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Ana y Punko



Ana es una adiestradora autodidacta que adora a su perro Punko.Les hemos conocido al final de nuestro programa de formación europeo.

Cuando Ana se dirigió a nosotros, acabábamos nuestro programa de formación y decidimos que Agustín, uno de nuestros mejores alumnos, sería el encargado de supervisar este nuevo equipo.
Ana y Punko en Tele Madrid un reportaje del 2 de julio de 2007.
¡No te lo pierdas!


Pronto nos dimos cuenta de que la supervisión iba a ser mínima porque Ana no es una persona a la que haya que repetirle las cosas dos veces.
En estos momentos Punko tiene 5 meses, por lo que aún queda mucho trabajo por delante. Sin embargo con unos poquitos consejos por nuestra parte, esta nueva adiestradora ha conseguido montones de ejercicios con Punko, es muy constante y pronto tendrá un perro de asistencia perfectamente preparado.

Fotos por gentileza de Ana García.

Ana y Agustín en una bonita foto.

Punko y Ana nos hablan de ellos mismos:

Guau!
Soy Punko y nací el 6 de enero de 2006, mi mami es una mastina que me trajo el día de Reyes para alegrar la vida de mi otra mamá, a la que quiero mucho porque me cuida y me quiere con locura.
Nacimos en la calle, pero gente buena nos recogió y nos llevó a un albergue donde nos pudimos refugiar del frío. Mis hermanos (¡¡nueve!!) se fueron yendo y yo me quedé sólo con mamá, ya iba a cumplir 4 meses (¡¡qué mayor!) y seguía sin ser adoptado… ¿sería tan feo? Creo que la gente no me quería porque iba a ser muy grande cuando creciera, pero yo tenía mucho cariño por dar y no quería quedarme en una jaula…


¡Hola!
Soy Ana, vivo en Madrid y el 6 de mayo de 2006 siempre será una fecha enmarcada en mi calendario. Ese día, entró a formar parte de mi vida un ser extraordinario, alguien muy especial que ha cambiado mi vida y me hace siempre sonreír… ese día tuve la suerte de poder adoptar a Punko, un perro mestizo, cruce de mastín y galgo que estaba deseando ayudarme y quererme, ¡sin pedir nada a cambio!
Por una lesión medular, mis zapatos son ruedas y rodando hago camino al pasar… los primeros días, Punko dormía debajo de mi silla de ruedas porque sabía que si vigilaba la silla, yo no podría ir muy lejos sin ella… desde entonces, sabe que él son mis piernas, mis brazos y parte de mi alma (aunque suene exagerado).
Al poco tiempo de estar con Punko, me puse en contacto con AEPA, sabía que Punko no era candidato a ser perro de asistencia por su pasado y además, los trámites para obtener un perro de asistencia no eran los que yo había hecho… sin embargo, aposté por Punko porque teníamos una especial conexión en donde lo que yo dijera que hiciera, lo hacía… no podía perder esa oportunidad y la gente de AEPA me ayudó a convertirlo en un perro de provecho.
Punko es un perro muy inteligente y aprendía muy bien todo lo que le enseñaba, tenía la supervisión de Agustín (asignado por AEPA) que me indicaba las órdenes que debería realizar. Las tareas en las que me ayuda Punko, además de la obediencia básica, es el cobro de objetos del suelo, abre cajones y saca algo especifico de él, enciende y apaga las luces, y sobre todo y por sobre todo, es el mejor medio de comunicación con el mundo exterior: Antes de tener a Punko, siempre notaba miradas dirigidas a mí, la silla de ruedas abulta demasiado para pasar desapercibida y la gente me miraba… desde que tengo a Punko, la gente ve la silla de ruedas pero no la mira, porque Punko es mucho más llamativo, por su tamaño, por su cara de bondad y su mirada que cautiva. La gente se olvida de mi discapacidad y se centra en la capacidad del perro, Punko es un puente social y un acueducto moral; gracias él, me conoce todo el barrio y sobre todo, me hace feliz porque me ha enseñado a disfrutar de la vida: un paseo a media tarde, jugar al escondite o poderle acariciar por horas… es algo que nunca podría haber descubierto sin él.
Un perro de asistencia, es mucho más que una ayuda física, ésta es importante y AEPA lo sabe (y yo me aproveché de ello), pero también sabemos que la ayuda psicológica que da un perro, no se puede explicar… sólo se puede sentir y yo soy de una de las afortunadas que tiene el privilegio de sentirlo y tenerlo a mi lado las 24 horas del día!
¡En fin! No hay palabras para agradecer a AEPA el apoyo y la ayuda que me ha dado para que Punko pudiera ser perro de asistencia, decir GRACIAS es decir poco, pero el resultado se ve en Punko y en tantos otros perros que están ayudando a colegas discapacitados, que han sido preparados por ellos. En mi nombre y en el de ellos: te queremos AEPA!


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