por A.  Guerrero ags@ctv.es

Aquí, Picasso, pormenoriza la figura de la Infanta y la dibuja con trazos escuetos, mínimos, casi infantiles, mientras en el cuadro de la derecha  aborda toda la complejidad del conjunto, con un tratamiento cubista y con una paleta limitada a rojos, amarillos y negros.
¿Qué se pretende conseguir cuando se versiona una de las grandes obras de la pintura universal, como es el cuadro de “Las Meninas”? Ni remotamente nadie puede pensar, que con la réplica realizada por el pintor malagueño, éste estaba intentando mejorar el original. Si el objetivo del cuadro primigenio era reproducir de forma fidedigna unos personajes y una escena palaciega, en el lienzo de Picasso nada de ello es necesario. Todo pasa a ser accesorio. Lo principal es la búsqueda. La investigación de nuevos lenguajes pictóricos.

Esto es difícil de entender. La interpretación más simplista y benevolente sería la de achacar a Picasso el deseo de hacer una “boutade”, una broma. Para otros, menos conocedores de la labor creativa, lo normal es pensar que más de la mitad de la obra del pintor malagueño sería una absoluta tomadura de pelo.

Examinemos el contexto en el que se produce la versión picasiana. Picasso tiene 76 años. Es multimillonario y reconocido mundialmente como un genio de la pintura. Al contrario que la gran mayoría de los demás pintores de su época, él ha militado en todos los “ismos” que habían ido apareciendo. Desde su inicial figurativismo, se ha arriesgado una y otra vez, en una incesante búsqueda conceptual, saltando en el vacío con piruetas inesperadas. Ha roto con su técnica y con su pasado de forma sistemática. Periódicamente ha vuelto a reinventarse como artista. 

Entonces, al menos, hay que pensar que Picasso era sincero. ¿Si no necesita ni fama ni dinero a sus 76 años, qué le impulsa a hacer la serie Las Meninas, compuesta por 58 cuadros? ¿Qué mueve a un artista a dedicar cuatro meses de una vida (desde agosto a diciembre de 1957) a trabajar tan febrilmente, a tan avanzada edad? La clave sólo estuvo en la mente de Picasso.  Pero esta actitud, y precisamente si no entendemos suficientemente de arte, debe hacernos albergar dudas sobre nuestros criterios y tener un profundo respeto por la labor creativa. Incluso aunque, a primera vista, no nos guste su obra.

Con Las Meninas, es evidente que Picasso desechó todo intento de copiar. Quiso reinterpretar el cuadro. En la casi sesentena de lienzos que conforman la serie, estudia claves de color, composiciones cubistas, pormenoriza o elimina personajes. Hasta incluso introduce elementos ajenos a la obra velazqueña como son balcones y palomas.

Si se examinan las reproducciones que acompañan a este artículo, podrá apreciarse lo comentado. En el primero hay una esquematización extrema: se eliminan personajes, entre ellos el propio Velázquez, y recurre a colores primarios y planos -en cierta medida chillones- con ausencia total de claroscuros. En el lienzo que se encuentra a la izquierda, reproduce una cierta atmósfera y una disposición de elementos más similar al del cuadro modelo.