Corría el programa del pasado miércoles y
Mercedes Milá entrevistaba a Roberto Ontiveros, director de Gran Hermano,
y a Manuel de Juan Espinosa, coordinador de los psicólogos. Todos se
afanaban por atajar la crisis que había provocado el hecho de que una
segunda participante, Mónica Ruiz, también ejerciera la prostitución hasta
el momento de entrar en el concurso. Dirigiéndose a Ontiveros, Mercedes
Milá le preguntó, seria: “Si nosotros hubiéramos sabido que esta chica
había participado en esas actividades de las que se le acusa, ¿qué pasa,
que no puede venir a televisión alguien que ha tenido ese trabajo, o qué?
¿No puede participar en un concurso? Porque yo me niego a trabajar en una
televisión así. A ver si nos entendemos, ¿eh?”. Milá mantuvo esta
tajante actitud pocas horas después de que Tele 5 hubiera establecido en
el diario El País su posición. Un portavoz de la cadena reconocía que
“hubo un celo especial para que no se repitiera un caso” como el de María
José Galera –la otra concursante que también ejerció la prostitución hasta
pocas fechas antes de presentarse al programa–, porque “el sentimiento de
la gente puede ser el de que una es normal, pero dos es premeditación”;
incluso el mismo portavoz de la cadena declaraba al periódico que Mónica,
durante la selección, fue preguntada sobre si en su pasado existían hechos
“similares a lo ocurrido con María José”, y la respuesta fue negativa. El
portavoz de Tele 5 también respondía a la pregunta que horas después no
sabría contestar el director del programa: “A priori, los hechos aconsejan
que es mejor que no entre alguien con estos antecedentes”. Roberto
Ontiveros no se esperaba la pregunta y no ofreció una respuesta coherente,
a la vez que se mostraba visiblemente nervioso. Porque el director de Gran
Hermano era consciente de que la productora sí había tomado la medida que
estaba criticando Milá, como demuestra el documento que Mónica Ruiz tuvo
que firmar el 24 de mayo, el mismo día en que se incorporó al chalé de
Soto del Real (Madrid) en compañía de los otros dos nuevos concursantes,
Koldo e Íñigo. El documento firmado por Mónica no deja lugar a dudas
sobre las pretensiones de la productora: “Que conforme al espíritu del
referido concurso, manifiesto que no he desarrollado con anterioridad
ninguna profesión relacionada con el mundo del espectáculo, ni he
intervenido en reportajes gráficos, películas o vídeos, ni he ejercido
ninguna actividad que pueda comprometer los objetivos de espontaneidad y
autenticidad, ni imagen de honorabilidad perseguidos por la productora
responsable del programa”. Después de haber firmado este documento,
Mónica Ruiz Barea tenía claro que, de admitir su ejercicio de la
prostitución, no le permitirían concursar. Y así lo dijo cuando fue
informada de que varias publicaciones habían difundido su
profesión.
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Experimento sociológico |
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Esto qué es? ¿Un experimento sociológico? ¿Un
serial televisivo al cien por cien real? Júzguenlo ustedes mismos”.
Estas palabras fueron expresadas por Mercedes Milá cuando se
enfrentó al “reto profesional” que suponía la presentación de Gran
Hermano, el pasado 23 de abril. La presentadora también hizo
hincapié en que esto era “el comienzo de lo que será una larga
aventura periodística, una larga aventura de comunicación”. Y señaló
que el programa podía hacer historia en la televisión: “Ojalá que
los que estamos aquí, más de cien personas, sepamos hacer bien
nuestro trabajo y contarles la vida como si levantáramos el tejado
de las casas de cualquier español. Porque esto se va a parecer mucho
a las casas de cualquiera de nosotros” Cuando ya se ha llegado
al ecuador del programa, Gran Hermano ya es “sólo un concurso de
televisión”, como dijo la propia Milá el pasado miércoles. Palabras
que contrastan con sus primeras afirmaciones y las de los
colaboradores. “Estamos aprendiendo mucho más con este proyecto que
en muchas de las investigaciones que realizamos en la Universidad
–señaló Enrique García Huete, coordinador del grupo de psicólogos,
en la nota hecha pública por Tele 5 y Quiero el 2 de marzo de 2000–.
Para nosotros, es una grandísima oportunidad poder observar,
investigar y analizar el comportamiento de las diez personas que
voluntariamente entran en una casa para convivir y compartir
cosas”. Entre los estudios previos efectuados por los
responsables del programa figuraba una “rigurosa” selección de los
candidatos. Así, el 2 de marzo pasado se informaba de “una compleja
fase de selección” en la que, una vez ordenados
sociodemográficamente todos los datos aportados por las 2.621
llamadas válidas (sic) comienza la elección de candidatos. Pese a
estos principios, Manuel de Juan Espinosa, uno de los psicólogos,
quiso desmentir el pasado miércoles esta presunta cualificación
científica en la selección. A preguntas de Milá, señaló que para que
fuera un verdadero experimento científico habría que haber estudiado
“otras variables, entre ellas el contar con un grupo similar para
poder comparar”. Este paso de “experimento sociológico”, de
“programa que puede hacer historia en televisión”, a simple concurso
no pasó inadvertido a alguno de los participantes. Así, María José
Galera (la primera eliminada), en una muestra de cómo se debe
contestar a determinadas preguntas, soltó: “¿Por qué no investigan
también a los concursantes del ‘50x15’”, olvidándose de que los
protagonistas de Crónicas marcianas, por ejemplo, no parodian el
citado concurso y sí Gran Hermano. La diferencia reside en que los
participantes del programa han decidido prestar su intimidad por una
cantidad económica. Y el dato menos íntimo de cualquier biografía es
la profesión. La real. |
Reunión de
urgencia La crisis vivida
por Gran Hermano la semana pasada arrancó el domingo día 4, tras la
publicación de la noticia sobre el pasado de Mónica en un diario regional.
El lunes, tras la salida de interviú, los responsables de la productora y
de la cadena emisora se cercioraron de la veracidad de lo publicado. Tras
las conversaciones telefónicas del día anterior, se celebró una reunión de
urgencia. A la 1 de la tarde ya estaban alrededor de una mesa responsables
de Tele 5, de Quiero TV y de Zeppelin, la productora del programa, además
de la presentadora, Mercedes Milá. Según las fuentes consultadas por esta
revista, los demás asistentes reprocharon a Zeppelin la entrada en la casa
de Gran Hermano de una segunda prostituta. Sobre todo, teniendo en cuenta
que José Manuel Fernández Velasco, máximo responsable de la productora y
del concurso y que ha llevado en primera persona el diseño del proceso de
selección, declaró en la presentación de Gran Hermano: “Del éxito de la
selección (de los concursantes) que hemos realizado depende el éxito del
programa”. Precisamente esa selección debió de estar llena de
incertidumbres, toda vez que el 31 de marzo la productora anunciaba a los
medios de comunicación que ya había elegido a los diez concursantes que
entrarían en la casa, y daba algunos datos, sin especificar nombres. Por
ejemplo, entre las mujeres, había una “vasca, dibujante, soltera sin
pareja”, una mujer que, sin explicación por parte de Zeppelin, desapareció
para dejar su sitio a Marina, la madrileña, quien no figuraba en la lista
inicial. Pero el mayor cúmulo de desencuentros se produjo entre los
concursantes masculinos. En la lista aparecían un “vasco, divorciado y
padre de un niño; trabaja en la construcción” y un “andaluz, estudiante de
Filología, soltero y sin novia”. Del vasco nunca más se supo, pero las
características del andaluz coinciden con las de Íñigo, quien, tras ser
elegido para entrar en la primera remesa, habría pasado al papel de
suplente. No aparecían el asturiano Iván y el zaragozano
Jorge. En la citada
reunión del lunes 5, según las fuentes consultadas por esta revista, los
reproches a la productora por la “metedura de pata” duraron poco, porque
los representantes de todas las empresas implicadas prefirieron trabajar
en paliar los efectos de la crisis. La primera decisión fue asumir las
explicaciones de Zeppelin: Mónica Ruiz les había engañado. Pero esto
chocaría con el presunto desconocimiento de Mercedes Milá del documento
que firmó la joven antes de entrar en la casa. Esta constatación tuvo sus
reflejos posteriores: la productora, al escoger qué iba a emitir de la
presencia de Mónica en el confesionario, mantuvo el momento en el que la
redactora de Gran Hermano pregunta por qué no dijo antes que ejercía la
prostitución. También las explicaciones de Roberto Ontiveros, remachando
que la productora no tenía “legitimidad” para investigar las actividades
de los concursantes. Milá zanjó la cuestión destacando que Mónica “se
engañó a sí misma”.
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Lágrimas
bajo presión |
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Eran las 2.10 de la madrugada del martes 6 de
junio cuando Mónica Ruiz Barea salía de la casa de Gran Hermano
entre los aplausos de unos aturdidos compañeros que no se explicaban
su marcha. Ella, oficialmente, no les dijo nada. Pero chocan las
palabras de Iñigo cuando se dirigió a la cámara y, en un tono serio,
exclamó: “¿Por qué tiene que pasar esto? Es que os equivocáis,
coño”, en clara referencia a los responsables del espacio. Esas
horas se convirtieron en uno de los peores ratos de la vida de
Mónica. Un auténtico docudrama, si es lícito calificar así una hora
y media de conversación en el confesionario ante una redactora del
programa a la que no veía y que le informó de lo publicado en
diversos medios de comunicación –entre ellos, esta revista– sobre su
actividad como chica de alterne. Era la primera vez que Gran
Hermano se saltaba sus propias reglas (algo “imperdonable, porque
supone hacer trampa y manipular los resultados”, a juicio de
numerosos internautas seguidores del espacio), entre las cuales está
no informar a los concursantes de lo que sucede en el exterior
“salvo causa de fuerza mayor o situación familiar grave”, según los
propios responsables del programa. En cualquier caso, la joven
mallorquina decidió, en un primer momento, quedarse: “Confío en
vosotros y me quiero quedar”. Sin embargo, tras volver junto a sus
compañeros, pareció derrumbarse definitivamente. “No puedo seguir.
Es mejor que salga”, dijo, entre lágrimas, al tiempo que confesaba
que había ocultado su trabajo en un club de alterne “porque creí que
decirlo me podía perjudicar para entrar en el programa”. Las
ocultaciones son habituales en Gran Hermano. El domingo día 4, Vía
Digital cortó durante más de dos horas la emisión al salir Ania del
confesionario para dirigirse a Iván en tonos destemplados. Durante
ese tiempo sólo se pusieron imágenes de la pecera. Hubo espectadores
que protestaron, pero no consiguieron ni una explicación. De este
proceso de selección de imágenes tomó buena cuenta, por ejemplo,
María José Galera, que llegó a confesar en Crónicas marcianas que
“sólo emiten lo que quieren. Por eso sacaron el corte de mangas de
Vanessa a Silvia; pero no lo que ella le había llamado antes: «hija
de puta»”. Y en la misma línea insistió la madre de Vanessa: “Boris
Izaguirre, desde ‘Crónicas marcianas’, se ha querido cargar a mi
hija presentándola como la mala de la película”. O como dijo Nacho
Rodríguez, el médico salmantino, a la revista Diez Minutos: “Han
querido presentar mi historia con Vanessa como algo de la última
jornada; pero ya estábamos así desde hacía tres días, y no lo
sacaron”. En este clima, Mónica no tuvo más remedio que abandonar
la casa y se fue a Mallorca con su madre, María Barea.“Cuando llegue
el momento, hablaremos –señaló María, a preguntas del diario balear
Última Hora–. Ahora lo tengo
prohibido”.
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Cierre
dramático El debate más
intenso de la dilatada reunión se centró en la permanencia de Mónica en la
casa de Soto del Real. Al final venció el argumento de que, con ella
dentro, la polémica duraría hasta que fuera eliminada, mientras que si se
la hacía salir inmediatamente, se aguantaría “el chaparrón” de una sola
vez y la crisis remitiría en pocos días. Una vez adoptada la medida, se
dedujo que lo ideal sería que la propia Mónica tomara la decisión. La
productora optó por que fuera una periodista, Pilar, y no uno de los
psicólogos, quien hablara con Mónica de tan delicado tema. Sólo alrededor
de una hora después, cuando la joven se derrumbó, entró en acción un
especialista, momento que recogieron las cámaras y que sirvió de dramático
cierre al montaje del vídeo que Gran Hermano difundió insistentemente en
los dos días posteriores. El miércoles día 7 el programa alcanzó los
10.948.000 espectadores, el 57 por ciento de la cuota de pantalla. La
víspera, al filo de la medianoche, la emisión de Crónicas marcianas había
sido seguida por casi 6,5 millones de personas, que contemplaron a la
concursante hundida. Eran las dos y cuarto de la madrugada y Mónica
Ruiz abandonaba la casa de Gran Hermano. A la puerta, Mercedes Milá ponía
en marcha otra de las decisiones de la reunión previa: arropar a la
concursante, ofreciéndole todo su apoyo y el del programa. Un apoyo que
llevó al extremo en la edición del miércoles, al afirmar, en su inesperada
pregunta a Ontiveros, que la concursante no habría sido descartada pese a
conocerse previamente su profesión. Terció María José Galera, allí
presente, para opinar que “Zeppelin ha elegido muy bien”. Otra de las
decisiones, ésta menor, que se adoptaron en la larga reunión de
responsables fue la de acabar con la tesis de que Gran Hermano es un
“experimento sociológico”. Mercedes Milá, con la ayuda del coordinador
médico, se encargó de deshacer el camino marcado en los anuncios de marzo
y aseguró que aunque “se nos acusa” de haber presentado el programa casi
en clave científica, “nunca lo hemos dicho”. Atrás quedan sus propias
declaraciones (“me ha encantado escuchar palabras como ‘experimento’...”)
y la enjundiosa explicación dada por el equipo de psicólogos para
anunciar, en su día, el sistema de selección de concursantes, que a tenor
de los resultados no ha tenido mucho éxito.
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Una
dudosa elección |
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Un exhaustivo proceso de selección dividido en
distintas fases, pruebas biográficas y psicológicas, entrevistas
sobre el momento personal y familiar de cada aspirante, test
realizados por psicólogos y sociólogos y un curso de 20 horas de
preparación psicológica no bastaron a Zeppelin para averiguar que
Mónica Ruiz y María José Galera habían ejercido la prostitución. Así
lo afirman la productora y Tele 5. Según Isabel Iniesta, de
Market Real Consultores, Zeppelin ha caído en su propia trampa al
vender la idea de un proceso de selección tan minucioso: “Si tan
convencidos estaban de conocer la vida y milagros de los
concursantes, ¿cómo se les puede pasar algo así? Si lo buscan, lo
encuentran. Me parece estúpido por parte de alguien no buscar un
dato que se les puede convertir en un bumerán”. En opinión de
Iniesta sólo caben dos opciones: “O Zeppelin metió la pata hasta el
fondo haciendo una selección muy poco rigurosa o lo hicieron aposta.
Personalmente, me inclino por lo último”. Esta opinión contrasta con
la de Miguel Ángel Vidal, director de BDN Group, consultores en
recursos humanos: “Es una realidad tan profunda que no tiene por qué
percibirse en una entrevista personal. Todo el mundo en las
entrevistas de trabajo tiende a maquillar sus datos, y eso es
humano. Zeppelin, si las chicas saben esconderlo, no tendría porqué
conocer su pasado”. Un profesional que lleva más de diez años
trabajando en selección de personal y que prefiere mantenerse en el
anonimato cree que “es demasiada casualidad. No hay que olvidar que,
en un momento determinado, el pasado oscuro de las chicas da más
publicidad al programa. En una selección seria las entrevistas
detectarían, al menos en un 95 por ciento de los casos, algo tan
fundamental como que una mujer ha sido prostituta”. Nieves
Salinas |
El programa, al
margen Al margen de las decisiones
inmediatas sobre Mónica, la productora puso en marcha una estrategia de
comunicación para presentar la crisis del programa como un problema entre
una prostituta y la revista interviú, que Mercedes Milá calificó de
“auténtico linchamiento”, dejando fuera, como si no tuviera nada que ver,
al programa. El miércoles, el presentador que acompaña a Milá, Fernando
Acaso, emitió una encuesta realizada entre siete personas que criticaron
la publicación de la verdadera profesión de Mónica sobre la siguiente
pregunta del presentador: “¿Qué te parece que determinados medios de
publicación (sic) hurguen en la vida privada de las personas?”. A la
presentación de la crisis de Gran Hermano como una persecución de una
revista a una prostituta se lanzaron también los programas que se
benefician del tirón de audiencia de aquél: desde Día a día, de María
Teresa Campos, hasta Crónicas marcianas, de Javier Sardá, producido por
Gestmusic, empresa socia de Zeppelin. Pero esta campaña contra interviú
provocó un movimiento de rechazo en numerosas emisoras de radio y otras
cadenas de televisión, que destacaban el papel periodístico desarrollado
por esta revista en el asunto de Gran Hermano y su disponibilidad a
explicar todos los extremos de su reportaje, en contraste con el
“ocultismo impuesto desde la productora”. Además, han sido muy numerosas
las llamadas de profesionales de la información que, a título personal,
han querido mostrar su apoyo a la Redacción de interviú ante la estrategia
de “linchamiento” –así la percibían los comunicantes– desarrollada por
Gran Hermano y sus programas satélites. No todo han sido apoyos. Esta
revista también ha recibido un buen número de comunicaciones anónimas que
criticaban nuestra labor profesional; buena parte de ellas coincidían
incluso en las palabras empleadas, aunque de momento no está demostrado
que fueran provocadas por una persona o entidad
concreta. |