páginas de arte


La niñez andaluza de
Picasso
por A. Sánchez de la Vaquera sanchez_de_la_v@ctv.es

 


Fue un genio universal y camaleónico. Estuvo en la cresta de la ola en todas las tendencias artísticas y su inquietud le hizo intentar constantemente "el más difícil todavía" con nuevas piruetas y saltos en el vacío. Fue múltiple en todo. En pintura practicó desde el realismo más academicista hasta el abstracto, pasando por el cubismo, el surrealismo y el expresionismo, y todas las corrientes en que se vio inmerso en su dilatada vida. Toda su obra es un constante experimento. Saltaba de los pinceles al buril, y de la cerámica a la escultura.

Picador
  Picador. Málaga, hacia 1890
 

También fue múltiple en matrimonios y en patrias. Vivió como niño andaluz -con una prolongación gallega- como adolescente catalán, y como hombre famoso en Francia.

Fue original y distinto hasta en el mismo instante de nacer. Aparentemente muerto, reaccionó ante el humo del cigarro que su tío Salvador, médico y jefe del distrito sanitario del puerto, le lanzó a la cara. Eso sucedió en Málaga el 25 de octubre de 1881. Lo bautizaron con el nombre de Pablo, en memoria de su tío, canónigo de la Catedral fallecido hacía tres años.

En sus dibujos y pinturas infantiles realizados durante sus diez años de vida malagueña, aparece su firma como Pablo Ruiz, omitiendo el apellido materno, Picasso, con el que paradójicamente se inscribiría con letras de oro en la historia del Arte. En su etapa barcelonesa firma con el nombre completo o con sus tres iniciales, y es durante su estancia en Paris cuando se decide a usar sólo el apellido de su madre.

El árbol genealógico del apellido Ruiz es conocido hasta el siglo XVI y en él aparecen apellidos andaluces durante varias generaciones, antes de encontrar su lugar de proceden- cia que es Guadalajara. (Algún biográfo ha reseñado que la familia Ruiz procedía del País Vasco, si bien entre sus apellidos no aparece ninguno de dicho origen).

 
Fotografía de Picasso y su hermana Lola
  Picasso y su hermana Lola.
  Foto. Málaga, hacia 1888

 

La formación artística del niño Pablito comenzó en edad muy temprana. Su padre era profesor de dibujo de la Escuela de Arte de San Telmo de Málaga, y conservador del Museo municipal. Aquel hombre de mirada oscura y penetrante que pintó posteriormente la más universal paloma de la paz, durante su niñez andaluza había dibujado palomas de forma repetitiva. Su padre especialista en la pintura de aves, clavaba en la pared las patas de una paloma muerta y obligaba a su hijo a copiarla con la máxima fidelidad y expresividad posible.

Hércules
  Hércules. Málaga 1890
 

El padre de Picasso aficionó al niño, desde bien pequeño, a las corridas de toros. En un dibujo que realizó con 9 años, en Málaga, aparecen palomas y una corrida, en un infantil aprovechamiento del papel. Toda una premonición. Además de las palomas, los toros y su entorno será un mundo que acompañará a Picasso durante toda su vida, y que reflejará en multitud de cuadros y grabados, entre ellos el Guernika.

En contra de lo que pudiera pensarse, Málaga en la segunda mitad del siglo XIX fue un centro pictórico de una cierta importancia desde donde se seguían las distintas corrientes artísticas que se estaban produciendo.


Dos pintores fundamentales de la escuela malagueña fueron, Bernardo Ferrándiz, influido por Fortuny y por su estancia en Paris, que fue profesor de colorido de San Telmo y maestro de José Moreno Carbonero, y Muñoz Degrain buen amigo del padre de Picasso.

José Ruiz Blasco, padre del futuro genio, poseía una buena técnica que le había hecho merecedor de varios premios en Exposiciones municipales, pero sus limitados ingresos que procedían de la enseñanza y del cargo de conservador del Museo, le forzaron a abandonar Andalucía y a ejercer durante cuatro años de profesor de dibujo y adorno en la Escuela La Guarda de la Coruña, hasta que posteriormente intercambia su puesto con otro profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Lonja, de Barcelona.

Viejo pescador
   Viejo pescador.
   Málaga, verano de 1895
     

La extensísima obra de Picasso podría llenar infinidad de páginas. En esta ocasión sólo se reproducen trabajos realizados por el artista en su niñez andaluza. En alguno puede constatarse una inmadurez propia de su temprana edad, y en otros una increíble habilidad y un extraordinario sentido artístico. Cuentan los biógrafos de Picasso, que cuando éste tenía 13 años, su padre le entregó su propia paleta y sus pinceles para no volver a pintar jamás. Era el más elevado homenaje que un profesor de dibujo podía ofrecer ante la genial precocidad de su hijo.

Una simbólica alternativa y un irrevocable corte de coleta.

Retrato de la tía Pepa
  Retrato de la tía Pepa.
  Málaga, 1896
 

Sobre el, sin duda, original y poco frecuente Picasso, poco se sabe. Existió un pintor italiano, Matteo Picasso (1794-1879), con el que no se ha podido encontrar vínculo alguno respecto a su rama materna. Algunos estudiosos -¡puestos a elucubrar!- creen que puede ser una deformación progresiva de la palabra Picacho.



Escena taurina y palomas. Málaga, 1890


Escena taurina y palomas