XXIV: PERSPECTIVAS DE LOS GRUPOS VERDES PARA 1996


En el momento actual el balance de la experiencia política verde no es, en absoluto satisfactoria,
y esto puede explicarse con gran cantidad de argumentos que afectan tanto a deficiencias de
origen como a demasiados trompicones y conflictos en su desarrollo.
No ha de extrañar entonces, que a finales de 1995 haya vuelto a tener consistencia la "doctrina" de que
los verdes no pueden hacer gran cosa en política sin aliarse, integrarse o fusionarse
con algún partido de izquierda (y en concreto con Izquierda Unida).
Mi opinión, que quiere ser consecuente con la historia reciente,
es contraria a esta actitud y prefiere mantener la autonomía y ganar,
con la seriedad y el trabajo necesarios, el eco y el ascendente sociales que otros partidos verdes
-sin el sólido marco de inspiración y apoyo ecologista de nuestro país-
ya han alcanzado en Europa.
Pedro Costa Morata (1)

En vísperas de las elecciones legislativas del 3 de marzo de 1996, el problema cardinal del movimiento político verde en España sigue siendo su incapacidad para organizarse y cohesionarse dando forma a una opción independiente que cuente con suficiente capacidad para seducir, ilusionar y ensamblarse con un segmento importante de la población.

La disyuntiva entre dejarse atrapar por la órbita gravitatoria de la vieja izquierda o intentar relanzar la opción verde, superando las rémoras del pasado, capitalizará sin duda el debate interno en los próximos años.

Hoy, muchos de los que confiaron en la posibilidad de iniciar, con los mimbres de Izquierda Unida un proceso de refundación de la izquierda, regresan a la convicción de que, como dijera Petra Kelly para justificar el nacimiento de los verdes, "no podemos seguir confiando en los partidos tradicionales".

El camino no puede ser el de anclarse en la marginalidad con espíritu de grupúsculo. Tampoco se deben reducir las aspiraciones de los verdes a ser meros comparsas de tercera o cuarta fila de una formación como la de Anguita que vive en permanente crisis de identidad y que trata de comprar voluntades para maquillar su imagen política (2). Esto es lo que equivocadamente se nos propone desde la escuálida corriente ecosocialista de IU, que ahora se hace llamar"Los Verdes, Partido de la Ecología Política" , denominación que registraron en diciembre del 95 para negociar la inclusión de Ladislao Martínez en la candidatura de IU para las generales, a cambio de las siglas de Los Verdes. La negociación se saldó con un rotundo fracaso. Ellos, junto a Los Verdes de Andalucía, han firmado un documento cediendo generosamente sus siglas, pero Izquierda Unida no les ha compensado con puestos de salida en sus candidaturas. Ladislao ha quedado relegado al puesto 19 de la lista en Madrid y los andaluces ni tan siquiera han sido incluidos en las candidaturas para las generales.

Izquierda Unida no debería apropiarse de lo que no le corresponde si no está legitimada para ello; no debería secuestrar las siglas y símbolos de los verdes, como hicieron sus homólogos del Partido Comunista Portugués, buscando una rentabilidad a cualquier precio. Sería poco elegante y podría tener un efecto boomerang. Lo cual no significa que no pueda y deba mantener una relación estrecha y cordial con el movimiento verde, coincidir con él en el trabajo diario, e incluso servirse de él como cantera ideológica, asumiendo su filosofía.

En Andalucía, algunos líderes verdes se apartaron tempranamente de la organización en desacuerdo con los pactos con IU. Hoy, otros dirigentes también están abandonando, decepcionados, Izquierda Unida.

Otro tanto de lo mismo ocurre por todas partes. Algunos de los firmantes del manifiesto "una propuesta política para madurar los verdes" (Luis Hidalgo, Jose Antonio Errejón, etc.), que ingresaron hace un par de años en IU, la han abandonado recientemente con sonoro portazo de desaprobación por lo desacertado de la evolución actual de esta formación y de su actuación institucional, que con sospechosa frecuencia coincide con la del Partido Popular.

En Euskadi, Berdeak se planteó la ruptura con IU (si no se ha materializado todavía es porque el aparato del PCE ha quedado en minoría en el nuevo Consejo Político elegido en diciembre del 95, algo excepcional respecto al resto de comunidades autónomas). La Asamblea de Tolosa se ha desgajado en desacuerdo con los pactos, que tampoco cuentan con la aprobación de Euskal Herriko Berdeak.

En Cataluña, la facción oficial de Els Verds-CEC mantendrá los acuerdos a cambio de un testimonial quinto puesto por Barcelona en las elecciones generales del 3 de marzo. Pero gran parte de las bases y del elenco histórico de los verdes no ven con buenos ojos los pactos con Iniciativa per Catalunya.

En el País Valenciano y en Murcia, Los Verdes no han renovado su coalición con IU. En Madrid y el resto de las comunidades autónomas, los grupos verdes descartan cualquier acuerdo con IU y preparan sus propias candidaturas.

Pero, ¿qué nos depararán las próximas elecciones generales?. Quienes han intentado hacerse hueco en IU y en sus listas, se han encontrado con la puerta en las narices. Incluso corren el riesgo de perder lo poco que tenían. Lejos de afianzarse, su identidad verde se ha ido difuminando con el tiempo. Por otro lado, es evidente que la extrema debilidad organizativa impedirá a las candidaturas verdes independientes que se presenten, hacer un papel digno y conseguir traspasar la frontera del extraparlamentarismo.
Todo parece indicar que los verdes tendrán que esperar replegados, encuentren o no acomodo junto a Izquierda Unida, y hacer acopio de imaginación y de voluntad para diseñar un plan a medio plazo que les permita recuperar el consenso y la vocación de incidir realmente en la sociedad. Algunos ya hablan de preparar la II edición de los Estados Generales de la Ecología Política.

Tal vez los grupos verdes, si logran superar la crisis, podrán inaugurar un nuevo espacio político en España muy pronto, incluso antes de lo que cabría esperar, (en cuanto comiencen a apreciarse los desma-nes y atropellos ecológicos y sociales que previsiblemente cometerá la derecha desde el gobierno), pero sólo si antes se han ocupado de poner los sólidos cimientos sobre los que habrá de edificarse su oferta política y su proyecto en el umbral del próximo milenio.

La nueva casa común de los verdes (la que nació hace más de una década en Tenerife ha quedado reducida a escombros), deberá además dar cabida a toda una nueva generación de actores que representan sen-sibilidades y fuerzas emergentes, cuya irrupción comienza apenas a percibirse y vendrá sin duda acompañada de un tierno aroma de reno-vado entusiasmo.

Si son capaces de conjuntarse preservando su identidad, los desperdigados grupos verdes podrían llegar a consolidarse y representar una auténtica posibilidad de renovación de la vida política en las próximas elecciones locales.

(1) - Prólogo del libro "La Alternativa verde", Ed. Mandala, 1995.
(2) - Actualmente, Izquierda Unida tiene en nómina, como liberados de la organización o asesores municipales, a varias personas de los verdes en Alicante, Badajoz, San Sebastian, Valencia, Granada, Málaga, Sevilla y Almería.

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