Víctimas de los avatares narrados en
el capítulo anterior, Los Verdes no habían logrado
"estrenarse" en España, pero aún iban
a tener una nueva oportunidad, ya que inmediatamente se inauguró
la campaña de las elecciones legislativas que habrían
de tener lugar el 29 de octubre de ese mismo año.
El problema de la división, lejos de solucionarse, empeoró:
Los Verdes - Lista Verde presentan candidaturas en 38 de las 52
provincias, mientras que Los Verdes Ecologistas se presentan en
40, el Partido VERDE en 10 y Alternativa Verda lo hace en las
4 catalanas. Y por si fuera poco, también se presenta "Movimiento
Verde" en Valencia y "Partido Ecologista de Euskadi"
en Alava.
En el Club Internacional de Prensa el economista Artemio Precioso
presenta a los candidatos designados por Los Verdes en Madrid:
Humberto da Cruz, Jorge Martín Neira y Rosa Isabel Jaimen.
La candidatura ya no se llamará "Lista Verde"
como en las europeas, sino "Los Verdes - Lista Verde"
(2).
Las encuestas otorgan por primera vez representación a
Los Verdes: obtendrán - dicen - un diputado por Madrid
y otro por Barcelona. En Barcelona, "Els Verds - Llista Verda"
presentan al catedrático de economía Joan Martinez
Alier, mientras que el candidato de "Alternativa Verda"
será Josep Puig, profesor de recursos energéticos
de la Universidad Autónoma de Barcelona (3).
Los Verdes aparecen con frecuencia en los medios de comunicación,
lo que constituye toda una novedad, pero los titulares no hacían
más que ahondar en la confusión, como éste
a cuatro columnas de El País: "La división
del voto verde preocupa a los ecologistas" (18-10-89).
Por primera vez, Los Verdes habían elaborado un programa
electoral de ámbito estatal. De su redacción se
encargó Octavi Piulats. El 14 de septiembre de 1989, El
Independiente dedicaba el editorial de portada a los verdes: "si
las utopías no son sino necesidades disfrazadas de sueños,
la de Los Verdes goza de futuro y ya se ha convertido en una ideología
popular". Desde su columna de Diario 16, Carlos Cernuda escribe:
"reivindicar el voto verde no es cuestión de política,
sino casi una cuestión de supervivencia".
Al iniciarse en octubre la campaña electoral, algunas estimaciones
de voto asignan a Los Verdes - Lista Verde hasta tres escaños
(4). Las condiciones nunca habían sido tan favorables para
Los Verdes y lo único que podía impedir que se "estrenaran""
como partido parlamentario era la usurpación del nombre
y el símbolo de Los Verdes por parte de los "siloístas"
de La Comunidad disfrazados de Los Verdes Ecologistas.
A través de la revista "Quercus", tan estimada
por todos los ecolo-gistas, Benigno Varillas organizó un
debate público con los candidatos de los partidos "verdes",
o de apellido verde en Madrid (5), al que asistió Félix
Herrera, que repetía como candidato de Los Verdes Ecologistas
después de las generales. Con todo el "patio de butacas"
lleno a rebosar de resabiados ecologistas (6), Félix Herrera
hizo un estrepitoso ridículo al poner de manifiesto su
ignorancia supina sobre los más elementales criterios del
ecologismo. Dentro del movimiento ecologista nadie tenía
ya dudas sobre la naturaleza extraña de Los Verdes Ecologistas.
Pero, ¿cómo explicárselo al electorado que
irremediablemente se encontrará en el colegio electoral
con dos papeletas casi idénticas en su denominación
y símbolo?.
Intentar neutralizar a Los Verdes Ecologistas se convirtió
en una obsesión durante toda la campaña, no sólo
para Los Verdes (cuyo slogan era "no te equivoques"
en alusión a la secta), sino también para la Coordinadora
de Los Verdes Europeos, que en esta ocasión se mostró
dispuesta a tomar cartas en el asunto.
El 20 de octubre llegan a Madrid todos los miembros del Grupo
Verde en el Parlamento Europeo (incluido Jose Maria Bandrés,
que había sido admitido pese a la firme oposición
de Los Verdes españoles) para apoyar la candidatura de
Los Verdes - Lista Verde y denunciar como un burdo sucedáneo
a la candidatura sectaria de Los Verdes Ecologistas. En un escrito
dirigido a la Junta Electoral Central, los eurodiputados verdes
Leo Cox (Bélgica), Claudia Roth (Alemania), Alexander Langer
(Italia), Maria do Santos (Portugal ), y Ives Cochet (Francia),
denuncian la candidatura de Los Verdes Ecologistas, que "encubre
a una secta y trata de engañar a los electores".
Los Verdes Ecologistas contraatacaron difundiendo por televisión
un spot electoral en el que se acusaba a Los Verdes de nazis.
Para mayor esperpento, Los Verdes publicaron anuncios en los periódicos
acusando a Los Verdes Ecologistas de ser una secta (7) y éstos
respondieron con otros anuncios en sentido contrario.
Los resultados vinieron a confirmar la decepción que se
esperaba: ningún escaño por culpa de la fragmentación
del voto verde. Los Verdes - Lista Verde obtuvieron 154.958 votos,
Los Verdes Ecologistas 134.868, Alternativa Verda (MEC) 25.855,
VERDE 17.941, Movimiento Verde 1.333 y Partido Ecologista de Euskadi
950. En total 335.905 votos que corresponden al 1´7% del
censo electoral.
Felipe González revalidó su mayoría, el PP
repitió los mismos resultados del 86, IU duplicó
los suyos pasando de 7 a 17 diputados y el CDS inició un
descenso que sería ya irreversible.
El "Grupo de Radicales" que con el apoyo del Partido
Radical Italiano de Marco Panella presentó una "Lista
Antiprohibicionista" en Madrid (8), obtuvo un tristísimo
resultado: 3.356 votos.
El Grupo de Radicales en Madrid había negociado con Los
Verdes - Lista Verde su incorporación a la coalición
ecologista. Se sentian fuertes por el renombre de sus promotores
y por los 40.000.000 de pesetas que el eurodiputado italiano Marco
Taradahs les había proporcionado para la campaña
electoral. Pidieron el número uno, Los Verdes - Lista Verde
llegaron a ofrecerles el número 2 de su candidatura y finalmente
no hubo acuerdo.
Tampoco hubo acuerdo con Izquierda Unida, pese a que el propio
Julio Anguita dirigió, a finales de julio, una carta a
la Mesa Confederal de Los Verdes solicitando iniciar conversaciones.
Los Verdes le contestaron por escrito desestimando su propuesta.
Como apunte anecdótico cabe recordar el asalto sufrido
en la Oficina Electoral de Los Verdes, cerca de la Plaza Mayor
de Madrid, del que este autor puede dar buena cuenta por haberlo
vivido de cerca. Se trataba de unas dependencias cedidas por mi
hermano Fernando Cabal, director de la Librería Verde,
en las que trabajábamos, entre otros, Luis Hidalgo y yo,
que me acababa de incorporar a la actividad de Los Verdes. A la
mañana siguiente del asalto, contemplamos estupefactos
un espectáculo desolador: la puerta reventada y todo desparramado
por los suelos, cristales, papeles, muebles y hasta un hacha de
los agresores. Luego comprobamos que todas las carpetas archivadoras
habían sido registradas y faltaban disketes informáticos
y una radio. Los Verdes creyeron que había sido cosa de
los siloístas, aunque nunca se pudo demostrar que no fuera
obra de simples cacos.
En cuanto a los resultados electorales, vayan otras dos reseñas
anecdóticas: Felipe Gallego Alonso, candidato verde al
Senado por Ciudad Real, recibió el apoyo del 27% de los
electores en el municipio de Anchuras, donde su Alcalde, Santiago
Martín, encabezaba una heroica resistencia popular contra
la instalación de un campo de tiro del Ejército.
En Majadas, provincia de Cáceres, la candidatura de Los
Verdes logró el 20% de los votos, gracias al apoyo prestado
por su Alcalde, el antinuclear Belarmino Martín Galindo.
Por autonomías, Los Verdes lograron su mejor resultado
en Baleares (2´54%), donde concuríian por primera
vez.
En diciembre se celebraron elecciones en Galicia. "Os Verdes",
Federación gallega de Los Verdes, obtuvo un nimio resultado.
Sus candidatos fueron Héctor Bello y Jorge Vivero en Lugo,
Francisco Lueiro y Juan Vidal en La Coruña y Juan López
y Marcial Fernández en Orense. Os Verdes lograron 3.214
votos frente a 2.789 de Os Verdes Ecoloxistas.
Pero Los Verdes no solo dedicaron su tiempo a las campañas
electorales; durante 1989 también se movilizaron contra
la proliferación de minas a cielo abierto, contra la construcción
de los pantanos de Rialb y de Omaña, contra el polígono
de tiro de Anchuras, contra la urbanización de la isla
de Tabarca, denunciaron ante la CEE la destrucción de las
marismas de Cádiz, solicitaron la legalización de
las drogas, se opusieron al PROPOM de Béjar-Francia-Gata,
al trasvase de agua del río Guadalfeo, a los tendidos eléctricos
de Iberduero, criticaron la incompetencia de la Administración
en la lucha contra los incendios forestales y solicitaron el traslado
de las dependencias de la Administración Central fuera
del casco urbano de Madrid.
La tensión entre movimiento ecologista y movimiento político
verde se hacía cada vez más patente. En las páginas
de opinión de la edición andaluza de El País
(9-12-89), el portavoz de Los Verdes de Andalucía Francisco
Garrido polemizó con los ecologistas Juan Clavero y Francisco
Casero a propósito de la necesidad de una opción
política verde.
Otro tanto ocurriría, meses más tarde, entre el
conservacionísta Joaquín Araujo y Luis Hidalgo:
"si tiras de la historia del ecologismo, somos veinte personas
las que llevamos veinte años, y de ésas ninguna
está con los verdes (...) y hasta que esto no se logre
nunca habrá un respaldo que yo intento definir como legítimo"
afirmaba Araujo (El Independiente, 31-3-90). A lo que Luis Hidalgo
replicó con sorna en El País: "a usted, señor
Araujo, le falta humildad y le sobra soberbia para legitimar nada.
Y una última cosa: le agradecería que hubiera publicado
los nombres de los otros diecinueve, porque los pobres mortales
deberíamos tener el derecho de conocer el nombre de nuestros
dioses" (El País, 17-4-90).