RAFAEL SOTO VERGÉS



Cádiz, 1936. Estudios de Ciencias empresariales y de Filosofía y Letras. Según Ricardo Gullón, su obra es “una de las primeras en anticipar, mediante la potenciación simbólica, fórmulas renovadoras del realismo vigente a finales de los años cincuenta” (Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana). Premios: Adonais,1958, con La Agorera; Ciudad de Cáceres,1993, con Rimado bajo el piélago; Ciudad de Valencia, 1997, con Manual de Prodigios y Leonor de Poesía, 1999, con Pasto en llamas. Su teoría poética fundamental es la experiencia de lo bucólico.

 
 
 

VIDA EN LA GRAMA

PARA morir aquí, he vuelto, Bornos,
Cabeza de ataúd, madre de imágenes
Entre la incertidumbre de los lirios
Y la esfera mortal del heno en llamas.
Para llorar aquí, regreso, patria,
Ermitaña del fin de mi existencia,
Carro de yerbas hortelanas, mijo
De luz brizada por el aire de oro
Entre las narraciones de la infancia.
Para callar aquí, retorno ahora,
Y para devolverte tu palabra efímera,
Tu molino de agua entre las zarzas
Y tu oscuro licor de brumas moras.
Todo lo que diste, el aire mágico
De oscuridad mojada por la yerba;
El pecho libre, colocado y puro
En las destilerías del romero,
Te entrego ahora, herido mortalmente
Por los verdes fragores de la grama.
Y por la triste lágrima que cae
Sobre la yerba última del pasto,
Aullante bajo el cielo, condenada.


LECTURA
 
 
Hay viajes de ida y viajes de regreso. Los primeros suelen estar alimentados por la ilusión, y en ellos aletea la urgencia de los desconocido, la esperaza de ver la cara del misterio, quizá la osadía de ganarle la partida al tiempo irremediable. Los viajes de regreso, en cambio, vienen teñidos de melancolía, arrastran un bagaje de quebrados proyectos  y son, quizá, una imagen inconsciente que adelanta la paz definitiva de la muerte.
El discurso de yerba, libro al que pertenece el poema elegido, libro por el que el poeta recibió el Premio Andalucía de la Crítica, en 1994, es precisamente un viaje de regreso al lugar sin límites de la infancia y al paisaje inaugural de Bornos, la ciudad del origen que, en este libro, se convierte en enclave mítico al que Soto Vergés vuelve, cargado hasta los topes, con el caudal de experiencia de la vida.
“Vida en la grama” es el poema prologal del poemario, y traza como si fuesen los signos de un frontispicio, el propósito que mueve al autor: “para morir aquí, he vuelto, Bornos... / Para llorar aquí, regreso, patria... /Todo lo que me diste, el aire mágico... / te entrego ahora, herido mortalmente / por los verdes fragores de la grama”.
Un viaje, pues, de regreso a la muerte; pero también un viaje de regreso al país de la infancia, el único lugar que se conoce con certeza. En este sentido, el autor sigue una vieja senda por la que, desde los orígenes, han transitado los grandes autores de la literatura. Rafael Soto Vergés, peregrino en este poema hacia su propia patria, concebida como un regazo amoroso al que acogerse, va recuperando en cada estación del camino las luces y las sombras de su biografía interior. Pertrechando con la lucidez que prestan los aportes de la existencia, el autor recupera un manantial de emociones prístinas que le actualizan la conciencia de una muerte contra la que se rebela. Con ser destacable el pormenor de los contenidos, la hondura de la reflexión sobre la fragilidad de la vida, o sobre la certeza melancólica de que el tiempo es una acumulación de derrotas, lo que confiere un sentido especial al poema es la simbología vegetal que atraviesa sus textos.
Instalado Soto Vergés en una trayectoria de fructífera independencia, que lo desliga de movimientos al uso, de clasificaciones y de escuelas, hay que destacar en este poema la magia de sus imágenes y el prodigio dominio verbal, lo que, aliado a un cierto y luminoso surrealismo, dan como resultado una lírica de sugerente lectura y un delicioso atractivo para los sentidos.

LECTOR
 
Pedro Felipe Sánchez Granados Albos, Almería, 1949. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Murcia. En la actualidad es profesor de Literatura Española y reside en Lorca (Murcia). Pertenece a la Asociación Andaluza de Críticos Literarios y forma parte del Consejo Editor de la revista Batarro. Es autor del libro de ensayos La esquina del milenio.