En su breve periplo, los verdes han influido
con acierto en la sociedad, preñándola de esa nueva
conciencia ecológica y solidaria que representan y que
por primera vez toma en consideración la humanidad y el
planeta en su conjunto, su interdependencia, y adquiere así
proyección intergeneracional.
Extendidos ya por los cinco continentes, los partidos verdes
generan gran cantidad de información y cuentan con millones
de personas que les votan y les secundan.
En Europa han logrado una presencia notable, tanto en los países
miembros de la Unión como en el resto. Se sientan en los
parlamentos nacionales, presiden gobiernos regionales, cuentan
con alcaldes en capitales como Roma, con carteras ministeriales,
y solo les falta presidir gobiernos nacionales.
En España, los grupos verdes se encuentran paradójicamente
muy rezagados en su desarrollo, después de toda una década
de actividad. Permanecen instalados en la insignificancia, viviendo
de los méritos ajenos más que de los propios; continúan
siendo un colectivo sin rostros, desconocido incluso para la
mayoría de sus propios electores.
Para algunos observadores,"los verdes parecen no sintonizar
con el electorado, y esto no puede ser achacable a la falta de
sensibilidad de sus ciudadanos por los problemas ambientales,
sino que las causas de esta falta de apoyo electoral hay que
buscarlas en la propia génesis y dinámica de los
verdes en nuestro país" (2).
Pero, ¿por qué?. ¿Qué ha ocurrido
para que apenas podamos gozar de la presencia de una oferta política
como la que representan los verdes en Europa, que introduzca
criterios de racionalidad en el uso de las nuevas tecnologías,
que nos defienda de los abusos del Estado y de los excesos del
Mercado?.
Las páginas que siguen pretenden dar respuesta a estos
interrogantes. Será necesario explorar la trayectoria
de los verdes, levantar el velo de sus secretos, examinar sus
entresijos, reconocer a sus anónimos pro-tagonistas, para
invitar al lector a comprender los motivos de su nimiedad. Que
cada cual extraiga sus propias conclusiones.
Es cierto que los verdes intentaron vertebrarse a partir de un
muy precario consenso de su base social, representada por la
pléyade asociativa del ecologismo, el pacifismo antimilitarista,
el feminismo, el naturismo, la defensa de los derechos civiles
o la solidaridad con el Tercer Mundo, movimientos sociales que
han ido propiciando un escenario ético-político
más avanzado ("el flujo de nuevas sensibilidades
que nacen en las orillas del desarrollismo, más allá
de los detritus de la modernidad; inspiran y soportan el discurso
ecopacifista", dice Francisco Garrido en su "Introducción
a la Ecología Política", Ed. Comares, 1993).
Más tarde transitaron por un calvario de penalidades que
impedirían su consolidación. En parte, por su funcionamiento
endogámico y por la propia incompetencia de sus actores,
a quienes les faltó perspicacia. En parte por razones
ajenas a ellos (el desprestigio generalizado de la actividad
política, la ley electoral que dificulta el acceso a los
partidos pequeños, la carencia de líderes carismáticos,
la precariedad de medios, el intrusismo político ejercido
por alguna secta, la mano negra de los poderes fácticos,
la presión vampirizadora de otras formaciones políticas...).
El caso es que los verdes siguen sin cristalizar en la sociedad
española después de haber desgastado a su electorado
(casi 500.000 votos en 1989), sometiéndole a la tortura
mental de pedirle el voto, año tras año, para unas
candidaturas que, salvo honrosas excepciones, nunca se traducían
en representación política real. Han consumido
su tiempo y aguardan - unos heróicamente en solitario
y otros intentando reagruparse en Izquierda Unida - la hora de
su relanzamiento. Como estructura de intervención política,
los verdes no han llegado a ser más que una caricatura
de lo que pudieron ser.
Pese a todo, el recorrido de los verdes no ha sido en vano; su
mera presencia en la arena política ha contribuido a que
los partidos tradicionales empiecen a tomarse más en serio
algunas cuestiones relacionadas con la ecología y el desarrollo.
Sus propuestas han enriquecido el debate social y su actividad
ha sido recompensada con algunos triunfos, sobre todo en el terreno
de la sensibilización social. Hoy hay verdes por toda
España (algunos se sientan en los consistorios municipales
y en los parlamentos regionales), que están realizando
una labor encomiable. Mañana debería haber más
y ello sólo será posible si son capaces de organizarse
salvaguardando su identidad y manteniendo una relación
simbiótica con la sociedad a la que sirven.
En la actualidad, los verdes, y más que ellos sus siglas,
se han convertido en un plato apetitoso para Izquierda Unida
(y para su partido hegemónico, el PCE). Pero no deberían
resignarse a ser engullidos y utilizados como mero apéndice
ornamental al servicio de rancios y oxidados engranajes. Las
causas que determinaron el surgimiento de los verdes permanecen
vigentes.
Como factor de cambio destinado a remover los cimientos de nuestra
civilización y dar un nuevo rumbo a la historia que nos
permita superar la crisis ecológica y las desigualdades
que ésta genera, la Ecología Política necesita
dotarse de una expresión organizativa capaz de convertirse
en el lugar de encuentro de las personas más decididas
a intervenir eficazmente desde las instituciones. Un instrumento
que, utilizando la metodología de la no-violencia, cuestione
nuestro actual, y en parte obsoleto, modelo económico
y proponga las modificaciones necesarias. ¿Qué
si no impide a nuestros gobernantes conducirnos hacia un horizonte
de sostenibilidad y de equidad social?.
Los 40.000 niños que mueren de hambre cada día
mientras occidente exhibe sus despensas llenas, el agotamiento
de los recursos naturales, los efectos del cambio climático,
el resurgimiento de la xenofobia y el racismo y el crecimiento
desbocado del desempleo y la marginalidad (sólo en los
Estados Unidos las cárceles albergan ya una población
reclusa de 1.100.000 almas), son algunos de los escalofriantes
síntomas del proceso de degradación que deben hacernos
reflexionar sobre la necesidad de reorientar, con la mayor urgencia,
la economía y la política mundial.
Andrew Rees lo expresa así en "El libro verde de
bolsillo" (Ed. Talasa, Madrid 1993): "El planeta está
siendo destruido para servir a un orden internacional injusto
e insostenible. No encontraremos soluciones permanentes si no
reformulamos nuestro sistema económico. Sin embargo, ésto
requerirá una vigorosa presión de la opinión
pública para obligar a los gobiernos y poderes establecidos
a cambiar sus procedimientos y contribuir a la operación
de rescate antes de que sea demasiado tarde".
Las generaciones presentes y futuras merecen un mundo mejor.
A los grupos verdes les queda pues un largo camino por recorrer.
Que la ecología se convierta en la madre de todas las
políticas, que impregne y oriente todas las áreas
de la gestión pública, la economía, el empleo,
el urbanismo, la sanidad, la educación, las relaciones
exteriores, la conservación y ordenación del territorio,
la industria, la cultura, ese es el reto que tienen ante si los
verdes.
Por último, quiero aclarar que esta no es, no puede serlo,
una historia objetiva. Por mi implicación en el proceso
de creación de una opción verde equiparable a las
que ya existen en la mayoría de los países europeos,
sería necio pretender ser objetivo en la exposición
que les presento.
Se trata, obviamente, de una visión condicionada por mi
trayectoria y mi experiencia personal. No obstante, he procurado
en todo momento presentar datos contrastados y narrar los hechos
tal como sucedieron realmente o como fueron conocidos por mí
según los documentos a los que he tenido acceso y los
testimonios que he recabado. Aún habiendo adoptado esta
precaución, presumo y asumo que el producto no será
considerado exento de parcialidad.
Debo advertir además, para evitar equívocos, que
este pequeño volumen no pretende someter a examen la ideología
de los verdes o desmenuzar sus mensajes programáticos,
cuestiones éstas que apenas bordearemos; sino tan sólo
acercar al lector una información pormenorizada que, a
modo de relato cronológico y anecdotario a la vez, pueda
serle útil o, al menos, satisfacer su curiosidad.