El gran amor inalcanzado de Gaudí



Pepeta Moreu a los 25 años


Gaudí tenía 22 años y aún no había obtenido el título de Arquitecto, cuando inició su colaboración con la Cooperativa Obrera Mataronense, primera fábrica cooperativa de España. Allí conoció a la que fue el amor imposible de su vida, Pepeta (Josefa) Moreu, maestra del jardín de infancia de dicha agrupación y profesora de francés.

Durante algún tiempo Gaudí estuvo enamorado de Pepeta sin atreverse a declararle su amor, aunque, según parece, ella conocía los sentimientos del arquitecto. Cuando al fin Gaudí se decidió a pedirle relaciones, Pepeta ya estaba comprometida con un constructor de su misma población, Josep Caballol.

De todas formas es poco probable que Antoni Gaudí hubiera podido ser feliz con una persona cuya vida había sido ya una especie de 'culebrón' televisivo. De no ser porque el propio hermano de Pepeta lo escribió en unas memorias, parecerían poco creíbles algunas situaciones vividas por ella.

Cuando Gaudí conoció a Pepeta, ésta, a pesar de su juventud, ya estaba de vuelta de una relación de pareja  con un militar carlista (con vocación de marino) llamado Joan Palau.

La aprobación de aquella primera unión por parte del padre de Pepeta es evidente, ya que éste aportó una dote de 3.000 duros de 1875, (toda una pequeña fortuna en aquella época) para que su hija y su flamante esposo iniciaran vida y negocios en común adquiriendo una embarcación que les permitiera el cabotaje de mercancías con el Norte de África: Ceuta, Melilla, Tánger, Orán...

Joan Palau, a quien acompañaba su esposa en sus desplazamientos por los puertos norteafricanos, dedicaba la mayor parte de su tiempo a jugar a cartas y a emborracharse, alternándolo con frecuentes palizas que propinaba a su joven mujer. Todos los intentos de Pepeta para que su marido cambiara de comportamiento, pagara sus deudas, y llevararan una vida más normal, puesto que está embarazada, fueron en vano. Por el contrario, Palau acaba malvendiendo el barco y abandonándola embarazada, sin dinero ni otros recursos, en la ciudad de Orán.

Pepeta tuvo que sobrevivir como pudo en un inhóspito ambiente portuario de delincuencia, marineros, alcohol, prostitución y contrabando, durante dos meses. Según su hermano, su recurso fue tocar el piano en las tabernas y tugurios del puerto de Orán. Ante esta insufrible situación, y a pesar de la enorme vergüenza que le producía confesar todo a su familia, pidió ayuda a su padre. Inmediatamente después  recibió dinero para el pasaje de regreso a Mataró, su ciudad, y pudo huir del infierno que estaba viviendo en Orán.

Joan Palau (padre de aquel primer hijo de Pepeta, que por cierto murió de difteria a los tres años), resultó haberse casado anteriormente en Buenos Aires. Algunos estudiosos dudan de que existiera matrimonio legal entre Joan y Pepeta puesto que no se ha encontrado documentación que lo confirmara, así como tampoco de que se produjera una posterior anulación. Lo único verdaderamente constatable es que en el certificado de su posterior matrimonio con Josep Caballol aparece inscrita como soltera.


Pepeta a los 50 años
Gaudí, inevitablemente, siguió de cerca la vida de la mujer de sus sueños, puesto que ambos se movían en ambientes afines, e incluso vivieron en la misma calle Diputación de Barcelona. Posteriormente, cuando el arquitecto fijó su domicilio en el Parque Güell, las visitas de Pepeta a la familia del doctor Trías, propietario de la otra construcción en el parque, provocaban en el antiguo pretendiente malestar y disgusto, ya que si se enteraba con antelación de una posible visita de ella, evitaba aproximarse a la casa de sus vecinos como tenía por costumbre hacer.

Pepeta tampoco tuvo suerte en su segunda relación, por lo breve, ya que apenas le duró el tiempo de dar a luz a cuatro hijos antes de que falleciera su marido. Aún en plena juventud volvía a estar sola, cosa que no le restó iniciativa. Abrió en un lugar céntrico de Barcelona una elegante 'boutique' de sombreros femeninos, tan en boga en aquellos tiempos. Poco después conoció al tercer y definitivo hombre de su vida. A diferencia de sus dos primeras parejas (ambos de aspecto atildado y elegante), el tercero, Joan Vidal Gomis, era delgado y pálido, de menor presencia física, pero con grandes cualidades y personalidad. Vidal Gomis había salido de Mataró, la misma ciudad natal de Pepeta, a los doce años, sin dinero ni pertenencias. A los veintidós ya había pasado por Japón después de haber cruzado Europa y América ganándose la vida en diferentes actividades y negocios.

Al fin, Pepeta, ('a la tercera va la vencida') encontró un marido y compañero con cultura y sentido del humor, además de un cariñoso padre para aquellos cuatro niños fruto de su matrimonio anterior. Una prueba de ello son las palabras que escribió su hijastra Joaquina en la nota necrológica publicada con motivo del fallecimiento de Joan Vidal " ... a su lado crecimos rodeados de cariño y aprendimos a distinguir entre el bien y el mal, a luchar contra la adversidad...¿y cómo aprendimos? Sólo con el ejemplo..."