1¾«ÆEÆãããããä Fecha última actualización
| Nº 34 | ||
Portada y Sumario abril-junio'02 |
|||
![]() |
|
|
|
Con la edición de esta revista queremos crear una plataforma abiertaa a las inquietudes de todas aquellas personas que tengan algo que comunicar o algo sobre lo que opinar. Podeis mandarnos vuestras colaboraciones (narraciones,artículos de opinión, poesías...) a nuestra direcciónde correo electrónico cduna@ctv.es, con la única limitación de no exceder de tres folios de texto. Como muestra incluimos la portada y el sumario del último número de nuestra revista. Gracias por vuestra ayuda. |
|||
| SECCION | TÍTULO | ||
Editorial |
JUEGOS DE GUERRA |
Algo que deberíamos tener claro es que jugar
a la guerra es equivalente a jugar con fuego, o peor, porque al menos los
perjuicios de una mala manipulación del fuego son evidentes para
cualquiera que no lleve cuidado. Pero quien juega a la guerra no suele ser
consciente de sus implicaciones. Para que un grupo de adultos se beneficie
de ese tipo de juegos haría falta la supervisi¢n de un
psicólogo social, de manera que contrarrestara sus efectos negativos.
De lo contrario es muy fácil, por ejemplo, que de haber la menor
tensión entre los participantes ésta se manifestara y se agudizara.
O que si los «malos» son siempre los mismos ello conduce a un
comportamiento antisocial (o ineficaz cuando menos), al generar líneas
de enfrentamiento innecesarias, mientras se diluyen las ventajas del trabajo
cooperativo. Por no hablar del tipo de entrenamiento en sí, muy loable
en un boina verde, pero muy poco práctico para un administrativo.
La electricidad, o el fuego, son muy útiles, pero en un contexto
apropiado. Las maniobras están muy bien entre los militares, cuantas
más mejor, porque todos esos ensayos les ayudarán en el momento
necesario. Pero fuera del mundo castrense carecen de utilidad. Sobre todo
si existen cien actividades lúdicas, con todas las ventajas y ninguno
de los vicios del entrenamiento militar. Más gráficamente:
no se debe usar una pistola para clavar una chincheta, es mejor un martillo.
Para controlar la violencia las artes marciales son un medio excelente; si
se busca la cooperación, un grupo de escalada, etc. La sociedad de
EE.UU. tiene muchos defectos, pero entre sus virtudes está el sacarle
rentabilidad a todo, incluido sus vicios. Allí existe un fácil
acceso a todo tipo de armas, grandes y peque¤as, y una paranoia y psicosis
colectiva fundada en las altas tasas de delincuencia (aunque aclaro que
enfermiza, puesto que la mayoría de los hechos delictivos se producen
entre las comunidades pobres y los más «asustados» son los
que tienen, en la práctica, menos posibilidades de ser víctimas
de un asalto). Se vive, subjetivamente, en una situación cercana a
la guerra civil, porque los pobres del país más rico son
también los más pobres, y no es un juego de palabras. Cuando
sectores de la población sufren un 80% de paro, o el sueldo mínimo
es insuficiente para medio subsistir (con prácticas hipócritas
como descontar del sueldo lo que, estiman, vas a robar, mientras ponen todos
los medios para pillarte) es inevitable el conflicto social. Allí
puede que sea muy «razonable» usar una pistola para clavar chinchetas,
pero Europa, gracias a Dios (y los servicios sociales) no es lo mismo, y
confío en que nunca lo sea.
TÍTULO |
AUTOR |
||
Hablando de DUNA |
Duna celebra el Día del Libro |
Federico Martínez |
|
Con motivo del Día del Libro que, como todos sabéis se celebra el 23 de abril, el Colectivo Cultural Duna organizó una Marathon de Lectura y la I Semana de Promoción a la Lectura. Ambas actividades fueron propuestas y han estado coordinadas por Chón Sánchez-Guerrero y Viky Brihongos, respectivamente.En el Marathón de Lectura, que se llevó a cabo en la Casa de Cultura, participaron alumnos de los distintos colegios del Municipio bajo la tutela de sus profesores. También leyeron representantes de las fuerzas políticas de nuestro pueblo y diversas personalidades del mundo de la cultura, así como algunos miembros del Colectivo Cultural Duna, integrantes del Taller Literario. A la I Semana de promoción a la lectura, que se realizó en el Centro cultural Duna, asistieron chavales y adultos que leyeron distintos estilos literarios: así hubo un día para la lectura poética, otro en el que la lectura estaba dirigida a los más pequeños y se les contaba sus cuentos preferidos. También tuvo sus día la novela, el ensayo y el teatro. En este ultimo apartado intervino Leonor Benítez con un grupo de sus alumnas que interpretaron una pequeña obra. Desde aquí queremos agradecer a todos los que de una u otra forma han colaborado con nosotros y han hecho posible esta celebración, especialmente a los alumnos y profesores participantes.
Seguimos buscando voluntarios /as para abrir regularmente el Centro Cultural Duna. Como decíamos en el último número, buscamos gente que de forma altruista quiera abrir el Centro todas las tardes, o alguna tarde a la semana, y hacer algunas actividades con los niños que acuden al local asiduamente, y que si no lo hacen en mayor número es porque no tienen un horario y unas actividades programadas. Actualmente, nuestro amigo José Luis Alcaraz viene haciendo algo un par de tardes a la semana. Yo mismo abro tres tardes para que los críos practiquen con los ordenadores y se vayan habituando al manejo, pero no nos engañemos, mientras no se ponga una persona, o unas personas, que mantengan unos talleres y unas actividades asiduas el local funcionará a medio gas. Lo ideal sería que la subvención solicitada en su día al Ayuntamiento (a la que, por cierto no nos han contestado, ni para denegarla).
Ya tenemos el gordo Como viene siendo habitual en los últimos años, los socios de DUNA y aquellos que deseen colaborar económicamente con nosotros, pueden retirar, a partir de este momento, sus participaciones de lotería del número 41.826, El Gordo. Ardentísima En el mes de abril se repitieron en distintos municipios de la región de Murcia una serie actos enmarcadas en el encuentro internacional de poetas del Mediterráneo denominado Ardentísima. Encuentro que todos los años nos deleita con una serie de conferencias y lecturas de los mejores poetas y escritores. Entre estos actos destacamos los que se celebraron en nuestra localidad y a los que miembros del colectivo Cultural DUNA tuvieron la oportunidad de sumarse. Así, el día 25 de abril se pudieron reunir en la Casa de Cultura, en una pequeña, pero emotiva lectura poética, las personas que habitualmente colaboran en esta revista, Ágora. Allí estuvieron José Luis Alcaraz, María Victoria Briongos, Leonor Benítez, y otros amigos y amigas amantes de la poesía que lo hicieron muy bien. Felicidades a todos. Curso de Modelado y dibujo Otro verano más el colectivo cultural duna va realizar durante los meses de julio y agosto el ya tradicional curso de modelado y dibujo destinado a los más pequeños, para que vayan ejercitando la expresión dinámica y... ¿Por qué no?, encontrar un futuro escultor o pintor. Sara Baras en el X Festival Flamenco de San Pedro del Pinatar Para el próximo 13 de julio está previsto que se celebre la décima edición del Festival Flamenco de San Pedro del Pinatar, que tiene lugar en el Parque de la Aduana desde 1993. En esta ocasión, amén de otras actividades culturales y de una exposición fotográfica, esta previsto que intervenga Remedios Amaya, Rancapino y el grupo de baile de Sara Baras. |
|||
| SECCION | TÍTULO | AUTOR | |
LA CONSIGNA |
El alzheimer del pueblo palestino |
Por Arancha Muñoa |
|
Un chiste macabro dice que la enfermedad de Alzheimer brinda un gran beneficio: sólo permite conocer gente nueva
Un chiste macabro dice que la enfermedad de Alzheimer brinda un gran beneficio: sólo permite conocer gente nueva... Pero causa el enorme daño de borrar la propia historia. Y esto no es un chiste. La tragedia palestina, al marginar la Historia, obtura sus vías de solución. Se ha dicho que los palestinos «no pierden la oportunidad de perder la oportunidad». Y esto es así porque no recuerdan sus propios errores y, en consecuencia, no advierten que pueden hallar su independencia y prosperidad a la vuelta de la esquina.
¿Qué cosas tan importantes han olvidado? Por razones de
espacio, sólo puedo brindar una síntesis.
Al terminar la II Guerra Mundial, Palestina estaba bajo el mandato colonial de Gran Bretaña. La comunidad judía profundizó su lucha emancipadora porque, desde finales del siglo XIX, venía construyendo su Estado y no aceptaba algo que no fuera la independencia. Había fundado centenares de kibutz, escuelas, hospitales, caminos, granjas, teatros, yermos, canalizó el agua y hasta edificó Tel Aviv sobre dunas de arena. Creó la primera universidad, la primera orquesta sinfónica y el primer instituto científico de Oriente Próximo. Tenía aparato administrativo y Fuerzas de Defensa. Gran Bretaña, que contaba con el apoyo de la comunidad árabe de Palestina y de la Liga Arabe que ella misma había ayudado a fundar, elevó el problema a las Naciones Unidas con la esperanza de que condenasen las pretensiones judías y pudiese continuar su mandato.
Se formó un comité integrado por países neutrales que recomendó el fin del tiempo colonial británico y la partición de Palestina en dos estados: uno árabe y otro judío. Las fronteras del Estado judío fueron dibujadas según las poblaciones predominantemente judías y el resto fue adjudicado al Estado árabe. Ambos se mantendrían unidos por cruces territoriales y la complementación económica.
¿Qué pasó? Los judíos aceptaron el veredicto. Aunque no se les hacía un regalo porque Israel ya existía gracias al sudor de sus habitantes , se legitimaba su anhelo de soberanía. Los árabes, en cambio, rechazaron la oferta y proclamaron su intención de arrojar a todos los judíos al mar. En efecto, apenas Israel proclamó su independencia, siete ejércitos árabes violaron la decisión de las Naciones Unidas y se arrojaron sobre el exiguo territorio. Los judíos carecían de armas: nadie se las vendía porque consideraban imposible que pudiesen sobrevivir. El único país que accedió a proporcionárselas fue Checoslovaquia porque suponía que el socialismo del flamante estado lo llevaría a la órbita soviética.
En conclusión, si la agresión árabe hubiese triunfado, no existiría Israel. Pero la Historia fue distinta. La guerra la quisieron y forzaron los árabes, no Israel. Y perdieron. Ahí comenzó la tragedia . Por culpa de sus dirigentes. De haber actuado con sensatez, en 1947 ya hubieran tenido su Estado propio.
Luego de la derrota, los países vencidos se apoderaron de lo que quedaba de Palestina. Gaza pasó a ser administrada por Egipto y fue anexada al reino de Transjordania, que cambió su nombre por Jordania. En consecuencia, los territorios que hubieran correspondido al Estado árabe palestino fueron devorados por esos dos países, no por Israel. Pero durante 18 años ni una sola voz egipcia, jordana o palestina reclamó convertirlos en un Estado independiente con Jerusalén Este de capital. Jerusalén Este había quedado en manos jordanas, pero no fue convertida en su capital ni fue a visitarla ningún jefe de Estado árabe; era un villorrio marginal donde, eso sí, se destruyeron las centenarias sinagogas, se arrancaron lápidas del Monte de los Olivos para construir letrinas y se prohibió el acceso de los judíos al Muro de las Lamentaciones.
Los palestinos perdieron otra vez la oportunidad de proclamar su Estado en Gaza y Cisjordania. Llegó el año 1967. Los Estados árabes, impulsados por el entonces presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser, decidieron terminar con Israel. Bloquearon el golfo de Akaba y exigieron el retiro de las tropas de Naciones Unidas que evitaban el encontronazo de los enemigos. Pese a los desesperados ruegos de Israel, las Naciones Unidas se marcharon y dejaron libre la ruta de la matanza. Pero Israel, que no tenía vocación suicida, no esperó a que fuera demasiado tarde, a que la mano del verdugo lo agarrase del cuello. Estalló la Guerra de los Seis Días.
La victoria israelí fue impresionante. Pero no cambió la realidad: Israel seguía siendo un pequeño Estado en medio del océano árabe. En consecuencia, tendió la mano a sus enemigos y ofreció negociaciones de paz que incluían la devolución de territorios. Los líderes árabes se reunieron en Jartum para dar su respuesta. Y la respuesta fueron los arrogantes y famosos Tres Noes: no al reconocimiento, no a las negociaciones y no a la paz con el Estado de Israel.
Los palestinos volvieron a perder esa oportunidad. Ahora olvidan que un halcón como Menahem Begin, para obtener la paz con Egipto, le reintegró generosamente hasta el último grano de arena del Sinaí. Y que además le obsequió pozos petrolíferos, rutas, aeropuertos, los complejos turísticos de Taba y Sharm El Sheik, desmantelando incluso la ciudad judía de Yamit, construida entre Gaza y el Sinaí. Vale la pena recordar que quien estuvo a cargo de la penosa tarea de sacar a los colonos israelíes de la península fue el entonces general Ariel Sharon.
Debo obviar otros hechos para referirme a la última, magnífica y ya olvidada oportunidad desperdiciada. Sucedió en Camp David II. El primer ministro israelí, Ehud Barak, más pacifista que Rabin, le ofreció a la Autoridad Nacional Palestina todo lo que pretendía (menos la autodestrucción, por supuesto). Arafat replicaba con un monocorde no. Clinton le reprochó, irritado: «Basta de decir no: haga sus propias propuestas». No las hubo. No las hubo porque hubieran conducido a la paz.
El líder israelí volvió triste: había ofrecido sin resultado
mucho más de lo que su pueblo aceptaría. Arafat volvió alegre porque continuaría la guerra que lo mantiene en la primera página de los diarios de todo el mundo. Su vida de combatiente le otorga más laureles que la aburrida administración de un país. Era obvio que pocos días después iba a lanzar la segunda, innecesaria y criminal Intifada.
Digámoslo sin cobardía: entre la creación de un Estado palestino pacífico y la promocionada Intifada, ¡Arafat eligió la Intifada! Si ahora no existe un Estado palestino independiente es por voluntad de la dirigencia palestina, no de Israel. Hay que denunciar esta verdad simple y dura. De lo contrario, se ahondará en la estéril tragedia que enluta a Oriente Próximo y demora una solución que está al alcance de la mano.
La enfermedad de Alzheimer impide recordar que esta Intifada fue decidida antes de Camp David, como confesó el ministro palestino de Comunicaciones. No estalló contra Sharon, que ni siquiera era ministro, sino contra el pacifista Barak, quien durante los cinco meses que le quedaban en el Gobierno recurrió a todas las declaraciones y negociaciones posibles, directas e indirectas, para que cesara la violencia y continuara el proceso de paz.No hubo caso, no hubo un solo día sin ataques palestinos y el efecto inevitable fue el triunfo electoral del primer ministro Ariel Sharon.
Desde hace décadas, en Israel actúa el Movimiento Paz Ahora que dinamiza a un millón de adherentes. ¿Qué movimiento por la paz existe entre los palestinos? No pido que reúnan 100.000, ni 10.000. ¡Me conformaría con sólo 1.000! Pero eso no es posible porque su dirigencia ha estimulado la pérdida de la memoria y un desmesurado crecimiento del odio. Los palestinos, después de cada nueva frustración, se dedican a matar judíos. «Habrá paz», dijo Golda Meir, «cuando amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros». Esta también es una simple y dolorosa verdad.
| SECCION | TITULO | AUTOR |
|---|---|---|
| PUNTO DE ENCUENTRO | Ella siempre decía no | Por Enrique Aparicio |
Después de una espantosa relación de cinco años, con matrimonio y biberón de dos años y ojos claros incluidos, me quedaban ganas de todo menos de vivir. Bueno, si se trataba de un vivir tranquilo y sin problemas, podría hacer un esfuerzo. Pero nada de más mujeres, de más broncas, de esa cada vez menor falta de libertad. Lo peor de los matrimonios son las secuelas.
Toda esa pérdida de energía que se produce cuando firmas el día de la boda, y muchas veces el divorcio (casi siempre van unidos), lejos de remitir, aumenta inexorablemente, quedándose a vivir en tu espíritu para el resto de tu vida, y además sin pagar alquiler. Lo malo es que no tiene vuelta atrás.
Conozco a un tipo, abogado de profesión, pleitista de vocación, que me retuvo, es más, me secuestró toda una noche contándome sus aventuras y desventuras con las mujeres. (Suerte la suya; yo, en temas amorosos, sólo puedo hablar de desventuras). Y como final, me soltó un rollo; parece ser que estaba en trámites para conseguir la nulidad matrimonial de la Iglesia, algo así como que le reconocieran que nunca había estado casado.
No lo entiendo - le dije.- ¿Para qué?
Para sentirme soltero, como si nunca hubiese estado casado. Así me podría quitar el anillo de casado. A las chicas no les gusta.
Pues quítatelo ya. Para eso no tienes que ganar ningún juicio.
No. No es lo mismo.
Claro que no es lo mismo. Pero aún así, ¿vas a conseguir olvidar la tediosa ceremonia de boda, con un cura viejo y fuera de onda, que repite todos los sábados la misma historia, y además de carrerilla, como si fuera una de esas rubias macizas que te venden baterías de cocina en la tele, sólo que
un poco menos macizo, y bastante más virgen? ¿te vas a olvidar de la cena, con doscientos individuos que no conoces de nada (esto es positivo), uno o dos de ellos entre otras cosas porque se han colado? ¿y la cantidad de manos sudorosas que se te estrechan, y te dicen no sé qué gilipollez, para
que no la olvides, y así recuerdes que estuvieron en tu boda, y no tengas más remedio que ir a la de sus hijos, o a la de sus sobrinos o nietos, o a la de alguno de sus hijos apadrinados, éstos de a 3.000 pelas que no ves en tu vida, pero que sabes que están ahí, que son hijos tuyos, y que vienen muy bien para rellenar las insufribles tertulias entre copita y copita de
pacharán, y así tener que llevarles en un sobre el equivalente a lo que te vale un partido del Barca con el Madrid, en tribuna? Si consigues olvidar todo eso, dime dónde se ganan esos juicios, que me apunto.
Pero lo que te puedo asegurar es que mi noche de boda fue memorable, de un romanticismo sublime. Tan romántica que, estando yo arriba, intentando dar el do de pecho, veía cómo mi mujer contaba con los dedos durante todo el acto. Una vez acabé la exhibición, no le pregunté: «¿has disfrutado, cariño?», sino «¿cuánto hemos recolectado para el piso y las vacaciones?».
Pero no creáis que soy un tipo pesimista. También me acuerdo de los buenos momentos, entre otras cosas, porque al ser tan pocos, los tengo enumerados y escritos en la parte posterior de la foto carnet que guardo de mi mujer (la única que conservo, por cierto). Y yo, que siempre me he considerado
una persona vulgar y mediocre, en el fondo debería sentirme satisfecho, pues al consumir, perdón, he querido decir consumar (¡este subconsciente...!) el matrimonio, pasé a ser un digno estúpido con título, algo nada despreciable teniendo en cuenta los tiempos que corren, donde es tan difícil graduarse en algo.
Así pues, yo en esa época me encontraba en un «mírame y no me toques». Tanto que, si una mujer se me acercaba en un pub o una discoteca a pedirme fuego, yo le respondía: «no, no tengo. Ni fuego, ni dinero, ni piso, ni coche. Así que te puedes ir porque no te va a merecer la pena casarte conmigo, entre otras cosas porque yo no estoy por la labor». ¡Tonto de mí!
Lo mismo sólo querían acostarse conmigo. Pero es mejor no arriesgar, no vaya a ser que luego venga doña Maruja con las rebajas de Enero.
Todo este rollo os lo cuento en plan de ilustración, y de paso aprovecho para decir que lo concibo para personas sensibles, bondadosas, amables, sinceras, fieles. Es decir, lo escribo única y exclusivamente para hombres.
Si alguna mujer ha metido la pata, y lo llega a leer, cosa que me extraña, porque casi ninguna sabe leer y la que sabe prefiere que lo haga su marido por ellas, intente borrarlo de su cerebro (toma piropo), que, supongo no le será difícil (los culebrones de la tele ayudan). Así pues, hombres, si ya habéis subido y bajado las escaleras del matrimonio, y del divorcio, ¡alegrad esas caras, que la vida es bella! Bueno, supongo que de vez en cuando os atizará la soledad, pero de la otra manera os atizaba vuestra mujer, y además os cobraba por ello.
En lo que estábamos. Un día conocí a otra chica. Yo ya había recobrado un perfecto estado de salud mental que había perdido durante esos últimos cinco años. Lo que más me gustó de ella es que no parecía una mujer. No era mala, ni avariciosa, ni dominante; me ratifico: no parecía una mujer. Y otra cosa que me gustó de ella es que en el momento en que nos conocimos no me pidió fuego, entre otras cosas porque estábamos en la playa de Es Salinas en Ibiza, completamente desnudos. Y además en esos momentos lo único que llevaba a mano que le podría prestar era el zinganillo que me colgaba simpáticamente. A mí, la verdad, ella me gustó. No fue un flechazo, pero tampoco un martillazo. Y el hecho de que yo estuviese desnudo ayudó bastante. Me refiero a que nos conocimos de casualidad, y todo surgió de manera espontánea. Es decir, que no se pudo fijar en mi reloj, ni mi ropa, ni mi coche, ni mi piso. En nada. Como mucho, pudo haber visualizado la goma con la que yo recogía mi largo pelo, pero ni siquiera era de marca. A lo mejor se fijó en el zinganillo (éste sí es de marca). Es decir: le gusté yo (hay que ser realista). Se quedó prendada de mi simpatía, mi personalidad, mi inteligencia, mi amabilidad. Ahora, que yo le gustase una vez vestido en mi ropa barata... lo veía más difícil; pero ya se sabe que hay gente que está muy loca (y si son mujeres, no te quiero ni contar).
Pero mientras, a disfrutar de ese sol que nos machacaba. De todas formas, ir a una playa nudista no tiene gracia. Las ves a allí, tan desnuditas, todas para ti, sin tener que haberlas conquistado... no tiene mérito. Te entregan toda esa desnudez sin que tú te la hayas ganado... Detesto este tipo de mujeres fáciles.
-¿A qué te dedicas? - me preguntó.
- Trabajo en la tele.
- ¡Qué guay! ¿Qué haces allí?
- Soy el portero.
- ¡Qué punto, eres el primer hombre que conozco que trabaja en la tele!
- Y tú, ¿a qué te dedicas? - Soy pintora. No gano demasiado, pero no me muero de hambre.
«¡Qué punto, una mujer que no vive de un hombre!», pensé yo.
- ¿Estás casada?
- No. Odio el matrimonio.
- ¿No quieres tener una relación estable?
- No. Las relaciones estables me oprimen, me ahogan. Prefiero ser yo, sin dar cuentas a nadie.
- Pero algún día te vendrá la vena maternal, y querrás tener un crío.
- No te digo que no. Pero ese día obraré en consecuencia. No me da miedo la evolución, siempre que sea espontánea. No tengo una idea obsesiva de lo que debe ser mi vida. No sirve para nada. Al final es ella la que tiene una idea de lo que debes ser tú.
- No me digas que no te gustan los vestidos caros, las joyas, tener tu propio piso, tu coche, tus vacaciones al extranjero.
- No. Yo quiero pintar. Quiero ser libre. Quiero ser yo. No es bueno hipotecar tu vida. Mírame: estoy aquí de maravilla. Sin ropa, he venido andando, no necesito dinero para tomar el sol. Y estoy disfrutando de tu compañía, y ojalá tú disfrutes de la mía, pero si me apetece ahora mismo, me visto y me voy. Y si me quiero quedar a dormir en esta playa, lo hago.
Soy libre, y no todo el mundo puede decir lo mismo.
¡Joder con la niña, cómo mola!
- ¿Y tú? Sólo hablamos de mí.
- Yo pienso igual que tú, pero la diferencia es que metí la pata. Me casé.
Y ahora estoy divorciado. Pero por quien más lo siento es por el niño, que se va a criar sin su padre.
- Así es la vida. Está llena de meteduras de pata. Yo he tenido que luchar mucho para no acabar con ningún hombre. No sé por qué os gusta a todos alardear de que podéis vivir sin una mujer, y en cuanto os acostáis con una más de dos noches, no sabéis hacer nada sin ella. Si hay algo que me hace gracia de vosotros son esas luchas interiores con vuestro ego. Sois la mar de simpáticos.
- Pero siempre ganáis vosotras.
- Es justo que todo tenga su precio. No veas lo que disfrutáis contando vuestras aventurillas a los amiguetes. ¿O no?
- Lo mismo que vosotras.
- Puede. Pero nosotras somos más inteligentes.
- Estoy de acuerdo.
Y con conversaciones de este tipo estuvimos toda la tarde. Cuando el sol empezaba a alejarse, le pregunté:
- Se empieza a hacer tarde. ¿A qué hora tienes pensado irte?
- Creo que me voy a quedar a dormir aquí. Ya lo he hecho alguna que otra vez y se está de maravilla. Quiero disfrutar de la libertad que te brinda La Naturaleza.
- ¿Puedo quedarme contigo?
- Sí, si quieres.
Y me quedé. Me quedé... satisfecho. Tres. De una hora cada uno. ¡Qué máquina! Yo nunca había visto un tigre en la playa, y mucho menos encima de mí. Cuando acabamos el primero, le pregunté lo típico: «¿Qué tal?», y ella
me dijo: «demasiado corto», y se subió otra vez en el columpio, sin importarle que yo estuviera en baja forma porque llevaba una temporadita sin jugar.
Ya por la mañana, a primera hora, mientras me vestía para irme, le pregunté:
- Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Laura, ¿y tú?
- Manuel.
- Bueno Lolo, ha sido un placer conocerte.
- No, por favor, no me llames Lolo, odio ese nombre.
- De acuerdo, ¿cómo quieres que te llame?
- Llámame, umm… llámame por teléfono, a la tele, donde trabajo yo. ¿Vale?
- De acuerdo. Te llamaré.
Y me llamó. Una historia de las buenas. Sin compromisos, sin exclusividad, sin broncas, sin ataduras; todo muy liberal. Ella se columpiaba un par de veces a la semana, y no más. Se pagaba sus caprichos, y yo los míos. ¿A que mola? Yo creo que sí.
Ayer tuve una bronca de las buenas. Lo típico: que no me ocupo de ella, que hago lo que me parece, que no nos vamos de vacaciones, que nunca le hago regalos, que está harto de este piso viejo, y que necesita más dinero para los pañales del pequeño, y los libros de texto de la mayor. Un poco de paciencia, que aún no he acabado: que nunca vamos a ver a sus padres, que le gustaría tener un coche pequeñito, que ganas muy poco en el trabajo, que eres muy bestia haciendo el amor, que has cambiado.
Bueno, ¿qué os parece? ¿Lo habéis escuchado alguna vez? ¿verdad que sí?
Así, que para seguir con más tópicos, después de la trifulca, me tumbo en el mismo sofá en el que está ella, y mientras no le quita ojo al «Quién sabe dónde», me empiezo a poner cariñoso; o sea, le empiezo a meter mano.
Ella me mira con cara de mala leche, y me dice «déjame en paz». Vosotros, queridos lectores, sois inteligentes. Me consta, porque disfrutáis de mi escritura, y eso lo demuestra. Pues bien, sabéis que una misma frase puede significar cosas diferentes según el contexto, y según como se diga. Me acuerdo que siendo un niño había en la escuela un chaval gordo y torpe que se sentaba junto a mí, y cada vez que me apetecía, le daba un capón. Y él me decía: «déjame en paz», que significaba: «por favor, no me pegues. Ya sé que soy tonto, y no me entero de nada, pero intenta no agravar más mis problemas». Sin embargo el «déjame en paz» de mi mujer significaba: «que me dejes. No quieres dar tu brazo a torcer, pues no hay sexo. Ni lo va a haber hasta que yo consiga lo que quiero. Y mientras, si te pica, ya sabes lo que tienes que hacer. Por cierto, que esta noche duermes en el sofá. Pon la cabeza en la parte donde no está la mancha que dejó el perro después de mearse encima. ¡Ah, y el desayuno te lo haces tú!». Yo, que me veo derrotado, pongo carita angelical, y la miro, queriendo decir: «Laura, no seas así».
Y al final, duermo en el sofá...
La verdad, no me quejo. Me gusta mi vida. Tengo una casa que, aunque vieja, está limpia y es confortable. Dos hijos adorables con mi segunda esposa, un perro precioso, un trabajo estable, una mujer que cuando no se pone bruta es un encanto, y unos vecinos, que como siempre se están poniendo los Pero si hay algo que me fastidia, me repatea, me indigna, me corroe, me amarga, me deprime, me horroriza, me enoja, me exaspera, me encrespa, me cabrea, me encoleriza, me disgusta, me harta, me inoportuna, me apena, me entristece, me aflige, me incordia, me cansa y me provoca unas ganas locas de mandarlo todo a tomar por culo, es que antes... ella siempre decía no. * Dedicado a mi mujer, si es que un día la conozco, y me caso con ella.q
| SECCION | TÍTULO | AUTOR |
PUNTO DE ENCUENTRO |
JULIUS EN LOS PIRINEOS |
Por Antonio Fuertes |
Cuando Julius nació no sabía lo que se le venía encima.
Fue una mañana fría de invierno. Nevaba y la ventisca cortaba la cara. Su madre, gitana de raza, de esas que estremecen con la mirada, lo echó al mundo en una chabola ruinosa. Su padre, noble francés de esos que son ricos en penas, había huido hacía ocho meses, en cuanto se enteró de que la gitanilla se había quedado encinta.
Julius no tuvo el mejor recibimiento que puede tener un recién nacido. Su padre le había dejado de regalo unos preciosos ojos azules y el pelo dorado como el trigo. La piel la tenía blanca como la leche de cabra. Al verlo, el verdadero marido de la joven gitana, un mayoral con el pelo enmarañado, la expresión tosca y la mano dura, bramó como un toro de monte. Aquel hijo, sin duda, no era fruto suyo. Miró a la gitana con ira de demonio y gritó:
-Del peral no salen manzanas.
Y allí mismo, delante del pequeño Julius, le propinó tal paliza a su mujer que, allí mismo también, la mató.
La tía de Julius se encargó de que no encarase su ira contra el pequeño. Lo cogió en brazos y se lo llevó consigo, llenándole de besos y caricias. El recién nacido lloraba, la tía lloraba, y el gitano mayoral lloraba mientras paseaba sus pezuñas por barras de tabernas sin nombre.
La tía, quince años sin cumplir, cobarde como un pollo de corral, abandonó a su sobrinito al borde del camino, cubriéndolo de mantas, con la esperanza de que algún caminante lo viese y lo recogiese piadoso. Al cabo de todo el día, pasó una vieja sorda que no le oyó llorar, un niño que corría detrás de una pelota de trapo y una mula perdida. El frío y la nieve se cernía sobre el pequeñín y, cualquiera que hubiese sido consciente de la situación, hubiera pensado que no le quedaban ni dos horas de vida. Pero no fue así.
Al llegar la noche, un peregrino que marchaba camino a Santiago, lo escuchó y cayó al instante en que tal llorar no era ni de cachorro de lobo ni de cordero. Se acercó al borde del camino y, retirando las mantas que cubrían su desnudo cuerpo, lo cogió en brazos y lo apretó contra su cuerpo. Al instante, el pequeño Julius, dejó de llorar y quedó rendido en los más profundos sueños.
El peregrino, un conocido Jorjón por todos los pueblos que había pasado, se vio tan conmovido por la criatura que tenía en su regazo, que no pudo volver a dejarla en la orilla del camino. Con una sonrisa que cortaba sus labios helados, prosiguió su camino con él.
Durante dos días le dio de beber la leche de cabra que le habían ofrecido en Canfranc, pueblo que dejó atrás un día antes de toparse con Julius. Pasó hambre por alimentar al bebé, que se regocijaba al sentir la leche en sus labios fríos.
Caminando sin descanso, presa del hambre y la fatiga, el buen Jorjón llegó al hospital Santa Cristina, uno de los tres más importantes del mundo en tiempos del buen Jorjón y del triste Julius. Le pareció una luz en medio de un túnel.
Una joven de tez blanca les recibió con los brazos abiertos. Les ofreció la única cama que quedaba bacante en el lugar y les contentó con un pedazo de pan duro y una botella de vino.
Jorjón, caminante proveniente de lugar tan lejano que no se llega a alcanzar nunca, tenía los pies como hierros al rojo vivo y la ventisca apoderada de sus jóvenes pulmones. Le cuidaron tanto como se pudo en aquel hospital. Le dieron vino hasta vaciar los toneles de medio Pirineo, queso hasta dejar sin leche los establos del hospital, y pan hasta enloquecer los molinos de la zona. Pero no pudieron con el cansancio, el abatimiento y la pulmonía que había echo mella en él en todo el viaje.
Lo enterraron con la concha sobre el pecho en la necrópolis del hospital. Julius, inconsciente de la situación, con una semana de edad, no pudo cesar su llanto en una jornada entera. Sin embargo, el pequeño medraba, acrecentaba en peso y tamaño con todos los cuidados que en el hospital recibía. El joven Jorjón había dicho al morir que cuidaran de él como un hijo, y así, sin duda, se le atendió en aquel lugar.
A los dos meses de edad, cuando su mirada azul y su sonrisa blanca eran ya las más populares del hospital, las más alegres y las más contempladas, se le ocurrió a alguien, por fin, el dotarle de un nombre.
Una de las jóvenes que le había atendido con amor de madre, dijo que, a chiquillo rubio y con ojos azules, nombre extranjero.
Otra de las púberes que estaba al cargo del bebé, de ojos claros y tez morena, dijo que a chiquillo rubio y con ojos azules, nombre de la tierra. Y, finalmente, la joven que estuvo al tanto del difunto Jorjón, afirmó que de los labios del póstumo peregrino había escuchado el nombre de Julius como nombre del bebé. El jefe del hospital, don Oscar de la Fuente sentenció con aire solemne que, finalmente, el niño debía llamarse Julius, pues así lo había querido su salvador. Y, además, aunque no quisiera creer en ello, porque el respeto a los muertos, cohibe a cualquiera.
El niño rubio y de ojos azules, y piel blanca como la nieve, creció y vivió en el hospital de Santa Cristina como un niño bien atendido. El calor de un hogar y la paz nunca faltaron en su infancia. Tampoco se le malcrió, llevándole por el camino del vicio. Tuvo una educación que ya la quisieran los reyes para sus hijos.
A la edad de ocho años, Julius era un niño avispado y astuto, que alimentaba su espíritu con los relatos de los peregrinos y los libros que éstos le regalaban, dejando toda su cultura en las manos pálidas del pequeño. A las nueve primaveras, Julius sabía tanto como los monjes que, en menor medida, también se encargaron de su educación. Ellos fueron los que comenzaron a llamarle «el pequeño francesito», y fue tal el sambenito que tuvo que aguantar Julius toda su vida.
Su sangre gitana comenzaba a hacer estragos en él. Sin duda era audaz como una zorra de monte, espabilado como un ciervo e inteligente como un búho.
Arrancó de las historias de los peregrinos valores fundamentales de la vida.
Cuando cumplió quince, por primera vez, recibió un regalo de reyes. Era un muchachito agraciado y listo. Se las ingeniaba para conseguir lo que quería. Y, esa vez, había pedido por favor, que le llevasen a las cuevas de Guixas, que tanta fama llevaban en el Pirineo, que tantos relatos habían protagonizado. Sus ansias de verlas y entrar en ellas eran tales, que el hermano Pedro, fraile franciscano de buen corazón, decidió llevarle un día.
Y así fue. En la madrugada del día de Epifanía, cuando las nieblas cubrían las montañas como un fantasmal manto, y la luna iluminaba el camino con un hilo de luz, se encaminaron ambos hacia las famosas grutas. El padre Pedro no creía en leyendas, no creía que en aquella cueva se reuniesen las brujas de la zona. Él, por su parte, nunca las había visto.
Julius, el pequeño francesito, tenía respecto a la cueva la cabeza llena de pájaros. En el hospital le habían negado siempre la existencia de mujeres que realizaban magia con colas de gato y ancas de rana. Los peregrinos, en cambio, hombres que todo lo sabían y que todo lo habían vivido, le aseguraban que la voz carrasposa de las brujas se oía resonar en las paredes de la cueva cada noche, y el olor nauseabundo de sus pócimas ahuyentaba a los lobos y a los gatos a leguas a la redonda. Tales relatos, al pequeño francesito, le entusiasmaban, le quitaban el sueño y le hacían imaginar mil cosas fascinantes. Por eso quería verlo con sus propios ojos.
Quería ver la gruta, «la catedral» que había en la gruta, las brujas que habitaban en la gruta y todo lo que de ella había oído relatar.
El camino angosto y largo como un mal día, les condujo al Collarada, una montaña inmensa como la fe de un peregrino. Anduvieron por su ladera unos pasos con sus pies descalzos, y alcanzaron el gran agujero que servía de entrada a las brujas por el techo de la cueva. Unos extraños ruidos provenían del interior. Eran unas risas de vieja, unas voces agrietadas, las brujas.
Al asomarse por el enorme agujero, el pequeño francesito notó como su corazón latía cada vez más deprisa, sin control, como si el diablo lo hubiera tomado como un regalo. El padre Pedro, al verlas, sin mas, se desmayó. Perdió el conocimiento y quedó tendido sobre la hierba.
Julius, por su parte, fue presa del pánico. Si ver a aquellas viejas vestidas con trapos oscuros, relatando quién sabe qué locura en torno a un sin fin de extraños objetos le supuso un estado de éxtasis del que le era difícil salir, el ver a su amigo el hermano Pedro sin conocimiento, le sacó fuera de control.
Cometió el mayor error de su vida. Comenzó a gritar como un endemoniado, a maljurar por todos los santos que le habían enseñado los peregrinos, a pedir auxilio a cambio de la vida. Se veía sólo y desamparado, inútil como una hormiga en medio de la nieve. Se irguió y, al hacerlo, perdió el equilibrio y cayó a la cueva por el enorme agujero.
Cuando volvió a abrir los ojos, se vio rodeado de, por lo menos, una veintena de viejas que le miraban con sus ojos cenizos. Estaba recostado sobre un suelo frío y húmedo. Enseguida comprendió que estaba en la cueva de las Guixas, rodeado de brujas. Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda, como agua helada. El temblor se hizo al cargo de su cuerpo como el viento airado de una veleta, como esos temblores que tenían los peregrinos viejos en el hospital.
Una de las brujas, mucho más vieja que las demás, mucho más engarrotada, dio la espalda al grupo, y, apoyándose en un bastón que a Julius le pareció el tridente del demonio, comenzó a decir, con su voz fatigada y gris:
-Satán mío, Satán mío, ¿qué hago yo con un mortal?
-Haz lo que pida Satán - respondieron a coro todas las otras brujas.
Satán mío, Satán mío, ¿qué hago yo con un mortal?
Haz lo que pida Satán.
La bruja vieja preguntaba y las otras brujas respondían. Julius pensó con acierto que estaban completamente locas. Repitieron tantas veces que al pequeño francesito se le antojó un invierno de un siglo entero. Las voces rasgadas parecían un rumor endemoniado, el zumbido de mil moscas.
Observó un pequeño pajarillo sobre uno de los salientes de la pared. Era uno de los chochines que habitaban en la cueva. Lo había aprendido de las noches en torno al fuego, escuchando a los caminantes. Se sintió agobiado, como si le hubieran atado el corazón y el pecho.
Al cabo de un buen rato, tanto que se hizo de día y una bocanada de luz comenzó a entrar por el enorme agujero de la cueva, las brujas cesaron su plegaria al demonio y la vieja se volvió a Julius. Con la mirada, el muchachito, ojeó a todas las brujas, y sus ojillos azules se tornaron a una que era mucho más joven y que, sin esos horribles atuendos y la cola de gato que le colgaba del cuello, bien podría haber sido una púber agraciada.
La brujilla también le miraba, con una pizca de temor, y una pizca de ternura. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la vieja bruja que, con la raíz que le servía de bastón, le hizo volver a la realidad.
-Mortal... - comenzó, provocando un escalofrío al clavar sus ojos cenizos y añejos en la mirada celeste de Julius - Satán me manda matarte y hacer con tu sangre un ponche.
Todas las mujeres que le rodeaban estallaron en carcajadas. Un murciélago despertó de su letargo y correteó junto a ellas. La sangre del joven muchacho se le congeló como un pámpano.
Pero... al ser tan solo una cría de mortal, creo que, por una vez, debo esperar.
Hizo una pausa. Julius se preguntaba si debía alegrarse o preocuparse.
Esperar a su muerte era agonizar antes de la agonía.
Nos serás de útil ayuda para encontrar colas de gato, dientes de cuervo, y ojos de muchachas. Hubo otra carcajada general que le puso el vello de punta. Que Julius recordase, nunca había pasado tanto miedo. Tiritaba como si estuviese desnudo en medio del hielo.
La bruja vieja no siguió hablando. Con un gesto, mandó a las otras que le llevaran a una sala situada en lo profundo de la cueva. Descalzo, Julius caminó por la gruta como un reo al que van a fusilar. La sala a la que le llevaron era aterradora. Un cadáver humano colgaba del techo. Estaba casi a oscuras y, al fondo, se podía distinguir un frondoso grupo de murciélagos colgados como los jamones, ocultando su fealdad con
sus capas negras. Las brujas le dijeron que ni se le ocurriera intentar escapar, y luego, tras atarlo a un hierro que salía de la pared, le dejaron solo, vigilado por una de ellas.
Julius volvió a recorrer con la mirada las paredes y el techo de la sala.
La vista del cadáver le producía escalofríos. Era una mujer delgada, con el pelo canoso colgando sobre su cara, y la piel comenzando a caerse a tiras. Bajo ella, en el suelo, había una mancha roja de sangre. El pequeño francesito miró a la bruja que lo vigilaba. La luz tenue de la sala le impedía observarla con nitidez. Sin embargo, a medida comenzó a hacerse de día, pudo distinguir la silueta de una muchacha joven, de lindos rasgos en su faz. Era la brujilla que había visto antes
En un instante, cuando la joven volvió sus ojos a él, quedó prendido de ella. Tenía los ojos más bonitos que jamás había visto, y la expresión más angelical que su mirada azul había observado. Era preciosa.
La brujilla, al mirarle, sintió lo mismo. Los muchachos rubios y de ojos azules no abundaban en la zona. Además, sintió como en aquella mirada había tanta inocencia como en los pobres animalillos que cazaban cada noche para los hechizos.
Permanecieron unos instantes contemplándose, en absoluto silencio, en el ambiente mágico de la cueva. Finalmente, Julius, movido por una extraña fuerza que jamás había sentido, le dijo, con la voz más suave que jamás había conseguido entonar:
Hola, me llamo Julius.
La brujilla duró unos instantes y al final, susurró:
Me prohíben hablarte. - hizo una pausa. Debió pensar que nadie se iba a enterar, que, al fin y al cabo, todas sus amigas las brujas estaban locas.
- Me llamo Dolores, me llaman Lolita.
Bonito nombre - dijo al fin Julius, sonriendo. Luego miró al techo otra vez más, y, señalando con la mirada a la mujer que colgaba de él como un jamón, preguntó - ¿qué le pasó?
Lolita no dejaba de mirar al suelo.
Vaya...
Sin saber cómo llevar una conversación, los dos jóvenes permanecieron en silencio, sonriendo, con la mirada fija en el suelo rocoso y frío de la cueva. Enseguida llegó una bruja, que le susurró unas palabras aceitosas al oído de la joven. Marcharon las dos aprisa.
Tuvieron que pasar muchos días para que en la sala de Julius y la bruja colgante volviera a montar guardia la brujilla Lolita. Julius se alegró enormemente cuando la vio acercarse, y no dejaba de sonreír a la bruja difunta. Se había convertido en su única amiga.
-¡Hola, Lolita! - dijo, con su suave voz de adolescente.
-¡Hola!, - murmuró la chica.
-¿Por qué no has venido más veces?
-No me dejan hablarte, Julius. Eres un mortal.
-¿El qué? - Julius no se explicaba - ¿tú no?
-Tanto como tú. Pero ellas creen que no. Creen que eres el enemigo. Los que son como tú las matan.
Hicieron una pausa de unos segundos y, Lolita, se decidió a hablar: Julius, no quiero seguir siendo bruja. Están todas locas, locas, locas. -comenzó a llorar como una niña sola y desamparada.
El pequeño francesito, de verla llorar, sufría en silencio como una oveja mientras es degollada por un lobo. Intentó soltarse con un forcejeo débil; pero pronto se dio cuenta de que por sí solo, no conseguiría escapar. La brujilla, mientras, no cesaba su llanto.
-Lolita, Lolita, -le susurró el joven- no llores, por favor, que de verte sufro yo.
La joven levantó la vista y, con paso lento, se acercó a él. Luego, sin decir nada, como si una voz interior le obligara a hacerlo, le desató de las cuerdas que desde hacía días le habían aprisionado al hierro que sobresalía de la pared.
Julius la abrazó, y la brujilla, triste como el día de Noche Vieja, cesó su llanto, y se unió a él en un abrazo.
-Te quiero, brujilla - le dijo al oído el chico, con palabras aterciopeladas. Lolita repitió sus palabras, y, con la única testigo de la bruja colgada, se besaron tiernamente al amparo de la soledad de la sala.
Estaban solos y tenían miedo. Sabían que si los descubrían, les matarían, pero no podían poner barreras a sus sentimientos. Además, si eran los únicos que había en aquella sala de la enorme caverna ¿quién los iba a descubrir?
Las brujas, desde que nacen, son malas hasta en la muerte. Se dedican a vender su alma y la de pobres inocentes al diablo. Y eso fue lo que les ocurrió a Julius y a Lolita. Fundidos en aquel beso, abrazados, presas del terror y, a la vez, tan enamorados, fueron traicionados por una de las brujas de aquella caverna que, hasta el momento, no había mostrado ningún signo de maldad. Más bien daba lástima.
La bruja que colgaba del techo como un jamón se desplomó contra el suelo provocando un mortal estruendo. Los dos jóvenes se sobresaltaron, intentaron buscar una salida que no fuese la principal de aquella sala, pero no la hallaron. Presas del pánico, se aferraron fuertemente en un abrazo.
Las otras brujas, al oír el estruendo proveniente de la sala de la bruja colgante, acudieron rápidamente a ella, como alma que lleva el diablo, y nunca mejor dicho.
Al ver al joven mortal y a una de sus brujillas abrazados, irrumpieron en ira, clamando con sus voces grises misericordia a Satán, aullando como lobos y agitando sus bastones. Parecían haber descendido a la locura de los infiernos.
Mientras las otras brujas seguían en su ritual diabólico, la bruja vieja se acercó a la pareja de jóvenes que permanecían abrazados, y gritó, con un grito rojo y frío que se coló en la sien de ambos inocentes:
Satán, Satán ¡¡¿Qué he hecho mal?!! Perdóname, ¡¡Perdóname!! Castigaré a estos viles seres hasta que los buitres coman su carroña, pero ¡¡¡perdóname!!! Yo no seré como esta zorra, yo nunca me acercaré a un mortal. Los mortales te odian, y yo soy tuya, Satán, soy tuya...
Y tras decir esto, propinó los castigos a ambos, que inocentes, se habían unido en las puertas de su muerte.
A Julius lo mandó matar con un tridente al rojo vivo, arrancándole los ojos antes de morir. Después lo colgó donde antes colgó la bruja y en esa sala celebró un ritual para alejar el mal espíritu del triste Julius.
A Lolita, la brujilla, la mandó pasar el resto de sus días llorando cara a la pared en la cueva, sin volver su vista a la luz, ni comer, ni beber ni agua ni vino, ni volver a andar.
Y así es como termina la historia de Julius, un muchacho sin fortuna, cuya mayor desgracia fue nacer, y cuya mayor suerte, morir.
| SECCION | TÍTULO | AUTOR | |
POESIA |
Geometria final |
Por Ricardo Ruiz |
|
| Ya vienen las
olas,
hambrientas (sedientas) de sol y arena, a carcomer, un poco más, la tierra en la que se graba el recuerdo... Fluye, armonioso, el exabrupto marino que viola la intimidad del sueño infantil hecho arena... Tratan, en vano, el sol y la luna de distraer con su luz el rotar mortecino de las hijas del viento... Dos hermanas, agua y arena, se disuelven en una lucha fratricida bajo la geometría final de los extintos pilares del Universo.
Olvidar los caminos que serpentean en la memoria, enmarcados en láminas de polvo, sería acabar la sinfonía con una nota extraviada... Ignorar que la carne crece más lentamente que las ideas, es reconocer, se quiera o no, que debe saborearse cualquier caricia errante en el sórdido pentagrama del Universo. Pensar, tan sólo pensar, que toda estrella en la que se ancla la mirada será y no será en un golpe de reloj, hace crecer más las raíces que sustentan la tierra... Ver que el mar es cada vez más inmenso y comienza, con el salino aleteo, a disolver la arena que ayer fue roca, incita a degustar más amargamente el último trago de la madrugada... Olvidar, ignorar, pensar, ver... saber que no se cuentan las veces que se siente sugiere ahogarse en un océano de versos.
|
|||
| SECCIÓN | TÍTULO | AUTOR |
POESIA |
Mensaje en una botella |
Por Cristina Guillén |
Querida Silvia:
Hace dos años que el destino me arrebató tu existencia y, desde entonces, ni yo, ni mi vida ha sido la misma. No pasa ni un momento del día que no esté pensando en ti, y eso me produce un estado de angustia y desesperación que ni te imaginas; mis amigos, y sobre todo mi familia, me dicen que tengo que salir para distraerme, porque si no acabaré enfermando, pero yo prefiero mirar tus recuerdos para sentirte cerca, y pensar que aún estás entre nosotros.
Ahora me siento perdido, sin rumbo, ni brújula, no paro de estrellarme contra todo; nunca había estado perdido, tú eras mi verdadero norte; siempre sabía navegar de vuelta al hogar cuando tú eras mi hogar; pero el trabajo me ayuda, sobre todo me ayudas tú.
Anoche tuve un sueño en el que nada de esto había sucedido, en el que nos teníamos el uno al otro, en el que habíamos formado una familia maravillosa y ejemplar. Recuerdo una sensación de paz; me he levantado con esa sensación de paz, e intentado mantenerla viva todo el día, pero aún no soy lo suficiente fuerte para superar ciertas pruebas, tentaciones y charlas interiores.
Cada vez que imagino esa sonrisa tuya que me tranquilizaba y esa mirada que me mimaba, sigo creyendo que ha habido un error y estoy esperando a que Dios lo enmiende.
El motivo de esta memoria es que en todos estos años no he tenido la valentía, ni la libertad para darte las gracias por haber sido la esposa que no me merecía, por ayudarme a superar mis continuas crisis, por haberme mimado en todo momento, por haberme dado los años más amenos y estupendos de toda mi vida, y por soportar mis humos cuando me despertaba cansado o cuando llegaba furioso por el estrés de la oficina; y para decirte que te seguiré queriendo pase lo que pase en todas las vidas.
Luis A. Miller
| SECCIÓN | TÍTULO | AUTOR |
LA CONSIGNA |
MOVILIZACIÓN SOCIAL CONTRA EL CAPITAL EN BARCELONA |
Por Pablo Olmos |
Hola amigos de Ágora, aquí estoy de nuevo con motivo de las movilizaciones ciudadanas en Barcelona del pasado marzo de 2002.
Otra vez los diversos grupos antiglobalización organizan unas jornadas de protesta y denuncia de la Europa antidemocrática y antisocial que se está construyendo: la Europa del Capital.
Una Europa, en donde aumenta la inseguridad en todos los sentidos: la inseguridad alimenticia, al ir adoptando un modelo de industria de alimentación al estilo de los McDonalds, en donde comeremos todo tipo de productos transgénicos sin nuestro conocimiento; la inseguridad laboral, en la que España es pionera, ya que, al tiempo que ofrece el empleo más precario, sufre el mayor número de accidentes laborales y la mayor tasa de desempleo (a esto lo llaman flexibilidad laboral, y mano de obra de reserva, respectivamente...), yendo esta situación en aumento. Hasta la inseguridad jurídica crece teniendo, por ejemplo, una definición tan ambigua de terrorismo que prácticamente cualquier actividad de desobediencia civil contra el sistema puede ser un acto terrorista. Más aun, si eres inmigrante debes tener cuidado cuando reivindiques tus derechos, pues te pueden acusar de fomentar desórdenes públicos, y sin necesidad de acudir a la justicia, expulsarte, por vía administrativa. como le pasó al compañero Nico: www.nodo50.org/antiglobalizacion
/postmarinaleda/campana_nico.htm
Mientras tanto, la democracia, siendo ya pequeña, mengua de día a día, alejando de la ciudadanía la toma de decisiones a favor de oscuros comités de burócratas, cuya legitimidad democrática es lejana.
En esta ocasión los compañeros del MRG de Valencia también fletaron un autobús, pero opté por ir directamente en tren, precavido, pues vi en Antena 3 que registraban a todos los pasajeros «sospechosos» con la excusa de buscar armas, explosivos y ¡panfletos anarquistas! (¿Solo me sorprendí yo de esa declaración?¿Hasta que punto estamos aborregados?).
Llegué sin ningún problema, los controles sólo estaban en las entradas oeste y norte de Cataluña, donde no dejaron pasar a ningún autobús proveniente de Euskadi ni de Francia (¡Allí retuvieron a más de 200 autobuses! ¡Viva la libre circulación de personas, viva la Europa sin fronteras!).
La plataforma «contra la Europa del Capital», organización que agrupaba a todos los grupos, se encargó de dar alojamiento a la gente de fuera. A pesar de que el ayuntamiento de Barcelona faltó a su promesa (en el último momento) de dejar pabellones deportivos como albergues, se consiguió cumplir el objetivo movilizando aun más a los barceloneses. Me asignaron un colegio que cedió el párroco del barrio de Sants, un barrio muy activo con diversas luchas locales activas: recolocación de los obreros de una fábrica de la zona, lucha contra la especulación inmobiliaria (por cierto, tienen seis locales ocupados).
Llegué el jueves 13 por la tarde, desde el día 8 de marzo ya hubo diversas actividades (Cineforums...), manifestaciones (contra el PHN, sobre la mujer...). Esa tarde grupos de estudiantes dieron clase al fresco en plazas y jardines, otros llevaban encerrados desde el miércoles en la Universidad, porque contra su voluntad la cerraron por la Cumbre de ministros europeos.
El viernes era el primer día fuerte. Se decidió que fuera una jornada de acciones descentralizadas donde primara la desobediencia y la creatividad. Y así se multiplicaron las actividades por toda la ciudad: recogidas de firmas contra la deuda externa, sardinadas y comidas populares, pintada de un mural zapatista destruido por el ejercito, más cine - fórums, pedaleada-protesta, recorridos por los consulados de América Latina, numerosas concentraciones anticapitalistas, colocación de una pancarta de mas de 3500 m2 en Montjuich que se podía ver desde la zona de la cumbre... y muchas más actividades de desobediencia civil.
Esa mañana yo asistí a la concentración de los caza lobbies frente a la Sagrada Familia. Era una manifestación lúdico-festiva que consistía en recorrer una ruta por la ciudad y frente a una franquicia de, por ejemplo, Telefónica; hacer una obra de teatro denunciando algo poco conocido: la enorme presión que estas empresas realizan sobre la UE para que se lleven a cabo sus políticas. Para ello utilizan un costoso ejército de 10.000 lobbystas, gasto «bien empleado» ya que acelera las tendencias liberalizadoras (que no liberadoras) que tanto favorecen al Gran Capital, ignorando consideraciones sociales o ecológicas.
A poco de empezar la manifestación, la policía nos cerró el paso, impidiéndonos seguir la ruta planeada y después de estar cinco minutos allí parados, sorprendentemente, la policía cargó con el resultado de dos chicos con la cabeza abierta con sus correspondientes charcos de sangre y varios detenidos. Poco después decidimos cambiar de ruta completando la «caza» de los cinco lobbies que nos habíamos propuesto, con la «tranquilizadora» escolta de la policía nacional, tan educados ellos como siempre. ¡El hijo del madero, a la universidad, para que mañana no sea como papá!
Ya por la noche, después de un circo con trapecistas, acróbatas y sobre todo cómicos parodiando a los políticos europeos y a USA, se celebró una asamblea abierta donde se habló sobre los sucesos del día y las acciones del día siguiente. Al terminar, se creó otra asamblea donde decidimos hacer una sentada esa misma noche frente a la comisaría en apoyo a los detenidos de la jornada.
Fue algo muy bonito, pues fue un acto espontáneo al que se sumó bastante gente (más de 150 personas) pese a estar cansados y haber todavía otras acciones en curso, como la puesta de velas en recordatorio de la brutal represión de Génova.
El sábado por la mañana en el Museo de Arte Contemporáneo, se formaron varias mesas de debate. Yo fui a «los poderes financieros y las alternativas», que estuvo muy interesante y los seis conferenciantes muy amenos. Estas conferencias-debate iban a realizarse en la Universidad pero justo el día anterior el Rector nos lo prohibió, tomando definitivamente partido por los de siempre...
Por la tarde estaba convocada una manifestación unitaria que estaba dividida en tres bloques, pero fue tal éxito que llegó la cabeza de la manifestación a la plaza de Colón y leyeron el manifiesto, y el último bloque no había salido. En un ambiente muy festivo donde no hubo problemas hasta el final donde hubo pequeños enfrentamientos con la policía. Yo, personalmente, me tuve que refugiar en un bar, escapando de las agresiones policiales indiscriminadas, los vecinos se portaron de maravilla, abriéndonos los portales de las casas y las puertas de los locales para que nos escondiéramos.
En los telediarios dijeron que los incidentes fueron provocados por unos cuantos violentos... ¡una leche! La policía atacó a los manifestantes y eran muchos y bien preparados.
(Mas información sobre como discurrió la manifestación en: http://www.antiglobalizacion.org/Germinal/manibcn/mbcn.htm )
Después poco a poco la gente fue llegando al Bache del Mediodía donde tocaban numerosos artistas: Manu Chao, Cheb Balowski, Omega... entre actuaciones había vídeos y manifiestos de otras movilizaciones y causas.
Por la mañana del domingo nos fuimos despidiendo la gente que nos alojamos en el colegio de Sants, que estos días fuimos juntos a muchas acciones. Cogí el tren de vuelta a Bálsicas ,pero muchos de los compañeros se dirigieron para Salamanca, que el lunes y el martes había cumbre de ministros de educación y había preparadas más de 70 actividades alternativas, realizadas por grupos de «desobedientes» ; otros hablaban de ir a Zaragoza el fin de semana siguiente, pues había movilizaciones antimilitaristas como contra cumbre de los ministros de Guerra... perdón de Defensa.
Y es que Barcelona «contra la Europa del Capital» ha sido una movilización más, dentro de la campaña contra la Presidencia Española de la UE, que finaliza en Sevilla el 21-22 de junio.
Desde aquí os animo a participar, a demostrar que estáis vivos, a salir de ese pozo inmundo al que quieren someternos, a ser valientes, y gritarles:
¡¡¡ESTE PLANETA NO ESTA EN VENTA, SOMOS MILLONES Y EL MUNDO NO ES VUESTRO!!!
Pablo Olmos Fraile ( pablo968@inicia.es )
Murcia 13 de abril de 2002
Más informacion: www.pangea.org/campanyaUE/ www.antiue.net/ www.nodo50.org/antiglobalizacion/