mendeleiew.jpg (104381 bytes) EL SUEÑO DE MENDELEIEV

En este libro elegante, erudito y, aún así, entretenido, Paul Strathern desenmaraña la dramática historia de la química a través de la búsqueda de los elementos. Para enmarcar esta historia recurre a la vida del científico ruso Dimitri Mendeléiev. Éste se quedó dormido sentado a su mesa y despertó habiendo concebido la Tabla Periódica de los elementos en sueños, la idea matriz que constituye el fundamento de la química moderna y cuya formulación marcó la mayoría de edad de ésta como ciencia.

Desde la filosofía antigua, pasando por la alquimia medieval, hasta la escisión del átomo, ésta es la verdadera historia del nacimiento de la química y del papel que en éste desempeñó el sueño de un hombre.

Paul Strathern nació en Londres en 1940. Estudió física, química y matemáticas en el Trinity College, Dublín, antes de dedicarse a la filosofía. Es autor de varias novelas y de dos colecciones de libros de divulgación de gran éxito, Filósofos en 90 minutos y Los científicos y sus descubrimientos, ambas publicadas por Siglo XXI de España Editores.

ISBN 84-323-1046-8

 

1 cambio del siglo XX al XXI se hallará ya para siempre vinculado al desciframiento definitivo del mapa genético humano, hecho que abre un nuevo mundo en el campo de la ciencia y, muy especialmente, en el de la medicina.
¿Cómo sucedió, sin embargo, el descubrimiento básico -el de la estructura del ácido desoxi- ribonucleico (ADN), componente esencial del material genético- que ha hecho posible llegar a este punto?
LA DOBLE HÉLICE es el relato del proceso que llevó a este instante crucial hecho de primera mano por JAMES D. WATSON, protagonista del mismo en 1953 junto con el británico Francis Crick.
Como apunta Steve Jones en el prefacio que abre el volumen, «leer este libro es entender cómo debió de ser participar en lo que Watson, con aplastante sinceridad, denomina el acontecimiento más famoso en la biología desde el libro de Darwin».

 

 

ISBN 84-206-3570-7

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La molécula del ADN

"Forma y esencia"

por Juan C. Stockert y Gloria R.   
Departamento de Biología molecular de la Universidad Autónoma de Madrid.

Se usan las palabras "doble hélice" para describir la estructura de la molécula de “ácido desoxirribonucleico”, que se abrevia ADN. Esta molécula, que almacena información genética, es el material hereditario de los seres vivos. "Doble hélice" alude a la forma de dos hélices apareadas de la molécula, y se usa por la imagen geométrica que evoca, pero esconde lo más importante: el contenido. Así, resulta algo pobre para nombrar una molécula de tanto protagonismo en la naturaleza. En sentido estricto, la forma helicoidal (similar a la de una escalera en caracol) no tiene mucho que ver con la capacidad para duplicarse y albergar información.
Dejemos de lado entonces la forma y vayamos a la esencia de la funciones del ADN: la duplicación y el contenido en información. De estas características son responsables las bases, que se unen o aparean de modo complementario mediante puentes de hidrógeno. En 1953, el acontecimiento que revolucionó la biología fue tanto describir la estructura de esta molécula como sugerir la mecánica de su función. Desde principios del siglo XX se sospechaba que el ADN era el material hereditario, si bien era difícil imaginar cómo esta molécula podía duplicarse y contener información. ¿Qué tipo de mecanismo molecular permite cumplir con estos roles?

Simplificar para comprender
Los investigadores estudiaban moléculas mediante cristalografía, un método basado en el análisis de diagramas de difracción de rayos X. Así podían reconocer moléculas helicoidales y su estructura general. Utilizando este método James Watson y Francois Crick publicaron en 1953 la propuesta de una estructura en doble hélice para el ADN. Watson era un becario norteamericano en Cambridge (UK) que debía trabajar sobre la organización helicoidal de algunos virus. Allí conoció a Crick, discutieron ideas y decidieron dejar de lado los virus y estudiar estructuras más sencillas. Abordaron entonces el análisis de la molécula de ADN y esa simplificación fue un gran acierto.
La molécula parecía poseer atributos notables siendo uno de ellos el de ser capaz de duplicarse, es decir, de hacer una copia de sí misma. Era todo un reto descubrir cómo podía realizar esa acción una molécula. Había datos previos: se conocían los componentes químicos esenciales del ADN, las bases. Se sabía que había bases pequeñas o pirimídicas (timina y citosina) y otras mayores o púricas (adenina y guanina ). También se sabía que la cantidad de adenina y timina era la misma, así como la de guanina y citosina. Esta relación equimolecular entre ciertas bases la había demostrado Chargaff en la década de los 40.
Los científicos se preguntaban qué estructura química podría ser la que explicase esa curiosa igualdad entre bases. El modelo que propusieron Watson y Crick indicaba que en el ADN, la timina (unida a una hélice) y la adenina (unida a la otra hélice) estaban apareadas por puentes de hidrógeno, quedando separadas las dos cadenas helicoidales (formadas a su vez por un hidrato de carbono y un fosfato) siempre por la misma distancia. La sucesión de bases da origen a un código, la complementariedad, es decir el apareamiento específico entre bases, permite la replicación (ya que una base dada solo podrá unirse con su complementaria).
Lo asombroso de esta estructura fue que a nivel molecular, la naturaleza podía combinar soporte material con replicación e información. Para duplicarse, la molécula de estructura doble se hiende por la mitad y cada hebra puede formar una hebra complementaria gracias al aporte de nuevas bases. De cada doble cadena resultan dos dobles cadenas. Más tarde se vio que, como ocurre con las letras en un texto, la sucesión de bases configura el código genético, el cual consta de cuatro letras (cuatro bases). Lo importante del modelo de ADN era que permitía encajar todos los datos que se conocían hasta el momento, desentrañando la mecánica de la replicación con una explicación simple. El armado de este rompecabezas tuvo gran trascendencia porque revolucionó el pensamiento científico sobre los procesos vitales.

Conocimiento y aplicaciones
A partir del modelo de ADN se comenzó a aclarar la correspondencia entre la sucesión de bases y el resultado de la actividad de los genes, concretamente la aparición de proteínas que el organismo sintetiza y cuya secuencia de aminoácidos está grabada en el código genético. Este código es la gran memoria de cómo están constituidas las proteínas, dónde, cuándo y cómo deben aparecer, es decir, qué proteínas deben aparecer en determinado proceso y no en otros, en un lugar dado y en un momento dado.
Las proteínas son macromoléculas conocidas mucho tiempo antes que el ADN. Muchas de ellas tienen características de enzimas (biocatalizadores de reacciones químicas) y son las grandes protagonistas del metabolismo, es decir del intercambio de materia y energía con el medio ambiente. El conocimiento de la estructura del ADN llevó a concebir que debía haber un vínculo de información entre los genes y las proteínas. En el tránsito entre la memoria genética y el organismo completo se ubicaron otras macromoléculas que son los ácidos ribonucleicos (ARN) que hacen de mensajeros o piezas intermedias entre el ADN y la síntesis de proteínas.
El conjunto de genes (genoma) constituye el programa para la formación de un organismo y los principales operarios de su forma y funciones son las proteínas. Los caracteres hereditarios que se ven a simple vista son manifestaciones de programas parciales que determinan que se sinteticen proteínas específicas y ocurran determinados procesos vitales, que a su vez originan ciertos morfotipos o funciones. Una vez que se supo que los genes son secuencias de bases en el ADN, el paso siguiente era realizar la lectura completa de un lenguaje que todavía se conoce muy poco y del que solo pueden identificarse algunas palabras.

Aplicaciones
Una vez comprendida la naturaleza del código genético y de la síntesis de proteínas, comenzaron los intentos de aislar secuencias de ADN y eventualmente introducirlas en otras células. Esta verdadera manipulación de genes dio origen a la Ingeniería Genética. Concebida para conocer, mejorar o aprovechar más un organismo, su culminación ha sido el proyecto Genoma Humano. Así, ya no se trata de practicar la ingeniería con vigas y ladrillos como elementos de construcción sino con trozos de ADN, es decir, con genes.
La pregunta de si sería factible "crear" un organismo vivo juntando las moléculas necesarias y poniéndolas a trabajar juntas y dirigidas por un genoma artificial es una propuesta de incalculable complejidad que carece de sentido práctico. Lo que si parece posible es aplicar la Biotecnología a la terapia génica por ejemplo, que brindaría la posibilidad de curar ciertos defectos genéticos, reemplazando genes alterados. Este será un camino a recorrer en el futuro para el tratamiento de enfermedades hereditarias.
Otra vertiente importante es la clonación, que corresponde a la formación de un individuo sin el aporte de dos genomas, dando por resultado a un organismo hijo que tendría exactamente el mismo genoma que el único organismo progenitor. Clonar significa despreciar la reproducción sexual y usar una reproducción vegetativa. El método consiste en tomar un ovocito, anular su núcleo y reemplazarlo por un núcleo del mismo organismo materno con el genoma completo (número diploide de cromosomas y no haploide como el de la célula original, el ovocito). Este procedimiento da origen a un clon o copia genética del organismo materno.
Las aplicaciones de la Biotecnología apuntan a resultados de enorme rentabilidad económica en áreas biomédicas (industria farmacéutica) y de la alimentación (alimentos transgénicos), que se ven beneficiadas por los progresos en la Biología Molecular actual (derivada de los estudios sobre la estructura del ADN). El incentivo económico es un factor fundamental y por eso tales investigaciones tecnológicas son promovidas por las grandes empresas. Los gobiernos están tratando de reducir la inversión en investigación biológica, ya que la que se realiza en instituciones académicas y estatales deja pocos dividendos. Actualmente son las empresas multinacionales (alimentación, salud, productos farmacéuticos y agroquímicos) las más interesadas en la investigación biotecnológica. Tienen más interés en I+D (investigación más desarrollo) que las instituciones académicas y gracias a las patentes y a la venta de productos y de tecnología obtienen grandes beneficios.

La investigación y el negocio
Lo que ocurre dentro de los laboratorios no es de ningún modo independiente de lo que ocurre fuera de ellos. Los subsidios que financian la investigación permiten adquirir drogas y reactivos químicos, alimento para animales de laboratorio, o revistas y libros. Estos subsidios provienen de la sociedad a través del Estado o de organizaciones internacionales. La investigación es subsidiaria y dependiente de la sociedad mundial. Si alguien se propone investigar la obra de Hegel o Rousseau es muy probable que consiga subsidios de muy pequeña envergadura o encuentre dificultades en obtenerlos. La investigación es y fue históricamente subsidiaria del poder político y económico, y cuando un organismo financia una investigación está canjeando conocimiento por dinero. Ese conocimiento debe ser rentable, ya sea en prestigio, en patentes para la explotación, o en la obtención directa de riquezas.
Lamentablemente en esta "sociedad del beneficio" (de la producción y el consumo) actual, la importancia de los descubrimientos no está ni en la originalidad, ni en la estética, ni en los aspectos filosóficos, sino en la rentabilidad. Las líneas de investigación que están de moda por ser las más rentables son las definidas por los gobiernos como prioritarias. Por ejemplo, en el área biomédica, los proyectos que tengan relación con bioingeniería, con tecnología de la alimentación, con el medio ambiente, con la industria farmacéutica, etc, tienen ventajas económicas. Si un investigador planteara que le obsesiona por ejemplo la simetría radial o helicoidal de las flores cuando las hojas de las que ellas surgen no tienen tal simetría, es probable que nadie te financiaría la investigación porque el tema no tendría rentabilidad alguna.
Se puede anticipar que en el futuro muchas de las investigaciones de punta van a ser generadas por compañías particulares que le asignen enormes cantidades de dinero y de esa manera quedará relativamente atrasada la investigación en centros estatales. La publicación dejaría de ser un incentivo para los descubrimientos científicos porque no sería deseable que los investigadores divulgaran libremente los resultados de su actividad. Por el contrario, la investigación estaría dirigida sólo a la patente, es decir, a la propiedad del conocimiento permitiendo así la hegemonía de la producción. Se perdería entonces la publicidad de los resultados de la investigación, que no deben constituir ningún secreto sino estar al alcance de todo aquel que desee conocerlos y que cuente con la formación suficiente como para comprenderlos.

Aproximación a una ética de la comunidad científica
Sin embargo hay que reconocer que siempre existen intereses, e incluso algunos son legítimos como por ejemplo la pretensión de sintetizar mejores medicamentos. Para plasmar ese interés, se necesita financiación económica y para conseguirla se requieren resultados anteriores que garanticen la idoneidad del investigador. Por todo esto puede decirse que la investigación nunca es inocente. Pero el investigador por lo general tiene objetivos nobles y es bastante pacífico, pone por delante el razonamiento y la polémica cultivando ejercicios de entendimiento hasta la extenuación. Los congresos científicos nunca terminan en hechos violentos sino que el tratamiento de los conflictos de opinión es otro, cuando se trata por ejemplo de discutir teorías opuestas.
La investigación es sobre todo una actividad lúdica que da mejores resultados cuando se hace de forma cooperativa y participativa. Lo que se piensa se comunica y se comparte, se modifica y se vuelve a compartir, y de ese modo se piensa en conjunto. La comunidad científica se podría catalogar de secta en el sentido de que es un grupo de gente que se reúne periódicamente en congresos o en sesiones, que intercambia opiniones que nadie más que ellos entiende, que tienen un léxico particular y muy especializado. El conocimiento está parcelado y por eso parece sectario.
La herramienta fundamental del investigador es el pensamiento pero su creatividad para encarar enigmas y elaborar respuestas, es decir generar nuevos rompecabezas, también puede estar encauzada por caminos de beneficio económico.
Dadas sus implicaciones éticas y jurídicas, el tema de la clonación humana está actualmente en debate. La técnica es muy costosa y probablemente no sirva para mucho ya que para hacer seres humanos es más práctica y placentera la forma natural de procreación. Cabe preguntarse para qué fabricar seres humanos idénticos si la experiencia, el pensamiento y la visión del mundo exceden al genoma. Pero a nivel de la sociedad de la productividad y del beneficio, la donación podría ser aplicada para conseguir organismos clóricos de los que la sociedad humana se beneficiaría (vacas mejores productoras de leche por ejemplo). Otros aspectos biotecnológicos de gran importancia sanitaria (y de indudables vertientes económicas) son la producción de células madre destinadas a la reparación de tejidos y órganos dañados, y la obtención de alimentos transgénicos.

Modas y descubrimientos
En los círculos científicos, los rompecabezas de la investigación (experimentos, modelos, interpretación de resultados) son temas de conversación de todos los días. En los laboratorios de los países desarrollados hay tiempo, disposición y medios para cultivar la curiosidad obsesiva del conocimiento científico. Es por estas realidades cotidianas que un modelo tal como el de la doble hélice pudo surgir más fácilmente en un laboratorio con mayor acceso a todas las piezas del rompecabezas como ocurría en Cambridge. Watson y Crick desarrollaron su modelo en un lugar que había sido la cuna de los estudios de difracción de rayos X gracias a los trabajos de William L. Bragg, y esa metodología posibilitó la elaboración del modelo de ADN.
En 1953 Watson y Crick eran biólogos muy jóvenes (25 y 37 años, respectivamente) y en ese momento había varios equipos de investigación que estaban muy interesados en conocer la estructura de la molécula de ADN. De hecho Linus Pauling, bioquímico que había recibido ya el premio Nobel por sus estudios sobre estructura de proteínas, también estaba investigando sobre el mismo tema. Pauling, (que por su amplia experiencia podría haber parecido algo así como un Goliat frente a estos dos David que eran Watson y Crick), había publicado poco antes un modelo de ADN en forma de triple hélice. En 1962, Watson y Crick compartieron el premio Nobel con Maurice Wilkins, el jefe del laboratorio Cavendish donde habían trabajado, ya que este último había llevado a cabo mucho trabajo previo en cristalografía del ADN.
Watson y Crick compartieron la expectativa que había en el mundo científico por descifrar la estructura del ADN. Los intereses y tendencias de la investigación se perciben en el ambiente de trabajo porque son objeto de conversación y de especulación cotidiana, de lectura, de invención, de interpretación de resultados y de creación de modelos y teorías. Lo interesante en el caso de estos dos jóvenes fue que la obsesión por el tema de la molécula de ADN los llevó a transgredir mandatos y salirse de caminos formales. Watson y Crick siguieron los caminos de su propia pasión creadora y se concedieron a sí mismos la libertad de investigar el asunto que más les interesaba. El resultado está a la vista y a los 50 años ha hecho historia.

Foros 21  Mayo 2003

f  o  r  o21s

ADN: La molécula milagrosa

Máximo Sandín

Departamento de Biología molecular de la Universidad Autónoma de Madrid 

A muchos biólogos, o quizás sea mas exacto referirnos a ciertos biólogos, nos produce una gran inquietud la deriva, al parecer irreversible, que está tomando la investigación biológica. Transformada en "gran Ciencia", está pasando de ser fundamentalmente una parsimoniosa actividad realizada en más o menos modestos laboratorios entre animales, plantas, microorganismos y libros a una vertiginosa carrera competitiva llevada a cabo en complejas instalaciones dotadas de costosísimos y sofisticados aparatos destinados a descifrar y manipular apremiantemente los secretos de la vida. Porque esa costosa infraestructura requiere unas inversiones que, en nuestro modelo de sociedad, han de ser forzosamente rentabilizadas y, para ello, han de estar encaminadas a investigaciones cuyos posibles descubrimientos tengan una aplicación práctica o, lo que es lo mismo, un rendimiento económico.
La concepción de la Ciencia como un factor de desarrollo económico ha convertido en casi inconcebible la financiación de investigaciones que no tengan una aplicación inmediata, con lo que la distinción entre Ciencia (búsqueda del conocimiento) y Tecnología (aplicación de ese conocimiento) es cada día más confusa. Todo esto está conduciendo a que la investigación denominada "puntera" está llegando a ser no sólo mayoritariamente controlada por empresas privadas, sino que, incluso la llevada a cabo por universidades y centros públicos está pasando a depender de una manera creciente de la financiación de empresas con ánimo de lucro, que dirigen los objetivos y prioridades, con lo que está en claro retroceso la práctica, tan necesaria, de una investigación básica, independiente y guiada por los criterios de los investigadores, que se están convirtiendo en asalariados de distintas multinacionales de la Biotecnología. De empresas que comercializan productos "modificados genéticamente", "biofármacos" o que han invertido grandes sumas en investigaciones sobre clonación, organismos modificados genéticamente o terapia génica. En definitiva, de prácticas de manipulación del ADN.
Pero lo que a "ciertos biólogos" nos resulta más inquietante es que este tipo de "investigación" parece estar sustentada sobre una base teórica (científica) extremadamente frágil. Porque sus objetivos, sus planteamientos y sus interpretaciones permanecen anclados en una visión reduccionista del control de la información genética, (cuyos orígenes hay que buscarlos en la primera mitad del pasado siglo), que estaba basada en hipótesis y simplificaciones derivadas de la, ya obsoleta, concepción mendeliana de la transmisión simple de caracteres complejos y de los cambios "al azar" de la teoría darwinista. La idea de que el ADN es una especie de molécula milagrosa en la que están contenidos los códigos que gobiernan la vida, en la que "los genes" son los responsables directos de la construcción de los organismos, de sus características, de sus defectos o enfermedades e incluso de su comportamiento, es una derivada de esta visión reduccionista o simplificadora que persiste de un modo sospechoso (o, al menos, incomprensible), conviviendo con descubrimientos que descalifican totalmente tal concepción. Los, sin duda, importantísimos descubrimientos biológicos conseguidos en los últimos años gracias al desarrollo de sofisticadas tecnologías para la investigación no han ido acompañados (quizás debido a la propia dinámica de la investigación aplicada) de una renovación conceptual en su interpretación, lo cual resulta, cuanto menos, preocupante, dados los métodos utilizados para estas prácticas.
Con motivo del 50 aniversario del descubrimiento, por James Watson y Francis Crick, de la estructura tridimensional del ADN cristalizado, la revista Nature publicó una sección monográfica en la que se exponían y analizaban los conocimientos actuales derivados de este hito fundamental en la Biología. Veamos algunos de ellos: Watson y Crick transformaron la Biología al revelar la estructura tridimensional del ADN, pero pasados 50 años los investigadores están comprendiendo que el ADN tiene una vida fascinante en tres dimensiones -y una cuarta dimensión del tiempo- que hace de ella mucho más que una simple sarta de códigos. La imágen icónica del ADN como una doble hélice estática es algo pasado. Las técnicas de microfilmación han hecho posible observar, por primera vez, cómo se transmite la información genética. Y lo que se ha observado ha sorprendido a los propios investigadores: En la célula viva, la imagen es la de una molécula de ADN que gira y se retuerce como un danzarín demoníaco envuelto en una nube de proteínas que pululan alrededor. Esto ha cambiado la forma en que pensábamos sobre el núcleo, dice Tom Misteli del Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda. La palabra "estático", está desapareciendo de nuestro vocabulario. La molécula (de ADN) ha sido vista durante mucho tiempo como formando íntimas relaciones con proteínas que la ayudaban a plegarse y a activar o detener la actividad de los gentes. Hasta recientemente, esas ligazones se suponían fundamentalmente fijas o cambiantes sólo ligeramente con el tiempo. Pero esta idea ha colapsado. Según Helen Pearson, editorialista de Nature: Los investigadores han comprobado que un simple gen puede crear decenas o incluso cientos de proteínas diferentes, según cómo la célula lee su información genética y cómo las proteínas estén agrupadas o modificadas químicamente. Es decir la "información genética" no está solo en el ADN. Es el resultado de la interacción del ADN (muy importante, pero no el que "la contiene") con su entorno celular, lo que incluye proteínas, ARN (la molécula imprescindible para "traducir" y dirigir la información) y el ambiente celular, a su vez, dependiente del ambiente externo.
Para finalizar este incompleto resumen de las muchas cosas que han cambiado en la interpretación de la información genética, citaré la frase con que Philip Ball, uno de los más brillantes editorialistas de Nature, finaliza su reseña: Para los que quieren controlar estos procesos, y los que pretenden imitarlos en sistemas artificiales, el mensaje es que la mesoescala biológica lejos de ser un régimen en el que el orden y la simplicidad desciende de un impredecible caos, tiene su propia estructura lógica, reglas y mecanismos reguladores. Y, volviendo a Helen Pearson: Watson y Crick debieron pensar que la secuencia era todo, pero la vida es mucho más complicada que eso.
Se puede decir que tan sólo estamos comenzando a comprender la manera en que se transmite la información genética, lo que. por otra parte, nos lleva a la dura asunción de que la visión que ha dominado hasta muy recientemente no sólo era incompleta, sino en su mayor parte errónea. La secuenciación del genoma humano, anunciada como la panacea que nos permitirá conocer los más íntimos secretos de nuestra naturaleza, se ha revelado como sólo un paso (importante, pero un paso) en este camino. Sydney Brenner, codescubridor, junto a Watson y Crick de "la doble hélice" y una de las máximas autoridades actuales en genética escribió: La mayor parte de la gente cree que la secuenciación del genoma humano va a ser una especie de mensaje llegado de los cielos, pero, lo cierto, es que ese mensaje nos va a decir muy poco. Nos va a decir algo como: "mira, esto es lo que tienes que entender ahora". Y lo que queda por entender no es sólo el significado de las secuencias del ADN: Queda por descifrar y entender el proteoma. (cómo se agrupan e interactúan entre sí y con el ADN y el ARN los miles de proteína celulares), el transcriptoma (el conjunto de ARN de las células y sus actividades), y nos queda por comprender la actividad y la función de los cientos de miles de secuencias que constituyen los virus endógenos (virus que han integrado sus secuencias en los genomas de todos los seres vivos y son parte activa en ellos) y la de los elementos móviles (secuencias con la capacidad de cambiar su situación en los genomas. también con un origen vírico), y como el ambiente puede modificar la actividad de todos ellos.
Pero esto no impide los anuncios de los grandes logros y las fantásticas aplicaciones futuras de las mágicas cualidades de los genes y los beneficios de su manipulación: El cambiar, quitar o añadir genes en nuestros cromosomas nos permitirá, entre otras cosas, curar enfermedades que "azotan a la Humanidad", mejorar nuestra “calidad de vida”, alargarla (para algunos, hasta la inmortalidad) o, incluso, elegir las cualidades de nuestros hijos. Afirmaciones de este tipo, algunas realmente delirantes, emitidas a los medios de comunicación por científicos de reconocido prestigio generan unas expectativas (totalmente comprensibles en personas afectadas por enfermedades de origen genético) que están muy lejos de ser alcanzadas pero que, en cualquier caso, resultan de muy discutible justificación; en primer lugar, porque las enfermedades que realmente azotan a la Humanidad y por las que mueren anualmente millones de personas son enfermedades fácilmente combatibles, derivadas fundamentalmente de la pobreza: infecciones producidas por consumo de agua en malas condiciones, enfermedades fáciles de curar para las que no se dispone de medicamentos y el hambre y la miseria, responsables, además, de la enorme mortalidad de los "infectados" por el SIDA en el Tercer Mundo (todo esto, sin tener en cuenta los que mueren por las necesidades del "mercado", ya sea del petróleo, de materias primas o de la industria armamentística). En segundo lugar, porque las enfermedades que se pretende curar no constituyen, ni mucho menos, una prioridad sanitaria ni a nivel mundial ni siquiera en los países desarrollados y son, en muchos casos, padecimientos que no ponen en peligro la vida del afectado como muchos de los problemas estéticos o fisio-sicológicos que, declaradamente, pretende tratar la terapia génica. Unos intentos abocados al fracaso, porque consiste en la manipulación de procesos que no se pueden controlar porque, como hemos visto, no se conocen suficientemente, lo cual es irresponsable y peligroso (Y esto no es una opinión personal: La terapia génica es todavía arriesgada, pero los intentos siguen en marcha, advierte el comité de Ética de la Organización del Genoma Humano).
Pero, incluso asumiendo que pudieran llegar a existir efectos positivos en estas prácticas, lo cual resulta muy remoto si hemos de creer a científicos como Francis Collins, uno de los líderes de la secuenciación del genoma humano, el número de personas que podrían beneficiarse de sus aplicaciones seria muy reducido y circunscrito a sectores con poder adquisitivo, fundamentalmente en el "Primer Mundo", porque las enormes cifras invertidas en estas investigaciones no están destinadas, evidentemente, para ceder gratuitamente sus resultados. Y el mejor ejemplo de estas intenciones lo constituyen las empresas involucradas en la producción de productos transgénicos, ya "en el mercado". Las fabulosas cifras de sus beneficios, la falta de ética en sus presiones sobre los cultivadores y una impresionante campaña de "desinformación" en los medios de comunicación nos informa de los verdaderos objetivos de esta falsa solución del hambre en el Mundo. Y así ha sido denunciado desde la FAO, según la cual, el problema no es de falta de alimentos (de hecho sobran), sino de justa distribución. Por eso, a pesar del creciente rechazo a estos productos en los países desarrollados su uso se está extendiendo por el Tercer Mundo, e incluso se presiona a los países africanos para que acepten consumir unos productos que en sus propios países sólo se consideran (erróneamente) aptos para el ganado. Y todo esto, a pesar de los peligros para el medio ambiente y para la salud de las personas, muchos de ellos constatados y denunciados por científicos independientes pero, al parecer, con difícil acceso a los medios de comunicación, y muchos otros mas peligrosos aún, por ser desconocidos.
Sin embargo, a pesar de que estos hechos difícilmente discutibles descalifican totalmente la justificación de estas prácticas, los medios de comunicación, no sabemos en qué medida deslumbrados por los avances científicos o movidos por los intereses de la industria biotecnológica, ensalzan los nuevos logros, auguran grandes beneficios para la Humanidad y airean una falsa y confusa polémica entre los detractores de las prácticas de manipulación genética, a los que califican de "retrógrados" y los defensores, amantes del "progreso". Una confusión acentuada porque es cierto que entre los detractores se encuentran posturas animadas por una moral de tipo integrista, y porque para algunos (o para muchos, al parecer) se considera como una actitud "moderna" e incluso progresista la defensa de liberalismo económico más salvaje.
Lo cierto es que, como afirma el Comité de Ética del Genoma Humano, los riesgos de estas prácticas son muy altos y se derivan fundamentalmente del escaso conocimiento de las complejísimas interacciones que se están poniendo de manifiesto en el control de la información genética, pero, sobre todo, de la falta de rigor científico, en unos casos, y de responsabilidad profesional de muchos de quienes las realizan, pero, sobre todo, de la precipitación de sus aplicaciones y de la avidez de dinero de quienes las comercializan. Porque detrás de todo esto, como detrás de todos los grandes problemas que amenazan a la Humanidad, están siempre los mismos fantasmas en la sombra: el dinero y el poder.
A modo de protección (más o menos eficaz), voy a finalizar reclamando la ayuda de Umberto Eco, por medio de su magnífica intervención en la Conferencia Científica Internacional, celebrada en Roma a finales del pasado año: Los medios de comunicación confunden la imagen de la ciencia con la de la tecnología y transmiten esa confusión a sus usuarios, que consideran científico todo lo que es tecnológico, ignorando en efecto cuál es la dimensión propia de la ciencia, de esa de la que la tecnología es, por supuesto, una aplicación y una consecuencia, pero desde luego no la sustancia primaria. /.../Lo que se trasluce de la ciencia a través de los medios de comunicación es, por lo tanto -siento decirlosólo su aspecto mágico. Cuando se filtra, y cuando filtra es porque promete una tecnología milagrosa, "la píldora que... ". Hay a veces un “pactum sceleris” entre el científico y los medios de comunicación por el que el científico no puede resistir la tentación, o considera su deber, comunicar una investigación en curso, a veces también por razones de recaudación de fondos; pero he aquí que la investigación se comunica enseguida como descubrimiento, con la consiguiente desilusión cuando se descubre que el resultado aún no está listo. /.../ Si no salimos de esta espiral de falsas promesas y esperanzas defraudadas, la propia ciencia tendrá un camino más arduo que realizar.
Es cierto que dentro de esta dinámica social tienen mucha mejor acogida las opiniones (muchas veces verdaderamente simplistas) solemnemente emitidas como verdades científicas que las que ponen de manifiesto nuestro desconocimiento o nuestras dudas. Lo que se espera de los científicos es que posean " la verdad". Pero lo único que está próximo a la verdad es que desconocemos mucho más que lo que conocemos, y aunque estamos en el camino este va a ser largo. Posiblemente muy largo y muy duro, dados los intereses implicados. Por eso, me voy a permitir hacer mías las palabras con que Humberto Eco finaliza su escrito para dirigirme a los científicos independientes que investigan honestamente y se niegan a formar parte de esta situación: Resistid, resistid, resistid. Y buen trabajo.

f   o  r  o21s

 

 

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