Folclore colonizado,

Folklore descolonizador.

Atestiguan los libros de historia la cruel represión de los europeos, contra las culturas de los pueblos colonizados en el momento de la "conquista", y durante la posterior labor de colonización. (Asistimos a la destrucción de los valores culturales, de las modalidades de existencia. La lengua, el vestido, las técnicas son desvaloradas. Frantz Fanon).

Si reflexionamos sobre ello se nos evidencia que el folklore nativo de un pueblo es, ni más ni menos, que el mayor exponente de la cultura nacional. Su mejor seña de identidad: su primera bandera.

Llegado el momento, el colonizador reconoce que se le escapan brotes aislados en el mismo seno del pueblo. Manifestaciones culturales que aparecen espontáneamente de forma cada vez más periódica, con más fuerza y en mayor cantidad.

Es el momento de sacar la rueda de repuesto: la metrópoli reacciona consiguiendo utilizar algunos folclóricos para su causa. Se cantan, se promueven coplas tan autohumillantes como aquella de "...que eres orgullo de esp...". Se trata de oportunistas de los que prefieren estar siempre en lado ganador, de los que anteponen intereses propios –tal vez económicos- a cualquier otra cosa.

Aparecen en el panorama político pretendidos partidos nacionalistas, gobernados por caciques y pequeños empresarios configurados en singular alianza para la protección de sus bolsillos. Y con suficiente descaro para erigirse en representantes del pueblo y presentarse como la alternativa salvadora de la economía del país. Con quien todo patriota debe contribuir.

Demasiados intereses económicos para ser fieles a cualquier ideal.

Ahora comprendemos a Fanon cuando decía que los folclóricos eran un grave problema para la lucha de liberación nacional ("Por la revolución Afrikana"). El colonialismo lo sabe y utiliza todas las armas que posee sin piedad: se dedica a oficializar el folclore en todas sus vertientes, creando una sutil confusión en el corazón de cada enamorado de lo suyo. Y hay veces que se peca de unirse al colonizador, al cacique, o solamente de enfrentarse al clan vecino. El "divide y vencerás" se convierte en "cuanto más dividas mejor".

Sin embargo no todo está perdido en el campo cultural. Muchos grupos se ven obligados a tomar consciencia. No existen posturas intermedias. Y ello hace que los que han adquirido un compromiso moral con los suyos se ven necesitados del reconocimiento del resto de los patriotas comprometidos, para fortalecerse en la lucha.

Estos se dan cuenta de que hay una lucha diaria e incontables batallas ganadas. Allí donde se realiza una actuación folclórica se disipan dudas de decenas, cientos, o tal vez miles de espectadores. Se trata de un compromiso serio. Realmente válido.

Los colonizados empiezan a sentir algo exclusivamente suyo en cada muestra folclórica y el sentimiento nacional cosquillea en su pecho. Es el despertar de un pueblo, que se va a casa lleno de canariedad y orgullo.

Si nos limitamos a observar, viviremos un cumulo de sensaciones. Pero si al menos, nos comprometemos a crear nuevos observadores con capacidad crítica nos complaceremos además con sus vivencias. Lo cierto es que no se puede permanecer al margen.

El que tenga claro que el principal objetivo de un pueblo colonizado, es su independencia, debe descalificar inmediatamente toda colaboración con el colonialismo. Pues jugar a dos bandas significa fomentar ese velo confusión que solo favorece a oscuros intereses.

El mayor pecado es pensar "a mi no me pueden politizar".