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¿Acaso alguien
concibe Segovia sin Aurelio?
Jesús Fonseca Escartín
Hablar de Aurelio Martín es hablar
de lo afilado de su ingenio y de su lengua. De su juicio, tan
certero, sobre tantas cosas de la vida. De su generosidad innata.
También ¡como no! de su extraordinaria aportación
a Segovia, como periodista insobornable y hombre cabal.
Pero Aurelio es, sobre todas las cosas, un seductor. Seduce,
más que nada, con su humanidad. Con su mirar de hombre
bueno, escondido detrás de esa barba y esas cejas que
le permiten camuflar su timidez. Con esa socarronería
tan suya, a medias entre la prudencia castellana y la ironía
del artista. También con su retraída elegancia.
Siempre a punto de deslizar alguna agudeza, algún comentario
sagaz y sarcástico. A Aurelio Martín le falta,
en cambio, paciencia con la estupidez política, lo que
le pone a salvo de unos y de otros. Todo esto y mucho más,
que me resta por detallar y que queda para la pequeña
pero entrañable historia de los amigos, es Aurelio Martín.
Cuando ocasionalmente sale su nombre entre los que a estos oficios
de escribir nos dedicamos, los elogios sobre su persona -cosa
difícil a tenor del cainismo que caracteriza esta profesión-
surgen fácilmente sin reticencia alguna. Y es que, en
estos tiempos en los que abundan los hincados tiburones, Aurelio
Martín es un soñador auténtico. Verdadero,
en obras y en palabras. Un periodista de larga trayectoria, que
se ha hecho a sí mismo, en medio del serpenteo de periodistas
y políticos, con esfuerzo; con la única arma de
decir lo que es como es.
Cuando desde el mundo de la prensa, la radio y la televisión;
el arte, la defensa del patrimonio histórico y cultural,
se piensa en Segovia, Aurelio Martín aparece inmediatamente
como un eclipse, con su bondad de corazón e impecable
delicadeza de tacto.
Uno llega a Segovia y lo primero que ve es a Aurelio.
Después viene el acueducto, la catedral...
¿Acaso alguien concibe Segovia sin Aurelio?. |