COSECHA ROJA
Aunque Personville era una ciudad en manos de un cacique cruel, de policías corruptos, sindicatos amarillos y mafiosos con traje de raya diplomática, y que no había actividad lucrativa cuyos transactores no violaran una u otra ley, Poisonville era una ciudad estable, mala pero estable. Cada uno respetaba la parcela delictiva de los demás para mantener sus beneficios, y todo hacía pensar que seguiría así de no ser por unas cartas de amor que llegaron a manos equivocadas. La primera, la más antigua, no estaba mal como carta de amor. La segunda era un poco más retorcida. La tercera y la cuarta eran claros ejemplos de hasta qué punto puede un amante desgraciado arrastrarse y dejarse perder.
No tenías razón al decir que no sabía cuando acababa un guión y empezaba la vida. Un guión ha de tener lógica, la vida no. Si esto fuera un guión me habría resignado, continuaría la más correcta superficialidad en su trato y me habría encaprichado de otra actividad no lucrativa, en cambio fui tras ella y no buscando la felicidad, precisamente, nadie busca la felicidad, tampoco nosotros, sino buscando poder y el poder es algo muy difuso. Considerándote y haciendo que te vean como un agraviado, puedes –del verbo poder- conseguir una u otra compensación. No es mi caso porque ¡claro! ¡No tengo objetivo! Pero ya me han espetado que me hago la víctima. Consideraré esta esclarecedora advertencia, para más adelante.
La idea de conseguirte este clásico de la novela negra para que al leerla pudieras compararla con la casa nostra, es anterior al desparrame eufórico de la otra tarde. Lo que le explicaste a la compañera de verano que se escandalizó por la bronca -le dijiste que es que nos conocíamos desde hace mucho tiempo- me causó estupor. Es cierto, no habría podido decírselo a otra persona, con esa confianza, esa familiaridad, esa falta de..
Cosecha roja es un clásico de los guionistas de Hollywood, que se considera novela negra, un género menor de la narrativa. Demasiado complicada para llevarla al cine, es del autor de El halcón maltés. Los otros dos del género son Raymond Chandler, de El sueño eterno, ¡qué primeros cinco minutos! y James Cain, el del cartero que llama dos veces; tres o cuatro versiones. El tema de Cosecha roja es que cuando la pasta no está bien distribuida salen a relucir las pistolas, el equilibrio se rompe o se recompone y nadie sale beneficiado, pero las conclusiones son para el final de la película, y –esta es otra diferencia entre la vida y los guiones de cine- la actividad diaria de la casa y de sus moradores continúa, y a las películas hay que ponerle fin. Lo curioso es que al volver a leerla he visto una similitud entre la causa que desencadena la serie de ajustes y represalias en la novela y cierto e inoportuno brote de sarna o sarpullido senil que padecí en el invierno de hace dos años y que de vez en cuando, por puro reflejo me vuelve a producir escozor.
Las dos primeras líneas de este texto son del diálogo de La condesa descalza, el que escribió el guión y la dirigió no perdía el tiempo escribiendo novelas: Mankievitcz. Por otra de sus películas le cayó un Oscar en 1950.
Sucede que Telefónica compra un día Onda Cero Radio. Una hora antes de empezar el programa de Julia Otero, le comunican que ella con todo su equipo están aparcados en doble fila. En la calle. La no declarada guerra de Kosovo ha dejado sin trabajo a algunos periodistas que no se resignan al Pensamiento Único. Según Saramago "Pensamiento Cero".
Qué hacer cuando ser libre es preguntarse ¿para qué?
Como ves no sólo ocurren cosas en la casa nostra.
Y ésta otra. En Melilla, plaza Adelantada del Imperio Español. Ciudad que conozco poco porque pasé ese año en la cantina del cuartel, el Grupo Independiente Liberal se ha reservado las consejerías de Vivienda, Obras públicas y Gestión de puertos. De lo que más entienden.
Encuentro que si esta carta no la leen muchas personas podría escribirte con mayor libertad. Nada me disgustaría más que dedujeras una doble intención en estas palabras y pensaras que intento llegar a quien por otra parte, te pido humildemente, me pongas a sus pies.
Lo que te decía la otra tarde. ¿Era la primera vez que merendábamos juntos? ¿qué tendrá esa chica, que a mí también me mola?. No buscamos la felicidad sino ese algo que puede que al final sólo sean problemas. Pero sí que quiero que estemos de acuerdo con ése que cantaba: y qué le voy a hacer/ si me falta alguna pieza/ por pensar que la belleza/ no se rinde ante el poder/ pero sucede...
Un afectuoso abrazo.
Boro.
Esto tampoco me lo invento, tiene relación con lo que intento explicar en la carta: "El perverso, sea en el mundo laboral o en las relaciones familiares y personales, desestabiliza, confunde, emite mensajes contradictorios, deforma el lenguaje, descalifica, engaña, miente, desautoriza, niega la realidad y muestra la necesidad de afirmarse y tomar el poder, porque éste es un problema de poder"