Ecología y Sociedad,
mayo de 1992), "Cunde el desánimo. La Federación
de Madrid se desintegra automáticamente, quedando su presencia
limitada a las localidades de Rivas Vaciamadrid, Aranjuez y Móstoles,
precisamente las que obtuvieron mejores resultados electorales.
El conjunto de las Federaciones acusan el desplome de la organización,
hasta el punto de que Els Verds ni siquiera se presentan a las
elecciones catalanas de marzo de 1992. Todo hace suponer que
Los Verdes no despertarán ya de su letargo a menos que,
desde instancias ajenas a su dirección actual, se inicie
un proceso de regeneración con la participación
de colectivos y personalidades que nunca llegaron a integrarse
en su estructura".
Ese "proceso de regeneración" se inició,
en cierto modo, a finales de 1992 y comienzos de 1993, coincidiendo
con el nacimiento de "Ecoforum", y de otras iniciativas
de las que daremos cuenta más adelante.