HISTORIA DE O

Este artículo de LUCIA ETXEBARRIA, a la que considero muy amiga, me aclaró el mar de dudas que la lectura del libro me produjo, no hay que tomarlo como una interpretación definitiva e inapelable pero se agradece que intente explicar ese desasosiego que siente una mujer cuando leemos algo que aún en principio execrable nos hace gozar. Este grupo no sólo se hace preguntas sobre O

Los más modernos de entre los jovencitos adictos a los afterauers que el año pasado se anillaron hasta la exageración -cejas, labios, orejas, ombligos y genitales- han optado éste por dar un paso más allá y tatuarse a hierro candente unos motivos tribales de lo más in. ¡Qué gran disgusto se llevarían los pobres si se llegan a enterar de que, en 1954, una jovencita apodada O ya se había anillado la vulva y se había grabado a fuego en las nalgas la marca de su amante! La historia de esta señorita tan adelantada en lo que a moda se refiere se constituyó en uno de los más poderosos mitos eróticos de la segunda mitad de siglo, vendiendo millones de ejemplares.

En Historia de O se narra cómo O, raptada por su propio amante y conducida al tenebroso castillo de Roissy, es sometida a torturas, humillaciones y violaciones colectivas que ella acepta resignada, por amor a los dos hombres a los que sucesivamente considera su amo: Renée y Sir Stephen. Pero, a pesar de tanto azote y tanta cadena, la novela no espeluzna en ningún momento porque a medida que se avanza en su lectura advertimos que no pretende ser la narración de hechos verosímiles tanto como la de las fantasías de la autora: Roissy, una especie de recreación metaliteraria de los castillos de Sade, es un universo al margen de lo real, un extraordinario constructo fantasmagórico que permanece en un tiempo detenido, el ilusorio. Todo en Roissy responde a una estética del simulacro: desde los torturadores anónimos que, cual asistentes a un carnaval, mantienen el rostro perpetuamente enmascarado, hasta los trajes de opereta que llevan los habitantes del castillo. La novela es un cuento, un cuento moral en el que los progresos de O en el ejercicio de la sumisión no son sino el reverso de la dominación a la que se pliega, hasta que O consiga finalmente ejercer el mismo dominio sobre sí misma, al ejercitarse en la insensibilidad al dolor. Una lectura menos entusiasta de la novela advierte que el cuerpo de O, objeto de verdadero culto entre sus verdugos, sustituye progresivamente a la mujer que O era, por metonimia, hasta que en la escena final O ha dejado de ser una persona: «¿Era acaso de piedra o de cera, una criatura de otro mundo...?». Tras este cierre se nos advierte de que «en un último capítulo que fue suprimido, O volvía a Roissy, a donde Sir Stephen la abandonaba. Existe otro final para la historia de O y es que, al darse cuenta de que Sir Stephen va a abandonarla, ella prefiere la muerte. Y él accede».

En la secuela de la historia, la autora ha optado por el primero de los finales posibles. Así que O regresa a Roissy, decidida a someterse a Sir Stephen. Pero, para su sorpresa, su dueño ni siquiera se toma la molestia de aparecer por el castillo, sino que la cede como esclava para que otros hombres dispongan de ella previo pago. Lo más interesante de todo el libro me parece el prefacio de la autora, en el que Pauline Reage, seudónimo de Dominique Aury, explica cómo y por qué se le ocurrió escribir la historia de O, haciendo una interesantísima reflexión sobre el germen de los fantasmas eróticos.

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