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Faulkner, William Harrison Faulkner, llamado William (New Albany, 1897-Oxford, 1962) Escritor estadounidense. Miembro de una antigua familia de terratenientes del S de EE UU, es un escritor de importancia capital en la historia de la literatura estadounidense. Tras unos comienzos poco originales (El fauno de mármol, 1924; La paga de los soldados, 1926), escribió El ruido y la furia (1929), novela en la que utilizó por vez primera la técnica del monólogo interior.  Con Sartoris (1929), inició una importante serie de novelas y relatos, centrados en la descripción del imaginario condado de Yoknapatawpha y sus habitantes, vasta recreación de la decadencia del Sur. Sus principales títulos son: Mientras agonizo (1930), Santuario (1931), Luz de agosto (1932), Absalón! Absalón! (1936), Las palmeras salvajes (1939), Intruso en el polvo (1948) y los cuentos de Idilio en el desierto (1931) y Desciende, Moisés (1942). Entre las obras de sus últimos años, destacan Réquiem por una monja (1951) y Los rateros (1962). Obtuvo el premio Nobel de literatura en 1949.

Salvo en contadas excepciones, Faulkner es difícil de leer. Tiene ese gusto por desembarcar en cualquiera de los puntos de su narración sin haber dado apenas noticia de los antecedentes que han desencadenado aquella situación que va contando con minuciosidad, a la que aporta múltiples digresiones, que va cercando desde múltiples puntos de vista, usando la lupa para destripar un nimio detalle o, por el contrario, distanciándose hasta alturas que dan vértigo para ofrecer la panorámica completa de un acontecimiento... lateral. Está también su afición por perderse por paisajes y tramas secundarias, todo ello movido por la autoridad de un estilo grandioso que, eso sí, conserva en todo momento la virtud de tener temblando al lector cuando lo arrastra por las lóbregas estancias del corazón humano. O está, en fin, esa querencia por los saltos temporales y especiales, que proponen una saludable gimnasia intelectual o que van mareando, con el apoyo infalible de las sacudidas violentas de la intensidad de su prosa.
Una fábula, una de sus últimas novelas y una de las que más tiempo lo ocupó. Publicada por primera vez en 1954, obtuvo el premio Pulitzer, pero aunque depositó en ella las mayores esperanzas, tratándola con el mimo y el celo que se ponen en aquellos proyectos que se intuye, darán el golpe definitivo, la hecatombe, el caso es que no ha tenido la consideración, ni de lejos, como una de las cumbres de su literatura. Es más, es una de esas novelas que ofrecen pólvora abundante para cargar los proyectiles y encender la mecha y que caiga Faulkner con todo su pedestal hecho trizas.
"Un regimiento francés ha hecho algo..., ha hecho o ha dejado de hacer algo que un regimiento que está en primera línea no debe hacer o dejar de hacer y como resultado, el conjunto de las operaciones militares en el occidente de Europa se detuvo ayer a las tres de la tarde". Este es el motor de Una fábula. Luego está todo lo demás: las escenas de la muchedumbre de desarrapados que invaden París espoleados por el hambre del dolor acumulado y extraviados en el más radical de los desconciertos; los distintos personajes, que ofrecen toda la cadena de contradicciones, de esperanzas, mezquindades, sueños rotos y heroísmos inútiles, cobardías, ambiciones calculadas que el tiempo torció, pasiones primarias o, simplemente, pura y dura estupidez; está el amor inexplicable, la camaradería, el miedo, la generosidad, la fatiga, el juego. Todo ello, como todo en Faulkner, levantado y sostenido ahí arriba, bien alto, donde soplan los vientos más gélidos que barren  todas las caretas y lo dejan todo desnudo: las razones y los sentimientos y los instintos, manchados por el hedor y el barro de las trincheras, enchufados frente a la presencia inexorable de la muerte: "Pero con el tiempo te haces viejo y entonces ves la muerte. Entonces te das cuenta de que nada, ni el poder, ni la gloria, ni la riqueza, ni el placer, ni tampoco, siquiera, verse libre del sufrimiento, tiene tanto valor como el simple acto de respirar, el simple hecho de estar vivo, incluso con todo el pesar del recuerdo y el dolor de poseer un cuerpo irremediablemente gastado; simplemente saber que estás vivo.

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El hermetismo de

Faulkner

Jesús Zulaika traduce la versión anglosajona definitiva de Mientras agonizo

por Andrés Padilla

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La vida y las peripecias de los desheredados blancos del sur de Estados Unidos, esos agricultores que no tenían nada salvo la garantía de que los negros estaban por debajo de ellos, fueron una de las preocupaciones esenciales de Faulkner en su literatura. Su jerga de miserables, personalísima, resulta intraducible. Pero ése no fue el mayor problema para Zulaika, cuando la editorial Anagrama le pidió traducir Mientras agonizo, una novela fundamental dentro de la obra de Faulkner, partiendo de la versión inglesa definitiva, publicada en Estados Unidos en 1985 después de que el investigador Noel Polk contrastase las galeradas  originales con el manuscricto autógrafo y la copia manuscrita del propio escritor.
"Las novelas de Faulkner están llenas de sobrentendidos. Prescinde de muchos referentes sintácticos como los sujetos. Con lo cual a veces no estás seguro de si se refiere a esto o a lo otro. También omite referencias espaciales y temporales o cita marcas que ya no existen, como el Sogea, sin decir cuál es el producto."

 
El profesor de la Universidad de Valencia, Javier Coy, que prologó una traducción anterior, recuerda que Faulkner es uno de los pocos autores sobre los que existe una nutrida bibliografía destinada a desentrañar el significado de determinadas palabras y expresiones ya en desuso entre los habitantes del sur de Estados Unidos.  "Por eso, si ya resulta fácil echar abajo cualquier traducción teniendo la mala idea suficiente, con Faulkner es más sencillo".  Precisamente por ello, Javier Coy, que recomienda leer la obra en su versión original, a cualquiera que tenga un nivel medio de inglés, también cree necesario advertir que esta traducción, que parte de la versión inglesa definitiva, tendrá larga vigencia. "Será la referencia castellana de Mientras agonizo, al menos para esta generación". Pues que dure muchos años.

 

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