Regresar a la Portada del 12 al 18 de junio de 2000
Nº 1.259 - año 24

LO QUE USTED NO VE DE ‘GRAN HERMANO’
LA PRODUCTORA EXIGIÓ A MÓNICA GARANTÍAS DE “HONORABILIDAD” ANTES DE ENTRAR EN LA CASA
LAS CLAVES DE LA CRISIS
Ante diez millones de espectadores, el pasado miércoles, Mercedes Milá fue tajante. Afirmó que no trabajaría en una televisión que rechazara a una concursante por el hecho de ser prostituta. Precisamente, la productora de ‘Gran Hermano’, antes de admitir a Mónica Ruiz, le exigió una declaración escrita en la que garantizase que no había “ejercido ninguna actividad que pueda comprometer la honorabilidad del programa”.
C
orría el programa del pasado miércoles y Mercedes Milá entrevistaba a Roberto Ontiveros, director de Gran Hermano, y a Manuel de Juan Espinosa, coordinador de los psicólogos. Todos se afanaban por atajar la crisis que había provocado el hecho de que una segunda participante, Mónica Ruiz, también ejerciera la prostitución hasta el momento de entrar en el concurso. Dirigiéndose a Ontiveros, Mercedes Milá le preguntó, seria: “Si nosotros hubiéramos sabido que esta chica había participado en esas actividades de las que se le acusa, ¿qué pasa, que no puede venir a televisión alguien que ha tenido ese trabajo, o qué? ¿No puede participar en un concurso? Porque yo me niego a trabajar en una televisión así. A ver si nos entendemos, ¿eh?”.
Milá mantuvo esta tajante actitud pocas horas después de que Tele 5 hubiera establecido en el diario El País su posición. Un portavoz de la cadena reconocía que “hubo un celo especial para que no se repitiera un caso” como el de María José Galera –la otra concursante que también ejerció la prostitución hasta pocas fechas antes de presentarse al programa–, porque “el sentimiento de la gente puede ser el de que una es normal, pero dos es premeditación”; incluso el mismo portavoz de la cadena declaraba al periódico que Mónica, durante la selección, fue preguntada sobre si en su pasado existían hechos “similares a lo ocurrido con María José”, y la respuesta fue negativa. El portavoz de Tele 5 también respondía a la pregunta que horas después no sabría contestar el director del programa: “A priori, los hechos aconsejan que es mejor que no entre alguien con estos antecedentes”.
Roberto Ontiveros no se esperaba la pregunta y no ofreció una respuesta coherente, a la vez que se mostraba visiblemente nervioso. Porque el director de Gran Hermano era consciente de que la productora sí había tomado la medida que estaba criticando Milá, como demuestra el documento que Mónica Ruiz tuvo que firmar el 24 de mayo, el mismo día en que se incorporó al chalé de Soto del Real (Madrid) en compañía de los otros dos nuevos concursantes, Koldo e Íñigo.
El documento firmado por Mónica no deja lugar a dudas sobre las pretensiones de la productora: “Que conforme al espíritu del referido concurso, manifiesto que no he desarrollado con anterioridad ninguna profesión relacionada con el mundo del espectáculo, ni he intervenido en reportajes gráficos, películas o vídeos, ni he ejercido ninguna actividad que pueda comprometer los objetivos de espontaneidad y autenticidad, ni imagen de honorabilidad perseguidos por la productora responsable del programa”.
Después de haber firmado este documento, Mónica Ruiz Barea tenía claro que, de admitir su ejercicio de la prostitución, no le permitirían concursar. Y así lo dijo cuando fue informada de que varias publicaciones habían difundido su profesión.

Experimento sociológico
Esto qué es? ¿Un experimento sociológico? ¿Un serial televisivo al cien por cien real? Júzguenlo ustedes mismos”. Estas palabras fueron expresadas por Mercedes Milá cuando se enfrentó al “reto profesional” que suponía la presentación de Gran Hermano, el pasado 23 de abril. La presentadora también hizo hincapié en que esto era “el comienzo de lo que será una larga aventura periodística, una larga aventura de comunicación”. Y señaló que el programa podía hacer historia en la televisión: “Ojalá que los que estamos aquí, más de cien personas, sepamos hacer bien nuestro trabajo y contarles la vida como si levantáramos el tejado de las casas de cualquier español. Porque esto se va a parecer mucho a las casas de cualquiera de nosotros”
Cuando ya se ha llegado al ecuador del programa, Gran Hermano ya es “sólo un concurso de televisión”, como dijo la propia Milá el pasado miércoles. Palabras que contrastan con sus primeras afirmaciones y las de los colaboradores. “Estamos aprendiendo mucho más con este proyecto que en muchas de las investigaciones que realizamos en la Universidad –señaló Enrique García Huete, coordinador del grupo de psicólogos, en la nota hecha pública por Tele 5 y Quiero el 2 de marzo de 2000–. Para nosotros, es una grandísima oportunidad poder observar, investigar y analizar el comportamiento de las diez personas que voluntariamente entran en una casa para convivir y compartir cosas”.
Entre los estudios previos efectuados por los responsables del programa figuraba una “rigurosa” selección de los candidatos. Así, el 2 de marzo pasado se informaba de “una compleja fase de selección” en la que, una vez ordenados sociodemográficamente todos los datos aportados por las 2.621 llamadas válidas (sic) comienza la elección de candidatos. Pese a estos principios, Manuel de Juan Espinosa, uno de los psicólogos, quiso desmentir el pasado miércoles esta presunta cualificación científica en la selección. A preguntas de Milá, señaló que para que fuera un verdadero experimento científico habría que haber estudiado “otras variables, entre ellas el contar con un grupo similar para poder comparar”.
Este paso de “experimento sociológico”, de “programa que puede hacer historia en televisión”, a simple concurso no pasó inadvertido a alguno de los participantes. Así, María José Galera (la primera eliminada), en una muestra de cómo se debe contestar a determinadas preguntas, soltó: “¿Por qué no investigan también a los concursantes del ‘50x15’”, olvidándose de que los protagonistas de Crónicas marcianas, por ejemplo, no parodian el citado concurso y sí Gran Hermano. La diferencia reside en que los participantes del programa han decidido prestar su intimidad por una cantidad económica. Y el dato menos íntimo de cualquier biografía es la profesión. La real.

Reunión de urgencia
La crisis vivida por Gran Hermano la semana pasada arrancó el domingo día 4, tras la publicación de la noticia sobre el pasado de Mónica en un diario regional. El lunes, tras la salida de interviú, los responsables de la productora y de la cadena emisora se cercioraron de la veracidad de lo publicado. Tras las conversaciones telefónicas del día anterior, se celebró una reunión de urgencia. A la 1 de la tarde ya estaban alrededor de una mesa responsables de Tele 5, de Quiero TV y de Zeppelin, la productora del programa, además de la presentadora, Mercedes Milá. Según las fuentes consultadas por esta revista, los demás asistentes reprocharon a Zeppelin la entrada en la casa de Gran Hermano de una segunda prostituta. Sobre todo, teniendo en cuenta que José Manuel Fernández Velasco, máximo responsable de la productora y del concurso y que ha llevado en primera persona el diseño del proceso de selección, declaró en la presentación de Gran Hermano: “Del éxito de la selección (de los concursantes) que hemos realizado depende el éxito del programa”.
Precisamente esa selección debió de estar llena de incertidumbres, toda vez que el 31 de marzo la productora anunciaba a los medios de comunicación que ya había elegido a los diez concursantes que entrarían en la casa, y daba algunos datos, sin especificar nombres. Por ejemplo, entre las mujeres, había una “vasca, dibujante, soltera sin pareja”, una mujer que, sin explicación por parte de Zeppelin, desapareció para dejar su sitio a Marina, la madrileña, quien no figuraba en la lista inicial. Pero el mayor cúmulo de desencuentros se produjo entre los concursantes masculinos. En la lista aparecían un “vasco, divorciado y padre de un niño; trabaja en la construcción” y un “andaluz, estudiante de Filología, soltero y sin novia”. Del vasco nunca más se supo, pero las características del andaluz coinciden con las de Íñigo, quien, tras ser elegido para entrar en la primera remesa, habría pasado al papel de suplente. No aparecían el asturiano Iván y el zaragozano Jorge.
En la citada reunión del lunes 5, según las fuentes consultadas por esta revista, los reproches a la productora por la “metedura de pata” duraron poco, porque los representantes de todas las empresas implicadas prefirieron trabajar en paliar los efectos de la crisis. La primera decisión fue asumir las explicaciones de Zeppelin: Mónica Ruiz les había engañado. Pero esto chocaría con el presunto desconocimiento de Mercedes Milá del documento que firmó la joven antes de entrar en la casa. Esta constatación tuvo sus reflejos posteriores: la productora, al escoger qué iba a emitir de la presencia de Mónica en el confesionario, mantuvo el momento en el que la redactora de Gran Hermano pregunta por qué no dijo antes que ejercía la prostitución. También las explicaciones de Roberto Ontiveros, remachando que la productora no tenía “legitimidad” para investigar las actividades de los concursantes. Milá zanjó la cuestión destacando que Mónica “se engañó a sí misma”.

Lágrimas bajo presión
Eran las 2.10 de la madrugada del martes 6 de junio cuando Mónica Ruiz Barea salía de la casa de Gran Hermano entre los aplausos de unos aturdidos compañeros que no se explicaban su marcha. Ella, oficialmente, no les dijo nada. Pero chocan las palabras de Iñigo cuando se dirigió a la cámara y, en un tono serio, exclamó: “¿Por qué tiene que pasar esto? Es que os equivocáis, coño”, en clara referencia a los responsables del espacio.
Esas horas se convirtieron en uno de los peores ratos de la vida de Mónica. Un auténtico docudrama, si es lícito calificar así una hora y media de conversación en el confesionario ante una redactora del programa a la que no veía y que le informó de lo publicado en diversos medios de comunicación –entre ellos, esta revista– sobre su actividad como chica de alterne.
Era la primera vez que Gran Hermano se saltaba sus propias reglas (algo “imperdonable, porque supone hacer trampa y manipular los resultados”, a juicio de numerosos internautas seguidores del espacio), entre las cuales está no informar a los concursantes de lo que sucede en el exterior “salvo causa de fuerza mayor o situación familiar grave”, según los propios responsables del programa.
En cualquier caso, la joven mallorquina decidió, en un primer momento, quedarse: “Confío en vosotros y me quiero quedar”. Sin embargo, tras volver junto a sus compañeros, pareció derrumbarse definitivamente. “No puedo seguir. Es mejor que salga”, dijo, entre lágrimas, al tiempo que confesaba que había ocultado su trabajo en un club de alterne “porque creí que decirlo me podía perjudicar para entrar en el programa”.
Las ocultaciones son habituales en Gran Hermano. El domingo día 4, Vía Digital cortó durante más de dos horas la emisión al salir Ania del confesionario para dirigirse a Iván en tonos destemplados. Durante ese tiempo sólo se pusieron imágenes de la pecera. Hubo espectadores que protestaron, pero no consiguieron ni una explicación.
De este proceso de selección de imágenes tomó buena cuenta, por ejemplo, María José Galera, que llegó a confesar en Crónicas marcianas que “sólo emiten lo que quieren. Por eso sacaron el corte de mangas de Vanessa a Silvia; pero no lo que ella le había llamado antes: «hija de puta»”. Y en la misma línea insistió la madre de Vanessa: “Boris Izaguirre, desde ‘Crónicas marcianas’, se ha querido cargar a mi hija presentándola como la mala de la película”. O como dijo Nacho Rodríguez, el médico salmantino, a la revista Diez Minutos: “Han querido presentar mi historia con Vanessa como algo de la última jornada; pero ya estábamos así desde hacía tres días, y no lo sacaron”.
En este clima, Mónica no tuvo más remedio que abandonar la casa y se fue a Mallorca con su madre, María Barea.“Cuando llegue el momento, hablaremos –señaló María, a preguntas del diario balear Última Hora–. Ahora lo tengo prohibido”.

Cierre dramático
El debate más intenso de la dilatada reunión se centró en la permanencia de Mónica en la casa de Soto del Real. Al final venció el argumento de que, con ella dentro, la polémica duraría hasta que fuera eliminada, mientras que si se la hacía salir inmediatamente, se aguantaría “el chaparrón” de una sola vez y la crisis remitiría en pocos días. Una vez adoptada la medida, se dedujo que lo ideal sería que la propia Mónica tomara la decisión.
La productora optó por que fuera una periodista, Pilar, y no uno de los psicólogos, quien hablara con Mónica de tan delicado tema. Sólo alrededor de una hora después, cuando la joven se derrumbó, entró en acción un especialista, momento que recogieron las cámaras y que sirvió de dramático cierre al montaje del vídeo que Gran Hermano difundió insistentemente en los dos días posteriores. El miércoles día 7 el programa alcanzó los 10.948.000 espectadores, el 57 por ciento de la cuota de pantalla. La víspera, al filo de la medianoche, la emisión de Crónicas marcianas había sido seguida por casi 6,5 millones de personas, que contemplaron a la concursante hundida.
Eran las dos y cuarto de la madrugada y Mónica Ruiz abandonaba la casa de Gran Hermano. A la puerta, Mercedes Milá ponía en marcha otra de las decisiones de la reunión previa: arropar a la concursante, ofreciéndole todo su apoyo y el del programa. Un apoyo que llevó al extremo en la edición del miércoles, al afirmar, en su inesperada pregunta a Ontiveros, que la concursante no habría sido descartada pese a conocerse previamente su profesión. Terció María José Galera, allí presente, para opinar que “Zeppelin ha elegido muy bien”.
Otra de las decisiones, ésta menor, que se adoptaron en la larga reunión de responsables fue la de acabar con la tesis de que Gran Hermano es un “experimento sociológico”. Mercedes Milá, con la ayuda del coordinador médico, se encargó de deshacer el camino marcado en los anuncios de marzo y aseguró que aunque “se nos acusa” de haber presentado el programa casi en clave científica, “nunca lo hemos dicho”. Atrás quedan sus propias declaraciones (“me ha encantado escuchar palabras como ‘experimento’...”) y la enjundiosa explicación dada por el equipo de psicólogos para anunciar, en su día, el sistema de selección de concursantes, que a tenor de los resultados no ha tenido mucho éxito.

Una dudosa elección
Un exhaustivo proceso de selección dividido en distintas fases, pruebas biográficas y psicológicas, entrevistas sobre el momento personal y familiar de cada aspirante, test realizados por psicólogos y sociólogos y un curso de 20 horas de preparación psicológica no bastaron a Zeppelin para averiguar que Mónica Ruiz y María José Galera habían ejercido la prostitución. Así lo afirman la productora y Tele 5.
Según Isabel Iniesta, de Market Real Consultores, Zeppelin ha caído en su propia trampa al vender la idea de un proceso de selección tan minucioso: “Si tan convencidos estaban de conocer la vida y milagros de los concursantes, ¿cómo se les puede pasar algo así? Si lo buscan, lo encuentran. Me parece estúpido por parte de alguien no buscar un dato que se les puede convertir en un bumerán”. En opinión de Iniesta sólo caben dos opciones: “O Zeppelin metió la pata hasta el fondo haciendo una selección muy poco rigurosa o lo hicieron aposta. Personalmente, me inclino por lo último”. Esta opinión contrasta con la de Miguel Ángel Vidal, director de BDN Group, consultores en recursos humanos: “Es una realidad tan profunda que no tiene por qué percibirse en una entrevista personal. Todo el mundo en las entrevistas de trabajo tiende a maquillar sus datos, y eso es humano. Zeppelin, si las chicas saben esconderlo, no tendría porqué conocer su pasado”. Un profesional que lleva más de diez años trabajando en selección de personal y que prefiere mantenerse en el anonimato cree que “es demasiada casualidad. No hay que olvidar que, en un momento determinado, el pasado oscuro de las chicas da más publicidad al programa. En una selección seria las entrevistas detectarían, al menos en un 95 por ciento de los casos, algo tan fundamental como que una mujer ha sido prostituta”.
Nieves Salinas

El programa, al margen
Al margen de las decisiones inmediatas sobre Mónica, la productora puso en marcha una estrategia de comunicación para presentar la crisis del programa como un problema entre una prostituta y la revista interviú, que Mercedes Milá calificó de “auténtico linchamiento”, dejando fuera, como si no tuviera nada que ver, al programa. El miércoles, el presentador que acompaña a Milá, Fernando Acaso, emitió una encuesta realizada entre siete personas que criticaron la publicación de la verdadera profesión de Mónica sobre la siguiente pregunta del presentador: “¿Qué te parece que determinados medios de publicación (sic) hurguen en la vida privada de las personas?”.
A la presentación de la crisis de Gran Hermano como una persecución de una revista a una prostituta se lanzaron también los programas que se benefician del tirón de audiencia de aquél: desde Día a día, de María Teresa Campos, hasta Crónicas marcianas, de Javier Sardá, producido por Gestmusic, empresa socia de Zeppelin. Pero esta campaña contra interviú provocó un movimiento de rechazo en numerosas emisoras de radio y otras cadenas de televisión, que destacaban el papel periodístico desarrollado por esta revista en el asunto de Gran Hermano y su disponibilidad a explicar todos los extremos de su reportaje, en contraste con el “ocultismo impuesto desde la productora”. Además, han sido muy numerosas las llamadas de profesionales de la información que, a título personal, han querido mostrar su apoyo a la Redacción de interviú ante la estrategia de “linchamiento” –así la percibían los comunicantes– desarrollada por Gran Hermano y sus programas satélites.
No todo han sido apoyos. Esta revista también ha recibido un buen número de comunicaciones anónimas que criticaban nuestra labor profesional; buena parte de ellas coincidían incluso en las palabras empleadas, aunque de momento no está demostrado que fueran provocadas por una persona o entidad concreta.


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