A MODO DE INTRODUCCION


¿Para qué sirve el progreso si la comida no tiene sabor,
las viviendas son absurdas, las ropas incómodas, la religión pura cháchara y el aire
está envenenado por los coches, el trabajo es aburrido, el sexo mecánico y tenso,
la tierra está recubierta de hormigón y el agua contaminada por los productos químicos
hasta el punto de que los peces abandonan este mundo?
Alan Watts (1)


En su breve periplo, los verdes han influido con acierto en la sociedad, preñándola de esa nueva conciencia ecológica y solidaria que representan y que por primera vez toma en consideración la humanidad y el planeta en su conjunto, su interdependencia, y adquiere así proyección intergeneracional.

Extendidos ya por los cinco continentes, los partidos verdes generan gran cantidad de información y cuentan con millones de personas que les votan y les secundan.

En Europa han logrado una presencia notable, tanto en los países miembros de la Unión como en el resto. Se sientan en los parlamentos nacionales, presiden gobiernos regionales, cuentan con alcaldes en capitales como Roma, con carteras ministeriales, y solo les falta presidir gobiernos nacionales.

En España, los grupos verdes se encuentran paradójicamente muy rezagados en su desarrollo, después de toda una década de actividad. Permanecen instalados en la insignificancia, viviendo de los méritos ajenos más que de los propios; continúan siendo un colectivo sin rostros, desconocido incluso para la mayoría de sus propios electores.

Para algunos observadores,"los verdes parecen no sintonizar con el electorado, y esto no puede ser achacable a la falta de sensibilidad de sus ciudadanos por los problemas ambientales, sino que las causas de esta falta de apoyo electoral hay que buscarlas en la propia génesis y dinámica de los verdes en nuestro país" (2).

Pero, ¿por qué?. ¿Qué ha ocurrido para que apenas podamos gozar de la presencia de una oferta política como la que representan los verdes en Europa, que introduzca criterios de racionalidad en el uso de las nuevas tecnologías, que nos defienda de los abusos del Estado y de los excesos del Mercado?.

Las páginas que siguen pretenden dar respuesta a estos interrogantes. Será necesario explorar la trayectoria de los verdes, levantar el velo de sus secretos, examinar sus entresijos, reconocer a sus anónimos pro-tagonistas, para invitar al lector a comprender los motivos de su nimiedad. Que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

Es cierto que los verdes intentaron vertebrarse a partir de un muy precario consenso de su base social, representada por la pléyade asociativa del ecologismo, el pacifismo antimilitarista, el feminismo, el naturismo, la defensa de los derechos civiles o la solidaridad con el Tercer Mundo, movimientos sociales que han ido propiciando un escenario ético-político más avanzado ("el flujo de nuevas sensibilidades que nacen en las orillas del desarrollismo, más allá de los detritus de la modernidad; inspiran y soportan el discurso ecopacifista", dice Francisco Garrido en su "Introducción a la Ecología Política", Ed. Comares, 1993).

Más tarde transitaron por un calvario de penalidades que impedirían su consolidación. En parte, por su funcionamiento endogámico y por la propia incompetencia de sus actores, a quienes les faltó perspicacia. En parte por razones ajenas a ellos (el desprestigio generalizado de la actividad política, la ley electoral que dificulta el acceso a los partidos pequeños, la carencia de líderes carismáticos, la precariedad de medios, el intrusismo político ejercido por alguna secta, la mano negra de los poderes fácticos, la presión vampirizadora de otras formaciones políticas...).

El caso es que los verdes siguen sin cristalizar en la sociedad española después de haber desgastado a su electorado (casi 500.000 votos en 1989), sometiéndole a la tortura mental de pedirle el voto, año tras año, para unas candidaturas que, salvo honrosas excepciones, nunca se traducían en representación política real. Han consumido su tiempo y aguardan - unos heróicamente en solitario y otros intentando reagruparse en Izquierda Unida - la hora de su relanzamiento. Como estructura de intervención política, los verdes no han llegado a ser más que una caricatura de lo que pudieron ser.

Pese a todo, el recorrido de los verdes no ha sido en vano; su mera presencia en la arena política ha contribuido a que los partidos tradicionales empiecen a tomarse más en serio algunas cuestiones relacionadas con la ecología y el desarrollo. Sus propuestas han enriquecido el debate social y su actividad ha sido recompensada con algunos triunfos, sobre todo en el terreno de la sensibilización social. Hoy hay verdes por toda España (algunos se sientan en los consistorios municipales y en los parlamentos regionales), que están realizando una labor encomiable. Mañana debería haber más y ello sólo será posible si son capaces de organizarse salvaguardando su identidad y manteniendo una relación simbiótica con la sociedad a la que sirven.

En la actualidad, los verdes, y más que ellos sus siglas, se han convertido en un plato apetitoso para Izquierda Unida (y para su partido hegemónico, el PCE). Pero no deberían resignarse a ser engullidos y utilizados como mero apéndice ornamental al servicio de rancios y oxidados engranajes. Las causas que determinaron el surgimiento de los verdes permanecen vigentes.

Como factor de cambio destinado a remover los cimientos de nuestra civilización y dar un nuevo rumbo a la historia que nos permita superar la crisis ecológica y las desigualdades que ésta genera, la Ecología Política necesita dotarse de una expresión organizativa capaz de convertirse en el lugar de encuentro de las personas más decididas a intervenir eficazmente desde las instituciones. Un instrumento que, utilizando la metodología de la no-violencia, cuestione nuestro actual, y en parte obsoleto, modelo económico y proponga las modificaciones necesarias. ¿Qué si no impide a nuestros gobernantes conducirnos hacia un horizonte de sostenibilidad y de equidad social?.

Los 40.000 niños que mueren de hambre cada día mientras occidente exhibe sus despensas llenas, el agotamiento de los recursos naturales, los efectos del cambio climático, el resurgimiento de la xenofobia y el racismo y el crecimiento desbocado del desempleo y la marginalidad (sólo en los Estados Unidos las cárceles albergan ya una población reclusa de 1.100.000 almas), son algunos de los escalofriantes síntomas del proceso de degradación que deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de reorientar, con la mayor urgencia, la economía y la política mundial.

Andrew Rees lo expresa así en "El libro verde de bolsillo" (Ed. Talasa, Madrid 1993): "El planeta está siendo destruido para servir a un orden internacional injusto e insostenible. No encontraremos soluciones permanentes si no reformulamos nuestro sistema económico. Sin embargo, ésto requerirá una vigorosa presión de la opinión pública para obligar a los gobiernos y poderes establecidos a cambiar sus procedimientos y contribuir a la operación de rescate antes de que sea demasiado tarde".

Las generaciones presentes y futuras merecen un mundo mejor. A los grupos verdes les queda pues un largo camino por recorrer. Que la ecología se convierta en la madre de todas las políticas, que impregne y oriente todas las áreas de la gestión pública, la economía, el empleo, el urbanismo, la sanidad, la educación, las relaciones exteriores, la conservación y ordenación del territorio, la industria, la cultura, ese es el reto que tienen ante si los verdes.

Por último, quiero aclarar que esta no es, no puede serlo, una historia objetiva. Por mi implicación en el proceso de creación de una opción verde equiparable a las que ya existen en la mayoría de los países europeos, sería necio pretender ser objetivo en la exposición que les presento.
Se trata, obviamente, de una visión condicionada por mi trayectoria y mi experiencia personal. No obstante, he procurado en todo momento presentar datos contrastados y narrar los hechos tal como sucedieron realmente o como fueron conocidos por mí según los documentos a los que he tenido acceso y los testimonios que he recabado. Aún habiendo adoptado esta precaución, presumo y asumo que el producto no será considerado exento de parcialidad.

Debo advertir además, para evitar equívocos, que este pequeño volumen no pretende someter a examen la ideología de los verdes o desmenuzar sus mensajes programáticos, cuestiones éstas que apenas bordearemos; sino tan sólo acercar al lector una información pormenorizada que, a modo de relato cronológico y anecdotario a la vez, pueda serle útil o, al menos, satisfacer su curiosidad.

(1) El Futuro del éxtasis. Ed. Kairós.
(2) Juan Clavero y Francisco Casero en El País, edición de Andalucía, 9-12-89.

Regresar al Sumario