JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 

 
 



El andaluz Juan Ramón Jiménez, acreedor del Premio Nobel en 1956, por la "pureza artística y el elevado espíritu" de su poesía, había nacido el 23 de diciembre de 1881 en Moguer (Huelva), aunque por lo indefinido de la hora de su llegada al mundo -las doce de la noche- él señalase el día 24 como su Adviento particular. Entre este momento y el de su muerte -las cinco de la madrugada del 28 de octubre de 1958- transcurre una biografía, cuyo más fiel reflejo es la totalidad de su Obra, escrita por él con mayúscula para indicar que ella era toda su existencia, su vida trascendida.
Maestro de poetas por donde quiera que pasó, fue tal su impronta que la poesía española de este siglo no se entiende sin él. Su gran originalidad consistió en superar el modernismo poético y abrir los cauces a las vanguardias, por el procedimiento de ahondar en las raíces cultas y populares de nuestra tradición, sin renunciar al último latido de las corrientes poéticas internacionales. Su boda con Zenobia Camprubí, mujer de educación bilingüe -norteamericana y española- será decisiva en este último aspecto. También lo será el contacto, en la juventud del poeta, con el idealismo krausista de la Institución Libre de Enseñanza a través de su devoción filial por don Francisco Giner de los Ríos. Aunque no siempre ha sido bien comprendida, su poesía, impregnada por este pensamiento neoplatónico, quiere iluminar la propia vida y la de los demás, desde la libertad, la solidaridad y la autoexigencia, en un compromiso moral de regeneración de lo humano hasta lo divino.

 
 
 

BERCEUSE (Canción de cuna)
 
 
 

Boston 16 de marzo
 
 

  No; dormida,
    no te beso.
        Tú me has dado tu alma
    con tus ojos abiertos
    - ¡oh jardín estrellado!-
    a tu cuerpo.
        No, dormida no eres
    tú... No, no, ¡no te beso!
        - ... Infiel te fuera a ti si te besara
    a ti...
        No, no,
    no te beso...-

 
 

Juan Ramón Jiménez. Diario de un poeta casado.
 
 

PROPUESTA DE LECTURA

El título del poema sitúa al autor fundiendo el amor conyugal y el materno en la contemplación de su bella durmiente. El desvelo masculino, resuelto en arrullo de canción de cuna, protege el sueño de la amada con una heroica decisión: no turbar el misterio de su viaje secreto. Firmeza que se justifica en un motivo explícito e irrebatible: el de la fidelidad, ley sagrada para los amantes. El respeto a la conciencia libre que lo eligió le prohíbe asumir la subconsciencia cautiva del dormir más querido: "... Infiel te fuera a ti si te besara /a ti". El sentimiento se matiza y amplía en otros poemas del mismo Diario, donde, con el amor, aflora el miedo a la verdad individual de ella, por ignorada y no compartida: "a veces veo luz de espanto en el cielo /de tu soñar" (CX). En otros, como en Berceuse, se asume idéntica limitación: "Ahora, que estás dormida,/puedo solo adorarte,/sin serme, con tu parte,/mi fe correspondida" (CXIX). Pero, de los seis poemas del soñar que encontramos en el libro, los versos que nos ocupan ahondan expresivamente -y esto es lo más emotivo- en lo difícil de tal decisión, en la viva lucha con el deseo, liberado y reprimido a la vez en nueve negaciones reiteradas. El apóstrofe lírico "¡Oh jardín estrellado!", única metáfora para simbolizar la belleza femenina, intensifica la vehemencia del impulso, vencida, sin embargo, por la fuerza ética de su convicción.
El poema hace el nº LXVI del Diario de un poeta reciencasado, título donde el adjetivo está unido al adverbio para subrayar lo esencial de esa circunstancia existencial. Todo el libro es un diálogo con el mar y las cosas, sostenido desde el amor, dialéctica que supone un cambio en la trayectoria del poeta, no sólo por la libertad incorporada al verso (libre, desnudo), así como a ritmos, temas, registros y técnicas innovadoras, como el collage. También es nueva la actitud del yo lírico, desde la nostalgia modernista, mitificadora del pasado, a la valoración del presente como tiempo sintético, preñado de esperanza. Es esa temporalidad actual, con su espacio propio, quien le brinda los estímulos poéticos, en este caso, el cotidiano, pero hermético, sueño de la amada es la anécdota que Juan Ramón transforma líricamente en categoría. Para ello, busca la pureza, la condensación, aprendida en nuestro folklore y reafirmada al contacto con la lírica inglesa y norteamericana, en la que Zenobia le ayudó a profundizar.
La libertad métrica, que aquí va del bisílabo al endecasílabo, no le impide repetir cuatro veces el heptasílabo, ni rimar en asonante casi todos los versos pares. El efecto de suave musicalidad se ahonda con las reiteraciones léxicas de sustantivos, adjetivos, adverbios o pronombres (beso, dormida, no, te, ti), y con la sintáctica, esencial al tema (no te beso), para aumentar el aire de canción, prometido desde el título, con el vaivén recurrente de la nana. El poema demuestra que, incluso en un libro como el Diario, lleno de innovaciones, Juan Ramón es fiel a los ritmos propios de su patrimonio poético, los del romance y la canción, que unidos desde ahora al verso libre, afloran permanentes en su lírica y le llevan a la libertad final de sus obras esenciales, Tiempo y Espacio. Tal es la melodía que presta a estos versos la eficaz sencillez de la belleza.

 
 

MARIA JESÚS DOMÍNGUEZ SÍO:
 
 

María Jesús Domínguez Sío es Doctora en Filología Hispánica y Catedrática de Bachillerato. Ha realizado varios trabajos sobre distintos autores españoles, entre los que destacan dos libros de ensayos sobre Juan Ramón y otras dos ediciones inéditas del mismo poeta (uno en prensa).
 

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