|
Santa María de Bendones San Esteban de Sograndio San Juan de Priorio San Pedro de Nora Santa Cristina de Lena Santo Adriano de Tuñón Santianes de Pravia San Salvador de Valdediós San Salvador de Priesca Santiago de Gobiendes
San Julián o Santullano, de los Prados, (812-842) Construído este templo en el reinado de Alfonso II el Casto, bajo la dirección de su arquitecto, el maestro Tioda, formaba parte de un conjunto monumental compuesto por un palacio, baños, salas de recreo y comedor, que el monarca había mandado edificar -como residencia de descanso real- a un kilómetro del centro de Oviedo. De este conjunto, sólo la iglesia, dedicada a los santos Julián y su esposa Basilisa y posiblemente a la Trinidad (de ahí que se repita profusamente el número tres en su construcción- tres naves, tres arcos, tres capillas ...-), ha llegado a nosotros. Alfonso III donará la misma, el palacio y los baños a la Catedral de Oviedo, en el año 897. En junio de 1917 es declarada monumento nacional.
Interior del templo. Penetramos en el mismo a través del pórtico rectangular, cubierto con armadura de madera, y accedemos a una soberbia edificación, que se compone de tres naves de cubierta plana de madera (la central de doble amplitud que las laterales), un ancho crucero y tres capillas en la cabecera, cubiertas por bóvedas de cañón. La separación entre las naves se realiza mediante tres arcos semicirculares de ladrillo, apoyados en fuertes pilares de sección rectangular, sobre basas cuadradas rematadas por cimacios. Un gran arco toral separa la nave central del alto crucero, permitiendo el paso al testero -con sus tres capillas- a través de tres arcos calados en la parte inferior.
El ancho crucero, sobre el que desembocan las tres capillas, tiene dos estancias laterales rectangulares, cubiertas de techo de madera. La de la izquierda realiza las funciones de sacristía y posee galería de madera, que se cree cumplía el cometido de tribuna real. La de la derecha contiene un gran ventanal de casi cuatro metros, hoy cerrado por una celosía calada. Por último, no podemos de dejar de citar su importante decoración pictórica, que adorna toda la iglesia. La técnica empleada -punzón y posterior pintura al fresco sobre estuco-, de antecedente paleocristiano, ha permitido reconstruir las zonas policromadas que se habían perdido; de ahí que aparezcan diversas zonas ocres con el trazado del dibujo original. Los motivos empleados en la profusa decoración serán eminentemente decorativos (no aparece ninguna figura humana o animal), con florones y circunferencias incisas y motivos romanos de matiz pompeyano (palacios con cortinajes de tradición clásica) sobre los que aparece una cruz de pedrería con el alfa y el omega presidiendo el arco de triunfo que separa las naves del crucero.
|