GABRIEL CELAYA


Celaya nace, en Hernani, un 18 de Marzo de 1911, aunque su verdadero nacimiento se produce el 8 de Octubre de 1946, el día que conoce a Amparitxu, la mujer que será su compañera para siempre. Amparitxu dará una nueva dimensión al poeta, por aquel entonces un circunspecto burgués, director de una empresa de éxito. Con Amparitxu ingresa en el Partido Comunista y junto a ella, alienta "Cuadernos del Norte". Un proyecto asombroso que supuso una ola de viento fresco en el desértico panorama cultural español y que dio a conocer a autores como Eluard o Rilke, prohibidos hasta entonces. 

Amigo de Alberti y de Salinas vio con infinita tristeza como muchos de sus mejores amigos partían hacia el exilio o el destierro más doloroso. Sufrió como propio el asesinato de Lorca o la muerte de Miguel Hernández: Ya el dolor de los otros me duele más que el mío. Puso su palabra al servicio de los que nada tenían denunciando los atropellos en una España desgarrada por la Guerra Civil, violentada y humillada por el régimen de aquel infame general y como Bergamín tenía una fuerte vinculación a Euskadi. -que tanto dolía a algunos-: "Rapsodia Euskara"

Sus primeros títulos están llenos de resonancias albertianas y lorquianas, de matices surrealistas: Tarde malva y oro/bajo el cielo blanco/por el pinar/se ha ido cantando... en "Tranquilamente hablando" Aunque su obra más conocida se engloba bajo lo que unos llaman poesía social y otros poesía política: Y saber que no pueden/matarnos que si tratan/de matar estos brotes/crecerá nuestra rabia. en "Cantos Íberos" o "Buenos días, buenas noches". Sin olvidar al Celaya amigo de los niños. A ellos dedicó un libro entrañable: "La Voz de los niños": una antología de canciones y retahílas cuidadosamente clasificadas y seleccionadas. Un libro no menor en el conjunto de su obra poética que guarda una estrecha relación con su mejor poesía social. 
 
 
 
 

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO
 

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante más se palpita 
y se sigue mas acá de la conciencia 
fieramente existiendo, ciegamente afirmando, 
como un pulso que golpea las tinieblas, 

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las barbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que siento excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para pobre, poesía necesaria,
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir quien somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mi a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo que por eso con técnica, que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos reeeepetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
 


 


PROPUESTA DE LECTURA
 

Nada hay tan poderoso y tan libre como la palabra. La palabra tira por tierra a los violentos y derrota a los fuertes. La palabra es un arma invencible: . Mantiene a raya a los enemigos de la libertad y a los tiranos. La palabra es el arma contra la intolerancia, contra la desmemoria, contra los abusos del poder. La palabra que acusa y subvierte. Contra la impunidad, la Literatura refresca y denuncia. Contra el olvido, la Literatura sugiere, evoca, sirve de catapulta, es un punto de partida. Un arma que apuntala y que anima a viajar. 
 

Recordando (de re-cordis: volver a pasar por el corazón) la obra de Gabriel Celaya he vuelto a rememorar la conmoción que sufrí, al igual que tantos jóvenes, al escuchar sus primeros versos en la voz desgarrada y emocionada de Paco Ibañez en un disco irrepetible: Paco Ibañez en el Olimpia. (Corría el año 1971 y España seguía mal gobernada por el general Franco y sus secuaces.) Y no había manifestación o Asamblea en la que no se corearan sus versos ni reunión en la que no se cantaran sus poemas.
 

Con Celaya he vuelto a escuchar la voz acusadora del viejo militante comunista, del luchador impenitente del exilio interior que clamaba con furia y desesperanza: Cuando ya nada se espera personalmente exaltante/ más se palpita y se sigue más allá de la conciencia/ fieramente existiendo, ciegamente aspirando/ como un pulso que golpea las tinieblas en unos tiempos en los que todos callaban. 
 

La memoria es, sin duda, el vehículo de la palabra. La palabra que toma partido hasta mancharse, más allá del limite. Así es la poesía de Celaya: una poesía estremecida y estremecedora. Una poesía comprometida puesta en pie hasta el fin. Una poesía comprometida y firme que supo afianzar el nosotros, el compromiso de toda la sociedad española frente a la España uniformada del dictador: Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno, estamos tocando el fondo,
 

Ni el recuerdo ni la memoria suponen un atentado contra la estabilidad democrática. Por eso la poesía, la palabra de Gabriel Celaya es shoy más necesaria que nunca y sigue sonando como un aldabonazo que remueve las conciencias, que renueva nuestros ímpetus, nuestro compromiso, nuestras verdades. Esa poesía, la única, la verdadera poesía, de quien ha abierto los ojos a la sociedad en la que le ha tocado vivir y a sus problemas. Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día. Esa poesía-herramienta cargada de futuro expansivo hacia el cielo. 
 

Esa poesía comprometida y sencilla como el aire que respiramos trece veces por minuto. Esa poesía necesaria como el pan de cada día, ni bella ni perfecta. Simplemente: un arma cargada de futuro: Son gritos en el cielo y en la tierra son actos. 
 
 
 

JESÚS ÁNGEL REMACHA

Nací en Aranda de Duero en 1956, el mismo año en el que se produjeron las primeras revueltas estudiantiles contra la Dictadura del general Franco. Aunque mi verdadero nacimiento se produjo muchos años después, cuando descubrí una tierra luminosa e irrepetible en la que se daban cita la luz y la magia del Caribe y el ritmo desgarrador del pueblo yoruba. Cuba, pues, me abrió las puertas a un mundo fascinante y misterioso: América Latina. Desde ese momento he ido descubriendo su historia, sus mitos y sus ríos, sus sueños y esperanzas, sus selvas y letras: su futuro. Gracias a este descubrimiento he sido partícipe de una de las experiencias más apasionantes de mi vida: la creación del mundo: (Fue en la década de los 80. Y sucedió en Nicaragua). También he publicado algunos libros que nacen de aquel continente, entre otros: "Ernesto Cardenal para niños" en Ediciones De la Torre y "Catálogo de Literatura Iberoamericana Infantil y Juvenil" en Acción Educativa
 

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