Síntomas claros de recuperación
de los malogrados verdes se advierten nada más comenzar
el año 1993. Una encuesta del CIS asegura que los grupos
verdes tienen posibilidad de alcanzar escaños en Madrid,
Barcelona y Valencia (1).
"El próximo llamamiento a las urnas -escribe Gustavo
Catalán en El Mundo (31-1-93)- ha puesto en febril actividad
a los verdes. Varias iniciativas, coincidentes en el tiempo y
paralelas, han tenido lugar en los últimos días
tratando de buscar la unidad perdida. El objetivo es conseguir
sentar diputados verdes en el Parlamento español".
El 1 de enero se hace público un manifiesto titulado "Nuestra
contribución al movimiento político verde",
promovido por Emilio Fiel (Miyo), inspirador y artífice
de la Comunidad del Arco Iris y de la Fundación Planeta
Gaia y Fernando Cabal, director de la Librería Verde de
Madrid. En el mismo, una serie de escritores, periodistas y personalidades
relevantes de la cultura (algunos de ellos vinculados a las corrientes
naturistas y de "Nueva Era"), manifiestan su deseo
de intervenir para conseguir "la unidad definitiva del movimiento
político verde", premisa indispensable para obtener
representación parlamentaria en las elecciones legislativas
que tendrán lugar el 6 de junio.
Paralelamente inicia su andadura "Ecoforum", una asociación
que se define como "plataforma de debate plural que puede
facilitar las relaciones entre el movimiento asociativo y los
verdes" (Artemio Precioso en El País dominical, 4-4-93).
Ecofórum recibe enseguida la adhesión de numerosos
ecologistas históricos moderados, incluyendo a algunos
(como Joaquín Araujo) que no sólo no habían
apoyado a Los Verdes con anterioridad, sino que además
se habían opuesto a su creación.
También en enero empiezan a celebrarse (organizadas por
este autor) una serie de concurridas "Cenas Verdes",
con el propósito declarado de "reunir un conjunto
heterogéneo de personas que pensamos tienen algo que decir
sobre la forma de garantizar la necesaria transición hacia
un modelo de desarrollo ecológicamente sostenible".
Se trataba de "provocar un debate eficaz en la búsqueda
de cauces de confluencia que permitan la definición de
un proyecto verde de amplio espectro".
Estas cenas (2) se celebraban el último jueves de cada
mes en una céntrico restaurante madrileño y no
tardaron en dar lugar a lo que se denominó "Nueva
Asamblea de Los Verdes", una agrupación de setenta
socios que posibilitó la refundación de Los Verdes
en Madrid.
En Valencia, en Cataluña y otros lugares empezaron a surgir
iniciativas similares y plataformas unitarias que ponían
de manifiesto el inusitado vigor con que se desarrollaba el proceso
de renovación en los verdes.
En este contexto favorable tiene lugar en Granada, el 23 y 24
de enero, un Congreso Extraordinario de Los Verdes. Ya la víspera
la prensa se hizo eco de la convocatoria con titulares que recordaban
aquellos días de 1985 en que se fraguaron Los Verdes.
El País titulaba: "Todos los grupos ecologistas se
reunen para fundar un partido único".
Nada más alejado de la realidad. El V Congreso se organizó
y convocó para firmar el "acta de defunción"
de Los Verdes, aunque, eso sí, su espacio sería
ocupado por una federación de partidos de ámbito
autonómico. Quienes entraron por la puerta del Congreso
formando parte de un mismo partido, salieron disgregados en 17
partidos diferentes, tantos como autonomías (3).
Paradójicamente, el V Congreso se presentó como
el de la unidad; de ello se encargó, con su habitual destreza
dialéctica, el portavoz estatal Francisco Garrido: "Ahora
los desconfiados verán que Los Verdes representan una
opción única" (El País, 22-1-93).
Al día siguiente, El País titulaba: "Diecinueve
formaciones ecologistas se fusionan en Los Verdes para acudir
a las elecciones". Desde la portada de El Mundo, el escritor
Antonio Gala dedicó su "Tronera" a pedir el
voto para Los Verdes:"Ojalá que sea una realidad
firme y crecedera la fusión de los ecologistas y pacifistas
de España (o de la parte que gusta ser llamada así)
en el partido de Los Verdes. Con ellos puede llegar un aire nuevo
a la política y un buen olor a fresco (de otra clase del
que hay). Ellos traen la esperanza y el anhelo de una moralidad
que hemos soñado inútilmente, y de una solidaridad
con el Tercer Mundo que nos haría de verdad humanos. Por
lo pronto, ya saben los tres millones de indecisos a quién
deben votar".
Casi todo lo que ocurrió con Los Verdes, es decir, con
la nueva Confederación de partidos verdes, durante ese
año y el siguiente, tuvo mucho que ver con el "pacto
secreto" que se estableció entre el profesor de derecho
Francisco Garrido y el director de la revista "Integral"
Jordi Bigas. Ambos acordaron que el primero acaparase el protagonismo
durante 1993, para lo cual sería adecuadamente promocionado,
mientras que el segundo se reservaría para sí el
año de 1994 y la candidatura verde al Parlamento Europeo
(4). Pero Garrido no tardaría en incumplir su compromiso
y Bigas no lograría sus propósitos, aunque de eso
ya hablaremos en su momento.
Jordi Bigas utilizó sus contactos con la cúpula
del PSOE, con el dirigente catalán Raimon Obiols y la
eurodiputada Carmen Diaz de Rivera, para impulsar el despegue
de Los Verdes.
Parece ser que sus gestiones dieron algún fruto. Algunos
medios se mostraron a partir de entonces muy receptivos y benévolos.
El vacio informativo de 1992 se trocó en una atención
sin precedentes. Por primera vez, semanarios como Cambio 16,
El Siglo, Panorama o el dominical de El País dedicaron
a Los Verdes extensos reportajes a todo color.
Un goteo de artistas e intelectuales seguían expresando
su apoyo a las candidaturas verdes: Aranguren, Moncho Alpuente,
Fermín Cabal, Jose Luis Alonso de Santos, César
Manrique, Jesús Quintero, Silvia Marsó, Sanchez
Dragó y hasta Agata Ruiz de la Prada, que se presta a
figurar simbólicamente en la candidatura de Madrid y que
diseñó para Los Verdes el cartel electoral, un
sencillo y expresivo corazón verde.
El 3 de febrero, El País publicaba a toda página
una entrevista con Garrido. Algunos días más tarde,
Garrido comete la "torpeza" de afirmar en la columna
de Amilibia de ABC que "el PSOE ha hecho todas las maniobras
posibles e imposibles para impedir que naciéramos como
partido. Y todavía tememos que se guarde alguna en la
manga". Amilibia: "¿Y porqué creen ustedes
que hace el PSOE algo así?". Garrido: "Ven en
Los Verdes un peligro muy real: es el partido que les puede quitar
muchos votos. Han visto lo que ha ocurrido en otros países
de Europa y luchan con todas sus fuerzas para que no se produzca
aquí un fenómeno parecido".
Estos "deslices" dialécticos, en última
instancia, contribuían a ocultar la disposición
favorable de ciertos sectores del PSOE para que Los Verdes se
proyectaran con fuerza en la campaña de las elecciones
generales. Pero, para disipar cualquier duda, meses más
tarde, cuando pudo confirmarse que Garrido encabezaría
la candidatura de Los Verdes en Madrid (la única que tenía
alguna posibilidad real de obtener representación), por
indicación de esos mismos sectores del PSOE Garrido recibió
una llamada telefónica desde Ferraz para preguntarle a
bocajarro sobre sus intenciones en caso de salir elegido como
diputado. Concretamente sobre su lealtad (o agradecimiento) hacia
el PSOE en la sesión parlamentaria de investidura si resultara
que los socialistas no contaran con mayoría absoluta.
La respuesta de Garrido compensó su ocasional incontinencia
verbal y tranquilizó a quién estaba al otro lado
de la línea (5).
El 17 de febrero tiene lugar una especie de "presentación
en sociedad" de Los Verdes, en un acto restringido organizado
por el muy influyente Club Siglo XXI. Participaron Jordi Bigas,
Humberto da Cruz y Francisco Garrido como ponentes y un curioso
elenco de invitados que iba desde empresarios y banqueros de
pro hasta ecologistas históricos como Josep Vicens Marqués
y Artemio Precioso, desde reconocidos mecenas de la causa como
Jose María Blanc y Jacinto Rúa hasta curiosos personajes
como Enebral Casares, que encabezó en 1979 la candidatura
del efímero y derechista Partido Ecológico Español.
La función no tuvo desperdicio.
Era evidente el espectacular lanzamiento que se le estaba proporcionando
al hasta entonces desconocido Garrido. El 1 de abril, El País
publicó un cuadernillo de ocho páginas titulado
"Los verdes y la política", incluyendo, como
no, un artículo suyo. Pero, para garantizar el éxito
de la operación diseñada por el tándem Garrido-Bigas
(6) era imprescindible que el recién constituido partido
de "Los Verdes de Madrid" (sustituto de la antigua
Federación de Los Verdes) aceptara a Garrido como cabeza
de lista en las generales (para ser nominado como "candidato
a la presidencia del Gobierno", ya que de lo contrarío
sería candidato por Sevilla, que tiene menos resonancia).
La cosa se presentaba harto difícil, porque ninguna de
las corrientes o "sensibilidades" que se manifestaban
en Los Verdes de Madrid simpatizaba excesivamente con Garrido.
Además, ¿por qué iban a consentir que un
candidato de otro partido (Verdes de Andalucía) encabezara
su candidatura?. ¿No sería aquello una flagrante
contradicción con su recién proclamada fe confederalista?.
Por otra parte, había otros tres candidatos independientes
de cierto prestigio, históricos del movimiento ecologista,
que habían manifestado su disposición favorable
para encabezar la candidatura de Los Verdes en Madrid: Joaquín
Araujo, Pedro Costa Morata y Josep Vicens Marqués.
También había que contar con
el candidato propuesto por Santiago Martín Barajas y José
Santamarta, director de "Gaia", la revista trimestral
de la Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental (CODA),
aunque este último (Jesús González Bravo)
contaba con menor aceptación.
El asunto se resolvió, después de descartarse la
presentación de candidatos "ajenos a la organización",
en un Congreso para el que previamente se habían acreditado
204 afiliados con derecho a voto (7). La candidatura de Garrido,
pese a contar con menos votos, se impuso por puntos frente a
la que se daba como favorita, encabezada por el ex-director de
El Independiente José Catalán y la profesora de
derecho penal de la Universidad Complutense Ana Isabel Silva
Nicolás (las malas lenguas atribuyen a mi persona su patrocinio).
Coincidiendo con el referido Congreso de Los Verdes de Madrid,
todos los partidos verdes de Cataluña (Els Verds, Alternativa
Verda, Alternativa Ecologista de Catalunya), habían logrado
unificarse en un histórico Congreso celebrado en Tarrasa
del que nacería "Els Verds - Confederación
Ecologista de Cataluña".