Las cuentas de Los Verdes nunca fueron abultadas.
Hasta 1988 nunca hubo una contabilidad central, ya que cada Federación
tenía la suya propia y no existía un organismo
de dirección a nivel estatal sino un mero órgano
de coordinación. Fue a partir de la creación de
un Secretariado Estatal (2) que se establecieron cuotas por Federación
(a razón de 100 pesetas por afiliado). Pero las aportaciones
de las Federaciones no llegaba ni para sellos, así que
su mayor fuente de ingresos fueron siempre las donaciones particulares.
Los escasos mecenas de Los Verdes fueron, de una parte, algunos
de sus militantes más comprometidos, y de otra, algunos
empresarios que simpatizaban con su proyecto. Nunca se pidieron
créditos bancarios.
La campaña electoral de las generales del 89 supuso un
gasto de 1.662.031 pesetas, se recaudaron 1.091.550 pesetas,
por lo que la organización tuvo que soportar una deuda
de 570.481 pesetas, que se sumó a las deudas de la campaña
de las europeas (1.293.330 pesetas) y a las contraídas
anteriormente por diversos conceptos (334.160 pesetas), con lo
que a finales de 1989, Los Verdes tenían un déficit
de 2.197.885 pesetas (3).
Otro ejemplo más actual. En 1992, año de escasa
actividad para Los Verdes, la contabilidad de la Mesa Confederal,
con 643 socios cotizantes en toda España, arroja el siguiente
balance: Ingresos, 830.894 Pts. Gastos 761.587 Pts. El saldo
a 22 de enero de 1993 era de 36.817 Pts. a favor (Documento de
la Secretaría de Finanzas).
Estas cifras nos daran idea de la absoluta
carencia de recursos de una organización que por su condición
extraparlamentaria, jamás ha tenido acceso a los beneficios
que la ley de financiación de los partidos reserva en
exclusiva a los que obtienen representación. Claro que
Los Verdes no tenían patrimonio propio para responder
frente a sus deudas, ni tampoco que atender nóminas porque
nunca hubo liberados.
Aún añadiendo los ingresos y gastos de las Asambleas
locales, que no se registraban en la contabilidad oficial de
la Mesa Confederal, las cuentas de Los Verdes siempre se asemejaron
más a las de una perfumería, pongamos por caso,
que a las de un verdadero partido político. Por otro lado,
la descentralización de los recursos económicos
ha propiciado a veces situaciones absurdas y paradójicas,
dandose el caso, por ejemplo, de candidaturas municipales de
pequeñas localidades que han manejado presupuestos millonarios,
gracias al desembolso personal de sus candidatos, mientras que
las candidaturas de Madrid, Barcelona o Sevilla manejaban cantidades
infinitamente inferiores.
Entre los contadísimos empresarios que ocasionalmente
ayudaron a Los Verdes cabe citar al abogado Jose María
Blanc, presidente de la Fundación que lleva su nombre,
y a Jacinto Rúa, quien anteriormente había apoyado
a Tamames.
Ocasionalmente también recibieron pequeñas ayudas
de los verdes alemanes, franceses, belgas e italianos, que contrataron
anuncios o imprimieron carteles a su cargo para Los Verdes.
En determinados momentos, la prensa publicó noticias sobre
la financiación de las campañas de Los Verdes que
no se corresponden en absoluto con la realidad. Así por
ejemplo, recogiendo declaraciones de Francisco Garrido, El Mundo
titulaba a cuatro columnas el 30-3-93: "Los Verdes cuentan
con 50 millones para hacer campaña y obtener grupo parlamentario
propio" (4). Estas "filtraciones" reflejaban un
cierto complejo de inferioridad de Los Verdes. Se hacían
en realidad para ocultar la paupérrima situación
económica de la organización y evitar el consiguiente
desinterés de los periodistas.
Una cosa es cierta: el voto verde ha sido siempre el más
"barato" de cuantas ofertas electorales han participado
en los avatares de nuestra joven democracia. Me refiero a la
relación entre dinero invertido en la campaña y
número de votos obtenidos.